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El Estado uruguayo realizará, en marzo de 2012, un acto reparatorio por las víctimas de la dictadura.
El gobierno coordina con la familia Gelman la fecha de la ceremonia. Madres y Familiares definirá, próximamente, su posición sobre el acto.
El Estado uruguayo pedirá “perdón” por los crímenes cometidos durante la última dictadura cívico-militar (1973-1985), en cumplimiento del fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), según expresó el ministro de Relaciones Exteriores, Luis Almagro.
La Corte IDH condenó en febrero de 2011 al Estado uruguayo a dejar sin efecto la ley Nº 15.848, Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, en el marco del litigio internacional iniciado por Juan y Macarena Gelman. El fallo ordenó al gobierno uruguayo adoptar diversas medidas de reparación a las víctimas de la dictadura, entre ellas, el desarrollo de un acto reparatorio.
En este sentido, Almagro explicó que el gobierno coordina con Macarena Gelman y otros familiares de las víctimas la fecha y el contenido del pedido de “perdón”. “Es un acto reparatorio de las víctimas y por lo tanto debe ser coordinado con ellas”, dijo Almagro, durante un encuentro con la prensa.
El secretario de Estado explicó que el acto debería haberse realizado sobre fines de 2010, pero “problemas de agenda” determinaron su postergación. Por tanto, “estamos coordinando esta semana con Macarena Gelman la fecha del acto de reparación de la víctima”, expresó Almagro. La fecha tentativa del acto sería entre el 20 y el 27 de marzo, posiblemente el 21.
“La idea es que se pida perdón a todos los detenidos-desaparecidos en las figuras de Macarena y Juan Gelman”, señaló el ministro. Aún no está confirmada la presencia del presidente José Mujica (“habrá que hablar con el Presidente para establecer o no su participación”) ni cuál será la participación de los tres poderes del Estado en la ceremonia, dijo Almagro.
En tanto, el integrante de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, Óscar Urtazún, aseguró que el acto reparatorio se realizará “solamente” para cumplir con el fallo de la Corte IDH. “Si no fuera por el juicio de la familia Gelman esto no se hubiera dado”, valoró Urtazún.
“Lo tomamos con una satisfacción relativa, (pero) no debe tomarse como una heroica acción del gobierno, porque se ingresaría en un error de análisis”, expresó. En este sentido, Urtazún estimó que Familiares deberá analizar, más cerca de la fecha, su eventual participación en la ceremonia. “Nuestra presencia no puede ser protocolar, debemos darle un contenido”, dijo Urtazún.
El fallo
El 24 de febrero de 2011, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado uruguayo por no investigar la desaparición de María Claudia García de Gelman y ordenó juzgar a los responsables y continuar la búsqueda de sus restos. La sentencia condenó al Estado por la responsabilidad en su desaparición, no investigar ni juzgar a los responsables. Además, la Corte ordenó indemnizar de manera simbólica y material a Macarena Gelman. La sentencia estableció que la Ley de Caducidad es incompatible con la Convención Interamericana de Derechos Humanos, que careció de efectos jurídicos y que no puede ser un obstáculo para investigar los crímenes de derechos humanos. El fallo exigió que se establezcan políticas de Estado para que no se vuelvan a violar los derechos humanos. Uruguay está obligado a cumplir la sentencia porque ratificó por ley su sometimiento a la jurisdicción de la Corte.
Editorial

Marzo: asumir el perdón público

PUBLICADO el Martes 17 de enero, 2012
Memorial
Entramos, como sociedad, en una nueva etapa en la revisión de la violación de los derechos humanos.
Según el canciller Luis Almagro, el Estado realizará un acto de reparación por las víctimas de la dictadura militar, en el que se hará cargo de las violaciones a los derechos humanos en ese período.
El ministro de Relaciones Exteriores manifestó que se contactará con Macarena Gelman para preparar todos los detalles del acto y la fecha en que se realizará ese reconocimiento.
De este modo, el gobierno hace lugar a uno de los aspectos contenidos en el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que condenó al Estado uruguayo por el caso Gelman.
Aunque aún resta definir la fecha exacta, Almagro adelantó que la idea primaria es que sea en la semana del 20 al 27 de marzo.
“Es un acto reparatorio de las víctimas y por lo tanto debe ser coordinado con ellas”, manifestó el secretario de Estado. Esta coordinación abarca varios aspectos: el contenido los discursos, quién los pronunciará y quiénes estarán entre la lista de invitados. Almagro declaró que otro de los puntos a definir es si estará presente o no el presidente de la República.
Estamos, entonces, ante un acto de “perdón público” por los crímenes cometidos y la persistencia de la impunidad.
Desde el retorno de la democracia esta fue una vieja idea que por intereses políticos se buscó impedir. Es que los sectores más conservadores del país, muchos de ellos comprometidos con la dictadura cívico militar, quisieron que el Estado no asumiera su responsabilidad, en tanto eso implicaba el reconocimiento del terrorismo de Estado y no una lucha entre dos demonios.
Será en marzo, entonces, que la verdad histórica renacerá como compromiso del Estado en representación de la sociedad uruguaya, para que el Nunca Más se construya sobre los pilares de la dignidad, la verdad y la justicia.
En esos días de marzo no se estará llegando al final el camino, pero será un cruce trascendente en el transcurrir de la historia. Es de esperar que todo el instituto militar y los grupos civiles que apoyaron la violación sistemática de los derechos humanos, comprendan y así lo expliciten que lo más importante es la vida y la libertad de los seres humanos y que no puede haber diferencias ideológicas que agoten la convivencia democrática.
Marzo tiene que volverse el mes de la verdad y la justicia, después de este acto reparatorio. Es de esperar que el tema no quede reducido a la estrechez de la conveniencia partidaria, sino que se extienda en la población y que penetre en el corazón y el alma de todos los orientales.
Nuestros niños y muchachos de las escuelas y liceos, deberían ser partícipes activos de este “perdón público”, donde los medios de comunicación tenemos mucho que aportar.
Todas las condiciones están dadas para que la jornada de marzo sea algo más que un compromiso con un organismo internacional. Pero como siempre, todo dependerá de la sociedad uruguaya y de la dirigencia política, sin excepciones, para poder estar a la altura de un hecho tan necesario como dignificante.
Vamos bien, aunque lentos. Nos estamos acercando nuevamente a nuestra original cultura civilizatoria. Sigamos con el pulso del pescador el acontecer, siempre como pueblo ciudadano. Cuanto más amplia sea esa jornada cívica, tendrá más profundidad y capacidad de calar hondo en el pensamiento nacional.
Aventemos la estrechez, mantengamos los principios altos, para que la idea de que sufrimos un salvaje terrorismo de Estado se vuelva patrimonio nacional.
Fuente: la Republica
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Palabras de Daniela Payssé en el homenaje de la Cámara de Representantes
a la personalidad de María Claudia García de Gelman
en el Día de las Américas
en el filo de la belleza
que corta la vida / la devuelve
a su no ser / la vida
grita el no ser de la belleza

en ese estáramos se quema la
cebolla descuidada / la tristeza
el amor al revés / ¿cuándo se llora
en este valle / ciudadanos

entreguen su dolor para hacer tiempo
insoportable es todo viaje
al fondo del cubil / calienten

su pescuezo en la mano que aprieta
cierren la sufridera alta / abran
el sueño que no quiere dormir”


¿Dónde indican las luces
que todo fue nomá sombra de pájaro
no pájaro
sonido
de agua sin agua?

¿Dónde
pájaro y agua como piedras
golpean la herida dispersa del mundo?

En este suelo soy
sombra de sombras que en el nombre fueron la no palabra”


Juan Gelman – Incompletamente - 1997
Señora Presidenta:
Por diversos motivos, los pueblos deciden homenajear a sus muertos, eligiendo con sabiduría conservar viva su memoria de distintas maneras. Es así que pueblos como el judío, el armenio, el uruguayo, han erigido monumentos de homenaje a las víctimas no identificadas o desaparecidas de sus tragedias, de los genocidios sufridos y del terrorismo de Estado. Otros pueblos han erigido monumentos para homenajear al soldado desconocido, simbolizando a aquellos soldados no identificados que fueron factores fundamentales en la defensa de su libertad y su soberanía, y que por razones del propio conflicto en que participaron no pudieron ser identificados.
Hoy quiero hacer un homenaje a una persona americana, acerca de quien, todos los indicios nos hacen suponer que está muerta, que fue asesinada. No podemos tener la certeza porque sus asesinos esconden su cadáver, aunque no han podido esconder su crimen.
María Claudia García Irureta Goyena de Gelman nació el 6 de enero de 1957. Era hija de María Eugenia Casinelli, fallecida, y del español, oriundo de Sevilla, Juan Antonio García Irureta Goyena.
María Claudia, a los 19 años había ingresado a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires; trabajaba en una fábrica para mantenerse, y estaba embarazada, cuando el 24 de agosto de 1976 fue secuestrada junto a su esposo Marcelo Gelman. Poco rato antes, la misma patota había secuestrado a Nora Gelman, hermana de Marcelo, y a un amigo boliviano. Todos fueron trasladados al centro de detención y torturas conocido como Automotores Orletti, ubicado en el Barrio de Floresta, ciudad de Buenos Aires, desde donde Nora y su amigo boliviano fueron liberados algunos días después. Marcelo Gelman fue salvajemente torturado y posteriormente asesinado. Su cadáver, arrojado a las aguas del Canal San Fernando en Buenos Aires en la madrugada del 14 de octubre de ese mismo año, recién pudo ser identificado en 1989 merced al trabajo realizado por el Equipo Argentino de Antropología Forense, quien logró identificarlo en un Cementerio de la Provincia de Buenos Aires. A María Claudia en cambio, aparentemente no la torturaron (físicamente al menos, porque la propia situación de estar con su compañero torturado, escuchar sus gritos, sus quejidos, y los de otros seres humanos que allí sobrevivían o morían en medio de salvajes torturas, indudablemente era en sí mismo una tortura). Su avanzado embarazo la transformaba en un objetivo diferente; a los que se la llevaron no les importaba si tenía actuación política (absurdo motivo esgrimido para detener, secuestrar, torturar o asesinar personas) sino solamente el bebé que llevaba en sus entrañas.
Juan Gelman describía en 1999 la operativa de aquellos asesinos en Argentina: “En los “campos” había listas de espera. Las parejas de las fuerzas armadas, policiales, fuerzas de seguridad que no podían tener hijos se anotaban en esas listas. Cuando la joven estaba por dar a luz la trasladaban al Pozo de Quilmas, al de Banfield, o a Campo de Mayo. Allí tenía el hijo, sin ayuda del médico. El médico presenciaba sin intervenir. Simplemente cortaba y ataba el cordón. Una vez nacido el niño la prisionera debía limpiarlo todo... Y de inmediato venía para la madre la solución final.”
María Claudia tuvo la “desgracia” de haber sido detenida en un centro de operaciones donde actuaban las “patotas” uruguayas. La coordinación entre represores de Argentina y Uruguay llegó a su mayor nivel a mediados de 1976, cuando la OCOA y el SID se asociaron con una banda de la Triple A, Alianza Anticomunista Argentina. Vaya a saber a pedido de quién, reservaron a Claudia como vientre vivo con el único propósito de apropiarse de su bebé. Este hecho da cuenta de un delito que va más allá de algún plan político o represivo, porque simplemente tiene por objeto obsequiar un bebé, aprovechar la existencia en detención de una mujer embarazada, para proveer de un bebé a un “amigo” y luego eliminarla. Se trata de un hecho difícilmente comprensible que reduce una persona a la condición de cosa. Pocos hechos pueden alcanzar semejante grado de negación de la dignidad humana. Para ese fin, a principios de octubre fue trasladada, junto a los niños uruguayos Anatole y Victoria Julien, clandestinamente hacia Uruguay (concretamente al Servicio de Información de Defensa ubicado en Bulevar Artigas y Palmar, dependencia de las Fuerzas Armadas uruguayas) y mantenida con vida hasta poco después del nacimiento de su hija.
En la segunda quincena de octubre, un grupo de uruguayos desaparecidos traídos clandestinamente desde Orletti y concentrados en el sótano del SID, siguieron con atención los acontecimientos de asistencia de la joven embarazada que se encontraba en un piso superior a través de las indicaciones que un médico daba a la guardia, y luego, en los momentos previos al parto, por las órdenes de traslado recibidas telefónicamente y dadas en voz alta por el oficial de guardia. Dichos testigos recuerdan que una noche, entre fines de octubre y principios de noviembre se realizaron reiterados llamados telefónicos al Hospital Militar informando de las contracciones de una mujer a punto de dar a luz, y finalmente el pedido urgente de una ambulancia.
Días después los detenidos comenzaron a escuchar el sistemático llanto de un bebé, viendo que desde la cocina, los soldados de guardia llevaban mamaderas al piso superior, donde se hallaba la joven embarazada junto a su hijo recién nacido. El 22 de diciembre de 1976 fueron trasladados y/o liberados los últimos prisioneros que se encontraban en el subsuelo del local del SID, y casi enseguida, sobre la navidad de ese año, un testigo, ex soldado destacado en el lugar, vio como en horas de la noche, dos oficiales del ejército se llevaban a la mujer embarazada y a su bebé, al cual ella transportaba en un canasto. Sara Méndez, que se hallaba secuestrada en ese lugar, narra que entre los integrantes de la guardia, testigos del hecho, se produjo un malestar, lo que motivó la reacción de uno de los dos oficiales, el que dijo: “A veces hay que hacer cosas embromadas”.
Se tiene conocimiento que Claudia y su bebé fueron trasladadas a otro centro clandestino de detención que se disimulaba como agencia de taxímetros e inmobiliaria cuya denominación o clave de los servicios de inteligencia era “Base Valparaíso”, ubicado en la zona de Villa Dolores. Allí María Claudia habría permanecido unos días más junto a su hija, hasta que se la sustrajeron. El destino de la beba, ya estaba preestablecido y acordado. La entrega se habría realizado el 14 de enero de 1977 sobre las 23 horas. Las investigaciones realizadas permiten concluir, que ya en Buenos Aires, se había resuelto, traer al Uruguay a la nuera de Juan Gelman, a los solos efectos de que pudiera dar a luz, para luego arrebatarle al bebé y entregárselo a quién se transformó en su familia “legítima”. Luego, se decidió su muerte y la desaparición de sus restos, para ocultar o suprimir toda evidencia del delito. El brazo ejecutor, habría sido un Capitán de la Guardia Metropolitana.
Repito: María Claudia fue asesinada, después de robarle a su hija, a su bebé, único objetivo por el cual la mantuvieron viva un par de meses más aquellos criminales que al amparo de las dictaduras de turno, también le robaban a sus pueblos la libertad y la posibilidad de decidir por sí mismos.
Es imposible saber qué pasaba por la cabeza de aquella muchacha de 19 años con su primer embarazo, secuestrada y trasladada a otro país, absolutamente sola y aislada del mundo, conteniendo y aferrándose a su bebé, en su vientre y amamantándola en sus primeros días de vida, protegiéndola. ¿Sabría que la iban a matar? Es probable que lo intuyera, pero quién puede saber qué le decían sus secuestradores y asesinos. ¿Imaginaría que su hija podría ser condenada a vivir con alguno de sus secuestradores como trofeo “secreto” de guerra, o en el mejor de los casos, con alguien elegido por ellos? Aún así, aquella era la única esperanza a la que podía aferrarse para que su hija viviera. Cuán intensos, cuán crueles deben haber sido aquellos momentos, para alguien que, consciente o no, estaba condenada a morir pocos días después del nacimiento de su bebé, no pudiendo pedirle a nadie que la ayudara, únicamente amando a aquel hijo que crecía en su vientre y unos pocos días en sus brazos.
Claudia, de tez blanca y cabello castaño, ganó varias medallas en competencias de natación, según nos cuenta Gabriela, su compinche, su amiga de los primeros bailes, de los primeros besos, de los primeros cigarrillos “clandestinos”, de las larguísimas charlas sobre los chicos a los 12 años, en las que se jactaban de no ser estilo “Susanita”, aquel personaje de “Mafalda” de Quino, mientras recuerda como se comían las uñas y se probaban los minishort de moda en esos días. “Cuando algo la incomodaba se le ponían los cachetes colorados, eso te indicaba que en cualquier momento iba a salirse con una puteada o con un terco no”. En el Colegio Nacional Bernandino Rivadavia, a Claudia la apodaron “Coneja” por sus grandes dientes “paletas” típicas de algunas adolescentes, que le dibujaban una sonrisa casi permanente. “Era una chica muy delgada y bonita, con un aire de Rita Hayworth, vivaz, ingeniosa y pizpireta, de conversación atropellada y pronunciada miopía” contaba su amigo Juan José Salinas, quien “armó” la primera cita con aquel rubio de grandes ojos verdes llamado Marcelo Gelman: “los vivaces ojos marrones de ella, sustentados en pómulos redondos, se clavaron en los ojos verde amarillentos de él. Y ya no los soltaron. Desde entonces, Claudia y Marcelo se la pasaron cuchicheando en los rincones”.
Poco tiempo después se casaron, sin pompa ni boato, sin iglesia ni sinagoga; de ese día se conserva una foto en blanco y negro que les sacó su madrina en el Registro Civil. Gabriela recuerda: “la última vez que la vi, una semana antes de su desaparición, nos encontramos en el Trust Joyero, esquina tradicional de Buenos Aires ( hoy hay un Mc Donald ) en Corrientes y Carlos Pellegrini, a metros del obelisco, ya noche en ese día húmedo y lluvioso; decidimos protegernos de la lluvia y entramos a La Giralda, bar típico porteño. Y ahí, mientras esperábamos a Marcelo (su pareja, su compañero, su amor), me contó, con toda vitalidad, que había ido al obstetra y que todo marchaba bien, de lo único que hablaba era de su bebé. De Ana o Ernesto, así pensaban llamarlo, y gesto infaltable, ahora nuevo para mí, no dejaba de tocarse la panza. Quería su bebé, deseaba su bebé, no había nada de aquella realidad, que ya comenzaba a ser gris, oscura y vil, que la apartara de su certeza de parirlo y parirlo bien , bien para los dos. Siempre quiso preservarlo”.
En el transcurrir de las discusiones de aquella etapa entre adolescente y adulta, mientras Marcelo planeaba un nuevo, último intento de tener actividad política, sabemos que Claudia, ya embarazada, llegó a sugerirle la posibilidad de marcharse lejos, quizás a Roma con su suegro, de huir de aquella trampa mortal en que se había transformado Buenos Aires y todo su país. Como a tantos otros, la locura genocida les interrumpió los planes y la posibilidad de intentarlos.
María Claudia, señora Presidenta, pudo haber sido cualquiera de nosotros; cualquiera de nuestras hijas..., Claudia fue una de las tantas americanas a las que le arrebataron la vida.
¿Qué esperanzas, qué ilusiones tendría? ¿Qué aportes podría haber hecho a nuestra América? ¿Habría sido una eximia artista cuyas obras nos hubieran maravillado? ¿Una docente excepcional que hubiera modificado la concepción educativa de nuestros pueblos? ¿Habría sido una filósofa con grandes aportes al conocimiento? ¿Podría haber llegado a ser una mujer política comprometida con su pueblo? ¿Habría sido una personalidad americana merecedora de un discurso apologético en esta Cámara? ¿O sencillamente una madre exclusivamente dedicada a criar y formar a su hija... o hijos? No lo sabemos ni lo sabremos.
Pero sí estamos seguros que la tragedia de María Claudia y de las miles de Claudias que nuestra América Latina ha perdido asesinados, desaparecidos, expulsados... en su gran mayoría jóvenes que empezaban a aportarle a sus sociedades en la culminación de sus procesos de aprendizaje, ha truncado el surgimiento de innumerables personalidades. ¿Cuántas personalidades perdidas, desaparecidas? ¿Cuántos médicos, ingenieros, maestros, científicos, filósofos, obreros, artistas, hombres y mujeres excepcionales han perdido los pueblos americanos? Imposible responderlo. Pero sí podemos estar seguros que en la tragedia de los más de 100.000 desaparecidos que ha padecido América Latina, en su mayoría jóvenes con fuertes capacidades intelectuales y sociales, nuestros pueblos han sufrido una inmensa pérdida de capital humano, incuantificable pero calificable, de personalidades excepcionales.
¿Cómo sería la Argentina de hoy si aquella generación exterminada de entre 10 y 30 mil jóvenes estuviera viva? La crisis terrible que sumió a nuestros hermanos hace pocos años en situaciones de miseria nunca antes vivida ¿se hubiera podido evitar o modificar si estas personas estuvieran vivas y trabajando para lograr una patria diferente? ¿Cuánta parte de la prolongada crisis de su sistema político no es consecuencia de la ausencia del aporte de estos miles de desaparecidos, asesinados, y expulsados al exilio por la insanía de aquellos que gobernaron su país? ¿En qué condiciones quedó la generación sobreviviente y todo el pueblo argentino, sometido a una opresión de violencia descontrolada, de asesinos sanguinarios, de verdugos de su propio pueblo? Porque además de los muertos, los desaparecidos y los que huyeron de aquel horror; los que permanecieron, los que sobrevivieron en ese país oprimido, ¿en qué condiciones quedaron si la lección era que había que callarse para sobrevivir, que no había que hacer nada que molestara a los dueños del poder si se quería seguir con vida, que había que ser dócil a los designios de aquellos que se habían apropiado de los gobiernos?
Es por eso, señora Presidenta; que en el día de hoy quiero homenajear, en la persona de esta mujer, de esta mamá que fue Claudia, a todas las personalidades desaparecidas, a todos los hombres y mujeres que no pudieron ser, a los que no pudieron seguir siendo porque la insanía genocida de gobiernos y dictaduras en nuestra América trataron de suprimir, hasta el grado demencial de esconder sus cadáveres con la intención de borrar sus historias y nuestra memoria.
Y también quiero homenajear a su hija, desaparecida durante más de 20 años; quien hace muy poco pudo recuperar su historia, su apellido, el conocimiento de su madre, de su padre, de lo que quedó de su familia, de la patria de sus padres y de la suya propia. Expresarle públicamente que su mamá merece este homenaje. Que la concibió en el amor con que se concibe a un hijo, y que hizo todo lo que pudo hasta el último de sus días para darle lo único que finalmente pudo dejarle: la vida. Decirle que su madre estaba empezando a volar cuando le cortaron las alas. ¡Que terrible realidad debe ser para una persona descubrir un día que vivió 20 años engañada! Que todo lo que aprendió en la vida, que muchos lazos afectivos que tuvo a lo largo de su vida, partieron del asesinato de sus padres, del ocultamiento de la verdad y de su propia identidad. ¿En nombre de qué, pueden justificarse estos crímenes contra la humanidad? ¿Qué razón, qué ética, qué ley puede amparar este crimen? Ninguna.
Durante muchísimos años nuestros pueblos conocieron muy poco sobre estas tragedias; el manejo informativo a través de medios de comunicación estrictamente censurados, sumado al ocultamiento de los hechos y el chantaje de violencia que todos los pueblos sufrían, hicieron difícil que la verdad se fuera abriendo camino, se fuera difundiendo y filtrando gota a gota. Aún los gobiernos que siguieron a la salida de las dictaduras fueron renuentes, y en algunos casos cómplices, de no avanzar con las investigaciones que se debieron haber hecho, llegando incluso en nuestro país a negar tajantemente la existencia de niños secuestrados, hasta hace pocos años.
Durante mucho tiempo Juan Gelman, padre de Marcelo y suegro de María Claudia, y Mara La Madrid, su compañera, se embarcaron en una búsqueda intensa y permanente de María Claudia y su bebé. Todos los datos que recabaron en aquella investigación los condujeron hacia nuestro país.
Hacia 1995 el poeta Juan Gelman, padre-abuelo, abuelo-padre, abuelo-suegro, suegro-padre, le escribía una carta abierta a su nieta o nieto en la esperanza, en la convicción de que estuviera vivo, y que pudiera leerla. En ella decía: “Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande, dije.”
Por ese mismo tiempo Gelman le cantaba a su nieto-nieta:

“Amarte es esto: una palabra que está por decir
un arbolito de hojas
que da sombras”...

en tu candor
sale el mundo del mundo
y definitivamente “lo amado crea lo que se amará”.

La perseverancia de este abuelo y de muchos otros abuelos, abuelas, madres, padres, parientes, amigos, en la búsqueda de sus hijos, sus nietos, sus seres queridos, nos ha permitido ir reconstruyendo lentamente la verdad, nos ha permitido ir conociendo la tragedia que vivimos y que nuestros victimarios trataron de esconder. No ha sido fácil. Muchos gobiernos, reitero, aún democráticamente electos, han tratado de poner un manto de olvido, nos han dicho que no había que tener “ojos en la nuca”, que había que mirar hacia adelante y no ser esclavos de nuestro pasado. Fueron los mismos que simultáneamente eran capaces de participar en ceremonias de recordación de las tragedias de otros pueblos, como el armenio o el judío; negando al mismo tiempo, aún ante el pedido de centenares de personalidades del mundo entero que hubiera niños desaparecidos en Uruguay, mientras acusaban a quienes los buscaban de querer dañar a la democracia, de actuar por intereses electorales, o de “no actuar de buena fe”.
Aún en democracia, quienes seguían buscando a sus familiares, tuvieron que soportar a gobernantes que trataban de desacreditarlos, a miembros de este mismo Parlamento que los trataban de seres rencorosos, inventores de fábulas, afirmando que los desaparecidos simplemente habrían huido y estarían escondidos en Cuba o en otros países. ¡Cuánta patraña! ¡Cuánta miseria humana hubo que soportar para que la verdad, de a poco, muy de a poco se esté abriendo camino!
Pero también se oían otras voces, como la del obispo Pablo Galimberti, , quien en 1999 decía: “Las personas de bien debemos repudiar los hechos denunciados por Gelman. Este repudio nada ni nadie lo puede acallar. Un pueblo que repudia estos hechos es un pueblo que tiene reservas morales, lo que es parte fundamental de una cultura vigorosa. Ninguna ley ni amnistía puede decretar el olvido de estos crímenes…no es bueno que las instituciones a las que pertenecen los protagonistas que han concretado estas acciones permanezcan en el completo silencio… el tema está tocando las bases mismas que sustentan a una sociedad democrática”
Eric Hobsbawm, uno de los historiadores más importantes del mundo, escribía también en aquel año: “el destino de los niños nacidos de madres en cautiverio no se puede dejar en lo desconocido. Fuera quien fuere el culpable de lo que pasó en los años de tortura y asesinato, esos niños eran inocentes. Si el bebe de María Claudia García Irureta Goyena de Gelman está vivo, él o ella tiene el derecho a conocer lo ocurrido con sus padres… No puede haber una razón aceptable para el silencio.”
Nunca tantos intelectuales y científicos le prestaron tanta atención al Uruguay como en aquel año de 1999 cuando miles de cartas desde todo el mundo pedían a las autoridades y particularmente al Presidente Julio María Sanguinetti que investigara para encontrar al hijo o hija de María Claudia: premios Nobel como José Saramago, Adolfo Pérez Esquivel, Darío Fó, Rigoberta Menchú, Günter Grass, artistas como Fito Páez, Joan Manuel Serrat, Gianni Miná, Chico Buarque, escritores como Arthur Miller, Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti, Eduardo Galeano; periodistas como Mariano Grondona, Horacio Verbitsky, Jacobo Timmerman, levantaron sus voces reclamando que se investigara y se pudiera llegar a la verdad.
Entre esas miles de cartas, hubo una, de una niña mexicana de 12 años, llamada Florencia Denti, que le escribía a Sanguinetti: “Usted debe querer saber porqué le pido que averigüe que pasó con María Claudia, su bebito o bebita, entonces le voy a explicar:
1. Primero, porque yo tengo abuelos que me quieren muchísimo y que hacen todo por mí y tal vez usted tiene nietos y hace todo por ellos y por ayudarlos y estar al lado de ellos cada vez que lo necesitan, entonces entiende esto.
2. Segundo, porque si no tiene nietos, seguro que tuvo abuelos que hacían de todo por usted y que lo querían mucho.
3. Tercero, porque mi mamá tiene un CD de Joaquín Sabina donde hay una canción que me gusta mucho y que me sé de memoria (y que por cierto me inspiró para escribir esta carta) y que en una parte dice “porque todos tenemos abuelos que siempre ganaban batallas”, y creo que ésa es una gran verdad.”
Tozudamente aquel Presidente siguió negando los hechos, afirmando conceptos absurdos como, que “en Uruguay no hubo ningún niño desaparecido, eso ocurrió allá”(en Argentina), agregando que no constaba el ingreso de María Claudia al territorio nacional, o el nacimiento de su hijo en los registros del Hospital Militar, haciendo investigaciones que no investigaban, pretendiendo ocultar lo inocultable, llegando a afirmar que los cientos, miles de intelectuales de todo el mundo que apoyaban la búsqueda de aquel abuelo, eran “instrumento de una campaña política y periodística de desprestigio dentro de Uruguay y que en su momento tuvo inmediatas finalidades electorales y que hoy continúa, con metas a más largo plazo”.
Sin embargo, apenas 30 días después de asumir el nuevo gobierno presidido por el Dr. Jorge Batlle, lo indemostrable se demostró y se encontró a aquella bebé, ya adulta, que durante más de 20 años había sido escondida.
Como decía, hubo gobiernos que ignoraron situaciones como las de María Claudia a pesar de los reclamos y los certeros testimonios presentados. Hubo otros, como el del Dr. Jorge Batlle, que por lo menos reconocieron que era un deber investigar. La aparición de la hija de María Claudia, la continua búsqueda de los familiares de desaparecidos, y la actitud del Dr. Jorge Batlle, generaron condiciones para que, en agosto del año 2000, se instalara la Comisión Para la Paz, integrada por Monseñor Nicolás Cotugno, el sacerdote Luis Pérez Aguirre (sustituído por Jorge Osorio ante su fallecimiento), José D’Elía, José Claudio Williman, Gonzalo Fernández y Carlos Ramela. Sus investigaciones permitieron avanzar fuertemente en el conocimiento de lo sucedido a los uruguayos desaparecidos aquí, en Argentina, en Chile y en Paraguay, y sobre los extranjeros desaparecidos en Uruguay, aunque no en la ubicación de sus restos.
En el punto 4 de las conclusiones referidas al caso de María Claudia, la Comisión para la Paz establece que “el secuestro de esta joven, sin relación alguna con el Uruguay, no tiene explicación lógica y sólo puede obedecer al propósito de sustraerle su bebé. La Comisión ha formado convicción, también, de que luego de ello, se dio muerte a la detenida.”
El Dr. Carlos Ramela, entonces Secretario del Presidente Batlle, reconocía en una entrevista en Crónicas: “No creía que las violaciones a los derechos humanos hubieran tenido la magnitud que descubrí”. Conocer la historia, conocer la verdad, es una necesidad imperiosa de los pueblos. Hay quienes quisieran que la historia fuera solamente estatuas de bronce, batallas y fechas; sin embargo la historia es mucho más compleja que eso.
Maria Claudia es parte de nuestra historia latinoamericana. Es parte de una historia que se ha podido ir conociendo a partir de la integración de sus pueblos; tan opuesta a la confabulación de aquellos malos americanos que se apropiaron de los gobiernos de nuestros países por tantos años, construyendo la integración del horror, la integración de la dominación, la integración del terrorismo que asesinó a tantos argentinos, chilenos, uruguayos, brasileños, peruanos, paraguayos, colombianos, bolivianos, salvadoreños, nicaragüenses. ¿Cómo olvidarnos de nuestros compañeros parlamentarios, el “Toba” Gutiérrez Ruiz o de Zelmar Michelini, secuestrados y asesinados junto a Rosario Barredo y William Withelaw después de haber pasado probablemente por el mismo lugar donde unos meses después estuvo María Claudia? ¿Cómo olvidarnos de Salvador Allende y los miles de chilenos que sufrieron cárcel, torturas, que fueron asesinados o desaparecidos? ¿Cómo olvidarnos de las decenas de miles de guatemaltecos que desde los años 60 desaparecieron en una especie de avanzada experimental del horror, de eso que después se conoció con el nombre de “desaparecidos”? ¿Cómo olvidarnos que hubo niños que sufrieron la desaparición por meses o años? De Amaral, Anatole, Andrea, Carla, Carlos, Gabriela, Mariana, Marcela, María Mercedes, María Victoria, Máximo, Paula, Simón, Victoria, Victoria Eva, y la hija de María Claudia. ¿Cómo olvidarnos que hubo niños y jóvenes que posiblemente nacieron en cautiverio y aún no han sido ubicados ni recuperados?
Lamentablemente, señora presidenta, algunos malos soldados de antaño, han mantenido de rehenes a otros soldados que se ven impedidos de desarrollarse plenamente en el seno de su sociedad. Lamentablemente las Fuerzas Armadas en su conjunto han sido rehenes de esos malos soldados que han deshonrado a su patria, cometiendo horrendos crímenes que ninguna guerra justifica.
El 19 de junio de 2002 fue presentada la denuncia penal en el juzgado letrado en lo penal de 4º turno, por la presunta comisión de los delitos de privación de libertad y homicidio de María Claudia García Irureta Goyena de Gelman, y sustracción de menor y supresión de estado civil de su hija.
Con fecha 14 de mayo de 2003 se presenta una pieza jurídica denominada “amicus curiae” donde el jurista argentino y miembro actual de la Suprema Corte de Justicia, Dr. Raúl Eugenio Zaffaroni y un grupo de juristas de varias partes del mundo, entre los que se incluye a la Dra. Jacinta Balbela, se pronuncian sobre la exclusión de la ley de caducidad en el caso de María Claudia.
Con fecha 28 de noviembre de 2003 el Poder Ejecutivo consideró que los hechos relacionados en la denuncia se encontraban comprendidos en el artículo 1º de la Ley de la Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, Nº 15.848
He hecho expresa referencia a los gobiernos de mi país, pues es ante ellos dónde recurrió Juan Gelman reclamando por María Claudia, y por la que hoy sabemos que fue hija, y no hijo. El gobierno anterior y particularmente la Comisión para la Paz han permitido avanzar mucho en el conocimiento de esa realidad que se pretendió esconder durante tantos años. Pero aún queda camino para recorrer, sobre todo después que en noviembre de 2003, el Presidente Batlle desconociendo la obligación de continuar profundizando y avanzando en las investigaciones y averiguaciones, una vez recibido el informe final de la Comisión para la Paz, incluyó el caso de María Claudia en la Ley de Caducidad.
El Dr. Gonzalo Fernández decía a propósito de esa resolución: “Creo que la decisión es profundamente equivocada y que no se trata de una cuestión meramente política o de un acto político, sino de un acto que tiene connotaciones jurídicas, que resulta violatorio de la propia Ley de Caducidad y que desconoce además lo informado por la Comisión para la Paz”.
Por su parte, Héctor Gros Espiell reflexionaba: “Para mí lo fundamental no es si se aplica o no la Ley de Caducidad, cuya única finalidad es la caducidad de la pretensión punitiva del Estado respecto a las personas eventualmente responsables. Sino que lo fundamental es la posibilidad de continuar la investigación, que para mí es un deber jurídico y moral del Estado uruguayo respecto de todas las personas, no solamente de la nuera de Gelman, que debe llevarse hasta sus últimas consecuencias de investigación, como lo sostiene por lo demás el informe de la Comisión para la Paz que el Poder Ejecutivo aceptó... Lo fundamental no es el problema de la caducidad o no de la responsabilidad penal, sino la investigación exhaustiva de si los restos existen, cuándo la mataron y que pasó”.
Con fecha 5 de junio de 2004 se presentó ante la Suprema Corte de Justicia un recurso de inconstitucionalidad respecto del artículo 3 de la ley Nº 15.848, de Caducidad.
Con fecha 2 de febrero de 2005 se expidió el Poder Ejecutivo desestimando el recurso de apelación interpuesto, con fecha 19 de diciembre de 2003, por considerar que el acto impugnado no tiene naturaleza administrativa.
En los albores de un nuevo gobierno, asumiendo las recomendaciones de la Comisión para la Paz, nuestro actual Presidente, el Dr. Tabaré Vázquez, expresó en el acto realizado el 1° de marzo de 2005 en la escalinata del Palacio Legislativo:
Dentro de pocas horas, pasado mañana jueves, el Secretario de la Presidencia, doctor Gonzalo Fernández, en combinación con Oficiales de nuestras Fuerzas Armadas, comenzarán las tareas para que un grupo de investigadores de la Universidad de la República, vayan al Establecimiento 13, 14 y a los que fuera, para comenzar los estudios correspondientes, para saber si hubo enterramiento de ciudadanos muertos, desaparecidos durante la dictadura militar.
Buscaremos también el apoyo de especialistas internacionales, sobre todo de Argentina que tienen una gran experiencia en este tema.
Queremos saber qué pasó, qué pasó con estos ciudadanos, si están o no enterrados allí; si están serán recuperados, serán identificados, sus restos serán entregados a sus familiares y si no están, tendremos que saber por qué no están y dónde están, qué pasó con ellos.
Mucho ha trabajado la Comisión para la Paz, en estos últimos años para llevar adelante averiguaciones, las ha llevado con éxito.
Muchos familiares, muchos familiares de detenidos desaparecidos ya conocen qué es lo que ha sucedido.
Sabemos que muchos de ellos -por distintas razones- en algún momento plantearon la posibilidad que no tomara estado público lo que ha sucedido.
Pero de la misma manera que hay ciudadanos políticos, deportistas, hombres y mujeres de la cultura, de la ciencia del país, que trascienden a sus organizaciones, los ciudadanos desaparecidos han trascendido a sus familiares, y son ciudadanos de toda la sociedad uruguaya, y la sociedad uruguaya en su conjunto tiene que saber qué ha pasado con ellos.
Se publicará lo que se sabe, se publicará lo que se conoce, no con el fin de alimentar odios, no con el fin de llevar a nadie frente a la Justicia, fuera de lo que establece la Ley de la Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, sino para que -uruguayas y uruguayos- lo que pasó nunca más en el Uruguay, nunca más, nunca más hermanos contra hermanos, uruguayas y uruguayos.
En ese Convenio que firmaremos con el señor Presidente de la Argentina, también está el compromiso que Argentina nos ayude a investigar qué ha pasado con nuestros compatriotas desaparecidos en tierra Argentina. Y ahí también vamos a trabajar fuertemente, que quede claro.
Para nosotros no entra dentro de la Ley de Caducidad de la Pretensión punitiva del Estado ni el caso de la nuera del poeta Gelman, ni las muertes de Zelmar Michelini ni de Gutiérrez Ruiz.”
El 8 de marzo de este año, una sentencia judicial dispuso la inscripción en el Registro Civil de María Macarena, como nacida en la ciudad de Montevideo el 1° de noviembre de 1976, como hija legítima del matrimonio que fuera celebrado el 8 de julio de 1976 en la ciudad de Buenos Aires, República Argentina, que estaba integrado por Marcelo Ariel Gelman y María Claudia García Irureta Goyena, anulando la anterior inscripción en el Registro Civil. El fallo judicial fue consecuencia de una “acción de contestación de filiación legítima” iniciada en el año 2004 por la joven, y una “acción de reclamación de filiación legítima” impulsada por sus abuelos naturales, Juan Gelman, Berta Shubaroff y Juan Antonio García.
Hace pocos días, a propósito de la primera visita que familiares de desaparecidos realizaron al Batallón de Ingenieros N° 13, lugar donde posiblemente Claudia también haya sido enterrada, Elena Zaffaroni escribía lo siguiente:
Tuvimos que recorrer unas 3 cuadras a pie, atravesando charcos que eran como lagunas, con el agua a media pierna... Las viejas, como siempre, dando ejemplo, dando ejemplo de su inquebrantable dignidad, no dudaron en "sumergirse" por esos barros. Una hora y media, con el agua que venía de todas partes, silenciosos, conmovidos. Nadie ofreció una silla, un resguardo. Para ser sinceros, ninguna lo solicitó y a nadie le importó. Fue Luis, el antropólogo argentino que se preocupó por abrir una carpa, que quedó en penumbra, para hacer la espera menos dura... Mientras esperamos caminamos un poco, aunque el lugar está limitado: los sauces enormes ¿serán los que plantaron luego de hacer las fosas?.nadie preguntaba nada, todos cavilábamos solos. Estábamos en medio del campo, en la famosa "cancha de fútbol" referente de los enterramientos... un área inabarcable para los trabajos de los arqueólogos...pero concientes del momento impresionante que estábamos viviendo. A nuestra derecha, y un poco alejados los galpones que los testigos llaman 300 Carlos, el Infierno... ¿serán esos? ¿son cinco? sí, eran... el silencio y la serena presencia de "las viejas" fue lo que marcó la tónica de ese encuentro.... Todos conscientes, ellos y nosotros, de lo que estaba pasando.
Con fecha 10 de junio de 2005 se presentó ante el juzgado letrado en lo penal de 2º turno, solicitud de reapertura de la causa, fundado en la aparición de hechos nuevos, supervinientes a la clausura. Actualmente se encuentra el juzgado espera que el Poder Ejecutivo se pronuncie formalmente sobre la inclusión o no de la causa de María Claudia en la ley de caducidad.
Claudia hoy tendría 48 años.
Claudia nació y vivió en Argentina.
Desapareció en Uruguay.
A su hija, le impusieron nacer y crecer en Uruguay.
Tanto ella, como el incansable Juan Gelman, tienen derecho a darle a Claudia digna sepultura.
Quiero terminar, haciendo una reflexión, que a esta altura es más que eso, es casi la sensata y lógica conclusión que la mayoría de nuestro pueblo reclama y que encierra el compromiso de nuestro Presidente de agotar esfuerzos para que los restos de María Claudia y los demás desaparecidos descansen en paz.
Aunque estoy segura que la investigación que se está realizando desde la Presidencia de la República encontrará los restos de Claudia y ayudará a que nuestra sociedad se reencuentre, se reconcilie, sabemos que hay quienes pueden aportar a que este reencuentro se haga en tiempos más breves.
14 de junio de 2005

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