Los espías mimados de Israel en Estados Unidos.
Percy Francisco Alvarado Godoy
23 de mayo de 2011.
ALGUNOS CONCEPTOS BASICOS.
El viejo diferendo entre el gato y el ratón, que ha
alcanzado su máxima expresión en los comics de Tom & Jerry, ha marcado
históricamente los enfrentamientos entre el espionaje y el contraespionaje. Tal
como expresó Tzun Tsu, en El Arte de la Guerra, “La información no puede obtenerse de fantasmas ni
espíritus, ni se puede tener por analogía, ni descubrir mediante cálculos. Debe
obtenerse de personas; personas que conozcan la situación del
adversario.” Tal es la razón de la
existencia misma del espionaje, como una actividad desarrollada por
instituciones, en nombre de un país u organización, cuya finalidad es la
obtención de información sensible o secreta de otra contraparte. Para lograr ese
objetivo se ha hecho presuponer que no valen recetas preconcebidas, ni
escrúpulos y, sobre todo, apego a la legalidad. Mediante la penetración y la
infiltración de agentes, recurriendo a la siembra de topos, al chantaje y al
comprometimiento, el soborno y la explotación de las debilidades de los
funcionarios enemigos, la búsqueda de afinidades ideológicas en algunos
potenciales objetivos a partir de sus convicciones y las apetencias materiales
de otros propensos a la traición, los servicios de inteligencia acceden a la
información que les interesa para conocer las debilidades y planes de sus
enemigos y, sorpresivamente, de algunos que consideran sus amigos. Este proceso
es simple: se basa en un estudio inicial de perfiles de los potenciales agentes,
la fase ulterior de acercamiento a la fuente y su
reclutamiento.
Obviamente, cada nación debe protegerse de estas
amenazas y para ello cuenta con sus servicios de contraespionaje, cuya actividad
es impedir que el enemigo obtenga información secreta, neutralizar redes
de espionaje, así como crear mecanismos de desinformación para confundir a la
inteligencia enemiga. Su trabajo, por supuesto, se sustenta en la
infiltración y penetración de las células de espionaje en su territorio, el
monitoreo de las mismas y de las sedes diplomáticas donde operan centros de
espionaje, la creación de perfiles de los funcionarios de las entidades
gubernamentales con acceso a información sensible y valiosa, así como el
reclutamiento de agentes mediante los mismos métodos que emplea la inteligencia,
tales como sobornos, chantaje, amenazas y otras variantes del rejuego
operativo.
Un aspecto esencial del trabajo de contraespionaje
es esperar el momento oportuno para operar contra una red de espionaje enemigo.
Aquí no valen los apresuramientos y muchas veces es más beneficioso darle cuerda
al ratón para conocer sus intenciones, caracterizarlo en sus procedimientos y
alcances de su trabajo, desinformarlo, que equivale a usarlo en propio
beneficio. Un arresto prematuro de agentes puede dar al traste con casos de
mayor y más peligrosa envergadura y alcance. Por tanto, el trabajo del
contraespionaje requiere sutilezas y paciencia. Al respecto, el propio Tzun Tsu
aclaró en su Arte de la Guerra: “No
se puede obtener la verdad de los espías sin sutileza.”
Un elemento esencial para comprender el trabajo de
los servicios de espionaje y contraespionaje es el de verlos como instrumentos
de la política de cada estado en su exacto tiempo y espacio. Hay ocasiones en
que el gato y el ratón se convierten en enconados enemigos; otros en que
cooperan entre sí por circunstancias específicas e intercambian información
entre ellos ante un peligro foráneo; otras en que el gato es complaciente con el
ratón en correspondencia a un contexto político internacional en que los
intereses son coincidentes. Todo depende de sus patrocinadores gubernamentales y
de sus objetivos en políticas e intenciones de estado. Al respecto, señaló
acertadamente Honoré de Balzac: “Todo poder es una conspiración permanente”.
Hay ocasiones, sin embargo, en que la actividad del
espionaje consentido puede crear graves problemas a un gobierno, tal como ha
ocurrido a Estados Unidos con la actividad del Mossad israelí en su territorio.
Las alianzas norteamericanas con Israel, la fortaleza del lobby judío y su
influencia en los círculos de poder estadounidenses, así como una excesiva
confianza, le han creado más de un dolor de cabeza y han puesto en
ridículo la eficacia de su contraespionaje. De hecho, el espionaje consentido
del Mossad en EE UU ha despertado muchos recelos es las esferas gubernamentales
norteamericanas por la agresividad, impunidad y peligrosidad de los servicios de
inteligencia israelíes, quienes han puesto en tela de juicio la vulnerabilidad
de ese país en mas de una ocasión. Tal vez le faltó a Estados Unidos tener más
en cuenta aquella vieja y sabia frase de Benjamín Franklin: “Al elegir un amigo ve despacio, y más despacio todavía
al cambiar de amigos”.
LA COLABORACION INTERAGENCIAS.
Un hecho reciente, la captura de treinta espías
norteamericanos pertenecientes a la CIA por parte del ministerio iraní de
Inteligencia, todos en realidad vinculados al Mossad israelí, puso de
manifiesto la colaboración interagencias de inteligencia entre ambas naciones.
El empleo de los centros de la CIA en las sedes diplomáticas ubicadas en varios
países árabes como los Emiratos Árabes Unidos, Malasia y Turquía, para reclutar
ciudadanos iraníes y de otras naciones del Medio Oriente, tuvo como soporte al
Mossad, pues el mismo se encargó de cumplir con las fases de selección,
acercamiento y parte del reclutamiento de los mismos. En esta oportunidad,
mediante promesas de libre emigración a EE UU y dinero, se pretendía obtener
información sensible sobre las defensas, finanzas y otros secretos de la
República Islámica de Irán.
En casos como este, los favores se pagan e Israel
tiene bien claro que el objetivo de su espionaje debe ser, primero que todo,
aquellos países que, como Estados Unidos, cuentan con grandes concentraciones de
ciudadanos árabes. Tal fue la razón de que a partir de los años 60 el Mossad
creara abundantes redes de monitoreo en varias ciudades norteamericanas con la
anuencia de la Casa Blanca. Estas redes dedicadas a espiar a las comunidades
árabes también tienen como misión la eliminación física o el secuestro de
potenciales enemigos.
El reciente caso de la captura de los treinta
espías de la CIA y el Mossad no es un hecho aislado. Varios documentos de
Wikileaks dados a conocer el año pasado, y enviados a la CIA, y luego entregados
a sus socios del Mossad, ponen sobre el tapete que las embajadas norteamericanas
en países árabes y musulmanes, emplearon el sistema
militar de comunicación SIPDIS como soporte informativo. En uno de ellos se
recoge la propuesta de Meir Dagan a EEUU, el jefe del Mossad, de un plan para
ejecutar un golpe de Estado en Irán en el año 2007. A pesar de algunas
diferencias de interpretación de las políticas a seguir con respecto a Irán,
entre ambos gobiernos prevaleció la intención de destruir a la Revolución
Islámica recurriendo a los tradicionales mecanismos de subversión interna, apoyo
a la contrarrevolución, una guerra mediática y desinformativa, así como el
aislamiento internacional sobre la base de falsas acusaciones sobre el programa
nuclear iraní y una fabricada violación de los derechos humanos. Para ello,
desde luego, coordinaron acciones entre la CIA y el Mossad.
EL ESPIONAJE CONSENTIDO DEL MOSSAD EN ESTADOS
UNIDOS.
El espionaje consentido del Mossad dentro de
Estados Unidos ha alcanzado ribetes inimaginables desde hace más de cincuenta
años, cuando la inteligencia israelí se planteó monitorear a las comunidades
árabes asentadas en ese país. En diciembre de 2008 fue la propia inteligencia
rusa la que destapó la presencia de redes de Mossad, financiadas desde 1960 por
parte de millonarios de origen judío, entre los que sobresalió el neoyorquino
Bernard Madoff. La captura de Madoff se relacionó con un sonado caso de
espionaje del Mossad que involucró a Larry Franklin,
capturado en el 2005 cuando, desde su puesto como miembro del Pentágono, vendió
secretos al AIPAC, el Comité Estadounidense-Israelí para Asuntos Públicos, grupo
de cabildeo dentro del Congreso y de la Casa Blanca, vinculado
estrechamente al Mossad. Larry Franklin, un analista del Pentágono especializado
en Irán y perteneciente a la Oficina de Asuntos de
Oriente Medio y el Sur de Asia (NESA), encargada de diseñar las políticas del
Pentágono para esas regiones. Este golpe contra los israelíes, por supuesto, fue
parte de una política coyuntural de Obama para deslindarse en apariencia de la
influencia israelí tan predominante en las esferas de poder de Estados Unidos.
Fue, en resumen, el sacrificio de peones en el tablero de ajedrez sin afectar a
las grandes piezas.
Como un antecedente del espionaje israelí dentro de
territorio norteamericano estuvo la captura en 1985 de Richard
Smyth, quien fue encontrado culpable de vender temporizadores nucleares a
Israel.
Philip
Giraldi, ex funcionario de la CIA, desmintió los alegatos de Tel Aviv de que
actividad del Mossad en EEUU es un espionaje impune
sostenido bajo presión del lobby israelí.
De este modo, el Mossad está espiando en EEUU con impunidad, dijo Giraldi. La
captura de Ben-Ami Cádiz en el 2008, luego de permanecer más de veinte años
informando secretos militares a Israel es prueba de ello. Lo sorprendente de
este caso es que Ben-Ami Kadish, ex ingeniero en Picatinny Arsenal en Nueva
Jersey, salió luego de pagar una multa y aún percibe su pensión del Departamento
de Defensa. Esta impunidad ha cobrado realce luego del aumento de las tensiones
entre Israel e Irán en los últimos meses. El Mossad ha tratado, en más de una
ocasión, espiar y coaccionar a ciudadanos árabes en EE UU bajo la fachada de
pertenecer al FBI, sobre todo
en grandes urbes como Nueva York y
Nueva Jersey, operando incluso desde la misión de Israel ante las Naciones
Unidas en Nueva York. Está claro de que el FBI tiene las manos atadas para
actuar contra sus falsos agentes israelíes, en una aceptación de una rutina
extendida e ilegal, aceptada incluso por el Departamento de
Justicia.
Otro sonado caso de espionaje israelí involucró a
Stewart Nozette, un científico aeroespacial del Instituto
Tecnológico de Massachusetts (MIT), quien trabajó en el Laboratorio Nacional
Livermore del Departamento de Energía y en el Centro Goddard de Vuelos
Espaciales de la NASA, capturado por el FBI el 20 de octubre de 2009, intentado
vender secretos a un agente encubierto que dijo pertenecer al Mossad. Aunque su
culpabilidad quedó demostrada, Nozette confía en antecedentes anteriores en que
espías al servicio del Mossad y del AIPAC, como Steve Rosen y Keith Weissman,
quienes fueron absueltos bochornosamente en abril de 2009.
Desde 1989 hasta 2006 contaba con autorización de
seguridad de alto nivel y acceso frecuente a información y documentos vinculados
a la defensa nacional, señaló el FBI.
El espionaje del Mossad en EE UU tiene barbas
largas y se ha convertido en un vicio en el stablishment norteamericano. Uno de
los casos más antiguos fue el de Jonathan Jay Pollard, ex analista
civil de inteligencia de la Marina de los Estados Unidos, condenado por espiar
para Israel y suministrar a la LAKAM (Oficina de Operaciones Especiales de
Israel) alrededor de 800.000 páginas de documentos norteamericanos clasificados.
Condenado a cadena perpetua en 1987, purga su condena en la penitenciaría
federal de Butner, en Carolina del Norte, identificado
como el preso número 09185-016. Sin ser acusado de traición pues Israel no es
enemigo de EE UU, Pollard ha sido una excepción en el trato con los espías
israelíes. Todo parece haber sido cuestión de rejuegos políticos: el 12 de Mayo
de 1998 Israel aceptó que Pollard era agente del Mossad y le concedió la
ciudadanía israelí en 1995, tres años antes. Se sabe también que el AIPAC, y el
propio gobierno de Israel, hacen gestiones para su liberación. Por último, el 4
de enero de 2011 el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, solicitó
oficialmente el indulto de Jonathan Pollard.
También alcanzó notoriedad el caso de un militar
norteamericano, David Tenenbaum, quien en 1997 suministró secretos militares al
Mossad sobre misiles y vehículos acorazados.
Tal vez la prueba del espionaje consentido del
Mossad en territorio norteamericano la ofreció Susan Lindauer, un ex contacto de
la CIA en Iraq, quien ha lanzado la acusación de que la CIA tuvo conocimientos
previos sobre el ataque en las Torres Gemelas y donde involucra al
Mossad en estos eventos del 11 de septiembre de 2001. Para Lindauer, su jefe en
la CIA, Kevin Barret, tenía conocimiento del ataque antes que el mismo tuviera
lugar. Las declaraciones de Lindauer coinciden con documentos oficiales
desclasificados del Archivo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, donde se
muestra que el gobierno de Bush planeó la guerra contra Irak casi un año
antes del ataque al World Trade Center. Para eliminar cualquier
infidencia de Lindauer, la misma fue condenada como agente al servicio de Irak,
aunque luego fue liberada por razones de inapropiadas condiciones mentales. Sin
embargo, la expulsión masiva de espías israelíes luego de los
atentados fue una respuesta por la falta de cooperación del Mossad de Israel
para impedir la masacre los hechos del 11 de septiembre de 2001. Aunque el FBI
consiguió pruebas al respecto, se sabe que las altas esferas de poder
permitieron luz verde al ataque al WTC.
A principios del año 2006 se pudo evidenciar una
operación dentro de Estados Unidos ejecutada por dos secciones del Mossad: la
Metsada o sección de servicios especiales, encargada de proyectos de
guerra paramilitares y psicológicos, así como del Lohamah Psichlogit Department
(L.A.P.), que llevó al FBI a realizar amplios interrogatorios a miembros de la
prensa norteamericana sobre sus conocimientos sobre la existencia de
redes de inteligencia israelíes en territorio estadounidense y sus vínculos con
la prensa de ese país, ya que existía una marcada tendencia a difundir
información falseada a favor de Israel. Uno de los casos fue el de la periodista
Judith Miller, experta en desinformar a la opinión pública por más de una década
entre los años 80 y 90. Obviamente, como en todos los casos, cualquier
investigación federal fue saboteada por los grupos de poder emparentados con el
poderoso AIPAC y con la Conferencia de Presidentes de las Organizaciones Judías
más Importantes (CPMJO). El colmo de la impunidad ha sido la penetración del FBI
por agentes del Mossad, tal como ocurrió con los casos de Richard Perle y Paul
Wolfowitz, quienes entregaron varios dossiers al servicio israelí en 1980.
Muchos altos dirigentes del contraespionaje norteamericano, del Pentágono
y figuras del gobierno como Elliot Abrams, Rubin y Libby
en el Consejo Nacional de Seguridad, el Departamento de Estado y la Oficina del
Vicepresidente, permitieron la impunidad del Mossad.
El nivel de manejo ideológico de la ultraderecha
norteamericana pro israelí se puso de manifiesto cuando creó el
Washington Institute for Near East Policy (WINEP), donde muchos funcionarios del
departamento de Estado norteamericano y del Ministerio de Defensa realizan
cursos sobre temáticas relacionadas con el Oriente Medio. Por si fuera poco, el
AIPAC invita a los nuevos miembros del Congreso de EE UU a un viaje gratuito a
Israel para realizar turismo político.
Otro apoyo de los servicios israelíes en Estados
Unidos, la Zionist Power Configuration (ZPC), ha ejercido una
fuerte influencia dentro del Congreso y en la Casa Blanca para condicionar la
política norteamericana a favor de Israel, vinculándose a la ultraderecha
estadounidense y al Complejo Militar Industrial, con vistas a bloquear cualquier
acuerdo de paz en el Oriente Medio. Para muchos, hoy por hoy, el poder de ZPC
sobrepasa la influencia de AIPAC.
CONCLUSIONES
El hecho de que la política norteamericana hacia el
Medio Oriente se encuentre secuestrada por Israel, quien ha logrado penetrar los
altos estamentos gubernamentales de Estados Unidos, financiar campañas y
sobornar a políticos, militares y jefes de los servicios de inteligencia y
contrainteligencia norteamericanos, así como controlar el poderoso Complejo
Militar Industrial, ha posibilitado la libre actuación de agentes y oficiales
del Mossad y otros servicios israelíes con total impunidad.
No existe un servicio más activo que opere en la
Unión que el proveniente de Israel. A pesar de los procesos investigativos
llevados a cabo por el FBI y otros órganos de contraespionaje, a pesar del
apresamiento de decenas de espías y redes completas, la justicia norteamericana
los exonera de sus cargos o son simplemente expulsados con total impunidad. Aquí
el gato juega complaciente con el ratón, ofreciéndole siempre una sonrisa
irónica y bonachona.
Este espionaje consentido existe por obra y gracia
de las confabulaciones, alianzas e identidades ideológicas entre Israel y
Estados Unidos. Mientras tanto, Cinco cubanos purgan injustas condenas en
cárceles norteamericanas.

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