JUZGADOS POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD


jueves 14 de octubre de 2010

Argentina, La Pampa: Abrumados por los hechos, represores romperían el silencio

LA ARENA

Los nueve represores que son juzgados por delitos de lesa humanidad por haber integrado el grupo de tareas durante la última dictadura militar decidieron romper su pacto de silencio abrumados por los hechos y las declaraciones de víctimas y ex subordinados, y decidieron declarar la próxima semana.

Fuentes vinculadas a los abogados defensores indicaron que ante la cantidad de pruebas en su contra, los ex oficiales hoy detenidos en la Colonia Penal, preparan sus descargos por escrito, a pesar de que sus representantes les aconsejaron que no lo hicieran. Los consultados indicaron que algunos ya definieron que no aceptarán preguntas durante su declaración indagatoria. Uno de los testimonios más largos sería el de Roberto Fiorucci, que estimaron llegaría a las cien páginas, otro sería el de Athos Reta, que podría acusar a algunos de sus compañeros de celda de los delitos por los que está procesado.

Las botas de Baraldini

Ayer por la tarde, los cuatro testimonios escuchados poco agregaron a los hechos investigados. El primero que se presentó fue el del ex subjefe de Policía hasta 2001, Juan Carlos Ramos. El ex policía fue el segundo de la comisaría de Jacinto Arauz cuando el Ejército copó la localidad en 1976. Ramos dio una versión "edulcorada" del operativo. Afirmó que el 14 de julio de ese año arribó una comisión de policías encabezada por Constantino, Fiorucci y Aguilera, que los agentes locales participaron sólo de operativos y que algunos detenidos fueron alojados en la comisaría. Poco después, los secuestrados fueron enviados al Puesto Caminero sobre la ruta 35.

Ramos afirmó que hizo guardia ante la casa del rector del colegio secundario y que fue uno de los que integró el operativo para tratar de atrapar al fugado Guillermo Quartucci. Y que "en la comisaría no se maltrató a ninguna persona", pero que los detenidos "estaban con capuchas, la cara vendada y esposados".

También dijo que se hicieron informes reservados al Departamento de Informaciones (D2) con copia a la Unidad Regional porque el cura párroco Valentín Bosch "hacía un boletín semanal donde hablaba sobre la actividad del jefe de Policía (Luis Baraldini). Había una orden de que había que enviar el boletín para que se tuviera conocimiento porque una vez el jefe se había ofendido porque hablaba de las lindas botas coloradas que tenía durante una charla que dio en General San Martín".

La hebilla

El segundo en declarar fue Norberto Rubio, ex médico de la Colonia Penal. Afirmó que atendió a presos políticos de la Subzona 14 en el penal a los que llamó "detenidos especiales". "En general he visto gente golpeada, con hematomas, entre los que atendí", indicó, pero no picaneados. Aunque aclaró: "Si observé un golpe de un cintazo, el hombre que atendía tenía el calco de la hebilla en medio del abdomen, le cruzaba el abdomen. Era el ministro de Obras Públicas", Santiago Covella.

"Yo, amor y paz"

Los dos últimos testigos fueron también ex policías que cumplieron funciones en la Seccional Primera durante la dictadura militar. María Susana Torales fue una de las celadoras que atendió a presas en esa comisaría. Su falta de memoria llegó a inquietar a jueces y querellantes. "Yo cuidé gente, mujeres en la Seccional, pero no me acuerdo bien", afirmó.

A la única que vio fue a Mireya Regazzoli, en la Brigada de Investigaciones, y "estaba bien", según sus palabras. "Yo no vi, ni sentí, ni oí nada. No parece creíble, pero es así", explicó. Luego, uno de los querellantes le hizo preguntas en tono acusativo. "No se enoje... Yo, amor y paz", fue la respuesta de la mujer que se quebró y dejó derramar algunas lágrimas mientras reafirmaba no haber visto nada.

Finalmente, declaró Hilario Pereira, chofer de la Seccional Primera en el 76. También explicó que estaba "todo el día" con traslados o guardias en los vehículos por lo que no había visto nada. Y dijo que la Subzona 14 tenía su propio chofer.

Una ex comisaria quedó presa

Norma Beatriz Novisari llegó a declarar al juicio de la Subzona 14 por pedido de las defensas y terminó detenida. Fue el segundo testigo enviado a un calabozo. Antes había ocurrido lo mismo con el comisario retirado Juan Gatica. La ex directora de la Escuela de Policía empezó a tambalear cuando el juez Mario Márquez le exhibió la orden interna 129, del 19 de abril de 1976. Dijo que no la había visto y que los oficiales subalternos no veían órdenes reservadas... pero esa orden no era reservada. Por ella se designó a los policías que integraron el grupo de tareas de la Subzona 14.

La situación de Novisardi se agravó cuando repitió cuatro veces que desconocía la existencia de la Subzona y hasta de la detención del ex gobernador José Regazzoli luego del golpe ("lo leí ahora en los diarios").

Cuando otro juez, Orlando Coscia, le preguntó cómo podía ser que el ex comisario Tomás Díaz (ver página 11) lo supiera, contestó: "Las órdenes del día no pasaban por mi oficina". Novisardi se desempeñaba en la Ayudantía de la Jefatura y era colaboradora del imputado Oscar Yorio, quien a su vez era el secretario del jefe Luis Baraldini.

- En la Policía no conocer las órdenes del día es como no saber quién es el presidente. Todo el mundo las lee porque hasta puede enterarse de su traslado.

- No sabía que existía, no la había leído.

- ¿Cuándo se enteró de la existencia de la Subzona 14?

- En 1983 o 1984.

- Díaz dijo que sería hipócrita desconocer las detenciones de la época. ¿Qué opina?

- Cada uno tiene su opinión. Sabría más que el personal femenino...

- Es una defensa interesante recurrir a una cuestión de género, se molestó Coscia.

- Tal vez estuvo más alcance para poder leerla.

- ¿Sabe qué funcionaba en la Seccional Primera?

- No.

Con esas respuestas, el tribunal anunció que Novisardi quedaba detenida y que una copia de su declaración sería enviada al Juzgado Federal porque pudo cometer el delito de falso testimonio. Por eso pasó la noche quedó presa y hoy sería indagada.

Antes le preguntaron qué concepto tenía de Yorio: "Reunía todas las cualidades que se pretenden en la institución. Tenía gran vocación, era disciplinado, honesto, leal, con ansias de superarse y capacitarse, y fomentaba el espíritu de cuerpo".

- ¿Lo puede imaginar en actividades afines a todo lo que se investiga?, preguntó el defensor Oscar Del Campo sin mencionar la palabra torturas.

- No.

La prohibición a Trouilh

El ex comisario Tomás Díaz declaró un largo rato. Repitió dos muletillas: "yo vine a decir la verdad" y "¿le quedó claro?"

El llegó en junio de 1976 desde General Acha al Departamento Informaciones (D2) para crear el área de Toxicomanía. Su jefe era el comisario Humberto Riffaldi y sus compañeros el imputado Hugo Marenchino, Atilio Navarro (fallecido), Luis Lucero, Enrique Pereyra y un chofer de apellido Peralta.

"El D2, en la práctica, no existía. Se juntaban antecedentes, se recopilaba información de legajos... No creo que ninguno de los integrantes haya hecho un curso de inteligencia. ¿Marenchino? Cumplía funciones administrativas. Estaba siempre junto a Riffaldi", indicó.

- ¿Desde el D2 se hacía inteligencia?

- No sé, porque yo estaba dedicado a Toxicomanía.

- ¿Esos legajos eran de civiles?

- Serían de civiles, porque los de los policías estaban en Personal.

- ¿Quién los revisaba?

- Estaban en la oficina de Riffaldi.

- ¿Y para qué los usaban?

- No lo sé. Estaban en un cofre cerrado y la llave la tenía Riffaldi.

Díaz dijo algo que después influyó en la detención de la testigo Norma Novisardi (ver página 14).

- ¿Conocía la existencia de un grupo de policías que formaba parte de la Subzona 14?

- Sí. Hubo una resolución de abril del '76. Nadie puede dudar que hubo detenciones ordenadas por la Subzona, que estaba a cargo del Ejército. Habían detenido al director del diario LA ARENA, al director del diario La Capital, a un juez federal, al gobernador (José Aquiles Regazzoli)... Nadie de la sociedad pampeana ignoraba esas detenciones. Además el 90 por ciento del personal de la Unidad 4 era de La Pampa... Decir que lo desconocían no sería mentir, sino ser hipócrita".

Discusión violenta

En febrero de 1976, Díaz estuvo 15 días en la Unidad Regional como colaborador directo del jefe, el comisario Timoteo Trouilh, quien en 1984 realizó el sumario administrativo ordenado por el gobernador Rubén Marín. Allí fue único testigo de una discusión entre Trouilh, el subjefe e imputado Roberto Constantino y el prófugo Luis Baraldini. "Fue violenta y airada. Decían que Trouilh había sustraído una carpeta con información reservada. Eso lo puso fuera de sí. Trouilh ni les permitió hablar. Les dijo que tuvieran cuidado con inventarle algo y que si le hacían alguna jugarreta, lo iban a conocer". A los pocos días, con el golpe del 24 de marzo, Baraldini asumió como jefe de la Policía, Constantino ascendió a jefe de la Regional y Trouilh pasó a disponibilidad.

Díaz relató que en esa época, cuando la policía ya estaba bajo las órdenes del Ejército, y en el primer piso de la Seccional Primera funcionaba la UR I, el propio Trouilh no podía acceder al área restringida, pero Constantino y Baraldini sí. No supo explicar porqué ese impedimento, aunque admitió que Trouilh se sentía ofendido por la situación.

Tierno no declaró, prefirió irse de viaje

El ex asesor letrado Juan Carlos Tierno no se presentó ayer a declarar al juicio a los nueve represores pampeanos y rehuyó nuevamente las preguntas del tribunal. Ahora tendrá otra oportunidad de presentarse el próximo martes, y se convertirá en el último testigo en declarar antes de que comiencen las indagatorias a los ex oficiales.

La de ayer fue la segunda oportunidad en la que Tierno no fue a testimoniar, y esto molestó al tribunal. En septiembre fue citado para que se presentara, pero no asistió el día previsto. Sí lo hizo intempestivamente en la jornada siguiente, pero el presidente del TOF, José Mario Tripputi, lo retó y lo dejó para más adelante.

Se esperaba que finalmente fuera, pero prefirió irse de viaje: fue notificado el viernes 8 y ayer dijo que no podía comparecer porque había asumido un compromiso fuera de la ciudad y que recién estaría en Santa Rosa entre el jueves y viernes, y lo acreditó con un pasaje de avión. Por la tarde, se decidió que declarara el próximo martes.

Tierno, que fue el encargado de llevar adelante el sumario administrativo realizado en 1984, fue citado por la defensa de los acusados en un intento de cuestionar, por razones procesales, la forma en la que fue hecho el expediente.

La presentación de Tierno era esperada porque tiene otro ingrediente. Es que sobrevuela la sospecha de porqué uno de los policías mencionados como parte del grupo de tareas, Miguel Gauna, finalmente quedó sin acusación ante la justicia si bien era mencionado en el sumario.

La sospecha instalada es que su exclusión del sumario fue obra de quien llevaba adelante la investigación, el asesor Tierno. Gauna cumplía en ese año funciones como comisario de la Seccional Primera cuando debió intervenir en un expediente que acusaba al entonces funcionario de supuestos golpes contra una mujer, y que poco después "desapareció". Las presunciones hablan de un supuesto cruce de favores.

El extraño testimonio de Riffaldi

El del comisario retirado Humberto Riffaldi fue uno de los testimonios más extraños del juicio de la Subzona 14. El oficial que en abril del '76 fue designado por el jefe de Policía, Luis Baraldini, al frente del Departamento de Informaciones Policiales (D2) -desde donde se realizaban tareas de inteligencia-, afirmó que "si alguien hizo algo por los derechos humanos, ese fui yo". ¿Por qué? Porque entre 1976 y 1977 recopiló información sobre los desaparecidos pampeanos y "en 1978 entregué un informe con los 29 pibes que faltaban (sic). Había 27 desaparecidos y dos muertos", afirmó. Estos últimos eran Mario y Analía Urquizu, de Alpachiri, fallecidos en enero de 1977.

El informe quedó en el Departamento y, según él, se entregaron copias "para la época del mundial de fútbol" al gobernador de facto Carlos Enrique Aguirre, al Ministerio de Gobierno, a las autoridades de la Subzona 14 y al Ministerio del Interior de la Nación.

Lo más llamativo fue que Riffaldi aseguró que esa tarea fue autorizada por Baraldini y que tuvo la colaboración de él y de las autoridades de la Subzona 14, ya que le facilitaron vehículos y combustible para trasladarse por el interior para hablar con familiares de las víctimas. También dijo que el imputado Hugo Marenchino, que era su subordinado, lo ayudó en el esclarecimiento de un caso. "Fui averiguando porque me autorizaron", remarcó.

- ¿Eran personas que habían desaparecido en La Pampa?, le preguntó el juez José Tripputi.

- No, pero eran pampeanos.

A tal punto el relato llamó la atención de jueces y querellantes, que el abogado Miguel Palazzani llegó a preguntarle si se trataba de una burla. Por eso el testigo tuvo que dar más explicaciones, y hasta contó que "como no podía pedir viáticos, una vez el jefe (Baraldini) autorizó a que me dieran un auto para ir a ver a las Madres de Plaza de Mayo. Mis hijas, que deben estar escuchando, no saben esto".

- ¿Qué pasó con el informe?

- Se publicó en el primer libro sobre el tema (escrito por Marcelino Decoroso Acosta), así que de algún lado lo sacaron (NdeR: en realidad se publicó por primera vez en un informe del Movimiento Pampeano de Derechos Humanos).

"No sabía de inteligencia"

Riffaldi habló sobre la D2: "Baraldini me dijo que no era operativo. Yo no sabía nada de inteligencia, y mis empleados menos. Necesitan alguien confiable que pudiera poner la cara para muchas cosas. Más que nada hacía relaciones públicas y tenía contactos con los medios".

- ¿Si usted no hacía inteligencia, quien la hacía?

- El Ejército.

- ¿Y en la Policía?

- No. Baraldini se manejaba con el Ejército. Un día vino el pobre (Ricardo) Balbín y tenían miedo de que pudiera pasar algo, así que tuve que hacerme cargo.

El testigo negó que allí se armaran legajos de civiles, excepto la vez que "al jefe se le ocurrió que recogiéramos datos de todos los ciudadanos chilenos (que estaban en la provincia). Hicimos 1.500 prontuarios, aunque la tarea le correspondía a Judiciales".

- ¿Pero había había legajos?

- Sí, pero de antes, y no eran secretos. Estaba hasta el de mi padre, sólo porque era italiano. Nosotros casi no hicimos legajos, excepto lo de los chilenos. Quizá sí se hicieron en el Departamento Judiciales.

El ex comisario expresó que "Baraldini me ordenaba atender a la gente que no quería recibir, por ejemplo a quienes estaban bajo libertad vigilada" (NdeR: muchos detenidos al quedar liberados debían informar a la policía si se ausentaban de la ciudad).

- ¿Qué era la libertad vigilada?

- La gente pensaba y leía con la pata (sic). Por un lado decía que no podían hacer nada y por otro que debían reinsentarse en la sociedad.

El atendió al fundador de LA ARENA, Raúl Isidoro D'Atri, porque su hijo Raúl estaba detenido, y "a (Sergio) Baudino (actual rector de la Universidad), a (Adrián) Di Santo y a un pibe de General Pico". Baudino y Di Santo fueron otras víctimas de la dictadura.

- ¿Supo por qué habían sido detenidos?

- Por la ideología. Yo no sé qué es derecha e izquierda, todos somos seres humanos.

- ¿Atendió a familiares de desaparecidos?

- No.

- Otro testigo, Tomás Díaz, dijo que usted tenía los legajos bajo llave.

- Sí, pero no tenían importancia.

- Cuesta creer que los legajos no tuvieran ninguna importancia.

- Pero era así.

La comunidad informativa

¿Supo de la existencia de la Subzona 14?, se le preguntó en otro tramo del extenso testimonio.

- Sí, lo leí en una orden del día cuando estaba en General Acha, antes de ser trasladado a Santa Rosa.

- ¿El D2 intercambió información con ella?

- No.

- ¿Cuáles eran las tareas de la Subzona?

- Detener personas.

- ¿E interrogar?

Escribana con mala memoria

Libertad Mena de Cavalli fue escribana de Gobierno durante más de 20 años, entre 1968 y 1989, pero no supo decir si fue fedataria en el sumario administrativo contra la policía ordenado por el gobernador Rubén Marín en 1984, y estuvo a cargo del entonces asesor legal de Gobierno, Juan Carlos Tierno. "No me acuerdo", respondió. Tampoco recordó si actuó en el sumario, si participó de audiencias, si los testigos fueron citados o concurrieron espontáneamente y tampoco quiénes colaboraron con Tierno. Lo único que dijo es que pudo certificar firmas, aunque no los contenidos de las declaraciones.

Arizo, los pinos y el long play

Riffaldi contó que era habitual que Baraldini le quitara personal al D2. Así confirmó que Hugo Marenchino y Luis Lucero fueron a la escuela rural de Paso de los Algarrobos días antes de que fuera detenida Zulema Arizo, una de las 28 víctimas de la causa. También reveló que una vez Lucero se fue por ocho días y cuando regresó le preguntó adónde había ido. El subalterno le contestó que había estando recorriendo viveros para conseguir pinos enanos. ¿Usted le creyó?, le preguntaron. "Sí, porque hoy los pinos están en la Escuela de Policía", contestó.

Después contó una anécdota que sirve para ilustrar la sinrazón de algunas decisiones. "Me ordenaron ir a Catriló a detener a un joven que da clases de teatro y a secuestrar un long play. Fui con Marenchino. Al pibe, de apellido Callaqueo (Alberto), lo detuve y lo llevé ante el juez Walter Lema. Como en el juzgado no había tocadiscos, busqué uno en mi casa y escuchamos el long play. Era un poema de Pablo Neruda. Lo oímos y se fue a su casa".

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