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historia de los derechos humanos

Historia de los Organismos
de Derechos Humanos
25 años de Resistencia
1/ ABUELAS DE PLAZA DE MAYO
El relato sobre el trabajo y la búsqueda de las Abuelas
REUNIR LAS PIEZAS DE UNA HISTORIA ROTA
Es una historia con raíces en el dolor. La cronología de una búsqueda
mas allá de los resultados concretos. Un camino que fue forjado por el
aprendizaje de cada paso. Una lucha inclaudicable de un grupo de
mujeres a las que reunió una misma y dramática circunstancia: la
pérdida de sus hijos y el secuestro de sus nietos. Detener la mirada en
la historia de las Abuelas de Plaza de Mayo es admirar la tenacidad con
la que emprendieron una búsqueda sostenida fundamentalmente por el
amor. Pero también por la necesidad de conocer la verdad y exigir
justicia en un país en el que fue posible una cruenta dictadura.
Una empecinada acumulación de objetos en la sala. Un par de fotos de
jóvenes que nunca envejecerán, quietos para siempre en esa pose que captó
el papel. La infaltable mesa ratona frente al sillón, con sus adornos, sus
cucharitas, sus ceniceros. Algo especialmente familiar se respira en las casas
de diferentes Abuelas, así, con mayúsculas, porque ese vínculo privado es el
que las ha hecho públicas. Tal vez sea la pertenencia a una generación lo que
acerque la idea de que la casa de Alba Lanzilotto, de Nélida Navajas, de
Estela Barnes de Carlotto, por ejemplo, son la misma. O tal vez porque esas
salas congelaron su matriz casi al mismo tiempo: el tiempo en que los jóvenes
de las fotos, sus hijos desaparecidos, dejaron de madurar. Ellas son Abuelas
de Plaza de Mayo, como tantas otras, y cada insignificante elemento tiene, en
sus casas, una historia que contar, una referencia familiar, el testimonio del
tiempo que no se detiene. Por eso la mayoría no ha cambiado sus adornos, los
ha sumado, acumulado, reordenado. Como esos ajuares de bebé que se
tejieron hace más de veinte años para destinatarios que, en muchos casos, no
los usaron. Ni siquiera los vieron. Batitas rosas, blancas, celestes, amarillas -
como se tejía cuando no se sabía el sexo del hijo por venir hasta el momento
del parto- que esperan en su encierro de naftalina que alguien, alguna vez,
les sacuda los dobleces y entienda, perciba, ese deseo que construye un hijo,
un nieto, aun antes de su nacimiento.
Así empieza esta historia, o alguna de ellas, hilos de una misma trama. Una
mujer teje frente a la ventana de su casa, en una sala, con su sillón y su mesa
ratona, un saco rosado para su nieta Clara Anahí. Es profesora de cerámica,
salió de la escuela al mediodía y prepara el baño para esperar a la beba: esa
tarde le toca cuidarla. Pero nadie llegará. La madre fue asesinada ese mismo
día, la niña será cargada en un balde o una palangana, dejada como un bulto
en el asiento de atrás de un Falcon. Los vecinos no verán demasiado, apenas
tendrán tiempo y coraje para espiar detrás de las ventanas lo que sucede en
esa casa de La Plata que queda en llamas. Es el 24 de noviembre de 1976.
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Clara Anahí cumplió 25 años el 12 de agosto y su abuela, María Isabel Chorobik
de Mariani, todavía la espera.
Otra mujer se planta frente a las puertas del Regimiento 7 de La Plata. Llegó
hasta allí del mismo modo que a otros tantos lugares, guiada sólo por la
necesidad de hacer algo, de no esperar sentada. La atiende un suboficial
cualquiera, se fija en un libro cualquiera. Y dice no, no está aquí. Alicia
Zubasnabar de la Cuadra busca a su hija Elena, que estaba embarazada de
siete meses cuando la secuestraron. En un calabozo de la comisaria 5ta. de La
Plata, en el piso. sin atención médica, tuvo una nena y la nombró: Ana. Pero
de eso, Alicia, se enteró mucho más tarde. Alguien más recibe un llamado
telefónico a la madrugada, en su departamento de Barrio Norte, el mismo en
el que hoy sigue viviendo. Es julio de 1976, Nélida Gómez de Navajas tiene
que ir a buscar a sus dos nietos y a un primo de ellos, tres varones de entre 9
meses y dos años. Su hija Cristina y la cuñada han sido secuestradas. Nélida
sabe por una carta que Cristina escribía en capítulos para su marido, que la
joven espera su tercer hijo. Se lo confirmaron años después, alguien que fue
liberado del campo de concentración conocido como el Pozo de Bandfield. La
vieron cuando estaba a punto de parir. Nélida, como las otras, sabía que su
hija estaba en peligro. Hacía tiempo que para encontrarse con ella debían
buscar lugares neutros, hablar como si fueran conocidas y no madre e hija.
Nélida y las otras abuelas sabían, como todos, que cada día se asesinaba
gente porque los cuerpos aparecían al costado de la ruta, en la costa del Río
de la Plata, en la calle. Sabía de los secuestros, no de la cantidad de personas
que a diario se secuestraban. Sabía, había escuchado, la palabra
"desaparecido". Incluso se hablaba de cárceles clandestinas. No podía
imaginar que serían 460 los campos de concentración y 30 mil los
desaparecidos. Mucho menos que entre ellos se contarían también niños y
recién nacidos en cautiverio.
A fines de 1977, catorce histories como éstas se habían reunido en una
carpeta. En 1983, cuando llegaba la democracia, eran cerca de 190. En 1992,
la carpeta registraba 217 casos de niños desaparecidos junto con sus padres o
nacidos en cautiverio. Hoy, en el 2001, las denuncias suman 300. Pero el
cálculo estimado de jóvenes con su identidad cambiada es de 500, porque
muchas familias desconocían el embarazo de sus hijas y otras no tuvieron los
recursos necesarios para sostener la denuncia.
Dos décadas pasaron hasta que se acumularon las evidencias necesarias para
demostrar que la apropiación de niños durante la dictadura militar respondió
a un plan sistemático. De eso se encargaron las Abuelas de Plaza de Mayo, las
pruebas llegaron de la mano de los 72, primero niños, ahora jóvenes que han
recuperado su identidad, su historia. Estas mujeres saben que el tiempo es
una convención, que la búsqueda puede arrasar con las hojas del calendario,
incluso con sus propias esperanzas de vida. Pero mientras sigan encontrando
esos bebés que ahora son hombres y mujeres, siempre correrá a su favor. Aun
cuando no estén ahí para verlo.
"El día que conocí a Alicia ella estaba con un salto de cama rosado y ordenaba
su casa. Empezamos a charlar y perdimos la noción del tiempo. Ese día
empecé a descubrir lo que realmente estaba pasando y a entender que la
búsqueda debía hacerse de otra manera, que no había un solo niño
desaparecido sino por lo menos dos. Y si habían dos, ¡cuántos más podrían
ser? Por primera vez tuve la horrorosa sensación de que no encontrábamos a
los niños porque no nos los querían entregar". Chicha de Mariani y Alicia de la
Cuadra tomaron conciencia de que su dolor corría por el mismo cauce. Las dos
habían circulado como ciegas por los mismos pasillos de ministerios,
regimientos, iglesias y salones obispales. Creían que su caso era distinto del
resto de las madres con las que se encontraban los jueves en la Plaza de
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Mayo, reconociéndose al principio por un clavo en la solapa, por un pañal en
la cabeza después. Ellas buscaban niños, contra ellos no había cargos posibles,
en algún lado tenían que estar. Pero después de ese primer encuentro
empezaron a pensar en la posibilidad de buscar juntas, de fortalecer esa
búsqueda dándola a conocer, era tan aberrante lo que sucedía que pensaban
que nadie podía ser indiferente frente a la suerte de un niño que ellas
imaginaban perdido en algún orfanato o casa cuna. Y buscaron un nombre
acorde a la sensibilidad de esa sociedad de la que habían formado parte como
madres de familia, profesionales, empleadas o amas de casa, parte, en su
gran mayoría, de esa clase media que entonces parecía una marca registrada
argentina. Se llamarían Abuelas Argentinas con nietitos desaparecidos. Eran
doce: Chicha y Alicia, Beatriz Aicardi de Neuhaus, Eva Márquez de Castillo
Barrios, Vilma Sesarego de Gutiérrez, Mirta Acuña de Baravalle, Haydée V. De
Lemos, Leotina Puebla de Pérez, Celia Giovanola de Califano, Raquel Radio de
Marizcurrena, Clara Jurado y María Eugenia Cassinelli de Garcfí Irureta
Goyena.
Algunas de ellas murieron sin conocer a sus nietos, otras los encontraron y
siguen buscando a los que faltan. Muchas, todavía esperan.
El peligro era el aire que se respiraba durante la dictadura. De ir los jueves a
la Plaza aprendieron que cuando tenían que correr algún riesgo - como dar
vueltas alrededor de la pirámide- debían llevar en la cartera un documento y
una bombacha. Fundamental si se pasaba la noche en una comisaría.
Aprendieron también a hablar en código. Los "cacharritos" o "los cuadernos"
eran los niños que buscaban. "Las flores" era en realidad Las Violetas, esa
confitería tradicional en la que se juntaban para simular que festejaban
cumpleaños mientras se dividían las tareas. Las "chicas" eran las Madres de
Plaza de Mayo, las "viejas", como las siguen llamando sus nietos con los que
ahora trabajan codo a codo, eran ellas mismas. El "señor blanco", el Papa.
Entre 1977 y 1978 el tiempo se contaba por segundos para las Abuelas. Tenían
conciencia plena de la velocidad de los cambios en los primeros años de vida.
Si el niño o niña que buscaban tenía dos meses al momento del secuestro
ahora estaría empezando a decir sus primeras palabras. ¿.Y los hijos?
¿Escucharían de los suyos las palabras mágicas, mamá, papá? "Nuestra
incesante búsqueda de estos inocentes ya dura meses y hasta mas de un año.
Hemos llamado a todas las puertas, pero no hemos tenido respuestas. Por eso
nos permitimos rogar a Su Santidad para que interceda para poner fin a este
calvario que estamos viviendo", le escribieron el señor blanco en 1978. Nunca
tuvieron respuesta. Los meses, los años siguieron pasando. "No imaginábamos
nada, en algún lugar tenían que estar y había que buscarlos. Por eso íbamos a
Casa Cuna, a los juzgados de menores. Había jueces en La Plata o en otros
lados de la provincia que nos decían: sí, hubo en un operativo chiquitos, pero
los recuperaron los abuelos, o los tomó tal juez, o fueron a un orfanato.
Hicimos un dossier con la mucha o poca información que teníamos: fotos, en
los casos que había, y relatos. También se hicieron gestiones individuales y
grupales en organismos internacionales como Amnistía, Naciones Unidas, la
OEA. Para mí era entrar en una tarea desconocida, no sabía que era Naciones
Unidas ni como se podía llegar hasta ahí. Ya en el 80 sí, empece e viajar y a
saber y a encontrarme en esos ámbitos con delegados argentinos, todos
milicos o fascistas. Fue un aprendizaje, fue salir a los golpes de una vida
burguesa, tranquila y planificada, a un mundo desconocido en el que algunas
buenas personas nos ayudaron". Estela Carlotto llegó a Abuelas cuando ya
había un grupo integrado pero sin formalidades. La organización fue una
exigencia del -"si queríamos entrevistarnos con funcionarios del extranjero
había que exhibir un cargo", dice Carlotto que en el primer reparto se quedó
con las relaciones públicas- y el nombre lo impuso el uso y la costumbre. ¿No
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van ustedes a la Plaza de Mayo? ¿No son las Abuelas de Plaza de Mayo? Eran las
preguntas constantes a las que se rindieron. "Pasaban los años y nosotras
seguíamos buscando, de la nada, preguntando en la zona del secuestro, a los
vecinos, mirando en los jardines de infantes. En la dictadura hicimos las
primeras solicitadas, le pedíamos a la gente que tenía a los niños que pensara
en el bien de ellos, que les dijera la verdad. Y hubo llamados. Hicimos cinco
restituciones durante la dictadura. No por la Justicia, porque la Justicia no
existía: pero encontramos chicos que estaban con familias que los habían
cuidado de buena fe. Es el caso de Eduardo Garbarino y Tamara Arze, por
ejemplo". Chicha de Mariani se convirtió en presidenta de Abuelas y Estela en
vicepresidenta. Juntas hicieron el primer viaje institucional. Se presentaron
en una reunión de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas
reunida en Ginebra. Y desde allí visitaron once países europeos para presentar
el caso argentino. "Usábamos los viajes personales para hacer gestiones,
muchas teníamos otros hijos exiliados en Europa y cada vez buscábamos
entrevistarnos con sobrevivientes de los campos de concentración. Ellos nos
dieron datos valiosísimos".
Estela, ahora presidenta de la institución, recuerda perfectamente las
estrategias elegidas para traer los testimonios escritos, para que otras Abuelas
pudieran leerlos. Escribían en papel manteca y con ellos envolvían bombones.
"Siempre mantuvimos nuestra imagen de señoras gordas, llegábamos cargadas
de paquetes y paquetitos; hubiera sido agotador revisar todo". Los viajes
serían una constante que todavía se sostiene. Muchas organizaciones
extranjeras las apoyaron moral y económicamente y servían de escudo contra
la amenaza constante de una dictadura todavía vigente.
Los datos, los testimonios, cada pista que llegaba a Abuelas, cada denuncia
anónima que se recibía, sobre todo después de la publicación de solicitadas en
los pocos diarios que entonces las aceptaban - La Prensa y el Buenos Aires
Herald- era archivado en latas y enterrado en diversos jardines. Pero serían
para que las Abuelas siguieran buscando. El tiempo no se detenía y ellas
tampoco. "Pero nos dábamos cuenta de que necesitábamos alguna forma
científica para poder demostrar que esos niños que a veces mirábamos de
lejos ir y venir de una escuela eran los nuestros. Ya no valía hablar del
parecido físico o de un lunar en algún lugar del cuerpo. Por eso en los viajes
periódicos empezamos a insistir sobre la posibilidad de encontrar la verdad en
la sangre. Sabíamos que existían análisis para demostrar la filiación en juicios
sobre paternidad ¿sería posible demostrarla con la única presencia de las y los
abuelos?". Nélida Navaja puede relatar de memoria y sin temor a equivocarse
cuales fueron los análisis que se fueron perfeccionando. En principio
analizando los antígenos de histocompatibilidad, más tarde el polimorfismo
del ADN nuclear y luego el ADN mitocondrial que sólo se hereda de la madre,
pero simplifica los anteriores porque se puede demostrar la filiación con un
solo miembro de la rama materna. El resto requiere reconstruir el parentesco
con los análisis de al menos dos miembros de cada rama. A esto se le llamó
índice de abuelidad y los primeros en realizarlo fueron los integrantes del
Blood Center de Estados Unidos, que desde 1982 colaboran con las Abuelas de
Plaza de Mayo. Con esa herramienta en la mano se prepararon para recibir la
democracia. Al segundo día de mandato del primer presidente constitucional
en ocho años se presentó el primer caso en el que la Justicia argentina
ordenaría la restitución de una niña a su familia legítima. Fue el caso de Paula
Logares, secuestrada con sus padres cuando tenía un año. En cuanto llegó a la
casa de la abuela, Paula, reconoció la ventana en la que solía sentarse para
esperar a su mamá. "Con la democracia no cambió todo como esperábamos.
Tuvimos grandes esperanzas, pero también grandes decepciones. Entendimos
que el Estado no se haría cargo de la búsqueda de los chicos. Ese seguiría
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siendo nuestro trabajo. Pero además, después del Juicio a las Juntas, en el
que la apropiación de menores no fue tomada en cuenta como el plan
sistemático que fue, llegaron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Y
la complacencia de algunos jueces para con los apropiadores que los dejaron
huir con nuestros chicos". Las Abuelas no reclamaban descanso, reclamaban
por sus hijos y nietos. Querían, como ahora, verdad y Justicia; castigo a los
culpables y restitución de los menores apropiados. Dos años tardó Raúl
Alfonsín en recibirlas. Dos años en el que se sucedieron los encuentros. y en
muchos casos las restituciones. En Abuelas cada nieto recuperado era una
fiesta. Los chicos. Paula Logares, María Eugenia Gatica, Laura Scaccheri,
María José Lavalle Lemos y otros que prefirieron resguardar su identidad por
no ser casos judiciales, se encontraban con sus familias y se integraban
rápidamente. La verdad era un alivio, era la posibilidad de crecer. Algunos
chicos, incluso, pegaron el famoso estirón cuando recuperaron su historia. El
juez Juan María Ramos Padilla, responsable de la restitución de María José
Lavalle Lemos, sintetizó el por qué de su decisión: "Traté de hablar con
psicólogos, psiquiatras, inclusive miembros del equipo de Abuelas de Plaza de
Mayo. Ninguno de ellos me convencía. Decidí entonces preguntarle a mi hijo
de doce años. Él me dijo algo que en su momento no fue tan valorado por mí
como lo sería pocos meses después. Respondió: 'Mirá papá, la verdad es la
verdad'". Algo similar responderían los chicos restituidos cuando enfrentaban
las cámaras, sobre todo de medios extranjeros como modo de preservarse,
sabiendo que sus palabras podrían alentar a seguir encontrando a quienes
todavía vivían en las sombras.
Durante el gobierno de Alfonsí, las Abuelas consiguieron dos cosas
fundamentales: que se designara a dos fiscales para que se abocaran a la
búsqueda de los menores desaparecidos - Mariano Ciafardini y Aníbal Ibarra- y
la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos en el que se guardarían
muestras de sangre de todas las familias denunciantes hasta el 2050 para
poder cruzarlas con quienes se supone que podría haber lazos de filiación. El
BNDG estará abierto por un lapso acorde con la esperanza de vida en
Argentina. Sin embargo, se necesitaba el presupuesto y una fuerte voluntad
política para que estas herramientas funcionaran. Dos cosas que estuvieron
ausentes durante todo el período democrático hasta hoy. "Nosotras nos
entrevistamos con Alfonsín, con (Carlos) Menem y ahora con Fernando De la
Rúa. Pero sabemos que son los responsables de la impunidad, sea a través de
las leyes Obediencia Debida, el Punto Final o los decretos de indultos. Sin
embargo, desde el Estado es necesario seguir trabajando, necesitamos contar
con eso porque los elementos están de su lado, desde el presupuesto para
BNDG hasta las partidas de nacimiento y la información archivada por la
dictadura que sabemos que en algún lado debe estar", argumenta Carlotto.
Durante el gobierno de Carlos Menem, las Abuelas de Plaza de Mayo
consiguieron la creación de la Comisión Nacional de Derecho a la Identidad
dependiente de la Subsecretaria de Derechos Humanos. Allí los jóvenes con
dudas sobre su identidad podrían acudir evitando la intervención de la
Justicia. Hasta ese momento, 1993, la única manera en que alguien podía
cruzar sus datos genéticos con las familias denunciantes era a través de una
causa judicial. La Conadi no sólo trabaja sobre casos que podrían estar
relacionados con el Terrorismo de estado, también en casos de adopción o
tráfico de menores.
En 1995, las Abuelas de Plaza de Mayo habían recuperado 57 niños
desaparecidos. en ese momento adolescentes. En 1997 sumaron dos casos
más. En el 2000 los ahora jóvenes localizados eran 69. Este año, por primera
vez se escuchó la voz de una mujer de algo más de 20 años, apropiada
durante la mayor parte de su vida, en un tribunal oral. Se juzgaba al
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matrimonio del teniente coronel Ceferino Landa y Mercedes Beatriz Moreira.
Cuando le preguntaron a la joven su nombre ella respondió: "Soy Claudia
Victoria Poblete Hlaczik. Nací el 25 de marzo de 1978. El nombre de mi papá
es José Liborio Poblete Roa y el de mi mamá Gertrudis Marta Hlaczik". Los
apropiadores fueron condenados. Ceferino Landa a más de nueve años de
prisión. Beatriz Moreira, a más de cinco. Este año las Abuelas cuentan 72
nietos localizados.
Como institución, Abuelas nunca desechó ninguno de los caminos posibles para
encontrar a sus nietos y castigar a los culpables. Entre esos el de la Justicia,
aun cuando tuvieran que atravesar obstáculos, aun cuando por momentos se
volviera espeso y cerrado como un sendero del Impenetrable. Pero la
constancia les ha servido para desgarrar el negro telón de la impunidad.
En 1997 presentaron una causa en la que exponían la existencia de un plan
sistemático de apropiación de menores, basándose en la similitud de los casos
esclarecidos y en la existencia de documentos que, aun cuando se suponen
destruidos, estaban inventariados. Uno de ellos hablaba específicamente de
las instrucciones a seguir para con los hijos de los detenidos desaparecidos. El
robo de bebés es un delito de acción continua por el que fueron encarceladas
hasta ahora veinte personas, entre ellos el dictador Jorge Rafael Videla y
Emilio Eduardo Massera, dos de los beneficiados por los indultos firmados por
Carlos Menem. Esta amenaza para todos los represores se hizo tangible
cuando este año (2001) el juez Ricardo Cavallo sentenció la nulidad de las
leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Si la Corte Suprema de Justicia
decidiera de verdad hacer Justicia y confirmara esta sentencia, cientos de
represores podrían ser juzgados no sólo por la apropiación de los menores
desaparecidos - hoy adultos— sino también por el delito de desaparición
forzada de sus padres.
Las Abuelas, en tanto, siguen trabajando. Siguen buscando. Y siguen
encontrando esas piezas que faltan y que tienen un encastre perfecto en el
entramado de la historia. La historia de todos. La nuestra.
La historia de Rosa Roisinblit, vicepresidenta de Abuelas
“Entre todos ellos, encontramos al mío”
Rosa Tarlovsky de Roisinblit es vicepresidenta de Abuelas de Plaza de
Mayo desde que la institución se organizó como asociación civil, en
1983. Patricia fue su única hija. Su caso, junto con el de otras ocho
Abuelas, se presentó a la Justicia en la causa que volvió a encarcelar a
los responsables máximos del plan sistemático de apropiación de niños
durante la dictadura. Actualmente, espera el juicio oral en el que serán
juzgados los apropiadores de su nieto. Esta es su historia.
Una mujer madura hunde sus discretos tacones en el barro. No hay otra forma
de llegar al viejo penal de Ezeiza. Largas cuadras de descampado separan los
portones de la última parada de colectivo. Después habrá que recorrer un
kilómetro más antes de internarse en el laberinto de rejas y guardias,
acarreando esas inmensas bolsas de mercado que arman los familiares, vitales
para los presos. La mujer no va cargada, está bien vestida, lleva sus anteojos
puestos y una determinación que debe ser expresada paso a paso para
confirmarse. "Quiero saber si aquí está detenida mi hija, Patricia Julia
Roisinblit". Una voz desde lo alto le corta el paso antes de cruzar el portón y
ella eleva la suya para que se escuche lo que venía repitiendo. "Ésta es una
cárcel abierta, señora, acá no hay personas perdidas, los familiares saben a
quienes vienen a ver", dice el soldado desde la garita y Rosa Tarlovsky de
Roisinblit se siente encerrada a cielo abierto.
Es octubre de 1978 y la mujer no quiere entender lo que es evidente:
¿Entonces hay también cárceles cerradas, cárceles que nadie puede ver?
¿Cómo va a encontrar a su hija? Ya pidió el paradero en el Ministerio de
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Interior, ya fue al Departamento Central de la Policía Federal, le mostraron el
prontuario de Patricia, estaba limpio aunque le dijeron que no todos los casos
pasaban por la Policía. ¿Entonces? Falta menos de un mes para que Patricia
entre en fecha de parto. "Ésa era mi gran desesperación que la dejaran salir
para que tuviera a su bebé en casa, o en la clínica donde se atendía. Que
paradoja, yo que como obstetra traje tantas vidas al mundo no pude
conservar la de mi hija".
Rosa lo dice ahora, veintidós años después, en aquel momento no sabía cuál
sería el destino de Patricia. "Estaba sola en el mundo. Yo sabía lo que pasaba,
sabía que se los llevaban, que faltaban niños también, pero no me había
preparado. Yo le había ofrecido a mi hija que vendiéramos este
departamento, por ejemplo, para irnos al exterior. Yo me podía hacer cargo
de cuidarle a la nena y el bebé que iba a nacer, hasta que ella se recibiera.
Porque era una estudiante avanzada de Medicina. Ella no quería irse, le
parecía que era de cobardes. A los diez días del secuestro de mi hija. me
llama ella y me dice que la trataban muy bien y que se había dado cuenta de
que estaba equivocada. Pasado el tiempo entendí que a lo mejor la estaban
apuntando con un revólver en la nuca. Yo pienso que todavía estaba en alguna
comisaría, porque tomó el teléfono una voz masculina que me dijo que los
cargos contra ella no eran muy graves, que iba a salir pronto, que preparara
la ropita del bebé porque cuando naciera me lo iban a entregar. ¿Y cuánto es
pronto?, le pregunté... Seis meses, un año, dijo, pero prepare la ropita del
bebé. La tortura psicológica que fue para mí, estar día y noche al lado del
teléfono, alerta a que me dejaran el bebe en la puerta... Pasó la fecha de
parto y no trajeron al bebé, pasaron seis meses y perdí las esperanzas. Pero
seguí luchando y volví a ir a cuanto lugar me dijeron que podía ser. Vi a un
grupo de rabinos - porque yo soy judía- que visitaban cárceles. Vi a Marshal
Meyer, otro rabino, muy bueno, que no te voy a decir que salió corriendo a
buscar a mi hija, pero me dio recomendaciones. Y bueno, fui a la Asamblea
Permanente por los Derechos Humanos. ¡Había tanta gente! Ahí me dijeron
que había un grupo de abuelas, cuatro o cinco, que estaban preparando una
presentación en la OEA. ¿Qué era eso? Yo ni sabía de los organismos
internacionales pero ya me quedé con las otras abuelas, fui aprendiendo, en
el camino, ahora creo que no queda país de América o de Europa que no
conozca, al que no haya ido para presentar el caso de los nietos, los
desaparecidos vivos. Porque son desaparecidos vivos. Aunque eso también lo
fuimos aprendiendo. En el 81, dos abuelas que llegaron de Ginebra - de
presentar nuestro caso en la ONU— me trajeron la noticia: había personas
liberadas de la ESMA que tenían algo para decirme de mi hija. Viajé de
inmediato, me dijeron que mi hija había sido llevada a la ESMA desde otro
campo para que tuviera a su bebé. No sabía de donde venía, siempre tuvo los
ojos vendados y no escuchaba nada. Y que el día 15 de noviembre de 1978
tuvo su parto con un médico de apellido Magnacco -con el que después me he
careado más de una vez- en una salita de la ESMA que llamaban "la pequeña
Sardá". Tuvo un varón y lo llamó Rodolfo. Seis días después, la vieron salir con
su hijo en brazos. Y otra vez se cortaba la pista. Ahora sabía que mi nieto
estaba vivo. ¿Y? ¿Qué hacía con eso si no tenía nada mas? Seguir trabajando.
Paciencia tenemos todas las Abuelas y algunas no tienen nada, ni el sexo, ni la
fecha, nada, nada y sin embargo están trabajando con la misma ilusión de
encontrar, no ya a los hijos, pero sí a todos los nietos. Y bueno, dentro de la
institución me reconocieron ciertas cualidades y empecé a viajar mucho por el
exterior para presentar nuestro caso al mundo, para reclamar por los 30 mil y
específicamente por nuestros nietos; ya hay 72 nietos localizados, porque ya
no podemos hablar de niños. Encontramos chicos de 8 años, de 9,
adolescentes y ahora hombres y mujeres de más de 22 que ya eligen su
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camino. Y entre todos ellos, encontramos al mío".
Fue Mariana Pérez, la otra nieta de Rosa, la hija de Patricia y de José Manuel
Pérez, la primera en tomar contacto con el hermano que espera desde que
tiene conciencia. Cuando secuestraron a sus padres tenía quince meses, sabía
decir papá y mamá, dos palabras inútiles desde que un grupo de tareas la dejó
en casa de sus abuelos paternos. Mariana participa del equipo de investigación
de Abuelas y contradiciendo todo aquello que ella misma recomienda, le
acercó una carta a ese joven que atendía un puesto de panchos y que podría
ser su hermano. Esa misma tarde se recibió un llamado en la sede de Abuelas.
"Soy el hermano de Mariana Pérez", dijo una voz masculina, "quiero sacarme
sangre". Algunas abuelas trataron de contener la ansiedad frente a ese joven
que no quiso esperar para saber quién era. "Yo estaba en Massachusetts, nos
habían nombrado doctoras honoris causa en la Universidad de ese lugar. Sabía
que había alguna posibilidad, pero no quería hacerme ilusiones. La sangre del
chico se mandó a nuestro banco de datos en EEUU y fue la genetista a cargo,
Marie Claire King, la que me llamó a Boston para decirme: 'Rosa, es tu nieto'.
Para qué te voy a contar lo que fue eso, ¡extraordinario! Ya no podía seguir a
Washington, donde nos esperaban." A los dos días Rosa llegó al estudio de su
abogada con una bolsita en la mano, llevaba el buzo que había comprado, a
ojo, para un joven de 22. "Durante tantos años me imaginé cómo sería el
encuentro, pero ahora me sentía como apichonada en ese sillón. Estaba
muda. Pero él entró, vino a saludarme, me abrazó, me besó y yo le dije 'soy
tu otra abuela'. Y él me contestó con un gesto displicente: 'ya lo sé, baba',
porque Mariana ya le había dicho que ella me llamaba así."
Rodolfo Pérez Roisinblit, anotado como Francisco Gómez por sus apropiadores
- un ex agente de inteligencia de la Aeronáutica, que revistaba además como
personal civil de la misma fuerza, y su esposa- festejó por primera vez en el
2000, su cumpleaños en la fecha exacta de su nacimiento. "Todo estuvo bien
hasta que llegó el momento en que la Justicia detuvo a los apropiadores y el
chico reaccionó en forma distinta. Y yo lo entiendo porque es una víctima, él
creyó que ese matrimonio eran sus padres y resulta que eran unos
delincuentes que lo robaron. Le va a llevar mucho tiempo asumir una
situación que es muy traumática. Él me echa la culpa a mí, que yo hice la
denuncia, y es verdad, es una denuncia que vengo haciendo desde antes de
que él naciera. Me dice, 'si ya me encontraste ¿qué hacés en Abuelas? Andate
de ahí'. Y yo le digo que mi misión, a la que dediqué mi vida, es encontrarlos
a todos. Pienso que con Mariana se van a pelear y amigar veinte veces, como
todos los hermanos. Y es muy importante, porque yo mucho tiempo no voy a
vivir, ya tengo 82. Pero que ellos no se queden solos, porque Mariana no tiene
ni primos. ni tíos y las dos abuelas ya estamos en tiempo de descuento.
Entonces que no se queden solos, ahora se tienen como hermanos y después
se casarán y llegarán los sobrinos, y habrá de nuevo una familia. Estoy
dispuesta a esperarlo. Si ya esperé 22 años voy a seguir hasta que él pueda
asumir su dolor, que es tanto".
El trabajo de los nietos recuperados
“Somos el presente de esta causa”
Se plantearon tomar la posta de la búsqueda incansable de sus mayores
aportando una mirada diferente sobre lo sucedido. Con su participación
activa y de cara al futuro, el grupo de nietos recuperados que trabaja
en Abuelas de Plaza de Mayo propone cambios en la agrupación.
"Nosotros somos parte viviente de la historia que relatan las Abuelas. Algunos
buscamos a nuestros hermanos. Otros nos perdimos en manos extrañas.
Algunos recuperamos nuestra identidad y estamos aquí por los que todavía
necesitan reencontrarse con su historia y con ellos mismos. Más allá de la
importancia que han tenido las Abuelas en nuestra historia personal, nos han
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enseñado algo que nos acompañará siempre: es el compromiso con la vida, la
lucha incesante por la verdad y la justicia. (...) Queridas Abuelas. Hoy les
decimos que no somos sólo el futuro de esta causa: somos también el
presente."
El texto no lleva firma, los nietos de esas abuelas, las que los buscaron y los
llevaron de la mano mientras reclamaban por sus hermanos, prefirieron
dejarlo así, para incluir también a otros jóvenes que, sin lazos familiares con
las víctimas de la represión, podían compartir la admiración por la lucha de
las Abuelas con mayúsculas.
En 1996, veinte años después del golpe militar de la última dictadura
argentina, ellos querían aportar activamente a la búsqueda de los chicos que
faltan, a la reconstrucción de la verdad. De alguna manera. estos chicos que
empezaban a descontar su tercera década de vida, también abandonaban el
lugar del mero testimoniante, el que acompaña. del que da pruebas. Como
generación activa, empezaban a tener los recursos necesarios
para procesar su historia personal y transformarla en historia colectiva. Eran
chicos y chicas - ahora son sólo mujeres las que siguen participando
activamente en la institución que los reencontró con su identidad— que desde
los ocho, diez o doce años, habían aprendido a testimoniar con la inconsciente
certeza de que "servía" para los cientos que todavía vivían en la oscuridad y
que ahora reclamaban un rol activo. Justo en el mismo momento en que otros
empezaban a enunciar las preguntas selladas desde hacía dos décadas.
El tiempo, como una marea, fue acercando a estos jóvenes a aquellos que por
su propia voluntad buscaban aclarar dudas sobre su identidad. La sociedad
entera asistía a un nuevo movimiento que empezaba a rescatar la memoria
como viejas esquirlas alojadas en su cuerpo colectivo. "Los primeros llegaron
a fines de 1995, pero la gran oleada de chicos que tenían dudas sobre su
identidad se produjo entre el 97 y el 98. Ahí nos dimos cuenta de que lo que
decían las Abuelas era verdad, que iba a llegar el momento en que los nietos
las buscarían a ellas. Y lo que era una premisa se transformó en una
estrategia", explica María Lavalle Lemos. Ella conoció a su hermana menor,
María José, cuando ambas tenían once y diez años. Fue el cuarto caso de
restitución por vía judicial en democracia. Las dos trabajan en los equipos de
Abuelas, la primera en investigaciones, la segunda en el de genética. Son
parte de ese grupo de nietas que en 1996 iniciaron juntas distintas actividades
para ayudar a las Abuelas. Aunque tuvieron que pasar dos años más para que
la institución las incorporara en el trabajo diario y concreto.
"Es que hay que entender que son nuestras propias abuelas, las que nos
criaron, y no es fácil. Pocos años atrás, desde su perspectiva, era un peligro
para ellas que tocáramos la fotocopiadora. Les costó entender que habíamos
crecido", explica Mariana Pérez y quiere ser cuidadosa para no ofender a "las
viejas". Entiende, y fue tenaz hasta que la entendieron también a ella y a sus
compañeras. "Necesitaba estar ahí para participar directamente de la
búsqueda de mi hermano y del resto de los chicos. Y pude hacerlo cuando se
tomó conciencia de la necesidad de un cambio en la metodología de trabajo a
partir de que se empezaron a acercar chicos con dudas sobre su identidad".
"Desde que me encontraron, en el 80, siempre estuve en contacto con la
institución -comenta Tatiana Sfigloy -. Pero recién cuando quedé embarazada
decidí comprometerme más directamente. Tal vez porque mi maternidad
actualizó mi historia y la de mi madre. Pero no me imaginaba que éste iba a
ser mi trabajo de todos los días". Sin embargo, ahora, no se imagina en otro
lugar. A punto de terminar su carrera de psicología es quien recibe a quienes
llegan con dudas sobre su identidad y los orienta o derive la consulta. Sabe
que, en muchos casos, escuchar la historie alivia e quienes se enfrentan a la
búsqueda de la verdad. Y ese relato que organizó cuando era una niña se
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completa ahora frente a quienes podrían estar en una situación similar a la
suya.
Son los más jóvenes los que aportan el dinamismo al trabajo de Abuelas,
aunque las decisiones las sigue tomando la Comisión Directiva, ese grupo de
entre doce y trece Abuelas que algunas semanas llegan a veinte, que se
reúnen cada martes pare definir los pasos a seguir, para señalar les urgencias
y para aportar la paciencia forjada en 23 años de lucha inclaudicable.
"Entre nosotros tenemos una relación de amigos muy cercana, no nos sentimos
como hermanos porque ese es un vínculo muy particular. Tenemos clarísimo
de qué se tratan los vínculos porque todos trabajamos sobre le identidad. Y
con las Abuelas tenemos una relación distinta, tal vez, a la de cualquier nieto.
Porque en la institución convivimos y trabajamos codo a codo en el mismo
espacio físico tres generaciones, la de las Abuelas, la de los tíos o tías o
quienes tienen más de cuarenta -éste el caso de Abel Madariaga que trabaja
desde siempre y es padre de un chico apropiado- y la nuestra, que todavía
está en la veintena", cuenta María Lavalle. Ella es quien, por afinidad
generacional y porque reivindica su identidad como hija de padres
desaparecidos, participa también en la agrupación H.I.J.O.S. – hijos por la
identidad y la justicia contra el olvido y el silencio- y dentro de ella, de la
comisión Hermanos, también abocada a la búsqueda y restitución de la
identidad de los jóvenes apropiados. "A muchos chicos les resulta más fácil
hablar con gente de su generación y por eso prefieren acercarse a H.I.J.O.S.
cuando tienen dudas, pero trabajamos en conjunto y es fundamental contar la
experiencia acumulada en Abuelas", concluye.
Como verdaderos puentes, los nietos recuperados y quienes todavía buscan a
sus hermanos, esos niños que fueron la prueba de lo que las Abuelas
denunciaban en el mundo, que asumieron el compromiso de testimoniar y
ahora de trabajar activamente pudieron ponerle el cuerpo a aquella consigna
que declamaban en 1996: no ser sólo el futuro, sino el presente concreto de la
causa que empezaron las Abuelas cuando ellos recién estaban naciendo.
Documento: Texto de la Ley Nacional N° 25.457
El derecho a la identidad
El Congreso de la Nación sancionó en agosto pasado una ley que
jerarquiza y reafirma la labor de la Comisión Nacional por el Derecho a
la Identidad (CONADI), cuyo objetivo es la búsqueda y localización de
los niños desaparecidos durante la última dictadura. Reproducimos el
texto de la misma.
Artículo 1ero.
La Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) que funciona en
el ámbito del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos tendrá por objeto:
a) Coadyuvar en el cumplimiento del compromiso asumido por el Estado
nacional al ratificar la Convención sobre los Derechos del Niño -ley 23.849-con
rango constitucional desde 1994, en lo atinente al derecho a la identidad;
b) Impulsar la búsqueda de hijos e hijas de desaparecidos y de personas
nacidas durante el cautiverio de sus madres, en procura de determinar su
paradero e identidad;
c) Intervenir en toda situación en que se vea lesionado el derecho a la
identidad de un menor.
Artículo 2do.
La Comisión estará conformada de la siguiente manera:
a) Dos (2) representantes del Ministerio Público, uno (1) por la Procuración
General de la Nación y uno (1) por la Defensoría General de la Nación;
b) Dos (2) representantes de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo.
c) Dos (2) representantes del Poder Ejecutivo Nacional, a propuesta de la
Subsecretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos
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Humanos.
La labor de todos sus miembros tendrá carácter ad honorem.
Artículo 3ro.
La Comisión estará presidida por el titular de la Subsecretaría de Derechos
Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, quedando
exclusivamente a su cargo la representación legal de la misma.
Artículo 4to.
La Comisión tendrá las siguientes facultades específicas:
a) Requerir asistencia, asesoramiento y colaboración del Banco Nacional de
Datos Genéticos;
b) Ordenar la realización de pericias genéticas al Banco Nacional de Datos
Genéticos;
c) Requerir al Banco Nacional de Datos Genéticos informes periódicos sobre
sus archivos.
Historia de los Organismos de Derechos Humanos - 25 años de Resistencia
2/ Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ)
Por Luis Bruschtein
Los aportes del SERPAJ al Movimiento de los Derechos Humanos en Argentina
Por el camino de la no violencia
Está la idea de la especificidad de los derechos humanos y la idea de que los
derechos humanos abarcan casi todos los aspectos de la vida de las personas. De la
discusión de esas dos vertientes, del corazón de esa polémica, surgió el Servicio de
Paz y Justicia (SERPAJ). No se integró con familiares afectados por las dictaduras, ni
con políticos o abogados sensibles a esa problemática. Tuvo su origen en un grupo
muy pequeño de cristianos comprometidos y no violentos. Y la forma en que, a
medida que se involucraron en una realidad extremadamente dura y peligrosa, fueron
desarrollando sin concesiones ese núcleo de ideas, es el aporte más valioso del
SERPAJ al Movimiento de Derechos Humanos en Argentina. Al punto que buena
parte de la militancia popular y de derechos humanos se formó o dio allí sus primeros
pasos.
Tal como afirma Adolfo Pérez Esquivel, fundador del Servicio de Paz y Justicia y Premio
Nobel de la Paz, "el Serpaj nació por la necesidad de trabajar desde una línea de acción no
violenta para la erradicación de la injusticia y la construcción de una sociedad mas fraterna,
intercomunicando las distintas experiencias y coordinando los esfuerzos para salir del
aislamiento en el que habitualmente se encuentran las organizaciones populares". Y en esta
definición se llega a la propuesta de los derechos humanos desde un campo más amplio.
"Al principio, y por mucho tiempo, fuimos un grupo muy chico donde estaban mi papá,
algunos amigos y otros compañeros míos de la escuela", recuerda Leonardo, el hijo mayor
de Adolfo. El grupo formaba parte de la Comunidad del Arca, influenciado por Lanza del
Vasto. Durante varios años se llamó Servicio para la Acción Liberadora en América Latina
(orientación no violenta). En el océano de siglas que comenzaban a aparecer en el
efervescente escenario político de la Argentina de mediados de los años 60, el nombre era
uno más; pero seguramente llamaba la atención por ese agregado entre paréntesis casi
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como si pidiera disculpas. En las discusiones de aquellos años la idea de la no violencia se
vinculaba más con el descompromiso, a la búsqueda de caminos individuales más que
sociales. No se discernía la diferencia entre pacifismo y no violencia activa. Los sectores que
impulsaban la lucha armada visualizaban a ésta como el mayor nivel de compromiso. Pero
para ese grupo que más tarde formaría el Serpaj, la no violencia activa
implicaba en realidad un compromiso más profundo aun con las luchas populares.
"La no violencia se asienta en la verdad que, por medio de la unidad y la resistencia del
pueblo en la defensa de la dignidad de las personas, enaltece y resalta la lucha por la
liberación -apunta Adolfo Pérez Esquivel-. Pero no es fácil poner en acción el pensamiento
de la no violencia, pues esta expresión parece implicar la pasividad. Es necesario
comprender que el rechazo a la utilización de las armas propias de la violencia represiva es
un acto de extrema Justicia. Las rechazamos porque creemos en la dignidad de todos los
hombres y. sobre todo, en la dignidad de los más pobres y marginados".
Desde principios de los años 60, había grupos en distintos países de América Latina
inspirados en estas ideas y, a partir de 1969, organizaron una especie de coordinación o
secretariado en Montevideo, a cargo del pastor metodista Earl Smith. Durante esa etapa
habían participado en encuentros latinoamericanos impulsados por el International
Fellowship of Reconciliation (IFOR) donde intercambiaban experiencias y participaban en
seminarios sobre la no violencia que daban Jean e Hildegard Goss Meyer, una pareja de
pastores holandeses que tuvo mucha influencia en el incipiente movimiento. "En esa época
hicimos varias actividades contra la represión de las Ligas Agrarias, y también por el
secuestro de Norma Morello, una militante del Movimiento Social Cristiano", señala
Leonardo Pérez Esquivel. Las herramientas eran ayunos, vigilias y marchas, muchas de las
cuales terminaban con sus protagonistas en la cárcel; porque para ese entonces ya estaba
la dictadura del general Juan Carlos Onganía. "Una vez fuimos todos presos, con papá
incluido, por una marcha que hicimos en la calle Florida contra las pruebas nucleares
Francesas en el atolón de Muroroa", recuerda Leonardo. De esa movilización que se realizó
en todo el mundo surgió Greenpeace. "Pienso que todavía estábamos un poco influenciados
por la corriente más europea de la no violencia, algo que fuimos cambiando a medida que
nos insertábamos más en nuestras realidades", reflexiona.
Ya por entonces, la misma práctica del grupo los había llevado a poner bastante peso en la
defensa de los derechos humanos, algo que no estaba incorporado en la tradición de lo que
se llamaba la nueva izquierda, peronista o no peronista, que veía esta temática muy
subordinada a las posiciones político-partidarias. Los derechos humanos habían sido para
ellos un puerto de llegada. No habían surgido a partir de esa discusión, sino que el
compromiso con las luchas populares y la elaboración de esa práctica los había llevado a
esa definición de hecho.
Alajuela y Medellín
Todos los que cuentan la historia del Serpaj coinciden en que hubo dos reuniones
importantes en el proceso de su fundación. La primera de ellas en Alajuela, Costa Rica, en
1971, que decanta el trabajo más o menos aislado que venían haciendo estos grupos. Y
luego la que se realizó en Medellín, Colombia, en 1974, de la que participaron obispos,
pastores, religiosos y laicos, y numerosos representantes de movimientos de base. Allí se
fijaron tres ejes de trabajo sobre los cuales se creó finalmente el Servicio de Paz y Justicia:
"a) el compromiso con los oprimidos en la búsqueda del respeto integral a los derechos
humanos, en orden a la construcción de una sociedad más justa y fraterna; b) vivir el
Evangelio junto a los pobres, y c) la
orientación no violenta". Pero quizás el hecho más importante, lo que más impresionó a los
congresistas de Medellín, fue la participación de los obispos que habían tomado la "opción
por los pobres", los prelados que habían conmovido los cimientos de la Iglesia al firmar el
documento de los obispos del Tercer Mundo. Las posiciones de esos obispos corrían como
una onda expansiva entre los cristianos de todo el planeta. El más reconocido de esos
obispos en América Latina era monseñor Helder Cámara, junto con otros obispos de Brasil,
como monseñor Francisco Fragoso, del nordeste brasileño y el cardenal Paulo Evaristo
Arns, de San Pablo, y el obispo de los indios Leonidas Proaño, de Ecuador. Entre los
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obispos protestantes que también aparecían como referentes de ese movimiento estaban
Federico Pagura y Carlos Gatinoni. En la reunión de Medellín no se plantea construir una
nueva organización, sino desarrollar una red para apoyar y ser caja de resonancia de las
luchas populares en todo el continente. De allí el nombre "Servicio de Paz y Justicia". No se
trataba de un organismo que intentaba reemplazar a los movimientos populares existentes,
sino que se planteaba realizar un trabajo de apoyo con la idea de "servir" a esas luchas. El
contexto de la reunión estaba muy marcado por el proceso del movimiento campesino en
Ecuador, de las Ligas Agrarias en el Paraguay y en otros países, pero sobre todo por el
reciente golpe militar en Chile contra Salvador Allende. La temática de los derechos
humanos fue creciendo en las urgencias del Serpaj: de todos lados llegaban planteos con
respecto a la represión y ese fue el punto de inflexión en el proceso de transición que venía
realizando el grupo de Pérez Esquivel en Argentina.
Ese año, el gobierno militar del entonces dictador Hugo Banzer había realizado una masacre
en la ciudad de Cochabamba. Adolfo Pérez Esquivel viajó a Bolivia y luego visitó las
comunidades indígenas de Jejuí, Acaraí y Beriguá, en Paraguay, que habían sido reprimidas
por el ejército de Stroessner. También estuvo en Brasil, donde ya se había instalado otra
dictadura militar. En cada país había grupos de base organizados en la red y el trabajo del
Serpaj, y de Pérez Esquivel como coordinador general, era darles oxígeno; por esto fue
arrestado en Brasil y luego en Ecuador. A su vez, en varios de esos países se le prohibió la
entrada.
"Para ese proceso de transición, desde esa idea más europea de la no violencia, fue muy
importante la línea de Helder Cámara” puntualiza Leonardo. Había lanzado una campaña
internacional contra la tortura en Brasil, que fue el antecedente de las primeras campañas de
derechos humanos en América Latina. Había publicado además una especie de folleto que
se llamaba 'La acción Justicia y Paz', que era como un recetario para organizar grupos como
el nuestro. Pero lo más importante era el planteo ideológico, porque afirmaba que la
injusticia era la fuente de la violación a los derechos humanos. Creo que esa línea nos
identificó y al mismo tiempo nos marcó frente a los demás organismos de derechos
humanos".
En 1975 habían comenzado a actuar en Argentina los comandos de la Triple A organizados
por el Ministro de Bienestar Social, José López Rega. El Serpaj lanzó una campaña para la
difusión de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, algo que en la actualidad
parece elemental pero que en el fragor de aquella época no era tomado en cuenta. De
hecho, los únicos organismos que hacían referencia a los derechos humanos en esos años
eran el Serpaj y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. En esa misma
campaña hicieron circular los primeros modelos de hábeas corpus y los folletos no
solamente fueron reproducidos en Argentina sino también por agrupaciones de otros países.
La doctrina de la Seguridad Nacional ya estaba imponiendo su lógica en el continente y
requería nuevas respuestas y prácticas políticas y sociales diferentes.
Cuando Leonardo Pérez Esquivel recuerda ese período señala que "nosotros manteníamos
esa red de apoyo a los conflictos sociales, pero los requerimientos que nos llegaban eran
cada vez más relacionados con los derechos humanos: represión, secuestros. detenciones y
demás. aparte de los exiliados chilenos que llegaban en masa al país y aquí quedaban en
una situación de extrema vulnerabilidad. En un momento dado, la mayor parte de nuestra
actividad estaba relacionada con la defensa de los derechos humanos".
El Serpaj impulsó la creación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos
(APDH) y luego la del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH). En el
primer caso se trataba de incorporar a figuras de prestigio en el campo religioso, en la
política o la cultura, a la defensa de los derechos humanos. Alentaban la formación de otros
organismos porque mantenían la idea original de que el Serpaj funcionara como apoyatura
del movimiento sin tratar de convertirlo en eje o conducción.
El Serpaj y la dictadura del 76
Días después de producirse el Golpe de Estado -el 24 de marzo de 1976- el Serpaj, que
funcionaba en un departamento del quinto piso de Perú 630, tuvo el "honor" de ser el primer
organismo allanado por los militares. Si algo necesitaban pare saber que eran considerados
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peligrosos por la dictadura, ésa fue la primera señal. A partir de allí fueron conscientes de
que cada paso que dieran sería controlado y vigilado y que sus vidas estaban en riesgo.
"La única persona mayor en esa época era Adolfo. En el ambiente de derechos humanos
nos conocían como 'los chicos del Serpaj' y eso nos restaba cierta autoridad –recuerda
Leonardo. Además siempre estábamos discutiendo, tratando de profundizar el trabajo; nos
parecía que la actividad de la APDH quedaba restringida a un plano demasiado
superestructural y también discutíamos con la gente del MEDH porque al principio tenía un
enfoque algo asistencialista, que luego se fue transformando. Pero bueno, la militancia en
derechos humanos en ese momento era muy chica, había poca gente y el trabajo pronto nos
desbordó a todos, creo".
En 1976, cuando allanaron el local de Perú al 600, Pérez Esquivel se encontraba en Europa.
Su hijo Leonardo y Cecilia Moretti, otra de las fundadoras del Serpaj, habían sido detenidos
junto con los demás integrantes del organismo. Un año después, en abril de 1977, tomaron
preso a Adolfo Pérez Esquivel cuando tramitaba su pasaporte en la Policía Federal. Lo
alojaron en un calabozo de castigo en la Superintendencia de Seguridad Federal, donde
escuchaba las torturas de otros prisioneros. En la pared, escrito con sangre, decía: "Dios no
mata". Mientras permanecía en prisión, se produjo una fuerte campaña en su defensa. En
junio, la organización Pax Christi lo distinguió con el Memorial Juan XXIII por su lucha por la
paz en América Latina. El comité que otorgó esa distinción estaba integrado por
personalidades del Estado español. Fue liberado un año después, dos días antes del partido
final del mundial '78; después de intimidarlo con un viaje en
avión que para la mayoría de los prisioneros terminaba en la muerte. "Muchas veces volvía
una y otra vez ese vuelo de la muerte a mi cabeza -relató más tarde—. Soñaba que me
arrojaban del avión, quería abrir los brazos y no podía, gritaba y mi grito se perdía sin
sonido, sólo yo lo escuchaba y sentía como mi cuerpo entraba en el río y nos mirábamos
entre los muertos y nos sonreíamos mientras la corriente nos llevaba".
Ya en ese momento, el trabajo por los derechos humanos se había convertido en un eje
principal en la actividad del Serpaj. Llegaban decenas de madres y familiares de
desaparecidos; los miembros del organismo, que todavía eran pocos, no daban abasto:
recogían denuncias, vehiculizaban los hábeas y trataban de contener la desesperación y la
angustia de la gente. El local de Perú se llenaba de personas que buscaban a sus seres
queridos.
A Adolfo Pérez Esquivel le gusta subrayar que "ya fuera cuando metían presos a nuestros
compañeros o cuando estuve preso yo, el Serpaj nunca cerró sus puertas, siempre
encontramos la forma de seguir funcionando. Tiene una lógica, porque el Serpaj se creó
para funcionar en tiempos difíciles”.
Con la liberación de Adolfo Pérez Esquivel, el trabajo del Serpaj en Argentina se hizo cada
vez más intenso. En 1979 se decidió crear oficialmente el Serpaj Buenos Aires, que quedó a
cargo de Leonardo Pérez Esquivel; mientras que su padre Adolfo mantiene su tarea como
coordinador general del Serpaj América Latina. Es una época de decantación de todos los
principios que han ido recogiendo a lo largo de sus luchas. Profundizan el compromiso de la
opción por los pobres y la teología de la liberación, se afirman en el camino de la no
violencia activa vinculada a las luchas populares y en el campo de los derechos humanos,
defienden la relación de los derechos individuales con los derechos de los pueblos y los
derechos sociales, a diferencia de otras concepciones que se limitan a plantear la defensa
de los derechos individuales frente al poder de los Estados.
"En esa primera etapa, que podríamos definir como de resistencia a la dictadura,
atendíamos muchos familiares -señala Leonardo-. Una noche directamente nos avisaron que
habían desaparecido todos los delegados de una zona; estábamos a las corridas.
Finalmente, los pudimos ubicar y por suerte estaban todos presos. Nosotros estábamos todo
el tiempo a las corridas. La militancia en derechos humanos era muy poca, pero el gran
ausente en Argentina era la Iglesia, que en otros países, en cambio, ayudó mucho. Aquí
estaba hegemonizada por sectores muy conservadores y, además, venían de una
experiencia muy traumática por lo que había significado el Movimiento de Sacerdotes del
Tercer Mundo en su dinámica interna".
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De todos modos, una de las funciones que también cumplía el Serpaj era la de articular el
mundo religioso, tanto a nivel de las instituciones como de las personas, con el Movimiento
de Derechos Humanos. Las principales relaciones en la Iglesia Católica estaban con los
obispos que participaban en ese movimiento, como Miguel Hesayne, Jorge Novak y Jaime
de Nevares, que presidía la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.
El Premio Nobel de la Paz
En 1978, las militantes irlandesas Betty Williams y Mairead Corrigan, que habían sido
galardonadas por organizar la lucha pacifista de las mujeres de su país, visitaron Argentina,
donde se entrevistaron con Adolfo Pérez Esquivel, a
quien, en 1979, nominaron para el Premio Nobel de la Paz. Ya lo habían hecho Amnistía
Internacional y luego los cuáqueros ingleses. Finalmente, en 1980, la academia sueca
otorgó la distinción al dirigente pacifista argentino.
"Eso nos desordenó todo el trabajo -reflexiona algo en broma Leonardo-. No digo que no sea
importante: pero Adolfo no trabajaba para el Premio Nobel, no hacía las cosas pensando en
un premio o algo así. Ya lo habían nominado tres veces antes y creíamos que no se lo iban
a dar, pero desde su detención por la dictadura veíamos el tema de su nominación como
una forma de protegerlo de nuevas agresiones. Digo que nos desordenó porque, a partir de
allí, lo que habíamos planificado en el trabajo no sirvió más, la responsabilidad se hizo
mucho más grande porque a partir de allí la gente visualizó a Adolfo y al Serpaj como
referentes importantes en la lucha contra la dictadura y al mismo tiempo se empezó a
acercar a nosotros".
Frente a los reyes y a la academia sueca, frente a la atención de todo el mundo, cuando
recibió su distinción, Adolfo Pérez Esquivel dijo: "Les hablo teniendo ante mis ojos el
recuerdo vivo de los rostros de mis hermanos: de los trabajadores, obreros y campesinos
que son reducidos a niveles de vida infrahumana y limitados sus derechos sindicales; de los
niños que sufren desnutrición; de los jóvenes que ven frustradas sus esperanzas; de los
marginados urbanos; de nuestros indígenas; de las Madres que buscan a sus hijos
desaparecidos; de los desaparecidos, muchos de ellos niños; de los miles de exiliados; de
los pueblos que reclaman Libertad y Justicia para todos".
Su discurso ante el mundo, en 1980, cuando las atrocidades que cometían los dictadores
argentinos eran silenciadas dentro y fuera del país; así como la premiación con el Nobel de
la Paz a un hombre que había padecido las cárceles del régimen, no solamente implicaron
un golpe tremendo para los militares sino también un poderoso mensaje de esperanza para
los argentinos, para los presos, los familiares de desaparecidos, los exiliados y los que
luchaban contra la dictadura. Fue como abrir una ventana que permitía vislumbrar la derrota
de la dictadura.
Cuando se le pregunta por sus mejores recuerdos de aquella época, Adolfo Pérez Esquivel
afirma sin dudar: "Acompañar el crecimiento de las Madres y de las Abuelas, el trabajo con
ese primer grupo de Madres que desde la desesperación fueron creciendo en el coraje y la
resignación".
El Serpaj acompañaba las rondas de las Madres en Plaza de Mayo y realizaba jornadas y
encuentros con ellas y otros familiares, sobre no violencia activa y nuevas formas de
plantear sus luchas. En esos días, se creó el Centro de Estudios Sociales, que trabajó en
forma paralela al Serpaj y por donde pasaron Claudio Lozano, Beto Quevedo, Carlos Acuña,
Patricia Vázquez, Mercedes De Pino y Maria Sondereger. Al mismo tiempo, mantenían el
desarrollo de los grupos de base y acompañaron la toma de tierras en Quilmes, que fue una
de las luchas más importantes de esa época. El actual dirigente de la Federación de Tierra y
Vivienda, Luis D' Elía, participaba en las actividades barriales del Serpaj. En otro frente,
apoyaban a las agrupaciones combativas que intentaban recuperar sus gremios y en esas
reuniones participaban Víctor de Gennaro, el actual titular de la Central de los Trabajadores
Argentinos (CTA), y su compañero Germán Abdala, que desde su agrupación ANUSATE
intentaban recuperar ATE.
"Yo creo que, para entonces, estábamos pasando de una etapa de resistencia a otra de
ofensiva; ahora queríamos derrotar a la dictadura, crear instancias de movilización", afirma
Leonardo.
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La propia dictadura había tomado nota de la nueva situación y, en 1982, se produjo el
conflicto de Malvinas. La posición del Serpaj fue contra la guerra y a favor de la paz; pero
defendiendo los derechos de Argentina sobre el archipiélago, haciendo campaña en el
interior del país y en el exterior. La revista Somos, que solía funcionar como vocero de los
militares, decía que Pérez Esquivel era uno de los principales enemigos del gobierno. Y en
el exterior se entendía que la defensa de los derechos argentinos era una defensa
encubierta de los militares. Antes del conflicto de Malvinas se había producido un pico en las
movilizaciones populares contra la dictadura. La guerra congeló esa situación, pero la
derrota la puso nuevamente en marcha. Ya se había organizado la Multipartidaria y se daba
por descontado la salida de los militares del poder. En las movilizaciones previas al conflicto,
el sector político no tenía tanto protagonismo; pero ahora aparecía como el actor principal.
La estrategia central en ese plano era la negociación con los militares y el tema de los
derechos humanos era el más delicado. Por entonces, el objetivo del Serpaj era introducir el
tema en todos los documentos, en todas las reuniones y repudiar y denunciar a quienes
ponían trabas.
"Todos negociaban por abajo con los militares, aunque no lo reconocieran públicamente y
los militares presionaban muy fuerte para que los derechos humanos no entraran en la
agenda de la transición, querían que les dejaran las manos libres y muchos de los políticos
estaban dispuestos a hacerlo", recuerda Leonardo.
En ese contexto de negociaciones, se planteó una discusión entre los reclamos de
"Aparición con vida" y otro más limitado de "Lista y paradero", que era lo que se suponía que
estarían dispuestos a conceder los militares. El Serpaj, junto a las Madres y otros
organismos, defendieron la primera consigna, que prácticamente identificó la lucha por los
derechos humanos de aquella época.
El silencio impuesto por los militares alrededor de la represión había empezado a quebrarse
por la actividad de los organismos de derechos humanos y la presión internacional pero, por
el miedo y la fuerte campaña que realizaba la dictadura a través de los medios, no era un
tema instalado a nivel popular. Por esa razón, la discusión que planteaban los organismos
de derechos humanos era aun más necesaria y al mismo tiempo difícil. En octubre de 1982,
los organismos de derechos humanos deciden probar fuerzas y convocan a la Marcha por la
Vida.
"Se salía de Congreso y se marchaba hacia la Plaza de Mayo -cuenta Carlos González,
"Gandhi", responsable del Serpaj Buenos Aires durante varios años y actual gerente del
diario Pagina/12-; pero los militares habían cerrado la Plaza por Avenida de Mayo. Tratamos
de entrar por las diagonales y tampoco nos dejaron. En medio del despliegue de la policía,
hicimos un acto en la esquina de Chacabuco y Belgrano. Adolfo dijo un discurso antes de
que nos corriera la policía". Gandhi fue ese jueves a la ronda de las Madres, lo encaró al
padre Antonio Puigjane y le pidió ingresar al Serpaj. Así comenzó a trabajar en el área de
denuncias contra el armamentismo y en la revista Paz y Justicia, que volvió a editarse ese
año con distribución en los kioscos, dirigida por Raúl Aramendy y luego por Agustín Rojo.
Ayuno y reflexión contra el Informe Final
En mayo de 1983, el gobierno militar publicó el Informe Final con el que pretendía borrar los
reclamos de los organismos "informando" que los desaparecidos estaban muertos. El
Informe Final y la autoamnistía componían la estrategia de la transición que querían los
militares. Los organismos denunciaron el documento y reclamaron "Aparición con Vida".
Ocho militantes del Serpaj, encabezados por Pérez Esquivel, iniciaron un ayuno "de oración
y reflexión" para rechazar la intención de la dictadura y apoyar la exigencia de los
organismos de derechos humanos. "Ayunamos y oramos porque en el país no han
aparecido con vida los detenidos-desaparecidos; porque aun no han sido puestos en libertad
los presos por razones políticas y gremiales; porque aun los niños desaparecidos y nacidos
en cautiverio no han sido entregados y restituidos a sus familias; porque hasta ahora no se
ha desmantelado el aparato represivo que continúa actuando con total impunidad y que
exporta a otros países latinoamericanos; porque resulta urgente la investigación, juicio y
castigo a los responsables de todos estos delitos de lesa humanidad..." explicaban los
ayunantes en un extenso artículo de la revista Paz y Justicia.
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El Serpaj se había mudado a una vieja casona, tipo conventillo, de la calle México al 400, la
"Casa de la Paz", como la bautizaron y como se llama también la sede actual de Piedras
730. "Entre los ocho ayunantes y los que funcionábamos como apoyo éramos veinte, que
vivimos allí los 14 días que duró el ayuno", recuerda Gandhi. Los medios cubrieron la
protesta, entrevistaron a los ayunantes y publicaron sus fotografías. Antes de que los
levantaran se realizó una marcha a Plaza de Mayo, los trasladaron en una camioneta y
fueron recibidos en forma entusiasta por los manifestantes.
El Premio Nobel y la difusión que había tenido el ayuno provocaron que mucha gente se
acercara al Serpaj, que siguió desarrollando su trabajo en los asentamientos, en las
facultades y en los gremios; además de su tarea en los derechos humanos. Se abrieron
varias delegaciones en el interior del país y en el conurbano bonaerense. Con las tremendas
inundaciones en el norte del país, Adolfo Pérez Esquivel viajó a la zona para aportar su
solidaridad. El Serpaj organizó un recital con Joan Manuel Serrat, la entrada consistía en
alimentos y ropa para los inundados. El recital se frustró por el mal tiempo, pero de todos
modos la campaña fue exitosa y los elementos reunidos se enviaron a la zona.
La lucha en la democracia
Tras las elecciones, el presidente electo Raúl Alfonsín ofreció a Adolfo Pérez Esquivel la
presidencia de la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (CONADEP), que
debía reunir toda la información sobre la represión durante la dictadura. Pérez Esquivel
rechazó el ofrecimiento, pero colaboró con la comisión a través de una comisión técnica que
recabó gran cantidad de testimonios que derivó a la CONADEP.
Muchos de los presos políticos recuperaron su libertad con el retorno de la democracia, pero
quedaron catorce a los que se les negaba ese derecho. El Serpaj participó activamente en
las campañas por su liberación, organizó marchas, notas en los periódicos y visitas de
personalidades a la cárcel, hasta que finalmente fueron liberados. Pero, al mismo tiempo,
Pérez Esquivel debía atender requerimientos en todo el mundo. Le prohibieron la entrada a
Uruguay cuando intentaba apoyar un ayuno que realizaban miembros del Serpaj del país
vecino; entonces, viajó en el "Barco de la Paz" a Nicaragua con medicinas y alimentos para
protestar por el minado de los puertos en ese país y los ataques de los "contras" financiados
por Estados Unidos. Requerían su participación como mediador en Etiopía, participaba en
campañas contra la invasión de Panamá o inspeccionaba la región de conflicto entre
Ecuador y Perú y visitaba Tailandia para exigir la liberación de un preso de conciencia. "En
esa época participamos en el movimiento contra los levantamientos carapintada - señala
Gandhi- y además estuvimos con Luis D' Elía en la toma de tierras en La Matanza, en 1985.
Después vinieron las Leyes de Obediencia Debida y el Punto Final". De la resistencia y la
ofensiva contra la dictadura militar, el Serpaj, al igual que los demás organismos de
derechos humanos, tuvo que adaptarse a la nueva etapa, en la que el hecho principal era el
intento desde el Estado y los partidos políticos de domesticar los reclamos. Ahora el Estado
se hacía cargo del discurso de los derechos humanos, pero quería controlarlo para que no lo
excediera.
"Creo que lo más importante del Serpaj durante la dictadura y después, en la etapa
democrática, fue luchar por la unidad de los distintos sectores que confluían en la lucha por
la defensa de los derechos humanos", reflexiona Gandhi.
Para Leonardo Pérez Esquivel, "la lucha por la defensa de los derechos humanos fue
exitosa porque conseguimos que ese discurso fuera tomado por toda la sociedad. Desde el
Estado hasta los partidos políticos hablaban del tema, lo que no ocurría antes; y lo que se
discutía era la forma de preservarlos. Pero, por la misma razón, se puso más en evidencia
que no basta con pensar a los derechos humanos como los derechos individuales de las
personas frente al Estado. Y, en ese sentido, creo que ha sido y es importante la concepción
que siempre impulsó el Serpaj, que las violaciones a los derechos humanos son fruto de las
injusticias, que surgen de una sociedad con pobreza y marginalidad, aun cuando sea
democrática".
Por su parte. el balance de Adolfo Pérez Esquivel apunta a las personas: "Si tuviera que
evaluar el trabajo que hicimos diría que, a pesar de todo, hubo en la gente, en todas las
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épocas que nos tocó afrontar, una gran capacidad de coherencia y una gran capacidad de
lucha".
Una aldea con futuro
Durante los fines de semana es imposible encontrar a Adolfo Pérez Esquivel en su casa de
Buenos Aires o en el local del Servicio de Paz y Justicia. En el Serpaj ya se han resignado a
no contar con él en esos días porque saben que son los que dedica al proyecto de la Aldea
de Niños para la Paz, un centro educativo-productivo para niños en situación de riesgo que
llevan adelante en la localidad bonaerense de General Rodríguez.
El proyecto empezó en 1990, gracias a una donación de la fundación que preside Danielle
Mitterrand y que les permitió concretar un viejo sueño de Pérez Esquivel. Con esos fondos
compraron un predio de diez hectáreas de campo que pertenecía a los padres lourdistas. A
partir de allí, el trabajo fue duro. Recién en 1995 pudieron completar la primera construcción:
un quincho, donde se dieron las clases y talleres. En la actualidad, la Aldea tiene más de
300 metros cuadrados construidos, entre aulas, cocina, comedor y alojamiento para los
animales. Por intermedio de un acuerdo con la rama de
Educación para Adultos y Formación Profesional de la Dirección de Escuelas de la Provincia
de Buenos Aires, consiguieron 80 horas cátedra. Empezaron con unos 30 chicos de hogares
abiertos de la zona, Paso del Rey, Moreno y Cortejarena. Ahora tienen 170 chicos, aunque
la cifra no se mantiene igual a lo largo del año. Se dictan 237 horas cátedras.
Los talleres que ofrecen están agrupados en áreas. En el área de agroproductivos hay
talleres de huerta orgánica, apicultura, cunicultura, avicultura, tambo y quesería. En el área
de oficios, ofrecen talleres de carpintería, marroquinería, instalaciones sanitarias,
electricidad, papel reciclado y aspiran a poder montar una panadería para enseñar también
ese oficio a los chicos. En el área integrantes, que se ofrecen a lo largo de todo el año y
como complemento de los demás talleres, figuran computación (aplicada a la actividad
productiva), matemáticas, lectoescritura y educación física.
"En toda la actividad de la Aldea nos vinculamos mucho con la familia y las escuelas adonde
asisten los chicos", explica Norma Miranda, quien dirige el proyecto.
Otra idea que el Serpaj, a través de la Aldea, baraja para el futuro es la de montar un Centro
de Salud con la finalidad de generar agentes sanitarios barriales.
Los alcances del SERPAJ
En la actualidad, además de Argentina, el Serpaj América Latina tiene secretariados
nacionales en Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay y
Uruguay. Adolfo Pérez Esquivel fue fundador y coordinador general para América Latina
entre 1974 y 1986 y actualmente es el presidente del Serpaj Argentina. Como organismo
tiene status consultivo del Consejo Económico y Social de Naciones Unidas (ECOSOC) y es
entidad consultiva de la UNESCO en educación para la paz. La Casa de la Paz, la sede
central en Buenos Aires, está en la calle Piedras 730 y funcionan además una filial en
Córdoba y otra en la localidad bonaerense de San Miguel. Sus trabajos están organizados
en cuatro áreas: Derechos Humanos y construcción democrática; Educación para la paz y
Derechos Humanos; Derecho al desarrollo y medio ambiente y Ecumenismo. Ofrecen
talleres y cursos sobre estos temas en las escuelas que lo solicitan. Otro de los puntos sobre
los que está trabajando el Serpaj en este momento es la formación de un Tribunal Ético
contra la Impunidad para juzgar a los responsables de violaciones a los derechos
económicos, sociales y culturales. El Tribunal estaría integrado por los ocho organismos de
derechos humanos: Abuelas, Madres-Línea Fundadora, Familiares, Centro de Estudios
Legales y Sociales (CELS), Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), Liga
Argentina por los Derechos del Hombre (LADH), Movimiento Ecuménico por los Derechos
Humanos (MEDH) y Serpaj.
En este momento, el Serpaj Córdoba, a cargo de María Elba Martínez, participa en el Juicio
por la Verdad. En general, se mantiene el apoyo a los familiares de víctimas de la represión
que buscan información sobre sus seres queridos, se participa en la campaña contra las
leyes de Impunidad (Indultos, Punto Final y Obediencia Debida) y se apoya a los juicios que
se realizan en el exterior contra los represores argentinos. Adolfo Pérez Esquivel ha
declarado en los juicios de Alemania y España.. En otra línea de acción, se desarrolla un
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trabajo con sectores indígenas y otro en defensa de los niños en situación de riesgo. Este
último, a cargo de Ana Chávez, hace trabajo de calle en la zona de Constitución,
acompañando a los chicos y sus familias y tiene una línea de celular abierta para que llamen
en casos de emergencia y agresión policial, muy frecuentes. También se hacen visitas a
institutos de menores.
En la Casa de la Paz, todas las semanas hay reuniones con 15 ó 20 chicos de la zona. Allí
mismo se hacen guardias tres veces por semana: los martes, de 16 a 19 hs.; los miércoles
de 18 a 20 hs., y los viernes, de 13 a 17 hs. a fin de atender víctimas de violaciones a los
derechos humanos. En el Serpaj también funciona un Centro de Documentación donde la
institución archiva, entre otros materiales, aproximadamente 15.000 denuncias de violación
de los derechos humanos en Argentina.
Otra forma de ejercer la paz
Las cartas sobre la mesa
Si se reunieran las cartas abiertas que, a lo largo de sus años de lucha, escribió
Adolfo Pérez Esquivel desde el Serpaj, tanto a mandatarios y a personalidades del
quehacer político, como a la opinión pública, se obtendría un volumen en el que sería
posible adivinar el pulso de cada momento histórico en el que fueron escritas.
Rescatamos dos de ellas, en las que es posible visualizar la claridad ideológica y la
pasión con que fueron escritas.
Buenos Aires, 28 de abril de 1995
Sr. Teniente General Martín Balza, Jefe del Estado Mayor del Ejército Argentino
Me dirijo a Ud. después de leer detenidamente sus declaraciones y reconocimiento sobre lo
actuado durante la época de la dictadura militar por el Ejército, conjuntamente con la Marina,
la Aeronáutica y las Fuerzas de Seguridad.
En los últimos días y semanas, las declaraciones de varios integrantes de las Fuerzas
Armadas han conmocionado la opinión publica nacional e internacional. Algunas respuestas,
si bien contribuyen en alguna medida a clarificar las responsabilidades, no son suficientes,
como las suyas.
Rescato en sus declaraciones lo positivo que hace a la búsqueda de la Verdad. Esto es un
primer paso hacia el reconocimiento frente al pueblo de los hechos vividos. Un paso con lo
cual se podrá avanzar hacia el total esclarecimiento de los mismos en todas sus
dimensiones, tanto de las Fuerzas Armadas, los poderes económicos y políticos, las
guerrillas y el pueblo, que fue la víctima de esa locura desatada en que las Fuerzas Armadas
se transformaron en "Señores de la Vida y la Muerte".
Lo que sí veo inaceptable son sus justificaciones cuando dice que "...en el enfrentamiento
entre los argentinos somos casi todos culpables..." Esto no es verdad. Yo le pregunto si los
niños, los estudiantes, los trabajadores, los
religiosos y religiosas, muchos que trabajaron por la vida y dignidad de nuestro pueblo, son
culpables. Le pregunto si no hay diferencia entre quienes diseñaron, ordenaron e
implementaron el terrorismo estatal y quienes advertimos y denunciamos, caminando por los
ministerios, la Casa de Gobierno, el Parlamento, los Comandos de las Fuerzas Armadas, las
Iglesias y la Nunciatura, para señalar los crímenes y tratar de parar la violencia homicida
desatada aun antes del golpe militar en 1976.
Ud. sabe perfectamente que el golpe militar del año 1976 fue producido para imponer por la
violencia un modelo de sociedad, tanto en Argentina como en todo el continente, a través de
la aplicación de la llamada Doctrina de la Seguridad Nacional. Los militares que dieron los
golpes de Estado fueron formados en la Escuela de las Américas y las academias militares
de los Estados Unidos. Transformaron las Fuerzas Armadas
en tropas de ocupación de sus propios pueblos, con el alto costo social en vidas, destrucción
del aparato productivo y el aumento de la deuda externa. Esta situación no es un pasado,
sino que tiene graves consecuencias en la vida del pueblo hoy.
Ud. sabe también que se utilizó a la guerrilla como pretexto para someter a la sociedad en
su conjunto, que la misma debió ser controlada por los medios lícitos que todo Estado tiene
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a través de sus propias legislaciones y el derecho que da la ley a la defensa de toda
persona.
No se puede continuar diciendo que aquí hubo una guerra, que además denominan
cínicamente "guerra sucia". Para mí toda guerra es sucia, ya que el fin de toda guerra es la
destrucción y la muerte y la imposición por la fuerza del más fuerte sobre el más débil.
Además, existe un mecanismo que las instituciones corporativas como las Fuerzas Armadas
utilizan, y que utilizaron durante la dictadura, consistente en la repartición de las
responsabilidades y las culpas para que todos queden involucrados en el juego perverso que
genera la violencia. Si todos participan en los actos de violencia homicida, de los secuestros,
violaciones, asesinatos, torturas, las culpas son colectivas y aminoran
las responsabilidades individuales. De esta suspensión de la conciencia surge lo que se ha
denominado el "Pacto de silencio" y la complicidad colectiva.
Sr. General, reitero una vez más que en la Argentina no hubo ninguna guerra. Sí se produjo
contra un pueblo indefenso un genocidio, con miles de muertos, desaparecidos, detenidos y
torturados que claman el derecho de verdad y justicia.
Hasta el día de hoy, ese derecho ha sido negado. A través de los mecanismos aberrantes
como las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y los Indultos Presidenciales, los
genocidas están en libertad y algunos de ellos se presentan como candidatos en las
próximas elecciones. Sobre esta impunidad es imposible construir un proceso democrático
real.
Son miles los hombres, mujeres, niños y ancianos, de todos los niveles sociales, que
esperan en su dolor la luz y el respeto que merecen. Todos queremos saber qué hicieron
con las miles de personas secuestradas y desaparecidas, a quienes arrojaron vivas de los
aviones. Todos queremos saber quiénes lo hicieron, cuándo y por qué. (¿Dónde están?
¿Qué hicieron con esos seres humanos? Este es un clamor que surge de lo más
profundo de nuestro pueblo y afecta a todos por igual.
Es necesario lograr el total esclarecimiento de los hechos vividos y para eso Ud. tiene la
responsabilidad de ordenar los pasos pertinentes. También hace falta que el legalismo ceda
ante la Ética y la Justicia, y que los responsables de tanto crimen sean removidos de sus
puestos y sancionados con la inhabilitación perpetua a ocupar cargos públicos.
En sus declaraciones trata de recuperar el sentido de la responsabilidad que debe guiar la
vida de todo soldado y la Institución del Ejército. Distingue entre la Obediencia Ciega, falta
de todo principio ético y que se encuadra fuera de la ley, y la Obediencia en Libertad que
debe regir los principios y valores de todo ser Humano así como las Instituciones Armadas.
En bien de la Verdad que debemos buscar incesantemente, si queremos cerrar las heridas
aun profundas que afectan a nuestro pueblo, debe reconocerse que las responsabilidades
no son sólo de las Fuerzas Armadas, que hubo sectores de la sociedad cómplices de las
atrocidades cometidas contra el pueblo. La Patria Financiera, un Poder Judicial
complaciente, sectores de la Iglesia que avalaron la represión. Martin Luther
King decía que "... no le dolía tanto la represión de los malos, como el silencio de los
buenos..."
Después de la dictadura también, las leyes de impunidad elevadas por el Dr. Raúl Alfonsín
fueron aprobadas por el Parlamento, por los legisladores sin conciencia o coraje y
especulando con la coyuntura política. Los indultos presidenciales dictados por el Presidente
Carlos Menem con sus graves consecuencias incluyendo la interrupción de procesos
judiciales y el avasallamiento del Poder Ejecutivo sobre el Poder Judicial.
Por eso le reitero, General, que sus declaraciones son un primer paso, pero no son
suficientes. Ud. señala que "... si no logramos elaborar el duelo y cerrar las heridas no
tendremos futuro..." Estoy de acuerdo en el enunciado, pero cabe preguntarnos sobre los
caminos a transitar para alcanzar el cometido. Sin duda, llevarán un largo tiempo y mucha
comprensión y sinceridad, como una férrea voluntad de lograrlo.
Muchas veces he señalado que el futuro se construye con el coraje que tengamos de hacer
el presente. No existe otra manera. Se necesita mucho mas coraje para asumir la
responsabilidad de la Verdad y la Justicia que el coraje en un campo de batalla.
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Eso depende de todos nosotros, hacerlo sin odios ni rencor, con la actitud abierta y serena y
con la firmeza y la decisión basada en la permanente búsqueda de la Verdad y la Justicia
como los caminos para alcanzar la Paz. Es a partir de ese compromiso como podemos
construir el futuro.
Esperando que a este primer paso que ha dado se sumen otros en bien del pueblo y de la
Verdad, le saludo atentamente y que la Paz y Bien ilumine la mente y los corazones de los
miembros de las Fuerzas Armadas.
Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nobel de la Paz
Buenos Aires, 18 de diciembre de 2001
Sr. Presidente de la Nación, Dr. Fernando de la Rúa
"Escucha el clamor de tu pueblo"
Estamos llegando a un punto crítico en la vida del pueblo. En reiteradas oportunidades le he
escrito enviando algunas reflexiones sobre la situación que viven los mas pobres y excluidos
que aumentan constantemente en todo el país, víctimas de las políticas de exclusión del
gobierno que usted preside.
En otra oportunidad, he señalado que el Ministro de Economía, Domingo Cavallo,
implemento en el Ecuador la misma política que está aplicando en la Argentina con un total
fracaso, basta ver los resultados. Las consecuencias fueron la dolarización y la entrega de
ese país hermano a la voracidad y el saqueo sin piedad de los grandes intereses
internacionales, como la instalación de bases militares norteamericanas.
Usted está llevando al país a un mismo punto sin retorno, la entrega total de nuestros
recursos y la colonización a manos de los Estados Unidos. Quiero aclararle que no soy un
antinorteamericano ni un trasnochado que ve todo blanco o negro. Sí veo "los riesgos del
país", que no es el llamado "riesgo país" por la bolsa de valores, que a todo le ponen precio,
y valor a nada.
El verdadero "riesgo país" que veo y siento es el aumento de la pobreza, los niños que
mueren de hambre, esa bomba silenciosa que mata más que las guerras.
Los desocupados, los jóvenes a quienes les está matando la esperanza, el achique del país
y la falta de producción, exclusión que somete a los pequeños y medianos productores
rurales e industriales, quienes como consecuencia de la situación actual se ven privados de
sus fuentes de trabajo; los jubilados, a quienes la política del gobierno ha transformado en
mendigos del Estado, mientras el Estado privilegia el pago de la deuda externa sobre las
necesidades y responsabilidades que debe tener con el pueblo.
La respuesta del gobierno es la represión y no la solución de los problemas.
Sr. Presidente, ¿qué piensa hacer? ¿Reprimir a un pueblo hambreado y dolorido? ¿Cerrar
los ojos a las necesidades del pueblo? ¿Esconder la cabeza como el avestruz, para no ver ni
oír? ¿Continuar con la política que le imponen desde Washington? ¿Qué privilegia?
Los resultados están a la vista. La experiencia del modelo aplicado por su mismo Ministro en
Ecuador habla de la irresponsabilidad total del modelo aplicado.
Estamos llegando a un punto de inflexión, por eso quiero decirle:" Escucha el clamor de tu
pueblo"
Sr. Presidente, no olvide que usted fue elegido para servir al pueblo, no para oprimirlo,
marginarlo y hambrearlo. Aun tiene tiempo de corregir sus errores y horrores. Preste
atención a la Consulta Popular del Frente Nacional Contra la Pobreza. No es que no hay
salidas, las hay. Sólo debe saber escuchar al pueblo. La única concertación posible es con
el pueblo y no con aquellos que han entregado el país a la voracidad financiera y la
corrupción.
Estamos en vísperas de Navidad y del Año Nuevo, es tiempo de renovación y de esperanza.
Le envío el fraterno saludo de Paz y Bien que tanto necesita el pueblo y su gobierno.
Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nobel de la Paz
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Historia de los Organismos de Derechos Humanos - 25 años de Resistencia
3/ Madres de Plaza de Mayo
Por Victoria Ginzberg
Los inicios de las Madres de Plaza de Mayo
Mujeres de rondas y pañuelos
Un camino arduo, una lucha desigual, una voluntad incansable, fueron los
componentes del camino asumido por las Madres de Plaza de Mayo, desde un día de
abril de 1977 en que se reconocieron unidas por un mismo dolor: la desaparición de
sus hijos.
Hoy, a 25 años de aquel inicio, saben que el compromiso sigue vigente y que el
pedido de Memoria, Justicia y Verdad las acompañará hasta el último día de sus
días. Esta es la historia de un grupo de mujeres que, impulsadas por el amor
maternal, lograron desafiar al gobierno más autoritario y sangriento que tuvo la
Argentina.
Pepa Noia prendió un cigarrillo y esperó. Tenía esa manía de llegar demasiado temprano a
las citas, pero esta vez estaba ansiosa. Era sábado y el microcentro estaba desierto. Había
sol, hasta hacía calor. Vio a algunas mujeres que se acercaban. Haydée Castelú se bajó del
subte y apretó el monedero en la mano, tenía su documento y la plata justa. Había decidido
no llevar la cartera por miedo a que alguien pensara que podía tener dentro algo
sospechoso. Miró a las cuatro señoras que caminaban delante de ella. Las siguió de lejos
media cuadra hasta que se animó. "¿Ustedes vienen por lo mismo que yo?", les dijo. Eran
María Adela Gard de Antokoletz y sus tres hermanas, Cándida Felicia, María Mercedes y
Julia Gard. Juntas caminaron hasta encontrarse con el resto del grupo, en los bancos de
cemento de la Plaza de Mayo. En total sumaron trece mujeres de mediana edad y una joven
que no quiso dar su nombre. Se contaron sus experiencias, cómo y cuándo sus hijos habían
sido sacados de sus casas, de sus lugares de trabajo o acorralados en la calle.
Compartieron las semejanzas de sus propios recorridos sin resultado por cuarteles,
juzgados, ministerios. Una señora rellenita de baja estatura que transmitía calidez pero
también firmeza, dijo: "Tenemos que hacer algo, juntas podemos hacer algo; pero separadas
no vamos a lograr nada. Y tiene que ser en esta plaza, acá sucedieron las cosas más
importantes del país". Era Azucena Villaflor de De Vincenti. "Tenemos que hacer esto,
tenemos que hacer lo otro... ¿a vos quién te mandó?", le reclamó, un poco contrariada,
Haydée. "¿Cómo quién me manda? Es que tenemos que hacer algo por nuestros hijos",
ratificó Azucena, quien se convertiría en la líder natural del grupo. Las mujeres habían
abandonado sus casas, sus trabajos y su búsqueda por oficinas oficiales. Dejaron la
privacidad interior y salieron a la calle, a la luz; se apropiaron del espacio -como decía
Azucena- por el que había transcurrido la historia del país.
Este encuentro, el 30 de abril de 1977 en la Plaza de Mayo, se había gestado en las infinitas
esperas en la puerta del Ministerio del Interior y en el hall de la Iglesia Stella Maris, donde
los familiares de desaparecidos esperaban ser atendidos por el secretario del Vicariato
Castrense de la Armada, Emilio Graselli. A principios de abril, mientras
María Adela esperaba en la entrada de la iglesia, su nuera, que se había alejado unos
metros, volvió para llevarla al fondo del pasillo, "donde una señora decía cosas muy
interesantes". Allí estaba Azucena. Hablaba con otras mujeres de la necesidad de ir a la
Plaza e intercambiaba números de teléfono.
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Pepa recuerda que conoció a la fundadora de las Madres en el mismo lugar: "Estábamos en
la entrada de la Iglesia, llena de gente y una señora se paró y alzando la voz dijo: 'Señores,
en vez de estar acá, deberíamos ir a la Plaza de Mayo a reclamar por nuestros hijos, como
fueron nuestros mayores'. Todos nos quedamos duros y la miramos". señala.
Al primer encuentro en la Plaza fueron, además de las hermanas Gard, Pepa, Haydée y
Azucena, Mirta Acuña de Baravalle, Beatriz "Ketty" de Neuhus, Delicia González, Elida
Caimi, Raquel Radio de Marrizcurrena y Raquel Arcuschin. Según los relatos de las que
estuvieron ese día, la joven que no quiso identificarse era una militante del Partido
Comunista que tenía un pariente desaparecido. No había hombres. Habían acordado que en
la calle ellos corrían riesgo y pensaban que los militares no se iban a meter con un grupo de
señoras maduras, mamás que simplemente querían saber dónde estaban sus hijos. Pero ya
en la primera reunión, las mujeres coincidieron en que no iban a lograr llamar la atención de
las autoridades de la dictadura, como era su intención, si se juntaban los sábados. El
próximo encuentro se hizo un viernes. Y más madres se fueron sumando. Un día, Dora
Penelas dijo que el viernes traía mala suerte porque era día de brujas y, aunque la mayoría
no era supersticiosa, la cita semanal se cambió para el jueves. Y allí quedó. La primera
acción de las Madres en conjunto fue la confección de un pedido de audiencias presentado
ante el Ministerio del Interior. Volvían semana tras semana por una respuesta hasta que la
consiguieron. El 11 de Julio de 1977 fueron recibidas por el propio Ministro, el general
Albano Harguindeguy. Alrededor de sesenta mujeres esperaron afuera mientras Azucena,
Ketty de Neuhaus y María del Rosario Cerruti hablaban con el militar. Harguindeguy fue
altanero, cínico y provocador. "Tenemos 200 ó 300 detenidos, nada más", fue la respuesta
con la que negó la existencia de desaparecidos. Las Madres no se fueron de la Plaza, su
presencia no era sólo una protesta, sino un acto revolucionario. Para los militares, eran sólo
unas "locas", "las locas de Plaza de Mayo". Ellas se definían como Madres Argentinas que
buscan a sus hijos Desaparecidos. Luego se convirtieron en Las Madres de Plaza de Mayo.
A partir de allí, las mujeres siguieron reuniéndose en iglesias y casas particulares con otros
familiares de desaparecidos para armar petitorios y solicitadas. Y además de la cita semanal
de los jueves, intentaban estar en todos los actos importantes donde hubiese un funcionario
argentino o extranjero. En agosto de 1977 visitó el país Terence Todman, en aquella época
Secretario de Estado norteamericano para asuntos latinoamericanos. Las Madres trataron
de llamar su atención en la Plaza de Mayo, cuando el hombre fue a entrevistarse con el
dictador Jorge Rafael Videla. No pasaron desapercibidas para los periodistas extranjeros
que estaban allí, ni para los policías. Una reportera de la radio NBC se interesó por las
mujeres que gritaban y pedían por un minuto del funcionario estadounidense. Mientras las
entrevistaba, se acercó un hombre de traje y le pidió ver su pasaporte. Cuando ella se lo
mostró, se lo sacó. Las Madres se lanzaron contra el policía, lo tironearon, casi lo asfixiaron
y lograron recuperar el documento y el material de la periodista.
Las "locas" se volvían cada vez más visibles y por lo tanto molestas para el poder dictatorial.
La policía empezó a hostigarlas en la Plaza. Un día un oficial intentó dispersarlas al grito de
"¡Circulen!". Decía que, como había estado de sitio, estaban prohibidas las reuniones de tres
o más personas. Las mujeres empezaron a caminar de a dos. Primero alrededor de los
canteros y los bancos, después alrededor del monumento a Belgrano. Luego dieron la vuelta
a la pirámide. Así nació la ronda de las Madres.
El pañal blanco
Octubre de 1977 fue un período de mucha actividad. En ese mes apareció en el diario La
Prensa la primera solicitada con la firma de 237 madres y familiares de desaparecidos. Por
entonces, para reconocerse, las madres usaban un clavo en las solapas del saco. Después
llegó el pañuelo. Fue cuando decidieron ir juntas a una peregrinación a Luján: necesitan algo
que pudiera visualizarse fácilmente. "Como cada una se sumaba en distintos lugares,
decidimos que para reconocernos nos pondríamos un pañuelo blanco en la cabeza. Pero
nos hacíamos un mundo de todo y pensar en ir a comprar el pañuelo ya nos complicaba.
Entonces como todas teníamos nietos decidimos ponernos un pañal en la cabeza", relata
Nora Cortinas.
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El pañuelo se convertiría en el símbolo de las Madres y de su lucha incansable. Sin
embargo, ellas no lo usaron regularmente en la ronda de la Plaza hasta un par de años
después. Al principio, lo llevaban sólo a actividades especiales, como al acto en Plaza San
Martín donde se presentó el Secretario de Estado de Estados Unidos, Cyrus Vance. Ese día,
llegaron con sus cabezas descubiertas y después de que el hombre colocara una ofrenda
floral en el monumento al prócer, las mujeres se cubrieron con el pañal blanco y comenzaron
a gritar desaforadamente. La imagen recorrió el mundo. Cerca del Día de la Madre de 1977,
los organismos de derechos humanos organizaron una manifestación frente al Congreso. La
calle iba a acompañar la entrega de un petitorio en el que se reclamaba la investigación de
desapariciones, la inmediata libertad de los detenidos ilegalmente, la liberación de los
detenidos sin proceso y el traslado de los procesados a tribunales ordinarios. Estaba firmado
por 24 mil personas e incluía el nombre de 61 presos a disposición del Poder Ejecutivo y 571
secuestrados. Una delegación compuesta por dos Madres, dos familiares, dos religiosos y el
periodista francés Jean Pierre Bousquet (autor del libro Las Locas de la Plaza de Mayo),
entró al Congreso para entregar el documento. No fueron recibidos por ningún funcionario y
tuvieron que dejar las pilas de papeles en la recepción a cambio de un recibo oficial.
En la calle, la policía dispersó a los manifestantes con gases y los encerró en la calle
Rodríguez Peña. Allí los esperaban varios colectivos vacíos donde los centenares de
personas fueron subidas y llevadas a la comisaría. Fue la primera vez que un grupo
importante de Madres fue arrestado. Entre ellas estaban Azucena, Nora y Hebe de Bonafini,
además de la monja Alice Domon, que trabajaba estrechamente junto a los familiares de
desaparecidos. También fueron detenidos cerca de diez corresponsales de medios
extranjeros que cubrían el evento. "La policía fue haciéndonos una encerrona hasta que
tuvimos que escapar. Corrí por la calle Rodríguez Peña hasta que me subieron a un
colectivo de línea. Un policía dijo que íbamos a la quinta y pensé: 'Vamos a la quinta de
Olivos, nos llevan a hablar con Videla'", relató Nora.
El golpe del Ángel
Diciembre de 1977 iba a ser el mes en que se publicara la solicitada en el diario La Nación.
Los familiares de desaparecidos juntaban firmas, ordenaban nombres y recolectaban la plata
para el aviso que iba a aparecer el 10, Día Internacional de los Derechos Humanos.
El 8 de diciembre se realizaron reuniones simultáneas en varias iglesias, como en Betania y
Santa Cruz -donde regularmente se reunía un grupo de familiares— para terminar de armar
la solicitada. Gustavo Niño, un joven rubio con cara de ángel que se había acercado a las
Madres en supuesta búsqueda de su hermano desaparecido, fue ese día a la Iglesia de
Santa Cruz para hacer su aporte económico, que no fue muy grande. Preguntó por Azucena
y se decepcionó cuando supo que no estaba ni tenía previsto ir
por ahí. En cambio, en representación de las Madres, estaban Esther Careaga y Mari Ponce.
Mari se había unido a las Madres en la búsqueda de su hija Alicia Hilda, que desapareció el
30 de abril de 1977. Esther era paraguaya, perseguida política en su país. Se acercó a las
Madres cuando fueron secuestrados su hija menor y su yerno. La joven fue liberada luego
de cuatro meses de encierro, pero Esther no había abandonado la lucha de sus
compañeras. "Todos los desaparecidos son mis hijos", solía decir.
El joven rubio atravesó la puerta de la Iglesia y prometió tratar de conseguir algo más de
dinero. Salió a la calle. Al poco tiempo, cuando los allí reunidos se disponían a irse, fueron
sorprendidos en la puerta por hombres armados que los increparon, los golpearon y los
esposaron. Era un operativo de la Marina. Ese día fueron secuestrados en la puerta de la
iglesia Esther y Mari, junto con cinco familiares de desaparecidos y la monja francesa Alice
Domon. Dos miembros del grupo fueron detenidos en la esquina de Belgrano y Paseo
Colón. Allí debía estar también Gustavo Niño, pero el hombre no era otro que Alfredo Astiz,
oficial de la Marina célebre por este acto de infiltración. "Lo veo todavía como un pibe de 20
años, venía de jeans y chomba blanca de media manga. Azucena siempre le decía: 'No
vengas, es peligroso cuando haya que firmar algo te avisamos'. Él decía: no tengo miedo, no
tengo miedo”. Y las fue seleccionando. También se llevaron la plata que teníamos, la
decencia primero. No hay palabras para calificar a este tipo. Azucena lo trataba como si
fuera un hijo. Le daba consejos", recuerda Pepa.
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A pesar del golpe, al día siguiente las Madres fueron al diario La Nación para publicar la
solicitada. Apareció el día 10 y, entre todas las personas que firmaban, estaba el nombre y el
número de documento falso de Gustavo Niño. Sin embargo, el plan de Astiz y sus jefes no
terminaba allí: ese día fueron secuestradas la monja Leonie Duquet -compañera de Alice- y
Azucena Villaflor. La fundadora de las Madres llegó a comprar el diario y ver los nombres de
sus compañeras impresos en letras de molde pidiendo saber la verdad. Después la
secuestraron en la calle, cerca de su casa, en la esquina de Cramer y Mitre, de Sarandí. Fue
rodeada por siete u ocho hombres que la golpearon, la subieron a un auto y la llevaron a la
Escuela de Mecánica de la Armada. Azucena había nacido en 1924 y trabajaba desde los 15
años, primero como obrera en una fábrica de vidrio y hasta quedar embarazada de su primer
hijo, como telefonista en la empresa SIAM. Era peronista y entre las Madres repiten el mito
de que fue sindicalista o, al menos, arengó a sus compañeros durante algún conflicto. Sin
embargo, según una investigación del periodista Enrique Arrosagaray, nunca había militado
activamente: como la mayoría de las Madres era ama de casa y estaba encargada de la
crianza de sus hijos. Se había casado con Pedro De Vincenti con quien tuvo tres varones y
una niña -Pedro, Néstor, Adrián y Cecilia-. Néstor fue secuestrado junto a su mujer el 30 de
noviembre de 1976 y ese día empezó para Azucena, como para miles de mujeres
argentinas, un peregrinaje incansable para saber qué había pasado con su hijo. Pero esta
mamá se hartó de las esperas inútiles y lo dijo bien alto frente a quienes estaban en igual
situación. Impulsó con su gesto la aparición de un grupo de una incalculable potencia
simbólica y práctica.
El peregrinaje
Cuando las Madres perdieron a su Ifder, aquella mujer que las empujaba con su claridad y
entereza, siguieron adelante. Asf demostraban que el movimiento no se limitaba a esa mujer
que las alento un dfa a ir a la Plaza. "Cuando se llevaron a Azucena todas se asustaron.
Diez de nosotras nos juntamos en el departamento de Marfa del Rosario Cerruti. Se hizo un
habeas corpus a favor de Azucena. Estaba Emilio Mignone. A partir de ese momento ibamos
a la Plaza poco y nada y nos reunfamos en las iglesias donde hacfamos que rezabamos. En
algunas estaba la puerta abierta y en otras no nos querfan.
Pero nunca dejamos la Plaza del todo", rememora Pepa. Las Madres acudfan a las iglesias
como lugar de refugio cada vez que la reunion en la Plaza pareda demasiado arriesgada.
Volvieron a ellas durante un perfodo de 1979. cuando la policia cercaba el lugar, prohibia las
rondas y se llevaba presas a las Madres que rondaban a la Piramide de V1ayo.
"La lucha de las Madres, si bien es polftica, no es partidista, ya que esta lucha se asienta en
un criterio amplio y de res-peto por las distintas ideologTas y credos. Nos conformamos de
manera horizontal, buscando llegar a nuestras decisiones por consenso, con igualdad de
responsabilidades y trabajo", dice el documento sobre su identidad, elaborado por las
Madres de Lfnea Fundadora tiempo despues de la ruptura. En 1979 habTan afirmado que no
hacfan polftica, pero con el reclamo por cada hijo aprendieron que su compromiso era mas
amplio. De a poco fueron solidarizandose con otras madres y padres que padecTan las
injusticias cometidas en otras partes del mundo. Y se unieron a los maestros, los empleados
de la salud, los homosexuales, los indfgenas, los desocupados y entendieron que luchar
para que se terminaran todas las desigualda-des era luchar tambien por la memoria de sus
hijos. Por eso hoy, a 25 anos de su nacimiento, las Madres —las que ya eran militantes o
compartfan la militancia de sus hijos y las que eran simplemente amas de casa— tienen
proyectos que exceden al objetivo inicial que las congrego.
Nunca abandonaron el reclamo de juicio y castigo para los militares y civiles que violaron los
derechos humanos durante la ultima dictadura ni tampoco cesaron de reclamarle al Estado
una respuesta sobre el destine de los desaparecidos. Pero su tarea ya no se limita a eso.
Ahora se levantan contra el incumplimiento de cualquier derecho por parte de los gobier-nos,
sean democraticos o militares.
"No hay una fecha de cuando ocurrio este cambio, pero fue porque nos empezaron a llamar
de distintos movimientos. Por ejemplo, todas las madres no se consideran feministas. Yo
aprendf sobre el feminismo con mujeres feministas que nos invitaban a sus seminaries y
actos y empece a asumir que era una parte nuestra como madres asumir la defense de
26
genera. No se que dfa, pero hubo un dfa en que me declare feminists. Mi marido se asusto
mucho, por muchos anos fue un sufrimiento terrible. Pero bueno, aprendf eso en la calle",
dice Nora.
Este no es el caso de Laura Bonaparte, quien se unio a las Madres de Lfnea Fundadora al
regresar de su exilio en Mexico. Ella tenfa contacto con el movimiento de mujeres, con
anterioridad a la desaparicion de tres de sus hijos. Laura cuenta como, a principios de este
ano, viajo a Bruselas, al encuentro "Voix de Femmes", donde representantes de diversos
pafses inter-cambiaron experiencias. "Una senora palestina mostraba dos fotos de su hijo.
En la primera el muchacho estaba feste-jando sus 17 anos con la familia, con una enorme
sonrisa, de esas que muestran dientes y encfas. Tenfa puesta una chomba en la que
predominada el amarillo. La foto siguiente que esta madre levantaba en medio de su llanto
era la del mismo hijo, el mismo dfa. de su cumpleanos, con la misma chomba, los mismos
pantalones, pero con la cabeza apoyada en una cuneta y un hilo de sangre en la cabeza.
Fue demasiado fuerte tambien para mf. Nos levantamos y nos abrazamos, nos apre-tamos
fuerte. Cuando nos separamos, la foto de su hijo palestino quedo pegada a las de mi familia
judfa, que llevaba en el pecho. Despacito, entre las dos, las separamos y cada una volvio a
su silla. Nos miramos largamente. Ambas sabfa-mos", narra Laura sobre una de las
imagenes que mas la conmovio de ese viaje.
Las Madres siguen recorriendo el mundo para contar su historia, pero tambien para conocer
y denunciar las historias de los otros. Marta Vazquez, quien esta en Madres desde casi el
inicio del grupo y es tambien Abuela de Plaza de Mayo, actual-mente es la presidents de la
Federacion de Familiares de Desaparecidos de America Latina. Desde
allf recibe nuevas denuncias sobre casos de desaparicion forzada que se producen en
Mexico, Guatemala y particularmente en Colombia. Otras integrantes de Madres de Plaza de
Mayo Lfnea Fundadora, como Taty Almeida y Laura Conte -quien ademas es vice-presidenta
del Centra de Estudios Legates y Sociales, CELS- participan activamente en el Frente
Nacional contra la Pobreza (FRENAPO). Enriqueta Maroni y Afda Sartf, en cambio, ayudan a
familias de un asentamiento de Ciudad Evita en la lucha por su tierra y su casa y Nora
Certifies es parte de Dialogo 2000, una agrupacion que realize en San Pablo un juicio contra
la deuda externa. "El habernos encontrado fue una de las cosas buenas de la vida dentro de
mis dolores. Es una hermandad especial la que tenemos entre nosotras, un idioma comun.
Pero hay que pasarse la posta. En el ultimo acto por nuestros 25 anos le hemos pasado la
posta a los HIJOS, ellos ya son el futuro; nosotras estamos en el ocaso de nuestra vida",
dice Hay-dee Castelu. Pero ella y sus companeras, quienes andan entre los setenta y
noventa anos, se mantienen activas y la mayorfa siente que tiene mucho trabajo por hacer.
"Hoy seguimos luchando, queremos justicia. No queremos olvido, sino memoria y no
perdonar nunca jamas. Ojala con los anos, a lo mejor yo no lo vea, podamos tener algo, que
digan donde estan nuestros hijos", se esperanza Pepa Noia.
Las Madres LTnea Fundadora definieron recientemente su tarea en el presente y futuro en
un documento. Allf senalan: "Soste-nemos que la profunda inquietud por la angustiante
situacion social es parte de los objetivos de nuestra organizacion que, sin dejar lo especffico
como Madres de detenidos desaparecidos, nos abrimos y sensibilizamos hacia las
desigualdades, pobreza, exclusion y discriminacion de todo tipo. Buscamos una construction
social mas justa. Como Organismo de Derechos Humanos decimos 'No a la violencia', pero
tambien 'No a la resignation'. Ayer, el dolor nos dio fuerzas para denunciar y luchar por el
esclarecimiento de la siniestra polftica de desaparicion. Nuestra dolor de hoy nos hace
afirmar que no nos quedare-mos en silencio en este diffcil camino de impedir la impunidad y
la represion salvaje que se ejerce sobre nuestro pueblo'
PUEOIES
En 1978, las Madres siguieron credendo y se volvieron cada vez mas visibles. Ese ano
hicieron sus primeros viajes para denunciar en el exterior lo que ocurrfa en Argentina.
Fueron a Estados Unidos, Canada, Europa y alSeminario sobre Dere-chos Humanos
organizado por grupos edesiasticos chilenos. En 1979, Amnistfa Internacional las invito a
ocho pafses de Europa y Estados Unidos, donde denunciaron los crimenes que en ese
momento segufa cometiendo la dictadura. La Comision de Derechos Humanos de Naciones
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Unidas, la Organization de Estados Americanos (OEA) y el Papa tambien escucharon sus
reclames. "La primera vez que vimos al Papa fue en Mexico, en enero del 79, cuando fuimos
con Marta Vazquez al conci-lio vaticano. Nos impidieron por todos los medios tener con-tacto
con el. Pero hicimos una carta y lo esperabamos en las afueras de Mexico, por todos los
lugares donde pasaba. Una vez la gente que tambien lo esperaba en el camino me tevanto
'a upa' y por la ventanilla del auto puse la carta en la mano del Papa. La custodia no me
mato de milagro", cuenta Nora. La mujer, tal vez porque su pequena estatura se lo permite,
tiene dos historias en las que estan presentes el Papa y el haber sido alzada. La segunda
vez que Nora vio a Juan Pablo II fue en Roma. Allf, se suponfa que ella y otras Madres
tenfan una entrevista pautada. Pero cuando esperaban en una estrecha pieza contigua al
lugar donde se iba a realizar la reunion, les anunciaron que se habfa suspendido. "Despues
nos enteramos de que el nuncio Pio Laghi le habfa dicho que no nos recibiera porque
eramos comunistas. Igual vimos al Papa, pero fue en el pasillo, con toda la gente que lo iba
a ver. El entro bendi-ciendo, cruzaba de veredita a veredita en el camino al altar. Marfa del
Rosario le quiso alcanzar la foto
de su sobrinita desa-parecida pero el no la agarro, no toca nada nunca. Cuando llego a
donde estaba yo, un cura me alzo y me apoyo en la baranda. Yo le dije al Papa que en
Argentina se torturaba, se hacfa desaparecer y que se robaban a los ninos. El dijo que en
todas partes del mundo habfa "bambini scomparsi". La desi-lusion fue instantanea", relata
Nora recordando aquel dfa.
La Asociacion Civil
El 22 de agosto de 1979, en La Plata, ante escribano publico, se constituyo formalmente la
Asociacion Civil con la denomination "Madres de Plaza de Mayo". En la declaration de
principles de la entidad figuraba: "Somos madres de detenidos-desaparecidos y
representamos a muchos millares de muje-res en igual situation. No nos mueve ningun
objetivo politico (...) Estamos en contra de la violenda y contra cualquier tipo de terrorismo,
privado o estatal. Queremos la paz, la fraterni-dad, la justicia. Anhelamos para la Argentina
la vigencia del sistema democratico, respetuoso de la persona humana. Recha-zamos la
injusticia, la opresion, la tortura, el asesinato, los secuestros, los arrestos sin proceso, las
detenciones segui-das de desapariciones, la persecution por motivos religio-sos, raciales,
ideologicos o polfticos (...) Nuestro primer objetivo es lograr de las autoridades del pafs,
civiles, militares y
judiciales, una respuesta a nuestras angustias. iDonde estan nuestros hijos? dQue ha sido
de ellos?". Como presidenta de la Asociacion fue elegida Hebe de Bonafini y como vicepresidenta
Marfa Adela Antokoletz.
Constituidas formalmente en una agrupacion, las Madres siguieron buscando formas
novedosas de llamar la atencion. En 1981, realizaron la primera marcha de la resistencia: se
quedaron en la Plaza, que les pertenecerfa para siempre, durante 24 horas dando la vuelta a
la Piramide. Y poco despues, un grupo de integrantes del organismo, junto con el padre
Antonio Puijane, hicieron un ayuno en la Catedral de Quilmes, a cargo de Mon-senor Novak,
miembro del Movimiento Ecumenico por los Derechos Humanos, porque sabfan que el
hombre no iba a llamar a la policfa para echarlas. Sin embargo, tampoco fue-ron tratadas
como huespedes de honor. Novak estaba ocu-pado mediando en una toma de tierras y uno
de los parro-cos de la Iglesia no tenfa simpatia por las senoras que estaban protestando. Por
la noche prendfa las luces y hacfa ruidos para disuadirlas y convencerlas de que se fueran,
pero ellas se quedaron durante diez dfas.
Con la democracia
En 1983, cuando se recupero la democracia, las Madres ya sabfan o intufan que habfa
pasado con sus hijos. Sobrevivientes de distintos centros clandestinos de detencion habfan
relatado en Argentina y en el exterior los crfmenes cometidos por los represores, las torturas,
tos "vuelos de la muerte" y la quema de cadaveres o su entierro en fosas comunes como
NN. Si bien sabfan lo que habfa ocurrido, la gran mayorfa ignoraba el destino particular de
cada hijo o hija y decidieron no aban-donar la consigna "Aparicion con vida", mas alia de que
algu-nas mujeres buscaban los restos de sus hijos para darles sepul-tura y realizar el duelo.
En todos los casos, no renundaron a la certeza de que era el Estado el que tenfa que darles
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res-puestas. Con la democracia comenzaba el reclamo de Justicia. Fue durante este perfodo
cuando las Madres empezaron a mani-festar diferencias internas con relation a distintos
temas, como el posicionamiento frente a las autoridades constitucionales, el juicio a las
juntas y las exhumaciones de cuerpos. En 1986, un grupo de madres -entre quienes se
encontraban muchas de las que habfan construido el movimiento- no concordaron con la
conduction de Hebe de Bonafini y decidieron separarse formando las "Madres de Plaza de
Mayo Lfnea Fundadora". A ellas se sumaron algunas madres que vol-vfan del exilio, y juntas
realizaron un trabajo en contacto con las agrupadones de Familiares de Desaparecidos y
Dete-nidos por Razones
Polfticas, Abuelas de Plaza de Mayo y el resto de los Organismos de Derechos Humanos.
Asf reunidos marcharon y protestaron contra las leyes de Obediencia Debida y Punto Final,
dictadas por Raul Alfonsfn y los Indultos del pre-sidente Carlos Menem. Las Madres Lfnea
Fundadora decidieron no elegir presidenta ni autoridades y levantaron la consigna de
"Memoria, Verdad y Justicia". •
PILOTES
Las Madres de La Plata
En el tren de las dos y cuarto
Las mujeres platenses cuyos hijos habian sido secuestrados viajaban a Buenos Aires para
averiguar que habia pasado con ellos, golpeaban las puertas del Ministerio del Interior y se
reunian en la Iglesia Stella Maris, donde las recibia Emilio Gra-selli con sus fichas
prolijamente acomodadas por orden alfabetico. Al igual que las Madres de todo el pals,
tuvieron su bautismo en la Plaza de Mayo. Pero el camino recorrido tiene el paisaje de la
ciudad que la represion golpeo mas duramente.
En la capital de la provincia de Buenos Aires, los familiares comenzaron a reunirse en la
confiterfa del Colegio de Abo-gados, en la centrica calle 13, aun antes del nacimiento formal
de las Madres. Allffue Alba "Nieca" Martino despues de que se llevaron a su hija Graciela y a
su yerno. "Fue a comien-zos del '77. Venfa un muchacho de Buenos Aires, de la Liga
Argentina por los Derechos del Hombre con un nombre inven-tado. Habfa varies abogados y
escribanos en el grupo y resol-vimos encontrarnos en un lugar publico como la confiteria. Yo
tenTa el escritorio en el piso tercero. AhT fuimos haciendo los primeros habeas corpus y
entrevistandonos con quienes podTamos", narra Nieca. Cuando desaparecio su hijo, en
mayo de 1977, Adelina Dematti de Alaye fue a un par de reuniones en la Confiteria. Despues
la cerraron. Fue la "solucion" para evitar que el grupo de personas "sospechosas" no fueran
mas al lugar. Los familiares empezaron a encontrarse en casas par-ticulares y luego las
mujeres salieron a la calle, tambien en La Plata, una ciudad repleta de estudiantes donde la
dictadura hinco sus dientes.
"Al principio, cuando las Madres empezaron a ir a la Plaza de Mayo, saliamos desde aca
todas juntas en el tren de las dos y cuarto, llenabamos un vagon; aunque aca en La Plata no
era tan evidente lo que estaba pasando", cuenta Lidia Anselmi de Diaz..
Las platenses recorrian los despachos portenos y tambien los de su ciudad. Lidia, casada
con un ex militar. con-siguio llegar hasta el Coronel Carlos Alberto Presti. Jefe del
Regimiento de Infanterla Mecanizada -, responsable del area 113. que abarcaba La Plata y
sus alrededores. Cuando
llego, el soldado-secretario que custodiaba la puerta de la oficina de Presti, le comunico que
el Jefe no tenTa tiempo de recibirla. "Le pedl al muchacho que le dijera de parte mfa que si
no me recibfa me iba y me desnudaba en la Plaza Moreno, gritando el nombre de el. Y me
recibio. Me con-testo lo que te contestaban todos: que habta que esperar, que no habfa
nada en contra de mi hijo", narra Lidia. A pesar de no haber conseguido datos sobre el
paradero de su hijo Ricardo, la mujer recuerda, entre la risa y el llanto, el hecho corno una
hazana. Otro personaje platense al que acudian en busca de ayuda quienes tenfan
familiares desparecidos era el arzobispo de la ciudad, monsenor Antonio Plaza. Pero el
religiose no ayudo ni a su propia familia. "Creo que es hora de que te vayas por-que la
situacion es dificil y te puede pasar lo mismo que a tu hermano", le dijo el hombre a su
sobrino, cuando lo fue a ver para preguntarle precisamente por su hermano Juan Domingo
Plaza, que habia sido secuestrado. El tono fue mas amenazante que de alerta. Plaza le dijo
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a su sobrino que a su hermano "lo habian matado los montoneros". La informacion, afirmo,
provenTa de "su amigo", el coronel Ramon Camps. En noviembre de 1977, el arzobispo
organize una vigilia para la juventud, a la que bautizo "la noche heroica". Los chicos, muchos
seminaristas, se
reunieron en la Plaza Moreno, frente a la Catedral, para cantar, tocar la guitarra y rezar
hasta la madrugada, cuando se realizaria la misa del alba. Las ya conformadas Madres de
Plaza de Mayo fueron esa noche a la puerta de la catedral platense y habla-ron con los
jovenes. Les contaron que "a chicos como uste-des se los llevaron y no sabemos donde
estan", les hablaron sobre presos -no se usaba todavia la palabra desa-parecido- que
estaban encerrados en lugares desconoci-dos. Muchos se fueron, otros optaron por no
cantar. La "noche heroica" de Plaza fue frustrada por las Madres. "A la manana, monsenor
dio la misa y todas las madres fueron a comulgar. En vez de decir 'Amen', decfan Tor mi hijo
desaparecido' y a muchas madres le negaron la comunion", cuenta Lidia. "Nos quedamos
toda la noche en la Catedral y, cuando el arzobispo comenzo a salir, una senora moro-chita
se tiro a sus pies. Le pedfa, le suplicaba por Dios y todos los santos. El salio hasta el atrio y
no nos queria ni escuchar. Dijo: 'Uno no se puede ocupar de todo. Yo tengo dos mil
problemas que resolver'", recuerda Adelina. Dos mil era el numero aproximado de
desaparecidos en La Plata y alrededores.
La Plaza San Martin
Las rondas en La Plata empezaron aproximadamente en 1979. Al principio el recorrido era
de la Iglesia San Ponciano a la Plaza San Martin. La cita era los miercoles, porque "nos
morf-amos si faltabamos los jueves a Buenos Aires", dice Amelia Mania de Fanjul. una mujer
que se unio a las Madres despues de la desaparicion de su hijo. en octubre de ig~.
San Ponciano era el lugar de reunion, allT entre rosario y rosario, comentaban las
novedades y circulaban los docu-mentos que habia que firmar. La Iglesia tenia un libra para
hacer pedidos y a III las Madres, de puno y letra, hicieron su demanda: por sus hijos
desaparecidos. "Despues empezaron a lavar el piso con kerosenne para que nos fueramos",
sefiala Lidia. Y Adelina acota: "Un dfa nos animamos y empe-zamos a hacer la ronda
alrededor del monumento de San Martin". Adelina habla llegado a las Madres despues de
hacer en junio de 1976 la denuncia por la desaparicion de su hijo en la sede de la Asamblea
Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de Buenos Aires. Allf habia otra mujer que
se le acerco y le susurro: "Espereme abajo". Era Juanita, una de las Madres que ya iba a
Plaza de Mayo. Ella le conto de las reuniones de mujeres frente a la Casa Rosada y la
Catedral.
Las Madres de La Plata recuerdan una ronda en especial: un 17 de agosto de fines de la
dictadura. A las tres y media de la tarde la Plaza San Martin estaba copada por soldados y
militares que llevaban una ofrenda floral para el procer. Las mujeres se abrieron paso entre
los uniformados. Tuvieron que empujar un poco, pero algunas consiguieron pasar la barrera
humana que habian hecho para impedir su presen-cia. Caminaron en silencio alrededor del
monumento, con sus panuelos blancos en la cabeza y fueron los militares los que tuvieron
que irse.
Hay otra fecha especial para las Madres de La Plata, es el 19 de noviembre de 1982,
cuando se festejaron los 100 anos de la fundacion de la ciudad, con la presencia del dictador
Reynaldo Benito Bignone. "Fuimos como mosquitas muer-tas al acto que se hacfa en la
Plaza Moreno. Estaba orga-nizado todo en el trayecto que va desde la Municipalidad a la
Catedral. A la manana, cuando iban a hacer elTedeum, nosotras habiamos ocupado toda la
escalinata. Pero no nos pusimos el panuelo de entrada, sino cuando llego el momento
precise. Cuando venfa llegando Bignone solta-mos un cartel con globos que decia, creo,
~Aparici6n con vida~", relata Adelina. Eso no fue todo. Por la tarde, las Madres se colaron
en el desfile, los miembros de la Universidad Cato-lica les hicieron un lugar y caminaron
desde Plaza Italia hasta Plaza Moreno. En las bocacalles los platenses los aplaudian. "Y
nosotras llorabamos como locas", dice Amelia. Fue el primer reconocimiento de la ciudad a
sus Madres. En 1986, cuando un grupo de
Madres se separo de la Aso-ciacion para formar la Linea Fundadora, las mujeres platenses
acordaron no adherir a ninguna de las dos posiciones y expresaron que se debia llegar a las
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ultimas consecuencias para mantener la unidad. "Nos mantenemos independientes y nos
reservamos el derecho a la critica". afirmaron. Hoy. trabajan cerca de la Linea Fundadora por
la Memoria. la Ver-dad y la Justicia. Asisten y empujan el Juicio por la Verdorl que realize la
Camara Federal u fueron nombradas ciude-danas ilustres de la ciudad. •
Dos posturas eticas para una misma historia
Las madres,
Borges y Cortazar
El 25 de noviembre de 1977, las Madres de Plaza de Mayo le escriben una carta al
consagrado escritor argentino Jorge Luis Borges donde -entre otras cosas- lo invitan a
acompafiarlas "al calvario del jueves" EM 9 de febrero de 1982, Julio Cortazar, otro
consagrado escritor argentino, publicaba en La Republics de Paris, el articulo "Nuevo elo-gio
de la locura" donde describe el trabajo de las Madres. Dos documentos que hoy son historia.
Buenos Aires, 25 de noviembre de 1977
Senor Jorge Luis Borges
De nuestra mayor consideracion:
De la situacion que padecemos brota esta gran necesidad de ser ofdas. Tal vez Ud. se
asombre cuando le digamos que somos las Madres que en Plaza de Mayo hacen un
tristfsimo paseo los Jueves por la tarde, bajo el sol o la lluvia en busca de sus hijos.
Porque Ud. puede comprendernos le escribimos, porque si hubo un hijo querido, cuidado y
admirado por su madre, Ud. lo ha sido. Sabra entonces los desvelos que tienen las mujeres
cuando sus hijos sufren; por eso a Ud, le hablamos de la pena que vivimos.-Senor Borges,
esta carta no busca adherentes, no hace propaganda, solo aspire a que un hombre, culto, de
clara trayectoria, nos escuche. No importan las ideas, sf importa el genio, no importan los
matices, si importa la Ifnea de conducta; por eso no queremos saber de la polftica que cada
uno hace, nuestro tema es la justicia.
Si nuestros jovenes queridos han sido ejemplo y luz en nuestras casas, dpor que se los
llevaron, quiza alguno piense entonces, si eran buenos, por que los tienen presos? Esto es
mas triste todavfa, no hay de que acusarlos. Algunos por ideas, otros por amigos que los
han comprometidos o por esa falta que la juventud tiene, cuando despierta y quiere cambiar
las estructuras. Estas cosas todos las sabemos, todos las vivimos; entonces, dpor que el
secuestro, por que las torturas, por que la desaparicion, por que la muerte de rehenes en
mentidos enfrentamientos? En este claroscuro ya no entendemos nada.
Si hay justicia, que se cumpla; solo eso queremos, que no sea el hombre el lobo de otro
hombre. La ley alcanza y sobra para pagar pecados. Si tuvieran merecida la carcel, cada
madre estarfa consolando a su hijo, esperando su vuelta con pena, pero con fe en la vida.-
Pero esto no ocurre. En las cienagas desaparecen todos y nada se sabe. d.No cree que esto
es malo?, ino piensa que deberfa haber luz donde hay tanta sombra? dPor que no decirnos:
"Su hijo tiene esta pena, que se pague esa deuda". Eso es razonable, eso lo entendemos;
pero el desgarramiento a que se nos somete no lo queremos. Hay muchas frases ya
gastadas; "los derechos humanos...", "si quieres la paz, defiende la vida...", todas frases,
accion ninguna; y de nosotros. ique? La cacerfa de brujas sigue, solo confunde todo, da lo
mismo ser peligroso que padecer peligros. No se escuchan ruegos. explicaciones; todo va a
la maquina que tritura a la gente. Senor Borges. si los hombres no escuchan. si los
funcionarios se callan. si la justicia es ciega; Ud. que vive viendo al hombre por dentro.
diganos algo. Lo mejor que tenemos son esos hijos. solo queremos que nos digan que paso
con ellos, donde estan. por que los llevaron. Hace tantos meses
que ya se ban vuelto anos. Las madres de Plaza de Mayo queremos oir los ecos que
vueUen de este llamado al hombre, al poeta. al hijo. Con todo nuestro respeto y admiracion.
lo esperamos al pie de este caKario a las 15.30 horas de todos los juexes que nos restan de
\ida, hasta encontrar los hijos que nos quitaron.
r,n:r
Nuevo elogio a la locura
Por Julio Cortazar
 
31
El primero fue escrito hace siglos por Erasmo de Rotterdam. No recuerdo bien de que
trataba; pero su tftulo me conmovio siempre y hoy se por que: la locura merece ser elogiada
cuando la razon, esa razon que tanto enorgullece a Occidente, se rompe los dientes contra
una realidad que no se deja ni se dejara atrapar jamas por las frlas armas de la logics, la
ciencia pura y la tecnologia.
De Jean Cocteau es esta profunda intuicion que muchos prefieren atribuir a su supuesta
frivolidad: Victor Hugo era un loco que se crela Victor Hugo. Nada mas cierto: hay que ser
genial -epfteto que siempre me parecio un eufemismo razonable para explicar el grado
supremo de la locura, es decir, de la ruptura de todos los lazos razonables- para escribir Los
trabajadores del mar y Nuestra Senora de Paris. Y el dfa en que los plumiferos y los sicarios
de la Junta Militar argentine echaron a rodar la calificacion de "locas" a las Madres de Plaza
de Mayo, mas les hubiera valido pensar en lo que precede, suponiendo que hubieran sido
capaces, cosa harto improbable. Estupidos como corresponde a su fauna y a sus
tendencias, no se dieron cuenta de que echaban a volar una inmensa bandada de palomas
que habria de cubrir los cielos del mundo con su mensaje de angustiada verdad, con su
mensaje que cada die es mas escuchado y mas comprendido por las mujeres y los hombres
libres de todos los pueblos. Como no tengo nada de politologo y mucho de poeta, veo el
curso de la historia como los calfgrafos japoneses sus dibujos: hay una hoja de papel, que
es el espacio y tambien el tiempo, hay un pincel que una mano deja correr brevemente para
trazar signos que se enlazan, juegan consigo mismo, buscan su propia armonfa y se
interrumpen en el punto exacto que ellos mismos determinan. Se muy bien que hay una
dialectica de la historia (no serfa socialista si no lo creyera); pero tambien se que esa
dialectica de las sociedades humanas no es un frio producto logico como lo quisieran tantos
teoricos de la historia y la politics. Lo irracional. lo inesperado, la bandada de palomas, las
Madres de Plaza de Mayo, irrumpen en cualquier momento para desbaratar y trastocar los
calculos mas cientlficos de nuestras escuelas de guerra y de sequridad nacional. Por eso no
tengo miedo de sumarme a los locos cuando digo que, de una manera que hara crujir los
dientes de muchos bien pensantes. la sucesion del general Viola por el general Galiieri es
hoy obra evidente u triunfo significative de ese monton de madres y de abuelas que desde
hace tanto tiempo se obstinan en visitar la Plaza de Mayo por razones que nade tienen que
ver con sus beilezas edilicias o la majestad mas bien
cenicienta de su celebrada piramide.
En los ultimos meses, la actitud cada vez mas definida de una parte del pueblo argentine se
ha apoyado consciente o inconscientemente en la demencial obstinacion de un pufiado de
mujeres que reclaman explicacion por la desaparicion de sus seres queridos. La verguenza
es una fuerza que puede disimularse mucho tiempo, pero que al final estalla de las maneras
mas inesperadas, y ese factor no ha sido tenido jamas en cuenta por la soberbia de los
militares en el poder. Que bajo la ferula menos violenta de Viola esa explosion haya asumido
la magnitud de una manifestacion de miles y miles de argentinos en las calles centricas de
Buenos Aires y una serie creciente de declaraciones, denuncias y peticiones en los
periodicos, es una prueba de debilidad castrense que la estirpe de los Galtieri y otros
halcones no podia tolerar. Ellos, por supuesto, no lo saben de manera demasiado lucida;
pero la logica de la locura no es menos implacable que la que se estudia en el colegio
militar: el corolario del teorema es que el general Galtieri debena estar reconocido a las
Madres de Plaza de Mayo, pues es sobre todo gracias a ellas que ha podido dar el zarpazo
que acaba de encaramarlo en el sillon de los mandamas. Por su parte, las madres y las
abuelas, que sin saberlo han facilitado su entronizacion, no tienen la menor idea de lo que
han hecho. Muy al contrario, pues en el piano de la realidad inmediata esa sustitucion de
jefatura signifies una profunda agravacion del panorama politico y social de la Argentina.
Pero esa agravacion es al mismo tiempo la prueba de que la copa esta cada vez mas
colmada, y de que el proceso llega a su punto de maxima tension. Es entonces que la
respuesta de esa parte de nuestro pueblo capaz de seguir teniendo verguenza debera entrar
en accion por todas las vias posibles y que las fuerzas del interior y del exterior del pals
tendran que responder a algo que las esta invitando a salir de una etapa harto explicable,
pero que no puede continuar sin darle la razon a quienes pretenden tenerla.
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Sigamos siendo locos, madres y abuelitas de la Plaza de Mayo, gentes de pluma y de
palabra. exiliados de dentro y de fuera. Sigamos siendo locos. argentinos: no hay otra
manera de acabar con esa razon que vocifera sus slogans de orden. disciplina y patriotismo.
Sigamos lanzando las palomas de la verdadera patria a los cielos de nuestra tierra y de todo
el mundo.
Historia de los Organismos de Derechos Humanos - 25 años de Resistencia
4/ CENTRO DE ESTUDIOS LEGALES Y SOCIALES por Luis Bruschtein
Entre 1978 y 1979, un grupo de hombres entre los que hay cuatro abogados y un físico
comienza a gestar la idea de conformar un nuevo organismo de defensa de los derechos
humanos. Cada uno de los cuatro abogados tiene un hijo detenido desaparecido y el físico,
un hijo preso. Pese a que, por entonces, ya existían algunas organizaciones, la instauración
de la dictadura y la aplicación del terror indiscriminado las multiplicó, les dio una fuerza que
no habían tenido hasta entonces y sobre sus hombros recayó la responsabilidad histórica
más pesada y difícil. La participación en el movimiento de derechos humanos era
forzosamente militante, voluntarista y hasta desesperada y la importancia de su misión abría
nuevos frentes cada día que pasaba. Cada tarea ponía al descubierto nuevas necesidades.
Los cuatro abogados, Alfredo Galleti, Augusto Conte, Boris Pasik y Emilio Mignone, y el
físico, Federico Westerkamp, aportarían a esa militancia el profesionalismo, la eficiencia y la
destreza para llevar esa lucha al plano de los tribunales, de la documentación sistemática y
de la denuncia en los foros internacionales. La fecha formal de creación del Centro de
Estudios Legales y Sociales (CELS) fue el 14 de marzo de 1980, aunque habían empezado
a trabajar de hecho desde 1978.
"Ellos querían tener un organismo más específico en el plano legal para explicar en forma
sistemática lo que estaba ocurriendo en la Argentina y, al mismo tiempo, crear un centro de
documentación", explica Isabel, hija de Emilio Mignone. Laura Conte, por su parte, recuerda
a su marido Augusto y a Emilio Mignone –ambos fallecidos– como "verdaderos Padres de
Plaza de Mayo", porque ambos eran de los pocos hombres que asistían a las rondas junto a
las Madres. "Emilio era un gran docente, tenía una formación muy plural señala y Augusto
tenía formación en Economía y lo mismo Pasik, Galeti y Westerkamp; todos eran hombres
con una formación académica y profesional".
Además de las rondas en la Plaza, el centro de actividad de los cinco era la Asamblea
Permanente por los Derechos Humanos (APDH), que enfocaba esa lucha desde un nivel
más político-partidario, como una especie de acuerdo político para actuar en ese plano.
Estas características limitaban el desarrollo de otras acciones.
En un documento de 1994, Emilio Mignone señala que el CELS "tuvo su origen en un grupo
de miembros de la APDH que con-siderábamos necesario llevar adelante acciones
enérgicas de resistencia y oposición al gobierno de las Fuerzas Armadas y en defensa de
los derechos fundamentales de la persona humana, en ese momento sistemáticamente
violados. Su creación partió de la convicción de que era necesario encarar actividades y
programas que tuvieran
como propósito fundamental hacer llegar a la opinión pública nacional e internacional una
interpretación de los hechos que se responsabilizara de manera directa por las llamadas
desapariciones al régimen castrense".
Mignone hacía referencia de esta manera a una discusión que se planteó tempranamente en
el movimiento de derechos humanos y cuyos ejes fueron utilizados también, a partir de ese
momento, por la dictadura y sus representantes a su favor: se trataba de demostrar que los
secuestros y las desapariciones no eran hechos aislados, accidentes o excesos, sino que
formaban parte de la esencia de la dictadura, tanto como la existencia de un plan sistemático
que desarrollaba esta práctica terrorista desde el Estado.
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Estos planteos tenían su expresión en una discusión que bajo su apariencia semántica
planteaba realidades distintas. En esa época se persistía en denominar a las víctimas de los
secuestros como "desaparecidos", con lo cual se dejaba abierta a cualquier interpretación el
origen del secuestro. Los organismos planteaban que la denominación real era "detenidos
desaparecidos", porque se hablaba de personas que habían sido aprehendidas por agentes
de las Fuerzas Armadas y de seguridad. "Nuestra presunción -relataba Mignone-,
confirmada lamentablemente por las investigaciones posteriores, era que se estaba frente a
un verdadero genocidio ordenado por el gobierno de las Fuerzas Armadas en virtud de una
siniestra operación de limpieza ideológica. Por ello se imponía una acción interna y externa
clara, rápida y decisiva para intentar detener la masacre, recurriendo a todos los sectores del
país y del extranjero dispuestos a proceder de manera solidaria y objetiva". Mignone opinaba
que disimular la realidad estimulaba además "la pasividad de la población y de los familiares
de las víctimas con la esperanza de liberaciones o legalizaciones masivas de prisioneros,
que nunca tuvieron lugar. En otras palabras: tendía a privilegiar una ingenua e imposible
perspectiva política por encima de la verdad y la transparencia".
"Todos los espacios de acción razonables"
Mignone, Conte, Pasik, Galeti y Westerkamp siguieron dando esta discusión en el seno de la
APDH porque reconocían la importancia de ese ámbito. La idea que los impulsaba era
utilizar "todos los espacios de acción razonables", dejando de lado las "diferencias
circunstanciales" y tratando de favorecer la coordinación y la cooperación pluralista en todos
los terrenos. Las primeras reuniones, tras alguna de las rondas en la plaza o de una reunión
en la Asamblea, fueron en el departamento de Mignone, en avenida Santa Fe que, podría
decirse, funcionó como la primera sede de hecho del CELS. Chela, la esposa de Mignone, y
Élida, la de Galeti, junto con Carmen Lapacó -que a su vez también participaban en Madres
de Plaza de Mayo-, se sumaron en esos primeros encuentros. Chela se sienta hoy en la
sala, con los mismos sillones y los mismos cuadros, cierra los ojos y recuerda la discusión
animada, la esperanza y la desesperanza y la fuerza que los con-vocaba a todos a mantener
alto el ánimo.
Pasik era militante socialista y Galeti tenía también esa forma-ción. A Mignone y Conte los
unía una formación socialcristiana. Mignone había
trabajado con la Iglesia y muy joven había sido funcionario del gobierno peronista. Conte
tenía una militancia en la Democracia Cristiana. La formación de Pipo Westerkamp provenía
del racionalismo científico. Pero esa diversidad de orígenes y proveniencias se galvanizó en
la tarea que los unificaba con un gran espíritu pluralista, una marca de origen que el CELS
mantuvo posteriormente como un principio básico de su accionar.
El grupo contaba además con otro elemento a su favor: Mignone había vivido entre 1962 y
1968 en los Estados Unidos y mantenía relaciones y contactos en el plano académico y
diplomático.
A su vez, por su trabajo como científico y docente, Pipo Westerkamp también tenía
relaciones en el exterior, sobre todo en el ámbito académico europeo. Ambos sabían la
forma pragmática y profesional que movía a los organismos internacionales, no bastaba un
testimonio o una denuncia, hacía falta un trabajo de documentación concreto, sistemático y
un contacto permanente, no esporádico, con esas instituciones para conseguir llamar su
atención sobre las graves violaciones a los derechos humanos que se estaban ejecutando
en la Argentina.
"Papá pensó que desde el exterior se podía presionar a los militares -explica Isabel
Mignone- y, cuando se produjo la desaparición de mi hermana Mónica, empezó a viajar
mucho. En 1981, cuando los militares allanaron el CELS y detuvieron a varios de sus
integrantes, entre ellos a papá, salió un artículo en el New York Times. Todavía hoy el CELS
tiene un enorme prestigio en el exterior".
"La primera vez que oí hablar del CELS fue cuando estaba por venir la delegación de la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA, en 1979", recuerda
Matilde Mellibovski, que con su esposo Santiago se incorporan también al grupo. "Los cinco
fundadores -agrega- formaban parte de la comisión directiva de la APDH, pero pensaban
que necesitaban un organismo de otro tipo donde pudieran realizar acciones que no podían
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efectuar en la Asamblea, como la presentación de hábeas corpus personales, ya que la
Asamblea lo hacía en forma colectiva".
Cuando Mignone enumeraba los motivos que llevaron a la fundación del CELS, apuntaba a
tres niveles: "la creación de un centro de documentación y la realización de investigaciones y
estudios que permitieran la publicación y difusión de trabajos destinados a explicar
racionalmente el tipo de represión diseñado y ejecutado por las Fuerzas Armadas".
Señalaba tam-bién el punto que menciona Matilde Mellibovski: "La prosecución de acciones
judiciales individuales que impulsaran a los jueces a llevar adelante las investigaciones con
la probabilidad -que los hechos demostraron correcta- de acumular probanzas contra los
culpables".
En el tercer plano de acción se refería a una actitud que levantaría polémica: "La búsqueda
abierta y no disimulada de la solidaridad internacional, en los gobiernos e instituciones
progresistas de los países occidentales americanos y europeos, y el contacto con sus
embajadas en Buenos Aires". Mignone hacía
una larga lista de las organizaciones e instituciones a las que era necesario sensibilizar
donde incluía desde la ONU hasta la Fundación Ford.
Mignone era consciente de que esa búsqueda abierta de la soli-daridad internacional era
cuestionada desde dos flancos.
Para la dictadura y los medios que la apoyaban, esa línea de acción era considerada poco
menos que traición a la patria.
Pero también sería criticada desde la izquierda. Mignone señalaba que "en rigor de la
verdad, se trata de los únicos cen-tros a los cuales se podía acudir en virtud de la división
bipolar existente y de la correlación internacional de fuerzas que, con frecuencia, daba lugar
a connivencias insólitas en los organismos internacionales".
De hecho, el gobierno del demócrata James Carter en los Estados Unidos, que ponía un
énfasis especial en la temática de los derechos humanos y, por el otro lado, el fenómeno de
que la Unión Soviética fuera el principal socio comercial de la dictadura, generaban esas
connivencias insólitas a lasque hacía referencia Mignone.
Amnistía y la CIDH en Buenos Aires
En noviembre de 1976, llega la primera misión de Amnistía Internacional, integrada por el
sacerdote jesuita norteamericano –y en ese entonces integrante por el Partido Demócrata
norteamericano de la Cámara de representantes de su país-Robert Drinan; Lord Avebury,
del Partido Liberal y miembro de la Cámara de los Lores, de Gran Bretaña y la investigadora
de la Secretaría Internacional de Amnistía, Tricia Feeney, quien durante muchos años
desarrolló una intensa labor de investigación y denuncia de las violaciones a los derechos
humanos en Argentina. Los integrantes de lo que sería más tarde el CELS colaboran
activamente con la misión de Amnistía.
La denuncia internacional sobre la situación en Argentina había creado las condiciones para
que en 1979 arribaran varias misiones de observación. En abril, lo hizo un grupo de los más
destacados juristas norteamericanos, jueces y abogados nucleados en "The Association of
the Bar of the City of New York" y en "The Lawyer Committee for Human Rights", con los que
Mignone ya había establecido contactos. Estos grupos produjeron informes detallados de la
situación argentina que tuvieron un fuerte impacto sobre la imagen de la dictadura militar en
el exterior y abonaron las condiciones para que llegara, finalmente en septiembre de 1979, la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. Los abogados norteamericanosestuvieron
siete días en Argentina y el documento que emitieron se conoció en
octubre, planteando un antecedente muy concreto desde dos instituciones que nadie, ni
siquiera el gobierno militar, podría acusar de izquierdistas o subversivas. Estas visitas de
organismos internacionales de defensa de los derechos humanos termina de orientar el
trabajo del CELS. En junio de 1980, arriba a Buenos Aires el director ejecutivo del "Center
for Legal of Social Research", de Washington, Leonard Meeker, quien establece una relación
estrecha con Mignone. "Las
primeras donaciones para la creación del CELS provinieron del exterior -recuerda Isabel
Mignone- y en el diseño como organismo tuvo mucho que ver Meeker. Hasta los nombres de
los dos organismos tienen una cierta reminiscencia".
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A esta altura se había incorporado a la actividad del CELS un grupo de abogados jóvenes,
Marcelo Parrilli, Luis Zamora y Alicia Oliveira, acompañados por María Cristina Caiati, que se
encargaban de las gestiones en Tribunales, denuncias y hábeas corpus. La búsqueda de un
local propio tuvo sus dificultades.
Era difícil convencer a los propietarios que alquilaran un local para un organismo de
derechos humanos en época de dictadura. Noemí Labrune no tenía familiares
desaparecidos, pero también participaba desde el principio en las reuniones del CELS. Tras
mucho buscar, finalmente decidieron alquilar un local de un solo ambiente, pequeño, en
Viamonte 1365 4º D, que era de un familiar de Labrune. Finalmente, el CELS se constituyó
formalmente el 14 de marzo de 1980, aunque recién en 1985 lo pudieron inscribir legalmente
como asociación civil sin fines de lucro. Emilio Mignone y Augusto Conte eran el presidente y
vice, respectivamente.
El Informe Prohibido
El informe de la CIDH sobre su visita a la Argentina fue publicado en abril de 1980. El
secretario ejecutivo del organismo, el chileno Edmundo Vargas Carreño, le dio a Mignone
que se encontraba en ese momento en Estados Unidosvarios ejemplares de la publicación.
Otros 500 fueron entregados a la OEA para que fueran enviados a la representación en
Buenos Aires. Pero el secretario general de la OEA, el argentino Alejandro Orfila, un hombre
de la dictadura, al igual que su representante en Buenos Aires, el oficial retirado de la Fuerza
Aérea Roberto Monti, no cumplieron con la obligación estatutaria de ofrecerlo y venderlo en
sus oficinas. La reproducción del informe había sido prohibida, pero Mignone pudo introducir
en forma subrepticia 500 ejemplares. El CELS fotocopió dos mil más y los distribuyó entre
dirigentes políticos, sociales y religiosos, magistrados judiciales y periodistas.
En 1984, el CELS editó esas páginas con el título de "El Informe Prohibido".
"Nuestras casas estaban siempre llenas -recuerda Laura Conteeran lugares adonde la gente
venía para consultar, para saber.
Emilio y Augusto fueron los primeros abogados de Abuelas y estuvieron a cargo de las
causas de los primeros chiquitos que aparecieron a partir de la denuncia de CLAMOR. El
equipo de salud mental se formó también en 1980, un poco a requerimiento de los padres
que tenían hijos desaparecidos, presos o exiliados". La casa de los Conte fue allanada dos
veces, les pintaban el frente y los ascensores con consignas insultantes. "Por suerte, en ese
edificio de Callao había un oratorio del Opus Dei y también vivía gente muy aristocrática, así
que era difícil que nos pusieran una bomba", recuerda Laura Conte.
La existencia del local dio a los represores un nuevo sitio para allanar. En enero de 1981,
Emilio Mignone presentó en el Coloquio de París, efectuado en el Palacio del Senado
francés, un documento elaborado por Conte y completado por él, donde se hacía una
descripción del sistema represivo de la dictadura, reconstruido sobre la base de
innumerables testimonios, indicios y deducciones lógicas. El documento tuvo un impacto
muy fuerte en el exterior, donde fue difundido por numerosas publicaciones en distintos
idiomas. Pero también tuvo un fuerte impacto en la dictadura, ya que la descripción del
sistema represivo era tan fiel a lo que realmente sucedía, que las autoridades militares
supusieron que Conte y Mignone habían tenido acceso a documentación secreta del
gobierno. La oficina de Viamonte fue allanada en febrero de ese año, requisaron
documentos y se llevaron detenidos a Mignone, Pasik, Westerkamp, Carmen Lapacó y
Alfredo Galeti. Los demás evitaron la detención porque no se encontraban en el local. Pero
al día siguiente fue detenido Conte en su domicilio.
"Papá era optimista relata Isabel porque, aunque estaban incomunicados, él sabía que no
eran desaparecidos. Estaban incómodos, a Westerkamp le habían sacado los anteojos y
Carmen estaba en otro lugar porque era la única mujer. Los tuvieron primero en el
Departamento Central de la Policía Federal.
Pero inmediatamente se movilizó la solidaridad internacional, el New York Times lo publicó
en la primera plana, el senador Edward Kennedy llamó por teléfono a las autoridades para
interesarse por los detenidos". Pese a que tenía la seguridad de que no los iban a
desaparecer, Mignone pensaba
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que le darían cinco años de cárcel. Sin embargo, la presión internacional hizo que primero
les levantaran la incomunicación y cambiaran el lugar de detención a Tribunales y que a los
ocho días estuvieran en libertad. La documentación fue devuelta tiempo después en estado
desastroso.Una vez liberado, Mignone quiso viajar al exterior; pero le negaban el pasaporte.
Su hija Isabel realizó gestiones en el Departamento de Estado norteamericano para que
presionaran a los militares argentinos. Ya había asumido Ronald Reagan. Finalmente le
concedieron el pasaporte y Mignone pudo viajar. Le habían ofrecido una beca en la
Universidad de Georgetown, en Washington, y se tomó un tiempo para escribir Iglesia y
Dictadura, donde denunció duramente la colaboración de sectores de la Iglesia con el
gobierno militar.
El diputado de los derechos humanos
Durante Malvinas, la posición del CELS fue de oposición a la guerra. Tras la derrota militar
ante Gran Bretaña, comienzan a avizorarse las elecciones. "Augusto había estado siempre
en la Democracia Cristiana -relata Laura Conte y con Carlos Auyero y Eduardo De Vedia
habían fundado la corriente "Humanismo y Liberación" dentro del partido. Aunque no se
hacía muchas ilusiones, a Augusto le pareció importante que hubiera una voz del
movimiento de derechos humanos en el Parlamento.
Lo planteó en la Asamblea y habló mucho con Emilio; también fuimos a ver a las Madres.
Todos estaban más unidos que ahora y estuvieron de acuerdo con
la candidatura de Augusto. Creo que fue muy importante para instalar el debate de los
derechos humanos en la sociedad".
Para Mignone, Conte y los demás fundadores del CELS, era muy importante que no hubiera
interferencias de tipo partidario, pero al mismo tiempo ellos veían necesaria la participación
dinámica de los organismos de derechos humanos en el debate político y más aún si se
trataba de gobiernos constitucionales.
"Emilio decía que en los gobiernos constitucionales había que estar, empujar, incidir y, en
todo caso, retirarse si era necesario", recuerda Laura Conte.
De esta manera, el CELS trabajó en torno a la campaña electoral de 1983 tratando de influir
en las plataformas de los candidatos y de los partidos y procurar el acceso a la Cámara de
Diputados de Conte. Era una tarea que involucraba también a los otros organismos de
derechos humanos, muchos de los cuales participaron en la recolección de firmas y apoyos,
al punto tal que la candidatura de Conte cobró un perfil dentro de la alianza con el
justicialismo que lo referenciaba más como un candidato de los derechos humanos que
como candidato partidario.
Con el retorno de la democracia, el movimiento de derechos humanos afrontó dos desafíos:
la investigación de las violaciones a los derechos humanos y los juicios a los represores.
En un primer momento, se planteó la disyuntiva entre la creación de una comisión bicameral
investigadora, que es la que apoyó la mayoría de los organismos de derechos humanos,
entre ellos el CELS, o una comisión independiente de notables.
El gobierno de Raúl Alfonsín impuso finalmente esta última y creó la CONADEP.
Más allá de esa primera polémica, el CELS decidió colaborar sin retaceos. De la misma
manera, el CELS aportó los datos de su archivo y participó en la búsqueda, propuesta y
asesoramiento de testigos para los juicios a los ex integrantes de las tres primeras juntas
militares y a los ex jefes de la policía de la provincia de Buenos Aires.
En otro plano, los abogados del CELS iniciaron causas penales contra miembros de las
Fuerzas Armadas, de seguridad, penitenciarias y civiles colaboradores, acusados de
crímenes durante la represión. Ya en 1983, el local del CELS se trasladó a Sarmiento al
1500, frente al Centro Cultural San Martín y, finalmente, a Rodríguez Peña 286. De las dos
mil causas iniciadas en esa época, alrededor de 600 fueron patrocinados por abogados
vinculados con el CELS.
"En toda esa época el ambiente del CELS era vital, de mucho movimiento, con mucha gente
joven recuerda había una mística militante muy fuerte. A veces venía deprimida de una
marcha o de una reunión de los organismos y entrar al
CELS era revitalizante". Entre las causas más difundidas que promovió el CELS estuvieron
la abierta contra la ESMA, Alfredo Astiz, Guillermo Suárez Mason, Roberto Roualdes, José
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Montes, Jorge Olivera Rovére y otros. Pero esa intensa actividad cesó como consecuencia
de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, emitidos durante el gobierno de Alfonsín y
los indultos a los procesados pendientes que dispuso Carlos Menem.
El camino de la transición:
El retorno a la democracia obligó también al movimiento de derechos humanos a
replantearse su lugar en la sociedad. Mignone subraya en ese momento la convicción de
que "la primera garantía de la vigencia plena de los derechos humanos se funda en la
consolidación del sistema constitucional" y sostiene la necesidad de mantener la
independencia de los partidos y gobiernos, aunque al mismo tiempo el CELS mantiene
relaciones y colabora con las autoridades constitucionales "reservándose el derecho de la
crítica pública de sus decisiones".
Define que "uno de los objetivos primordiales es el logro de la verdad y la justicia con
respecto al pasado reciente y la permanencia en la memoria colectiva de las atrocidades
cometidas durante la dictadura militar".Pero es consciente de las nuevas formas que
adquieren las violaciones a los derechos humanos y señala que "dada su vocación de
permanencia, el CELS debe ocuparse de manera creciente y efectiva de las violaciones a
los derechos humanos, tanto civiles como políticos y socio-económicos, que subsisten
inevitablemente en cualquier sociedad por ética, desarrollada y participativa que sea". Sobre
la base de estas definiciones, Mignone preparó conscientemente la transición del CELS
desde su creación durante la dictadura hacia su nuevo lugar en un régimen constitucional.
"El CELS posee como principales objetivos señalaba la defensa de los sectores marginados
o con bajo nivel de subsistencia, de los inmigrantes y refugiados y de los discriminados en
general por razón de género, edad, discapacidad, nivel o diferencia cultural o racial,
religiosa, etc. Uno de sus propósitos es la erradicación de la tortura, los homicidios, los
abusos y, en general, la violencia innecesaria por parte de las Fuerzas Armadas, de
seguridad, policiales y penitenciaria y de las instituciones públicas y privadas". También
apunta como prioridad, "la existencia de un Poder Judicial independiente, rápido y confiable
y la eliminación de la corrupción de la vida colectiva, política, empresarial y sindical".
Para el actual presidente del organismo, el periodista Horacio Verbitsky, "el factor
determinante del CELS en esta nueva etapa fue recorrer de manera eficaz este período de
transición, entre la defensa de los derechos humanos durante la dictadura y el
mantenimiento de esta tarea, readaptándola a esta nueva circunstancia, más la
incorporación de los nuevos requerimientos que se planteaban bajo un régimen
democrático".
"Emilio tenía una fuerte vocación de trascendencia -señala Laura Conte, vicepresidenta del
CELS- y tenía claro que si el CELS no resolvía esa
transición, corría el riesgo de desaparecer. La mayoría de los 'históricos' ya no estaban y él
era consciente de que tenía un tiempo de vida limitado como cualquier ser humano, se
necesitaba crecer en forma cuantitativa y cualitativa, crecer en eficiencia, desde el punto de
vista técnico y académico, y ampliar nuestra inserción en la sociedad".
En 1994, Mignone presentó un documento donde propuso los nuevos lineamientos
organizativos y de acción, que fue muy discutido entre los integrantes del CELS. Al mismo
tiempo, propuso a Laura Conte para la vicepresidencia del organismo para dar una señal de
continuidad histórica en ese proceso de transformación.
Una nueva generación de abogados y pasantes de abogacía recorría ahora los pasillos del
CELS. Uno de ellos, el abogado Martín Abregú, recibió una beca para perfeccionarse en
Washington en Derecho Internacional sobre Derechos Humanos. Dos años después, a su
regreso, fue elegido director ejecutivo. Para ese entonces, el CELS culminaba su
reestructuración con dos Consejos Consultivos, uno nacional y otro internacional y un
Comité Directivo, dentro del cual funciona un Comité Ejecutivo de tres personas. A Abregú lo
sucedió más tarde el abogado Víctor Abramovich en el cargo de director ejecutivo y el
periodista Horacio Verbitsky fue designado pre-sidente del organismo.
"La transición se hizo bien -agrega Laura Conte-; Emilio la pudo acompañar bien. Y lo más
difícil fue encontrar a alguien para la función de director ejecutivo que era clave en la nueva
estructura. Tenía que ser alguien joven que fuera respetado por los históricos y que al
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mismo tiempo reuniera las condiciones que requería la nueva realidad. La designación de
Abregú como director ejecutivo fue el punto de inflexión en esa transición.
Yo creo que cuando Emilio murió todos pensamos las discusiones que habíamos tenido.
Habíamos discutido mucho sobre el financiamiento externo y sobre los cambios que
debíamos hacer. Ahora nos damos cuenta de que todo funciona y el apoyo de la Fundación
Ford fue siempre abierto".
La evolución del CELS se verificó en la proyección hacia nuevas áreas de los derechos
humanos. De la pequeña oficina que se había instalado a finales de la dictadura para dar
asistencia legal a los habitantes de la Villa 31, en Retiro, el CELS puso un marcha un
programa de violencia institucional y seguridad ciudadana que desde 1990 difunde informes
periódicos en temas como violencia policial, instrumentos para el control de las instituciones
y las fuerzas de seguridad, acceso a la información en materia de seguridad, criminalización
y represión de la protesta social, condiciones de detención de las personas, situación de
niños, niñas y adolescentes privados de libertad y condiciones para la prevención y el
tratamiento de VIH/SIDA en la población penitenciaria. Al mismo tiempo, tiene programas
sobre derechos económicos, sociales y culturales y en todos ellos se planifican actividades y
publicaciones en coordinación con organismos de la región, Estados Unidos y Europa.
En el plano educativo, quizás el que más interesaba a Emilio Mignone, quien hasta el final
de su vida nunca resignó su condición de docente, el CELS
organiza permanentemente talleres y seminarios para los miembros de la comunidad
judicial, instituciones estatales y organismos no gubernamentales.
Y, desde 1993, mantiene un convenio de pasantías con la Facultad de Derecho y Ciencias
Sociales de la UBA, a través de la realización de una "clínica jurídica" en la que participan
anualmente alrededor de 25 alumnos y mantiene convenios de cooperación con
universidades locales, de Chile y de EE. UU. El litigio de causas judiciales sigue siendo la
herramienta fundamental del CELS como organismo de derechos humanos.
La transición no implicó dejar una tarea para comenzar otra. Por el contrario, consistió en
readecuar las tareas iniciales relacionadas con las violaciones a los derechos humanos
durante la dictadura militar, e incorporar nuevas tareas. El litigio de causas, la investigación,
la denuncia, la difusión y la educación se aplican ahora también en la defensa de los
derechos humanos cuyas violaciones subsisten "en cualquier sistema, por ética,
desarrollada y participativa que sea", como señaló Mignone en el documento que
preanunciaba esa transición. En el caso argentino, la transición de la dictadura implicó la
instauración de un sistema político democrático, pero con profundas desigualdades en el
plano económico que tuvieron su correlato en la represión y la exclusión de miles de
personas de las condiciones elementales para una vida digna, desde el derecho al trabajo, la
vivienda y la educación. Esa transición tuvo como base el eje fundacional del CELS que se
siguió ejecutando por medio del Programa "Memoria y Lucha contra la Impunidad del
Terrorismo de Estado". Y en ese camino ganó una batalla en la Justicia, probablemente la
más importante del movimiento de derechos humanos en este tiempo, que fue lograr la
declaración de nulidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, lo que permite la
reactivación de muchos procesos judiciales que habían sido congelados. De alguna manera,
ese nuevo CELS que había surgido airoso de la transición rendía así tributo a sus
fundadores.
La palabra impresa El CELS es seguramente el organismo de derechos humanos más activo
en el plano de las publicaciones. El primer allanamiento de su local se produjo a raíz de una
de ellas: "El Paralelismo Global", realizado por Augusto Conte y completado por Emilio
Mignone, quien lo presentó en el Palacio del Senado francés durante el Coloquio de París,
en enero de 1981, y que fuera publicado más tarde en ese país con el título de "Les
declarations abusives de desaparitions, instrument d’une politique". Antes de la guerra de
Malvinas, publican seis folletos escritos por Augusto Conte, Emilio Mignone y Noemí
Labrune, donde demostraban la responsabilidad de las Fuerzas Armadas en la actividad
represiva, diri-gida particularmente a la detención, desaparición y asesinato de niños,
adolescentes, soldados cons-criptos y familias, y en cooperación con regímenes similares de
naciones limítrofes: "El secuestro como método de detención"; "Muertos por la represión";
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"Adolescentes detenidosdesaparecidos"; "Los niños desaparecidos"; "Conscriptos detenidosdesaparecidos";
"La familia víctima de la represión"; "Uruguay y Argentina: coordinación
represiva". Todos ellos fueron publicados en 1982. A partir de allí, comienza una larga lista
de publicaciones, la mayoría de ellas a cargo del mismo Mignone. "Autoamnistía: legalizar la
impunidad
(1983)" y "El mito de la guerra sucia", de Daniel Frontalini y María Cristina Caiati; "Terrorismo
de Estado: 692 responsables" (1986); "Iglesia y Dictadura: el papel de la Iglesia a la luz de
sus relaciones con el régimen militar" (1986); "Las orga-nizaciones de derechos humanos en
las democracias en transición" (1987);"Culpables para la socie-dad, impunes para la
ley"(1988), de George Rogers, con traducción española de Javier Mignone; "Carta a los
amigos del CELS"; "La construcción social de imágenes de guerra", de Alicia Oliveira y Sofía
Tiscornia (1990); "Programa de Apoyo Jurídico Popular: un año de trabajo"; "Derecho alternativo
y uso alternativo del derecho", de Augusto Conte (1990); "El Grito Toba de Colonia
Teuco", de Augusto Conte; "Verdad y Justicia en la Argentina: actualización" (1991);
"Derechos humanos y sociedad, el caso argentino"; "La violencia policial en la Argentina:
torturas y asesina-tos por parte de la policía en Bs. As." (1991). Desde 1994 desarrolla, en
colaboración con otros organismos nacionales e internacionales, una serie de publicaciones
de la educación sobre derechos humanos.
Salud, capacitación, archivos, seguridad Las áreas de trabajo. El objetivo central del CELS
es promover y asegurar la vigencia de los derechos humanos en el marco del sistema
democrático. Utiliza como herramienta fundamental el litigio de causas judiciales y la
denuncia de las violaciones a los derechos humanos, trata de incidir en los procesos de
formulación de políticas públicas y busca promover un mayor ejercicio de estos derechos
para los sectores más vulnerables de la sociedad. Ha organizado su actividad en las
siguientes áreas: El Programa Memoria y Lucha contra la Impunidad: Persigue tres objetivos
fundamentales: impulsar nuevas estrategias en la lucha contra la impunidad de los crímenes
de la última dictadura, promover una cultura de respeto a los derechos humanos a través de
la preservación de la memoria, y reparar a las víctimas de las violaciones a los derechos
humanos durante ese período. A raíz de las causas promovidas en este plano, el CELS
logró la declaración de nulidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Además de
apoyar los juicios que se realizan en el exterior, impulsó también los pedidos de
desclasificación de documentación existente en agencias gubernamentales de los Estados
Unidos, cuyo contenido permitiría conocer más profundamente los hechos y contribuir a las
investigaciones judiciales.
El Programa Violencia Institucional y Seguridad Ciudadana: Busca revertir los sistemáticos
abusos y violaciones a los derechos humanos provocados por las fuerzas de seguridad y
contrarrestar los discursos y políticas que sostienen que las vías para garantizar la seguridad
de los habitantes son incompatibles con el respeto a los derechos humanos. La actividad
principal también es, en esta área, el litigio de causas judiciales, así como se intenta generar
instrumentos para el control de las instituciones y políticas de seguridad, la investigación y
denuncia de la criminalización y represión de la protesta social, las condiciones de detención
y la situación de niños y niñas privados de su libertad en la provincia de Buenos Aires.
Desde 1990, se realizan informes periódicos sobre este tema, algunos de los cuales se han
publicado en forma conjunta con organismos similares de Estados Unidos, Brasil y Chile.
El Programa de Derechos Económicos, Sociales y Culturales: Su finalidad es enfrentar la
degradación que han sufrido estos derechos a partir de políticas
que han llevado a altos grados de pobreza y exclusión. La intención del programa es generar
mayor conciencia acerca de la exigibilidad de estos derechos y refutar las concepciones que
los perciben como expresiones de deseo y concesiones graciosas del Estado. Una de las
vías de acción es llevar casos testigo ante tribunales de justicia, otorgando particular
atención a los que afectan a inmigrantes, a los pueblos indígenas y a los sectores populares.
También se realizan talleres y seminarios con miembros de la comunidad jurídica,
organizaciones no gubernamentales, organizaciones sociales, sindicales y de base.
Litigio y Asistencia Legal: A raíz de su experiencia, el área jurídica del CELS es consultada
por víctimas de violaciones a los derechos humanos, abogados, entidades gubernamentales
40
y no gubernamentales y universidades que solicitan patrocinio y asesoramiento en causas
judiciales. El CELS aboga por la promoción del Derecho Internacional de los Derechos
Humanos y en especial por la aplicación de éstos en el plano nacional. Además del litigio de
causas judiciales, el CELS elabora dictámenes y memoriales, como amicus curiae, mediante
los que aporta su conocimiento jurídico en materia de derechos humanos. Por otra parte,
mediante un acuerdo con la Facultad de Derecho de la UBA, los alumnos de esa carrera
pueden cursar durante un año una materia práctica-clínica en la que trabajan en casos de
derechos humanos patrocinados por el CELS. A raíz de este acuerdo, forma parte de un
proyecto de Clínicas de Interés Público en el que participan clínicas jurídicas de Argentina,
Chile y Perú.
Área de Documentación: Se creó para asistir a los abogados que defendían los derechos
humanos durante la dictadura. Hoy tiene extensa información sobre las violaciones a los
derechos humanos ocurridas desde 1976 hasta la fecha. Los archivos incluyen documentos
legales sobre litigio de causas, testimonio de las víctimas, sobrevivientes y familiares de
desaparecidos, fotografías, recortes periodísticos, videos, miles de libros y material
bibliográfico sobre derechos humanos. El área es abierta al público.
Asistencia en Salud Mental: El equipo de salud mental está formado por psicólogos y
psiquiatras que brindan asistencia terapéutica y social a las víctimas directas de la tortura y a
sus grupos familiares. Para esta tarea recibe el apoyo del Fondo de Contribuciones
Voluntarias para las Víctimas de la Tortura de Naciones Unidas y de la sección sueca de
Amnistía Internacional. En la actualidad, también está desarrollando un proyecto de atención
psicológica a afectados por hechos de violencia policial. Otro de los objetivos e este proyecto
es capacitar profesionales para que sea el Estado quien responda a la demanda de atención
de las víctimas de la violencia que proviene de las instituciones de seguridad pública.
Área de Capacitación: Su finalidad es dar a conocer las normas internacionales de derechos
humanos y las múltiples formas de defender estos derechos. El CELS organiza
periódicamente talleres y seminarios y entre las publicaciones destinadas a miembros de la
comunidad jurídica latinoamericana, se destaca el libro La aplicación de los tratados
internacionales sobre derechos humanos por los tribunales locales, cuya segunda edición
fue publicada por el PNUD.
También se elaboran materiales de tipo didáctico, como el manual Educación para la
Ciudadanía y los Derechos Humanos, que fue distribuido por el Ministerio de Educación. Al
cumplirse el 25 aniversario del Golpe Militar de 1976, el CELS elaboró materiales de
aprendizaje para maestros y alumnos, que fueron distribuidos en todas las escuelas del país.
El CELS mantiene convenio de pasantías con la Facultad de Derecho de la UBA y ha
implementado convenios de cooperación, asistencia técnica e investigación con las
universidades de San Andrés, de Palermo, de Lanús, de General Sarmiento y con la
Universidad Torcuato Di Tella. De la misma manera sucede con la Universidad Diego
Portales, de Chile; Notre Dame University; American University y Columbia University.
Área de Comunicación y Promoción: Se encarga de coordinar y promover estrategias para
dar a conocer los objetivos y actividades institucionales, a la vez que desarrolla herramientas
de comunicación institucionales, como la página web (www.cels.org.ar) y el Informe Anual
sobre la Situación de los Derechos Humanos en Argentina.
El Informe 2002 del CELS: Estado de situación
Reproducimos a continuación un fragmento del capítulo "Violencia en las prácticas
policiales", del Informe 2002, que le pone cifras y estadísticas a los datos elocuentes sobre
el avance de la violación a los derechos humanos y la violencia.
"Durante el año 2001, sólo en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano
bonaerense murieron, en hechos de violencia de los que participaron integrantes de las policías
federal y de la Provincia de Buenos Aires, 261 civiles y 78 policías. Más del 25% de los
civiles muertos, en estos hechos, tenían menos de 18 años, otro 22% tenía entre 18 y 21
años. De los policías muertos, sólo 18 _menos de un cuarta parte_ estaban en servicio.
Estas cifras denuncian el grado de irracionalidad que adquiere el uso de la fuerza en
Argentina. En esta sección del Informe se analizan algunas estadísticas sobre hechos de
violencia policial ocurridos durante el año 2001 en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires y
41
el Gran Buenos Aires. A partir de este año, los datos estadísticos producidos por las bases
de datos del CELS y otras bases, son publicados en la página web del CELS, por lo que en
este Informe sólo se publican algunas estadísticas. Si bien los datos aquí consignados no
son tan variados como aquellos expuestos en Informes anteriores, permiten dar cuenta de la
magnitud y las dimensiones del problema. En este sen-tido, se ha hecho hincapié, en esta
oportunidad, sólo sobre algunas aristas del fenómeno de la violencia policial. Para la
construcción de estas estadísticas se han utilizado, como fuente de datos, las crónicas
policiales publicadas en los cuatro diarios de mayor circulación del país: Clarín, La Nación,
Página/12 y Crónica. No puede desconocerse que estos datos primarios son significativos,
aunque no exhaustivos. Esto se debe a que la publicidad de este tipo de hechos está sujeta
a una serie imponderable de variables relacionadas con las rutinas de producción
periodística y no necesariamente asociadas con los niveles de violencia reinantes. Para la
confección de las siguientes estadísticas, las noticias de la crónica policial se
clasifican diariamente y las copias numeradas se conservan en carpetas. Cada hecho se
incorpora en una base de datos. Se trata siempre de información de conocimiento público.
Las crónicas recolectadas se refieren a todos los hechos de violencia de los cuales resultan
muertes y/o lesiones de civiles causadas por funcionarios de las fuerzas de seguridad, así
como muertes y/o lesiones sufridas por integrantes de las instituciones de seguridad. Estos
hechos se clasifican a partir de una tipología que comprende distintas categorías:
ejecuciones extra-judiciales y abuso de la fuerza, muertes y lesiones provocadas en
operativos de control o represión de protestas sociales, en enfrentamientos, bajo custodia,
así como muertes y lesiones de civiles y policías provocadas por negligencia funcional, o uso
de la fuerza por motivos particulares. Por otra parte, debe aclararse que los casos de
apremios o torturas que han sido registrados según la metodología descripta no fueron
contabilizados en las estadísticas aquí presentadas. El capítulo "La tortura y el accionar
policial" presenta datos sobre el tema. Aunque el presente apartado se centra en los datos
reco-lectados y analizados por el CELS, este año los datos han sido comparados con
información estadística de organismos oficiales en la medida que se haya tenido acceso a
ella. En los últimos dos años algunas instituciones han comenzado a sistematizar
información sobre este tipo de hechos. Por lo general, se trata de datos globales, con poco
nivel de desagregación y registrados de modo precario, por lo que todavía es difícil evaluar
si constituyen un instrumento significativo para evaluar y solucionar el problema de la
violencia policial en Argentina. Para su mejor análisis, la información se organiza en tres
apartados. El primero presenta datos sobre civiles muertos y heridos, distinguiendo la
agencia participante, el lugar del hecho y las edades de las víctimas. El segundo apartado
refiere específicamente a los terceros, es decir, los civiles muertos y heridos en el marco de
supuestas acciones de prevención y represión del delito de las cuales no participaban. El
tercer y último apartado analiza las muertes de policías, tomando en especial consideración
la condición en la que se encontraban los funcionarios y la jurisdicción donde se produjo el
hecho. A fin de facilitar la comparación, los datos provistos por fuentes oficiales serán
intercalados en cada uno de estos apartados según corresponda.
CUADRO Nº1
Civiles muertos y heridos en hechos de violencia en los que participaron miembros de la
Policía Federal o de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, según lugar de ocurrencia
Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires - Año 200
–En cantidad de personas–
Agencia participante
Lugar de ocurrencia
Civiles muertos
Civiles heridos
Capital Federal
60
223
Gran Buenos Aires
65
55
Policía Federal
Total
125
278
Capital Federal
42
1
1
Gran Buenos Aires
135
147
Policía de Pcia. de Bs. As.
Total
136
148
Total
261
426
1.2. Víctimas civiles. El accionar de las fuerzas policiales en la Ciudad y el Gran Buenos
Aires durante el año 2001 no ha sido menos violento que en años anteriores, sino que, por el
contrario, ha provocado un aumento en el número de víctimas civiles en hechos de violencia.
La violencia de las fuerzas policiales arrojó el trágico resultado de 261 civiles muertos y otros
426 heridos sólo en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires durante el año 2001.
El panorama se agrava aún más _en términos absolutos y relativos_ si se consideran las
cifras oficiales. Según estos datos, fueron 396 los heridos y 173 los muertos en
enfrentamientos con la Policía Bonaerense en el Gran Buenos Aires durante el año 2001.
Estas cifras representarían un incremento del 18,5% y del 20,4% respecto del número de
muertos (146) y heridos (329) respectivamente, registrados por esa misma fuente para el
año 2000. De la lectura del cuadro nº1 también surge que más de la mitad de los muertos y
uno de cada cuatro heridos provocados en hechos de violencia en los que participaron
miembros de la Policía Federal Argentina ocurrieron en el Gran Buenos Aires. Tal como
puede apreciarse en el cuadro nº2 y el gráfico nº1, se ha producido un incremento sostenido
en la cantidad de civiles muertos desde 1996. Así, los 261 civiles muertos en el año 2001
representan un aumento de casi un 72% respecto del número de víctimas registradas cinco
años atrás. Asimismo, puede notarse con preocupación que el importante número de
víctimas civiles ocasionadas durante el año 1999 por ambas fuerzas _que representó un
aumento del 51% para la Policía Federal y del 63,5% para la Policía Bonaerense, respecto
del año anterior_ no ha disminuido, sino que, por el contrario, tendería a consolidarse. Así,
pese al retroceso en la cifra de civiles muertos por la Policía Federal durante el año 2000, los
datos correspondientes al año 2001 muestran un incremento del 27,5% (125), superando
incluso, en términos absolutos, la cantidad de víctimas que se produjeron en el año 1999
(118).
La Coordinadora Contra la Represión Policia l e Institucional (CORREPI), por su parte,
registró la muerte de 132 civiles a manos de miembros de las fuerzas de seguridad –en todo
el país– entre el 1º de noviembre del 2000 y el 31 de noviembre del 2001.
CUADRO Nº2
Civiles muertos en hechos de violencia en los que participaron miembros de la Policía
Federal o de la Provincia de Buenos Aires, según agencia Ciudad de Buenos Aires y
Gran Buenos Aires – Años 1996/2001 –en cantidad de personas–
Agencia Participante
1996
1997
1998
1999
2000
2001
Policia Federal
66
58
78
118
98
125
Policia de Prov Bs As
86
92
85
139
134
136
Total
152
150
163
43
257
232
261
Fuente: CELS según datos de prensa
Historia de los Organismos de Derechos Humanos - 25 años de Resistencia
5.- MOVIMIENTO ECUMÉNICO POR LOS DERECHOS HUMANOS
por Victoria Ginzberg
El grupo de religiosos que luchó por los Derechos Humanos. Por la ley del amor.
Sacudidos por la violencia que instaló primero la Triple A y más tarde el gobierno mili-tar, un
grupo de religiosos pertenecientes a diversas Iglesias se reunieron en torno a la idea de la
defensa de los Derechos Humanos. Así nació el MEDH, un organismo que no se apartó de
la fe y la religión para asistir a los familiares de las víctimas de la represión y no
transformarse en cómplice "del mal en sus múltiples expresiones".
En febrero de 1976, las Fuerzas Armadas planificaban el Golpe de Estado y los crímenes de
la Triple A eran cada vez más visibles y frecuentes. El 2 de ese mes, tres hombres armados
que se identificaron como policías se llevaron de la Villa Itatí en un Torino blanco al padre
José Tedeschi, quien fue encontrado al día siguiente en la ciudad de La Plata muerto y
desfigurado por la tortura, los golpes y las balas. El 27 de febrero, más de veinte sacerdotes
y pastores se reunieron en los jardines de la Iglesia de la Santa Cruz –ubicada en las calles
EE.UU y 24 de noviembre de la Capital– para discutir y reflexionar sobre los hechos de
violencia que los conmovían todos los días, dentro y fuera de sus parroquias, templos y
congregaciones. En esta reunión, se decidió oficialmente la conformación de un organismo
integrado por quienes compartían “que el compromiso con la defensa de la dignidad y los
derechos del ser humano es componente esencial del Evangelio mismo y signo de la
verdadera iglesia”. Así nació el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH).
“La Iglesia piensa que el gobierno de las Fuerzas Armadas es una exigencia de la coyuntura,
por lo tanto se tiene la convicción de que las Fuerzas Armadas, aceptando la
responsabilidad tan grave y seria de esta hora, cumplen con su deber”, decía monseñor
Adolfo Tórtolo, en 1977, cuando ya eran públicas las denuncias sobre desapariciones y
asesinatos en el país. Frente a la complicidad de la cúpula de la Iglesia Católica,
representada en este caso por las declaraciones del vicario de las Fuerzas Armadas y
presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, se fue gestando aun desde antes del
Golpe de Estado, una corriente de pastores protestantes y algunos obispos católicos
“rebeldes” que no aceptaban, no sólo la colaboración, sino tampoco el silencio. Los
familiares de desaparecidos y presos que iban a golpear sus puertas en búsqueda de apoyo
y consuelo mostraban permanentemente una herida que no les permitía permanecer
inmóviles. “EL MEDH surgió como un intento de defender la vida, que es una vocació que,
en general, debemos tener todos los cristianos. Se pensó en organizar una entidad que
estuviera integrada por representantes oficiales de iglesias, porque a quienes hablaban
de derechos humanos los que estaban en el poder los disfrazaban de comunistas,
subversivos, o de contrarios a los intereses del país. Cuando se empezaron a producir
torturas y asesinatos, se vio que había que organizar algo para defender la vida en general,
de cualquier persona sin preguntarse si era religioso o no, argentino o extranjero, porque esa
es la ley de Jesús, la ley del amor”, señala Pedro Manoukian, actual copresidente del MEDH
y pastor de la Iglesia de los Discípulos de Cristo.
Manoukian explica que, al principio, “hubo una respuesta más importante de las iglesias
protestantes” y que “en la Iglesia Católica hubo un grupo de gente que se arriesgó, porque
44
supuestamente no se podían hacer cosas que no estuvieran autorizadas por los obispos y
arzobispos”. Entre los díscolos estaban Jorge Novak, (“un ejemplo extraordinario de alguien
comprometido con nuestro señor Jesucristo”, en opinión de Manoukian), que fue durante
muchos años copresidente del MEDH, y Miguel Hesayne y Jaime De Nevares, quienes
pertenecieron a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) pero
trabajaban cerca del movimiento ecuménico.
“Fue una experiencia valiosa porque el primer organismo que hubo en Argentina para
defender a los Derechos Humanos fue un organismo supuestamente ateo. Digo,
supuestamente, porque siempre les decía a los integrantes de la Liga Argentina por los
Derechos del Hombre que estaban a un paso de ser cristianos, y ellos me decían que yo
estaba a un paso de ser marxista”, recuerda Manoukian, quien proviene de una familia
diezmada por el genocidio armenio.
Jorge Novak, quien murió el 9 de julio de 2001 a los 73 años, había sido nombrado Obispo
de Quilmes en agosto de 1976 y desde ese momento puso su recién creada diócesis al
servicio de los familiares de desaparecidos. En el libro Jorge Novak, Iglesia y Derechos
Humanos, el “obispo rojo” –como le llegaron a llamar sus adversarios–, cuenta los motivos
de su integración y compromiso con el movimiento ecuménico: “Unos meses antes de ser
ordenado obispo, como presidente de la junta de religiosos en la Argentina, había empezado
a tomar contacto con el MEDH, que se estaba organizando. Luego me incorporé de lleno y
participé de su fundación. La explicación de todo esto es muy sencilla: apenas abrí la puerta
de la curia entraron, al principio a cuentagotas, pero después muchísimos familiares de
desaparecidos. Gente que con sólo saber que un obispo los recibía y los escuchaba quería,
más que denunciar, buscar un consuelo, un apoyo. Era muy impresionante: horas y horas de
escuchar gente. Salía uno y entraba otro. Siempre la misma historia. Eso me marcó
profundamente como pastor; escuchar todas esas confidencias y tratar de brindar consuelo
me imprimió un carácter, una señal. En ese sentido, debo decir que la vida misma hizo de mí
un obispo de la solidaridad y el respeto de la persona humana. Aún quienes hubieran tenido
ideas equivocadas, todos eran dignos de ser respetados. Comprendí entonces cabalmente,
a partir de esos diálogos que llenaban las páginas audiencias, que la historia tiene una
superficie engañosa y una profundidad lacerante. Comprendí que sólo quien desciende
decididamente a bucear en los abismos del dolor provocado en la historia por la injusticia y
la prepotencia, para compartirlo y regenerarlo, adquiere en plenitud creciente
su propia dimensión humana. En mi caso, valoré debidamente el axioma pastoral: ‘el hombre
es el camino primero y necesario de la Iglesia’. En esta experiencia vi claro que sin actitudes
sinceras con la situación de la familia argentina -la desaparición de personas, la destrucción
premeditada de los centros de productores por los instrumentos de mezquinos interesas
multinacionales, el hambre y la guerra- me haría connivente y cómplice del mal en sus
múltiples expresiones”. Jorge Novak, Federico Pagura –el obispo de la Iglesia Evangélica
Metodista Argentina– y el pastor Juan Van der Velde fueron los primeros copresidentes del
MEDH.
“El sagrado deber de todo cristiano de velar por su prójimo” Los antecedentes del MEDH
pueden rastrearse en la Quinta Asamblea del Consejo Mundial de las Iglesias(CMI) que se
llevó a cabo en diciembre de 1975. El documento elaborado en esa oportunidad protestaba
“por el aumento sistemático de las violaciones a los derechos humanos en América Latina,
especialmente por razones políticas, y de los derechos individuales” y exhortaba a las
iglesias en América Latina a “implementar programas concretos en defensa de los derechos
humanos y crear comisiones ecuménicas para promover su respeto”. Este planteo era
coincidente con lo que los pastores y obispos recogían de las “bases”, en las iglesias
barriales de Buenos Aires y el interior del país.
En enero de 1976, una delegación ecuménica se entrevistó en Ginebra con el CMI y con la
Comisión Paz y Justicia en el Vaticano. En estas entrevistas se planteó la posibilidad del
Golpe de Estado en Argentina y surgía la necesidad de crear un organismo de derechos
humanos con participación y compromiso institucional de las Iglesias.
Finalmente, en febrero de 1976, se realizó la reunión fundante del organismo en la iglesia de
Santa Cruz. Había sido convocada por la Coordinadora de Entidades y Organizaciones
45
Cristianas, coordinada por Adolfo Pérez Esquivel del Servicio Paz y Justicia (Serpaj); Jorge
Pascale, de Cristianos por la Liberación (MACLI); Carlos Gattinoni (Reconciliación) y José
De Luca, de Acción Popular Ecuménica (APE). Los veinticinco religiosos que se reunieron
en los jardines de la Iglesia en un caluroso día de verano llegaron con caras de
preocupación y acordaron promover la constitución de una agrupación para “canalizar la
solidaridad con los seres humanos que, de una u otra forma, fueron vejados en su condición
de persona”. Se dejó constancia de que “esta acción, motorizada por la caridad, no reconoce
otra motivación que no fuera el sagrado deber de todo cristiano de velar por su prójimo y por
los derechos fundamentales de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios”. En
marzo, prácticamente en la víspera del Golpe de Estado, en la Primera Iglesia Metodista, el
MEDH realizó su primera asamblea. A falta de un local fijo, las reuniones se llevaban a cabo
en las iglesias que estaban dispuestas a abrir sus puertas. Los integrantes del Movimiento
comenzaron a recibir testimonios de los familiares de las víctimas de la dictadura y se
entrevistaron con diferentes personalidades eclesiásticas. Entre ellas: monseñor Antonio
Quarracino, por entonces presidente de la Comisión de Ecumenismo del Episcopado; el
cardenal Raúl Primatesta, presidente de la Conferencia Episcopal; el monseñor Horacio
Bozzoli, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Buenos Aires; el presidente de la Iglesia
Evangélica del Río de la Plata; pastor xxxxx Kemper
y el obispo de la Iglesia Anglicana, Ricardo Cutts. El objetivo era comprometerlos con la
causa de los derechos humanos y de su participación en el Movimiento. La respuesta fue
disímil: “Cutts, por ejemplo, dijo que nos apoyaba pero necesitaba más tiempo para pensar;
la Iglesia Evangélica se comprometió enseguida; Primatesta tuvo una actitud cambiante, que
no quiero juzgar, pero cada vez fue más distante; y Quarracino ni hablar. La respuesta del
Episcopado argentino fue muy distinta a la que asumió por ejemplo, en Chile o en Brasil
donde hubo un compromiso importante con la defensa de los derechos humanos”, concluye
Manoukian.
La misión del profeta
La jerarquía de la Iglesia Católica coqueteaba con el poder militar. Varios sacerdotes
bendecían las torturas para calmar la contradicción o el remordimiento de represor vacilante.
Pero, al mismo tiempo, las iglesias se convertían en refugios. Tan difícil como hacer
manifestaciones, era reprimir ceremonias religiosas. El 22 de diciembre de 1976 el
Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos convocó a su primera celebración
ecuménica en la Catedral de Quilmes. Fue oficiada por Jorge Novak y el obispo metodista
Carlos Gattinoni. A pesar de que los grandes diarios no publicaron el anuncio de la actividad,
que sólo apareció en un medio local de Quilmes, el boca a boca fue poderoso. “Habíamos
impreso 500 folletos con la oración de saludo de Navidad y no quedó ninguno sin repartir.
Era el día que se jugaba una final del campeonato de fútbol. La catedral estaba llena, en
plena zona de (Ramón) Camps, había gente parada, muchos familiares de desaparecidos,
gente que estaba muy sentida y que lo vivió como algo importante. Después de eso,
estábamos en condiciones de meter cinco mil personas en un acto”, dice José De Luca,
actual coordinador del MEDH.
La segunda actividad de ese tipo fue realizada para Pascua de 1977, en la Catedral de
Morón, y fue conducida por Miguel Raspanti, obispo de la diócesis, y el Pastor Roberto Ríos,
quien era rector del Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos. “La misión del
profeta habla de pobreza, de corazones quebrantados, de cautiverios, de prisiones, de
llantos, de lutos, de espíritus abatidos, de lugares arruinados, de afrentas, de rapiñas, de
crímenes ¡Cómo conoce Dios la clase de mundo que hemos hecho nosotros los hombres,
empleando para ello los dones que el Señor nos diera con otro fin! Un mundo hecho a
medida de nuestra inhumanidad, a medida de estos hijos de Dios que somos todos nosotros,
que nos hemos rebelado contra El y en el proceso nos hemos vuelto inhumanos. Mundo
donde impera la violencia, la irracionalidad, la explotación, la competencia despiadada, el
ansia de poder y de gloria. Mundo donde se pretende justificarlo todo por sus aparentes
resultados. Mundo donde la sospecha envenena la comunicación entre los hombres y donde
las palabras más preciosas han sido tan manoseadas que nosotros, los cristianos, casi
tenemos que pedir disculpas por hablar de derechos humanos”, dijo Ríos ante el altar y en
46
presencia de familiares de desaparecidos y hasta del comisionado municipal, que era militar.
“Fue porque se trataba de un oficio religioso, y porque se hacían oraciones por los
desaparecidos y cada vez con mayor `claridad`, que ningún militar volvió a cometer el ‘error’
de hacerse presente”, recuerda Enrique Pochat,
coordinador del MEDH entre 1983 y 1993. Los militares perdieron pronto el respeto por la
sacralidad. Irrumpieron en las iglesias y secuestraron y mataron –como lo habían hecho sus
predecesores de la Triple A– a sacerdotes a los que consideraban “subversivos”. Para
diciembre de 1977, la dictadura ya había asesinado a cinco religiosos de la comunidad
palotina de San Patricio y había detenido a 17 obispos que participaban de una reunión
pastoral en Riobamba y Ecuador y que luego fueron liberados. Por esa misma fecha, fue
secuestrada una activa integrante del MEDH, la monja francesa Alice Domon. Ella
pertenecía a la congregación de Hermanas de las Misiones Extranjeras. Había llegado a
Argentina en 1966 y trabajaba en barrios obreros y villas miserias. En 1971, se trasladó a
Goya, Corrientes para colaborar en la formación de las Ligas Agrarias de los obreros del
tabaco. Pero después del Golpe de Estado, su entorno comenzó a trastocarse.
Allanamientos, intimidaciones y desapariciones se transformaron en hechos rutinarios. Alice
viajó a Buenos Aires para protestar oficialmente y buscar rastros sobre sus amigos que
habían sido secuestrados. “No pienso volver a Corrientes. Todos mis compañeros
campesinos están en las cárceles o desaparecidos. Me he comprometido con el Movimiento
Ecuménico de Defensa de los Derechos Humanos”, le escribió a sufamilia. El 8 de diciembre
de 1977, fue secuestrada precisamente en la puerta de la Parroquia Santa Cruz, junto con
un grupo de Familiares de Desaparecidos y Madres de Plaza de Mayo que estaban
organizando la colecta de dinero para publicar una solicitada en el diario La Nación.
(nombres de los otros secuestrados) Dos días después fue detenida en su domicilio Leonie
Duquet, hermana de la misma congregación en cuya casa vivía Domon. Ambas mujeres
fueron vistas con vida por otros prisioneros, en la Escuela de Mecánicade la Armada (ESMA)
y se sabe que su desaparición no hubiera sido posible sin la intervención del represor
Alfredo Astiz, quien se infiltró entre los familiares de desaparecidos. Como otros organismos
de derechos humanos, el MEDH padeció la represión dentro de su propia casa. En 1979,
poco antes de la llegada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)de la
Organización de Estados Americanos, la sede del movimiento fue allanada. “Era una oficina
en un primer piso en la calle Libertad. Llegaron con una orden judicial, fue un subterfugio
porque la supuesta acusación decía que los habeas corpus eran inducidos por las
organizaciones. Lo que pasaba era que como la represión fue sistemática, también se
sistematizaron las denuncias y había un formulario tipo, pero lo que querían era asustar
porque le íbamos a entregar toda la documentación a la Comisión. Además, el MEDH había
pedido la personaría jurídica y eso también les sirvió de argumento. Igualmente, fue para
largo y recién se obtuvo la personaría en 1984, a pesar de que se había pedido en 1978”,
explica Pochat.
Los programas
La tarea del MEDH no se limitó a proporcionar consuelo espiritual a quienes habían perdido
a sus seres queridos. Con fondos que provenían de iglesias del país y del exterior,
funcionaron dentro del organismo distintos programas destinados a ayudar a los víctimas y
sus familiares. Además de la ayuda para la confección de denuncias judiciales y habeas
corpus, se creó un importante servicio de acción social. “Se organizó una campaña para
facilitar la visita de los familiares a los presos políticos y pagarles el pasaje, porque eran
llevados
a lugares muy alejados. El sistema de visitas, en los primeros años, era muy controlado e
incluso estuvieron prohibidas las visitas de contacto hasta el ‘80. Es decir que se podía
dialogar sólo a través del vidrio. Más o menos cada 45 días se permitía una semana de
visita, de algunas horas por día. Para los familiares era difícil llegar, por ejemplo, a Rawson,
pero había que vencer el designio de los militares de quebrar a los presos con la
desvinculación con la familia. Se trabajó en conjunto con otros organismos. El MEDH
facilitaba los viajes, la Liga ayudaba con fondos, mientras que Familiares de Desaparecidos
y Detenidos apoyaba con el alojamiento. Los viajes permitieron la vinculación de familias de
47
todo el país. Eran momentos de encuentro, porque al estar juntas durante una semana se
vinculaban mucho entre ellas. Esto fortaleció el movimiento de familiares. El MEDH hacía
incluso celebraciones que los mismos familiares pedían. A partir del año 82, cuando los
presos empiezan a salir en libertad, el MEDH crece en el interior. Los que salían lo hacían
con libertad vigilada y se les dificultaba conseguir trabajo y vivienda. Para apoyar la
reinserción de los presos se crearon regionales de las que junto con sacerdotes y pastores,
se hacían cargo los mismos ex presos”, cuenta Pochat. El MEDH brindó auxilio económico a
las familias que se habían quedado sin su sostén, ayudó a los niños con apoyo escolar y
procuró conseguirles becas de estudio. En 1982 hubo dos campañas especiales en las que
se recurrió a la solidaridad de los adheridos al Movimiento. La primera se tituló “Por un hijo
más” y la consigna suponía que cada familia asumiera la responsabilidad de proveerle a un
hijo de desaparecido o detenido la suma de dinero necesaria para adquirir el equipamiento
básico para el año escolar. Para la Navidad de ese mismo año, se invitó a la gente a
comprometerse en ayudar a un niño a visitar a sus padres presos, colaborando con el pago
de un pasaje. Poco antes del regreso de la democracia se creó el programa de ayuda a los
exiliados. Varias iglesias protestantes habían formado parte del Comité de Ayuda a
Refugiados (CAREF) que se había formado en 1973 para asistir a quienes venían a
Argentina huyendo de las dictaduras de Chile y Uruguay.
En 1983, capitalizaron la experiencia para crear la oficina Solidaria con el Exilio Argentino
(SEA), en la que también colaboraban el Centro de Estudios Legales y Sociales y el Serpaj.
Otra de las áreas que se propuso abarcar el MEDH fue la de Educación en Derechos
Humanos y Defensoría de Menores. “En algunas provincias se hizo obligatoria la enseñanza
en derechos humanos y las autoridades educativas convocaron a los organismos para que
den apoyo en esta materia y los organismos acordaron que la Asamblea Permanente por los
Derechos Humanos y el MEDH tengan a su cargo este trabajo. Se trabajó con docentes de
escuelas y se llegó a hacer un libro que se llamó Aprender con los chicos, que recopilaba las
experiencias. La propuesta es que la perspectiva de los derechos humanos se haga
presente en el sistema escolar. También se hicieron talleres con docentes y un curso de
capacitación para los propios militantes de derechos humanos, organizaciones políticas y
sindicales, porque todos nosotros habíamos ingresado a los organismos por una cuestión
militante, pero no teníamos una formación sistemática. Ahí nos empezamos a vincular con
los tratados internacionales y otras herramientas”, señala Pochat. En la década del ‘90
comenzaron a llegar a los cursos de derechos humanos del MEDH alumnos enviados por los
juzgados correccionales para que asistieran a las clases, como parte de su probation o
condena en suspenso.
Pero el organismo se encontró con una paradoja cuando en 1998 el juez Fernando Larrain
mandó a un personaje peculiar: el comisario represor Miguel Etchecolatz, a quien había
condenado por calumniar al dirigente socialista y miembro de la APDH Alfredo Bravo. El
MEDH tuvo su debate interno e hizo consultas con otros organismos de derechos humanos
y consideró que no le iba a dar clases a una persona que había sido condenado a 23 años
de prisión por cometer crímenes contra la humanidad y que no había mostrado siquiera un
gesto de arrepentimiento y que, por el contrario, había escrito un libro en el que justificaba y
se enorgullecía de sus crímenes. “Si Etchecolatz estuviera cumpliendo la prisión que le
dictaron por los secuestros y torturas que cometió en la época de la represión, no podía
haber calumniado a nadie. El MEDH está en contra de los Indultos y las leyes de Obediencia
Debida y Punto Final”, dijo en ese momento públicamente De Luca al referirse a lo que
muchos miembros del organismo consideraron una broma de mal gusto.
La Refundación
En 1996, en ocasión de su 20º aniversario, el MEDH organizó una consulta entre las iglesias
que lo integraban. Allí se trabajó sobre algunas ideas que estaban desde hacía tiempo en la
cabeza de algunos de sus dirigentes y que implicaban enfocar más profundamente en los
nuevos desafíos que en derechos humanos tenía un país en el que crecían todos los días
los índices de desocupación y pobreza.
Quedó claro –según se expresó luego en un documento– que quienes integraban el
movimiento tenían intención de ser “más consecuentes e intransigentes en el compromiso
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por la defensa de los derechos humanos, ante todo frente a los poderes gobernantes del
país, que se caracterizan por una profunda insensibilidad social, violencia, corrupción e
impunidad”.
Tres años después de la consulta, el organismo llegó a la conclusión de que necesitaba una
“refundación”, que “reafirme y profundice la motivación original con que las iglesias crearon
al MEDH y, por otro, nos capacite a enfrentar con estrategias nuevas, con más efectividad,
decisión e intransigencia a aquellos que en la actualidad menoscaban vergonzosa y
masivamente los derechos de nuestro pueblo”.
“La refundación obedeció a que las iglesias tenemos una relación directa con las bases. En
todos los barrioshay iglesias y desde las que pertenecen al MEDH surgieron con una fuerza
muy grande, cuestiones vinculadas con lo que llamamos ‘genocidio económico social’. El
tema se empezó a plantear a principios de la década del ´90 pero tomó fuerza alrededor de
1955. En la consulta del ’96 surgió el tema de la exclusión y decidimos adecuar la estrategia
del MEDH a las nuevas formas en las que se violaban los derechos humanos, sin negar las
secuelas y la memoria histórica de la represión de la dictadura. Había que incorporar el
asunto del genocidio económico social, que en términos numéricos es superior al anterior.
Aunque ninguno es más importante que otro, este nuevo genocidio involucra a más del 50
por ciento de la población argentina y era vital incorporar esto en la lucha pastoral de
defensa de la vida”, explica De Luca.
Durante el proceso de refundación, el MEDH no abandonó la denuncia por los crímenes del
pasado. En 1998, De Luca viajó a España para entregarle al juez Baltasar Garzón una lista
de 180 religiosos asesinados o desaparecidos durante la última dictadura. Entre ellos,
estaban las monjas francesas y Oscar Alajarín, miembro del MEDH desaparecido en mayo
de 1977.
Así Garzón supo, por ejemplo, que el domingo 4 de julio de 1976 a la una de la mañana los
represores entraron a la iglesia de San Patricio, en el barrio de Belgrano y asesinaron a
cinco miembros de la comunidad de los palotinos: Pedro Dufau, Alfredo Leaden, Alfil Nelly,
Salvador Barbeito y Emilio Barletti.
Los cinco fueron sacados de sus respectivas piezas y llevados a la sala común, que no tenía
ventanas a la calle. Fueron fusilados por la espalda, algunos recibieron más de 70 disparos
de metralletas y otras armas. Sus cuerpos, casi destrozados, fueron abandonados mientras
se desangraban sobre una alfombra roja.
Como parte de la nueva etapa interna que se había abierto oficialmente en 1999, el MEDH,
junto con el Serpaj, se propusieron extender a las violaciones sistemáticas de los derechos
económicos y sociales, la protección del derecho penal. En agosto de 2001 ambos
organismos hicieron una denuncia ante la justicia en la que acusaban al ex presidente del
Banco Central, Pedro Pou y a los directivos de los bancos “que participaron en la
especulación subsiguiente al megacanje” de subversión económica, tratos inhumanos y
degradantes y genocidio. El escrito, patrocinado por los abogadosAlberto Pedroncini,
Ernesto Moreau y Beinusz Szmukler, proclamaba como fundamento teórico, que las
personas “excluidas del sistema productivo y afectados por la reducción a la pobreza” son
víctimas de genocidio ya que sufren “condiciones que ponen en riesgo la existencia de su
grupo nacional”. La denuncia citaba el Informe de las Naciones Unidas sobre Desarrollo de
1992, que afirmaba que sólo en ese año las medidas adoptadas desde los países centrales
privaron al sur de 500 mil millones de dólares, comportamiento que fue calificado como
“virtualmente criminal”. También se citó a la Organización Social de la Salud que condenó
como “genocidio silencioso” la muerte de once millones de niños por año “porque los países
ricos les niegan centavos de ayuda”. La demanda fue recogida sólo parcialmente por la
Justicia, pero actualmente sigue en trámite.
La crisis económica que atraviesa el país hace que el MEDH no pueda descuidar la tarea de
acción social con la que hace 26 años intentaba ayudar a los familiares de desaparecidos.
Manoukian relata que “ahora los programas son muy amplios, se está trabajando en distintos
lugares del país en la situación tan crítica que se ha vivido en el 2002 -y que todavía se está
viviendo- y que genera una gran incertidumbre en tanta gente. El MEDH ha hecho muchas
experiencias de acompañar salidas laborales, pequeños emprendimientos, cooperativas, de
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grupos de gente que se nuclea para lograr una vida digna para su familia y para ellos
mismos. Se trabaja en lugares marginales. El otro día una hermana de la compañía de
María, con la que trabajamos en el barrio Mitre me dijo: `Es como presenciar la muerte antes
de la muerte´. Me lo decía con lágrimas en los ojos, porque es terrible ver a
alguien que, teniendo preparación, ímpetu, capacidad, fuerza y salud, tenga que ir
prácticamente a mendigar un plato de comida.
En ese barrio se le da de comer a unas 300 personas.
Es una tarea ímproba. Dar de comer tiene sus pro y sus contras, porque uno siente que no
tendría que dar de comer, tendría que dar posibilidades de trabajo, porque son personas que
pueden trabajar pero están como maniatadas por esta política de entrega, de los que
manejan la economía mundial y quieren hacer lo que se les da la gana”.
Hoy integran el MEDH las Diócesis de Quilmes, Viedma, Neuquén y Puerto Iguazú, de la
Iglesia Católica; la Iglesia Evangélica de los Discípulos de Cristo; la Iglesia Evangélica del
Río de la Plata; la Iglesia Evangélica Luterana Unida; la Iglesia Evangélica Metodista
Argentina; la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata; las Iglesias Reformadas en la
Argentina; la Asociación Cristiana de Jóvenes y la Asociación La Iglesia de Dios. Todos ellos
siguen el legado de quienes en plena dictadura decidieron denunciar las atrocidades
cometidas por el gobierno militar. Pero tienen los pies en la realidad y por eso trabajan en las
secuelas de este lento pero certero proceso que lleva décadas golpeando a los argentinos.
La teología del quebrantamiento
“El quebrantamiento de todos aquellos que de una u otra manera trabajan por la Justicia,
padecen persecución e incluso la muerte, genera una situación humano-histórica concreta
que debe ser asumida por una pastoral profética por parte de la Iglesia, marchando junto con
todos los hombres, grupos e instituciones que luchan por el respeto a la persona humana”,
dice el documento base del MEDH. Así como a comienzos de los años 70 nace la Teología
de la Libe-ración –como expresión de un movimiento social caracterizado por una crítica
social y protesta ética contra el capitalismo–, la persecución de quienes luchaban por la
“liberación” dio lugar a la teología del quebrantamiento, a la que responde más directamente
el MEDH. “La teología de la liberación surge en el contexto del asenso de masas y el
quebrantamiento en el de la repre-sión del pueblo”, explica el pastor José De Luca. “La
pastoral de los quebrantados, que tiene que ver con el sufrimiento de los pueblos a raíz de la
reflexión y de la injusticia, surge de los documentos del Consejo Mundial de Iglesias sobre
posturas en relación a los derechos humanos y de declaraciones de la Iglesia Católica. El
quebrantamiento viene en función de aquellos que han estado luchando por liberar a nuestro
país. Lo que aborda más directamente es hacer frente al costo social de esa situación y
hace énfasis en la visión profética, que apunta a las raíces de lo que implica la opresión y
trata de modificarlo. Surge en un contexto de sufrimiento y dolor”, describe el coordinador del
MEDH. El documento de creación del organismo de derechos humanos –de julio de 1976–
explicita: “La fe cristiana no es neutra ni indiferente con lo que ocurre en nuestra patria.
Jesús dice claramente: ‘Yo he venido a sanar a los que-brantados que corazón’. El es ‘varón
de los dolores, experimentado en quebrantos’; no sólo viene a sanar a los quebrantados sino
que el mismo
experimenta. El mismo es objeto de represión y muerte por aquellos que se oponen a la vida
misma. El Evangelio está del lado del quebrantamiento por causa de la Justicia, es decir, de
los pueblos que claman justicia para llegar a niveles elementales de vida, y que les son
obstruidos sus caminos para lograrlo. (...) El Evangelio asume a través de aquellos que son
fieles al Señor, las consecuencias humanas de las víctimas del terrorismo político,
económico y la represión indiscriminada”.
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Historia de los Organismos de Derechos Humanos - 25 años de Resistencia
6/ ASAMBLEA PERMANENTE POR LOS DERECHOS HUMANOS
por Diego Díaz
El organismo en asamblea permanente
UNA REUNIÓN DE PLURALIDADES
Nacieron en 1975, anticipando la etapa de oscuridadesen la que se iría ahogando la
Argentina. Se caracterizaron desde el primer momento por la pluralidad de sus ideas y
proyectos, pero también por el objetivo claro de estar alertas ante los hechos de violación de
derechos humanos. Esta es la historia de una agrupación que supo reunir entre otros a Alicia
Moreau de Justo, Jaime de Nevares, Raúl Alfonsín, Oscar Allende, Eduardo Pimentel,
Alfredo Bravo, Emilio Mignone, Augusto Conte Mac Donell, Jorge Novak y Aldo Etchegoyen.
“En agosto de 1979, la CIDH envió una comisión a la Argentina con el objetivo de preparar lo
que sería su visita oficial en setiembre. Los representantes estuvieron en la Asamblea y se
entrevistaron con algunos de sus miembros. Dos día después, la APDH sufrió el único
allanamiento judicial ocurrido durante la dictadura militar.” “El desafío más urgente era la
defensa de la vida. Las primeras desapariciones de personas habían ocurrido durante el
gobierno de Isabel y veíamos que la tormenta se venía encima.” De esta forma, Aldo
Etchegoyen, Obispo de la Iglesia Metodista y actual presidente de la Asamblea Permanente
por los Derechos Humanos, recuerda el clima de las primeras reuniones que dieron origen al
organismo en 1975.
El relato es retomado por Susana Pérez Gallat, quien actualmente integra el Consejo de
Presidencia de la APDH, y es una miembro fundadora: “En el 75 yo trabajaba en el bloque
de diputados del Partido Intransigente y empezaron a llegar familiares de gente que había
desaparecido. En ese momento no entendíamos qué era eso, ¿cómo iba a desaparecer la
gente? Los familiares iban a la morgue, a la policía, a hablar con sus sacerdotes, pastores o
rabinos, y también venían a ver a los diputados. Era el camino que hacían para ver si alguien
les podía averiguar algo.
Entonces se empezó a hablar en la Cámara, entre los diputados de los partidos más
progresistas, para ver qué se podía hacer.”
Movilizados por los acontecimientos, durante 1975 comenzó a formarse un grupo de
personas interesadas en trabajar para la vigencia de los derechos humanos e intervenir de
manera directa sobre los principales conflictos. Se reunieron en la Asociación de Psicólogos,
en una pequeña oficina cerca del Congreso de la Nación, y allí confluyeron los primeros
relatos comunes.
Rápidamente se puso de manifiesto la preocupación por la creciente escalada de violencia
que se había desatado desde el Estado.
José Miguez Bonino, Pastor de la Iglesia Metodista y otro de los miembros fundadores de la
APDH recuerda: “En una ocasión en que estábamos reunidos entre diez o doce personas
sentimos que la represión iba a ir aumentando, y que necesitábamos estar alerta. Entonces
alguien dijo: ‘Tenemos que estar permanentemente en asamblea para defender los derechos
humanos´. Y de esa frase quedó el nombre.”
Los sucesivos encuentros fueron dando forma a un proyecto que se consolidó de manera
definitiva en una reunión realizada el 18 de diciembre de 1975. Ese día, en Casa de
Nazareth, se fundó la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Entre las personas
más reconocidas se encontraban Monseñor Jaime de Nevares, Alicia Moreau de Justo, el
Obispo Carlos Gattinoni, Raúl Alfonsín, Oscar Allende, Eduardo Pimentel, Alfredo Bravo,
Emilio Mignone, el padre Enzo Giustozzi, Augusto Conte Mac Donell, el Pastor José Miguez
Bonino, Monseñor Jorge Novak, Aldo Etchegoyen y Jaime Schmirgeld.
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“Fuimos tratando de buscar nombres importantes que nos sirvieran de escudo o respaldo
para poder salir públicamente”, recuerda Susana Pérez Gallart. Esta intención dio al
organismo una particularidad: la mayoría de los integrantes aún no había sido afectados
directamente por el terrorismo de Estado.
En el acta fundacional también quedó plasmada otra de las ideas fundamentales: el
pluralismo de voces y representaciones. “Sus integrantes iniciales, personas de las más
variadas ideas filosóficas, religiosas y políticas, formularon la más amplia y ferviente
convocatoria para alcanzar la suma de todas las voluntades posibles. No había tiempo de
estar tomándonos examen sobre nuestras formas de creer o pensar cuando el desafío
urgente era la defensa de la vida. Y en este camino hemos aprendido mucho mutuamente.
Hemos desarrollado una capacidad de análisis desde distintos enfoques y una capacidad de
diálogo muy creativo y abierto”, explica Aldo Etchegoyen.
El golpe de Estado Alicia Moreau de Justo fue quien sostuvo desde el comienzo que lo más
importante era hacer docencia: “Para reclamar por sus derechos la gente tiene que
conocerlos”.
Sin embargo, después del 24 de marzo de 1976, este objetivo amplio de promoción de los
derechos humanos fue abandonado para atender los casos urgentes que surgían
diariamente. Entonces, el trabajo se orientó íntegramente al tema de la desaparición de
personas.
Desde hacía un tiempo los encuentros se realizaban en los distintos templos que la Iglesia
Metodista tenía en la Capital. En abril de 1976, la Asamblea convocó a una reunión abierta.
“Hacía un mes que había comenzado el gobierno militar y nosotros no quisimos hacer nada
oculto. Por el contrario, fue todo público. Lo cual produjo una gran tensión en el gobierno
militar, pero de una manera muy contradictoria”, recuerda Aldo Etchegoyen.
Ese mismo día, horas antes de que comenzara la reunión, los integrantes de la APDH
recibieron en el templo de la calle Corrientes al 700 un telegrama
firmado por Jorge Rafael Videla. El presidente de facto manifestaba allí su adhesión a la
creación del organismo y saludaba la iniciativa como “una señal positiva para la defensa de
los derechos humanos”. Etchegoyen recuerda: “Yo era pastor en esa Iglesia y recibí el
telegrama a eso de las cuatro de la tarde. Me quedé muy sorprendido. Pero pensé también
que era una especie de garantía, que podíamos tener algún grado de seguridad”.
Una hora después, patrullas y tanquetas del ejército rodearon el lugar con la intención de
realizar un allanamiento. La gente de la Asamblea no lo permitió y, finalmente, el encuentro
se realizó sin inconvenientes. Ese día participaron de la reunión más de cien personas.
Las denuncias de los familiares. El trabajo de recepción de denuncias de desaparición de
personas, el asesoramiento a familiares para la presentación de hábeas corpus y la
conformación de ficheros con datos sobre las desapariciones, fueron las tareas más
importantes de la Asamblea desde que se instaló la dictadura militar. Sin embargo,
paralelamente, se trataba de un trabajo aún más complejo. “Nosotros tratábamos de darle
coraje a los familiares para que se organizaran entre ellos. Nos convertimos en un lugar
importante de contención”, reflexiona Pérez Gallart. En marzo de 1977, la tarea de tomar
testimonios y confeccionar un archivo alcanzó tal magnitud que la Asamblea empezó a
trabajar en la elaboración de un recurso administrativo especial. La idea era presentar ante
la Justicia todas las denuncias de personas desaparecidas recibidas hasta el momento. El
informe estuvo terminado para mayo de ese año y logró reunir 425 casos. En esa época se
incorporó a la APDH Graciela Fernández Meijide, una de las primeras personas afectadas
directamente por el terrorismo de Estado que se sumaba al trabajo dentro del organismo. Su
hijo Pablo había desaparecido el 23 de octubre de 1976. En su recorrida por distintos
lugares en búsqueda de información, comenzó a relacionarse con otros padres, y pronto se
enteró de la existencia de la Asamblea. Llevó allí la denuncia del secuestro, acompañada de
un pedido de hábeas corpus y se ofreció para colaborar. “Nos enterábamos de que existía la
Asamblea de boca a oreja, cuenta Fernández Meijide. No había mucha posibilidad de
publicidad. Y por eso también la mayor parte de las denuncias eran de la ciudad de Buenos
Aires, y de La Plata, que era con quien había mayor comunicación entre los sectores de
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clase media. Porque por primera vez en la Argentina se tocó fuertemente a la clase media y
estos Organismos se organizaron a partir de una reacción de la clase media.”
Paralelo a este trabajo de recopilación de datos, y a medida que la figura del desaparecido
se convertía en un desafío que había que desentrañar jurídica y socialmente, creció en la
Asamblea la preocupación por el tema de la verdad. “¿Qué pasaba con las personas
desaparecidas? En la búsqueda de esa respuesta fue fundamental el acompañamiento de
las familias, el diálogo y la atención personalizada que hicimos desde la Asamblea”, señala
Etchegoyen. El secuestro de Alfredo Bravo El 8 de setiembre de 1977, un grupo de personas
que invocaron ser miembros de las Fuerzas de Seguridad detuvieron al profesor Alfredo
Bravo en la Escuela Nocturna de Adultos Nº 6 donde dictaba clases. Fue el primer golpe
directo que la Asamblea recibió a través del
ataque a uno de sus miembros. Alfredo había participado de la formación de la Asamblea
durante 1975. Su labor docente y su militancia en C.T.E.R.A. lo convirtieron en uno de los
principales referentes del movimiento sindical dentro del organismo.
Al momento de su desaparición era Co-Presidente de la Mesa Ejecutiva.“El secuestro de
Alfredo Bravo nos asustó mucho. Porque se pensó que el hecho de hacer todo a la luz del
día, la única protección que teníamos, tampoco alcanzaba”, señala Fernández Meijide.
Inmediatamente se lanzó una campaña nacional e internacional que pedía al gobierno militar
por la vida de Alfredo Bravo. Fue el único momento en el que varios medios de
comunicación argentinos, que hasta ese momento habían permanecido hostiles o
indiferentes frente a las denuncias de la Asamblea, accedieron a publicar los reclamos. Por
otro lado, se solicitó a los políticos más reconocidos del país que firmaran un petitorio
especial. Y también resultó de vital importancia la acción de organismos de todo el mundo
como Amnesty o la Organización Internacional de Docentes. “Por suerte se logró que no lo
mataran. Igual lo torturaron, después lo mandaron a la cárcel y luego estuvo con arresto
domiciliario. Cuando vino la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Alfredo ya
estaba en libertad”, recuerda Meijide.
Una visita histórica
A medida que la aplicación del terrorismo de Estado aumentaba, el camino del apoyo
internacional se convirtió en una instancia fundamental para la lucha de los organismos. Las
Madres de Plaza de Mayo fueron las primeras en realizar viajes al exterior y denunciar lo
que estaba ocurriendo. Ya sobre finales de 1976, una misión de Amnesty Internacional había
visitado el país. Pero el impulso más fuerte llegó en setiembre de 1979.
Desde mediados de 1978 la Asamblea, junto a otros organismos, impulsó una importante
acción con el objetivo de lograr que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(CIDH) de la Organización de Estados Americanos (OEA) visitara nuestro país. La idea era
que pudieran comprobar “in situ” el carácter sistemático que la violación de los derechos
humanos tenía en la Argentina. En vano se trató de conseguir que el gobierno realizara una
invitación oficial. De esta manera, hubo que buscar otros métodos para conseguir la visita.
Tal como recuerda Fernández Meijide: “Durante los tres meses del verano del 79 nos
dedicamos doce horas por día a leer todos los testimonios que había y los clasificábamos en
grados de acuerdo al nivel de prueba. Después hicimos clasificaciones bastante
elementales: soldados conscriptos desaparecidos, adolescentes, grupos familiares,
sindicalistas, religiosos, y demás categorías. Y cada uno de los que estábamos en esto
tomamos una categoría, la estudiamos, pusimos fechas y demás datos y sacamos
conclusiones que eran comunes. Eso fue llevado por Emilio Mignone y Augusto Conte Mac
Donell a Washington antes de la visita de la CIDH.” En esa época, Mignone y Conte, junto a
otros integrantes de la Asamblea como Alfredo Galleti, Boris Paisk y Federico Westerkamp,
habían empezado con las primeras reuniones para dar forma a un nuevo organismo que,
pocos meses después, daría origen al Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).
Además de las gestiones internacionales
y la presentación de pruebas, comenzó una importante tarea junto a los familiares que ya
habían dado su testimonio en la Asamblea. “Habíamos conseguido los formularios originales
de denuncia con lo cual enseñábamos a completarlos. Algunos hasta tenían miedo de
mandarlos por correo”, señala la mujer. En agosto de 1979, la CIDH envió una Comisión a la
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Argentina con el objetivo de preparar lo que sería su visita oficial en setiembre. Los
representantes estuvieron en la Asamblea y se entrevistaron con algunos de sus miembros.
Dos día después, la APDH sufrió el único allanamiento judicial ocurrido durante la dictadura
militar cuando, por orden del Juez Federal Martín Anzoategui, el 10 de agosto de 1979 se
incautaron todos los documentos existentes en la institución: las fichas con las denuncias,
los testimonios de familiares y todo el material procesado hasta el momento fue retirado, en
el marco de un operativo que pretendió conservar las formas legalistas. Esa documentación
nunca fue devuelta, pero en la Asamblea habían tenido la precaución de fotocopiarla y
guardar una copia de seguridad.
Pese a todo, finalmente la visita se concretó en setiembre de 1979. “Cuando llegó la CIDH el
desafío era que la gente no tuviera miedo de hacer cola, que endefinitiva era poner la cara, y
no era poca cosa. Entonces hicimos un importante trabajo de contención y si bien es verdad
que hubo algunas provocaciones, fue mucho más el susto que lo que después pasó”,
comenta Fernández Meijide.
El crecimiento de la asamblea
Los años más desgraciados de la dictadura fueron, a la vez, los de mayor crecimiento
político e institucional para la Asamblea. Pese a la escasa recepción de sus reclamos en los
medios de comunicación y su consecuente falta de conocimiento público, la Asamblea fue
procurándose, al amparo de organismos internacionales, los recursos jurídicos y económicos
para la supervivencia.
Durante 1976 se logró alquilar un pequeño departamento en la calle Paraguay. A ese lugar,
con absoluta precariedad de infraestructura, empezaron a concurrir los primeros familiares,
allí fue donde se encontraron por primera vez y compartieron sus historias. En 1977, el
Consejo Mundial de Iglesias, con sede en Ginebra, alquiló para el funcionamiento de la
Asamblea unas oficinas más amplias en la calle Paraná. Luego, fue posible instalar una
imprenta propia. Durante mucho tiempo, las listas de desaparecidos que se repartían entre
políticos, profesionales, sindicatos y las distintas iglesias, eran impresas en la APDH. “La
imprenta era la única manera de comunicar algo de mano en mano, ya que no podíamos
publicar nada en un diario. Cuando la OEA hizo el informe acá no se permitió difundirlo y
entonces alguien trajo un ejemplar y nosotros hicimos copias. Primero se lo dimos a una
imprenta, pero la policía la allanó y destruyó todo. Y después empezamos a hacerlos
nosotros”, recuerda Pérez Gallart. A partir de noviembre de 1979, apareció la primera
publicación periódica propia de la APDH. Fue el mensuario “Noticiero” que durante cuatro
años se publicó como boletín con toda la información referida a la violación de los derechos
humanos en el país, con denuncias puntuales de detención y
desaparición de personas. Del mismo modo, se daba cuenta de las distintas acciones
jurídicas que se llevaban adelante.
En un recorrido por esas páginas, resulta interesante observar el caudal de información con
que contaban los distintos organismos en aquella época, y que recién mucho tiempo
después comenzó a circular en los medios de comunicación nacionales.
Con el retorno de la democracia este boletín se convirtió en la revista “Derechos Humanos”,
que se continuó editando hasta fines de la década del 80. Pero el momento más importante
de consolidación llegó con la segunda mudanza. A finales de 1979, el Consejo Mundial de
Iglesias evaluó que la Asamblea no podía seguir funcionando en las oficinas de la calle
Paraná y decidió comprar lo que actualmente es la sede de la APDH en la calle Callao.
La extensión del trabajo
El crecimiento había resultado vertiginoso y el nuevo lugar generó un marco ideal para el
desarrollo de otras actividades. Ya no sólo venían a la Asamblea los familiares que
realizaban denuncias, sino que el espectro se fue ampliando y comenzaron a tomar una
importancia vital las distintas Comisiones de Trabajo.
Alicia Herbón, actualmente Secretaria Administrativa de la APDH, recuerda cómo fue su
acercamiento a finales de 1980: “Yo trabajaba con CTERA, en el gremio docente. Una amiga
me trajo a una charla y ahí me enganché con la Comisión de Cultura. Después esa Comisión
se hizo enorme, sobre todo cerca del fin de la dictadura cuando la gente empezó a tener un
espacio en los organismos, los partidos políticos estaban desarmados, o recién armándose,
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y éste era un espacio plural”. Poco a poco fue retomándose el objetivo inicial de la amplia
promoción de los derechos humanos. La realización anual del Seminario de Derechos
Humanos se convirtió en un evento importante, sobre todo para muchos jóvenes que, dadas
las condiciones de la época, tenían vedada la posibilidad de militar en los partidos políticos.
Después de 1980 la Asamblea tuvo otro reconocimiento y se convirtió en un lugar de
referencia. Las comisiones de Cultura y Educación fueron consolidando un trabajo cotidiano
que hacia finales de la dictadura alcanzó amplias repercusiones. Por un lado, fueron
reconocidos los distintos concursos de Pintura (1983) y Literatura (1984) referidos al
terrorismo de Estado y la lucha por los derechos humanos. Por el otro, el trabajo educativo
tuvo una amplia repercusión en las instituciones educativas, sobre todo con el apoyo que
con la llegada de la democracia brindó el gobierno de Raúl Alfonsín.
La presencia en todo el país
Un rasgo distintivo del trabajo de la Asamblea fue la presencia que el organismo tuvo
siempre en todo el territorio nacional. La organización de las distintas delegaciones fue casi
inmediata a la creación de la APDH en Buenos Aires. Si bien no todas tuvieron la misma
importancia, hubo muchas, como La Plata, Neuquén, Cuyo, Córdoba, Tucumán o Rosario,
que resultaron de gran
importancia para el agrupamiento de familiares de personas desaparecidas y las posteriores
acciones jurídicas.
José Miguez Bonino explica cómo se produjo este fenómeno: “La APDH se extendió en todo
el país, no porque hayamos decidido hacer una red sino porque la problemática fue
apareciendo en distintos lugares.
Entonces hubo gente que se fue reuniendo y decidió comunicarse con nosotros.” De esta
forma empezó a realizarse un trabajo articulado que, a comienzos de los 80, se tradujo en la
existencia de 64 delegaciones en todo el país. El tema de cómo conjugar la defensa de los
derechos humanos a partir de las diversas realidades locales se convirtió en algo
fundamental dentro de la agenda general de la APDH y se comenzaron a realizar los
encuentros de delegaciones en distintos puntos del país.
El retorno de la democracia
El retorno de la democracia planteó interrogantes profundos dentro de la APDH ya que se
trataba de un organismo que había crecido con la defensa de los derechos humanos bajo la
acción del terrorismo de Estado. Después de 1983 se volvió necesario plantear nuevas
consignas y ejes de acción.
“Una pregunta que nos hicimos cuando llegó la democracia fue acerca de la continuación o
no de la Asamblea y de su rol. Finalmente decidimos que sí, que debíamos continuar.
En función de la promoción de los derechos humanos en general, y del acompañamiento de
las víctimas de todo el desastre ocurrido en el país”, señala Etchegoyen.
Y en este último sentido, fueron importantes los aportes que desde la APDH se realizaron a
las iniciativas del gobierno democrático, tendientes a revisar el pasado.
Por un lado, entre las principales personalidades que fueron convocadas por Raúl Alfonsín
para integrar la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (CONADEP) hubo muchos
miembros de la Asamblea. Y posteriormente, a pedido del Obispo Jaime de Nevares, fue
Graciela Fernández Meijide quien se sumó al equipo de investigación de la Comisión, debido
a la experiencia adquirida en la recepción de denuncias y testimonios durante su desempeño
en la APDH.
Del mismo modo, todos los archivos que durante la dictadura se habían confeccionado en la
Asamblea fueron cedidos a la CONADEP y sirvieron como un importante aporte documental
que lógicamente después fue superado. Por otro lado, se acompañó la decisión del Juicio a
las Juntas militares. Susana Pérez Gallart recuerda que “para el juicio tuvimos un buen
aporte del Consejo Mundial de Iglesias y pudimos formar un equipo de abogados rentados
que trabajaron mucho.”
Pese a todo esto, para Miguez Bonino “el retorno a la democracia fue muy difícil. Si bien la
Asamblea encontró espacio en el nuevo gobierno, el presidente Raúl Alfonsín –quien estaba
en el Consejo de Presidencia de la institución– nos llamó para estudiar el tema de lo que se
iba a hacer. Esto llevó a una discusión muy fuerte porque el gobierno quería un proyecto
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donde sólo se condenara lo que había ocurrido. Y nosotros pedíamos el juicio, la prisión y el
castigo de los responsables”. Esta primera tensión desembocó luego en desencuentros y
discusiones más profundas con la promulgación de las Leyes de Obediencia Debida y Punto
Final. Pese a las manifestaciones públicas de repudio por la decisión, la Asamblea, que
analizó la posible expulsión de Raúl Alfonsín del Consejo de Presidencia, no alcanzó el
consenso necesario para tomar esa medida. Sin embargo, los indultos de finales de 1990
generaron un nuevo clima. El rechazo de la APDH fue unánime y Carlos Menem, quien
había ingresado al organismo en 1979, fue expulsado.
Derechos humanos y democracia
La confluencia inicial de sectores muy diversos de la sociedad y la participación activa de
muchos voluntarios que no habían sido víctimas directas del terrorismo de Estado, fue dando
lugar a un organismo que con la consolidación democrática pensó en nuevas estrategias
para la plena vigencia de los derechos humanos. En este sentido, surgieron nuevas
comisiones y a partir de allí se estructuró la principal forma de trabajo y la acción concreta.
De este modo, la ADPH se introdujo no sólo en el campo de la educación y la cultura, sino
que también alcanzó el plano de la salud mental, los derechos económicos y sociales, la
paz, la cuestión carcelaria, las cuestiones de género y los pueblos indígenas, entre otros.
“Nosotros en el trabajo de las comisiones vemos que los derechos humanos no son
separables porque cuando cae uno, se produce un efecto dominó y caen todos”, analiza
Alicia Herbón. Estas tareas van desde el estudio y la investigación de problemáticas
específicas hasta la elaboración de publicaciones o el esclarecimiento de la opinión pública.
Y también impulsan acciones concretas. “En el tema de salud mental, por ejemplo,
realizamos talleres para personas desocupadas, para capacitarlos sobre cómo buscar
trabajo. Se consiguió un grupo de psicólogos muy bueno. Otro trabajo importante fue a
través de la comisión jurídica, y en acuerdo con la Facultad de Derecho, para que los
jubilados puedan presentar recursos de amparo por haber sufrido el recorte del 13 % de sus
haberes. Se presentaron cientos de reclamos y algunos tuvieron éxito”, cuenta Etchegoyen.
Todos estos enfoques de la realidad permitieron que la Asamblea fuera adquiriendo un
importante conocimiento sobre el estado de los derechos humanos en el país. Por este
motivo, desde hace ocho años se convirtió en órgano de consulta permanente de las
Naciones Unidas. Para José Miguez Bonino la tarea principal de la Asamblea se asocia con
la posibilidad de controlar la acción del Estado. “Actualmente estamos en otra etapa de la
defensa de los derechos humanos y no porque lo anterior esté totalmente terminado. Hoy
hay violaciones de derechos humanos en otros ámbitos
fundamentales de la sociedad. Y en estas violaciones hay responsabilidad del Estado.”
Actualmente, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos está elaborando un
nuevo plan de trabajo que tratará de ajustar los nuevos desafíos y acciones concretas con
vistas al futuro. En las reuniones plenarias, que se realizan de manera mensual, se ha
evaluado la necesidad de convocar a un encuentro masivo de socios, voluntarios y
colaboradores en general, para trabajar sobre este nuevo proyecto. “Va a ser una jornada de
todo un día para hacer un análisis del tiempo que estamos viviendo, los desafíos y las
oportunidades de este nuevo gobierno, y para ver de qué manera la acción de la APDH
puede ser más efectiva”, explica Aldo Etchegoyen, actual presidente.
Muchas definiciones están vinculadas a las expectativas que existen dentro de la Asamblea
con respecto al nuevo gobierno nacional. En este sentido, Etchegoyen comenta que de una
reciente reunión con el presidente Néstor Kirchner salió “muy bien impresionado”.
“Comprendimos que el objetivo del presidente es un nuevo país, de manera que estamos en
una actitud de apoyo. Yo creo que tenemos que tener esperanza y la esperanza no es lo
mismo que el optimismo: tener esperanza es asumir el compromiso a favor de la vida y
trabajar por ella. Nosotros tenemos esperanza y pensamos que se consolida en el
compromiso con el trabajo. Y en eso estamos.”
Con el paso del tiempo, la APDH logró preservarse como lugar de encuentro, de discusión,
de acción y diálogo permanente. Como un ámbito pluralista donde es posible encontrar las
armas necesarias para enfrentar los principales desafíos que impone la vida democrática.
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La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos en La Plata En La Plata, las primeras
reuniones que realizaron los familiares fueron durante 1976. Muchas de las personas que
participaban de las mismas ya habían hecho sus denuncias por la desaparición de personas
en la APDH de Capital Federal. Fue por eso motivo que surgió la idea de armar la
delegación La Plata. Por entonces se reunían en la confitería del Colegio de Abogados,
ubicada en la calle 13. De estos encuentros surgió la necesidad de conformar un grupo con
entidad propia para investigar y denunciar lo que estaba sucediendo. Fue una tarea difícil. La
dictadura militar había hecho de la ciudad uno de sus principales blancos. En 1977 cerraron
la confitería del Colegio de Abogados y hubo que buscar otros lugares.
En 1978, ante la negativa sistemática a dar información por parte de los tribunales, la iglesia
y otros sectores sociales, los familiares de desaparecidos sintieron que debían organizarse
de manera urgente. Ese año se entrevistaron reiteradas veces con la Comisión de
Relaciones de la ADPH de Capital Federal y se acordaron las primeras líneas de trabajo.
Fundamentalmente, había que conseguir que figuras destacadas de la ciudad decidieran
participar del organismo. De esta manera, en La Plata, el proceso de formación de la
Asamblea fue inverso al de Buenos Aires. Aquí, los promotores eran en su
mayoría afectados directos, y debían buscar consenso y apoyo en personas que
representaran a otros sectores.
A principios de 1979 se constituyó una Junta Promotora que se reunía en el domicilio de
Juan Carlos Ponti y que, poco a poco, fue invitando a distintas personas a participar.
Finalmente, el 27 de junio de 1979 se fundó la APDH La Plata, con la reunión de más de 30
personas. Entre los promotores de la iniciativa se encontraban Julio Poce (ver recuadro),
Adelina de Alaye, Isidoro Peña, Emilio Pernas, Sofía Villarreal, Juan Carlos Ponti y su
esposa Gladys, los pastores Raúl Glein y Hugo Urcola, y Delia Etcheverry, entre otros. En el
acta constitutiva se consideraba que era “necesario y urgente promover la vigencia de los
derechos humanos”. Las siguientes reunions se realizaron en el templo de la Iglesia
Metodista y el primer objetivo fue armar una lista de desaparecidos en La Plata, como la que
estaban confeccionando en Capital Federal. No fue una tarea sencilla, porque muchos
familiares no se animaban todavía a denunciar lo que les había ocurrido. Trabajaron con
prisa para poder presentar la investigación ante la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos. Cuando en septiembre la CIDH llegó al país, la APDH La Plata ya había
publicado su trabajo. Un documento con más de 300 denuncias de personas desaparecidas
que se repartió entre políticos, abogados, profesionales y representantes de las iglesias en
toda la ciudad. Además de este informe,la Asamblea presentó ante la CIDH las primeras
denuncias sobre el cementerio de La Plata.
Las amenazas que los integrantes de la APDH recibían fueron en aumento, y los obstáculos
para el trabajo eran cada vez mayores. Los militares habían identificado que el templo de la
Iglesia Metodista funcionaba como lugar de encuentro, y en una oportunidad rodearon el
lugar. Entonces, fue necesario encontrar otros espacios de reunión. Por medio de un amigo,
consiguieron una casa de fiestas infantiles: “El Gato Perejil”, en la calle 44. Durante un
tiempo se juntaron en ese lugar, simulando cumpleaños de jubilados u otros encuentros
festivos.
Después de la visita de la CIDH, la lucha por los derechos humanos pareció tomar un nuevo
impulso. Por este motivo, los miembros de la APDH La Plata alquilaron un local en la Galería
Williams, en el centro de la ciudad, para que funcionara como sede abierta al público. Estaba
todo preparado para la inauguración, pero desde la Capital Federal comenzaron a llegar
noticias sobre allanamientos a organismos y entidades afines que desalentaron el proyecto.
Rescindieron el contrato y continuaron con reuniones privadas.
En 1981 consiguieron alquilar un nuevo local en la calle 12 e/ 59 y 60 que finalmente pudo
ser inaugurado.
A partir de allí surgieron nuevas actividades: encuentros de jóvenes que buscaban un lugar
donde participar, la asesoría letrada que apoyaba a los familiares en las distintas instancias
judiciales, y las reuniones de Madres de Plaza de Mayo de La Plata en el local. En 1982,
más de veinte abogados que trabajaban de manera voluntaria iniciaron actuaciones por el
caso de las tumbas NN que los familiares habían descubierto en el cementerio local.
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Como resultado de un recurso especial, se consiguió que la Justicia diera lugar a un pedido
de no nnovar. Tiempo después, lo mismo se logró con los cementerios de Ezpeleta y
Avellaneda.
Con el retorno a la democracia, la APDH La Plata, al igual que otros organismos, encuadró
su trabajo dentro de los trabajos de la CONADEP y el Juicio a las Juntas. Se puso a
disposición toda la documentación que habían procurado con el trabajo conjunto de
familiares y abogados. En 1984, estas diferencias hicieron que la Asamblea de La Plata
decidiera dejar de ser una delegación y se separara de la APDH de Capital. Desde ese año,
funcionan de forma independiente, con estatutos y personería jurídica propios.
Por la verdad
El derecho a conocer la verdad sobre los crímenes ocurridos durante la última dictadura
militar alcanzó en 1998 un importante grado de consenso. En este marco, el 1 de abril, la \
APDH La Plata presentó un petitorio ante la Cámara Federal de Apelaciones que dio lugar al
Juicio por la Verdad.
Los acompañaban otros organismos como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Familiares
de Detenidos Desaparecidos por Razones Políticas y la Asociación Anahí. Fueron los
abogados de la Asamblea quienes redactaron la presentación, y la entidad aportó su
personería jurídica para litigar ante los tribunales. Alicia Peralta, una de las abogadas de la
Asamblea recuerda: “Lo primero que hicimos fue un relevamiento de 1800 hábeas corpus
que había en las distintas cámaras y juzgados sobre los que tiene jurisdicción la Cámara
Federal y a partir de allí trabajamos con los testigos.”
Fue una ardua tarea que se realizó de manera voluntaria, porque era necesario llegar a los
testigos, convencerlos de lo que el juicio significaba, y garantizar que se presentaran a
declarar. “Había muchos familiares que nunca habían declarado y lo hacían por primera vez,
y ex detenidos, que tampoco lo habían hecho y cuyos testimonios fueron decisivos para
reconstruir el tema de los centros clandestinos. También hubo gente que se presentó
espontáneamente", señala Peralta.
A medida que el juicio fue avanzando, se hizo necesario hacer un seguimiento de las
causas, para lo cual se apeló a la colaboración de abogados voluntarios. Para la propia
Cámara Federal fue ines-perada la repercusión que alcanzó el Juicio. Al poco tiempo, las
1800 causas iniciales fueron ampliamente superadas, y actualmente hay más de 2100 por lo
que tuvieron que hacerse reformas estructurales.
A lo largo de los últimos cinco años, el Juicio atravesó distintos momentos donde hubo que
sortear infinidad de obstáculos. Desde 2002, el Procurador General de Justicia nombró a un
fiscal especial para que trabajara exclusivamente el tema del Juicio: el Dr. Félix Crous. “Eso
cambió todo, no sólo modificó la cuestión de las causas penales. Crous está todo el tiempo
haciendo pedidos y careos. El juicio tuvo un giro”, señala Peralta. Entre otras cosas, el Juicio
por la Verdad ha permitido elaborar listas con nombres de
represores que siguen ocupando cargos importantes en la actualidad, y esos datos son
material de trabajo al que pueden acceder los funcionarios que tienen algún tipo de
responsabilidad. Además, la acumulación de pruebas es fundamental para la pelea por la
nulidad de las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y también para el desarrollo de las
causas penales posteriores.
En este sentido, Alicia Peralta resalta que "lo más importante del Juicio son las causas
penales que se han desprendido. La más importante que surgió es la desaparición de un
matrimonio cuya hija nació en cautiverio y durante muchos años ella no supo cuál era su
verdadera identidad". Este caso se encuentra actualmente en el juzgado del Dr. Hugo
Corazza, y los abogados esperan que sobre fin de año se inicie el juicio. El Juicio por la
Verdad de La Plata es uno de los pocos que actualmente funciona en todo el país de
manera regular. La APDH participa cada miércoles de las audiencias del Juicio y elabora
exhaustivos informes de prensa sobre lo sucedido. Teniendo en cuenta que recién se
avanzó sobre 300 o 400 causas, aún hay un largo camino por recorrer.
La despedida a un miembro fundador
En la madrugada del 14 de junio falleció en la ciudad de La Plata el Dr. Julio Poce, miembro
fundador de la APDH en esta ciudad. Una semana antes, había recibido a Puentesen su
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domicilio particular para contar cómo fue su trabajo por los derechos humanos durante la
última dictadura militar y los primeros años de la Asamblea. Amable y predispuesto, habló
con lucidez y nostalgia de una época difícil. Durante tres horas recordó a sus dos hijos
desaparecidos y sus compañeros de militancia, pero también las imborrables amenazas de
los “milicos”. Puso mucho cuidado en no olvidar a nadie: “Son muchos años, muchos
recuerdos”, decía mientras relataba anécdotas y reflexionaba sobre el pasado. Julio Poce
era doctor en Medicina, egresado de la Universidad Nacional de La Plata. A lo largo de su
carrera profesional demostró un profundo compromiso con la defensa de la salud pública y
los derechos de los trabajadores. Fue Jefe de Pediatría del Hospital de Niños, Secretario de
la Agremiación Médica Platense y de la Federación Médica de la Provincia de Buenos Aires,
y co-fundador del Colegio de Médicos de La Plata.
La dictadura militar le arrebató a sus dos hijos: Julio Gerardo (19/10/1976) y Ricardo César
(09/12/78). En estos años comenzó a trabajar junto a otros familiares para la conformación
de la APDH en La Plata. En 1998 el Concejo Deliberante lo declaró “ciudadano ilustre” de La
Plata. En 2002, Poce editó, por sus propios medios, el libro Historia no oficial de la dictadura
del proceso. Será recordado como un luchador social.
Historia de los Organismos de Derechos Humanos - 25 años de Resistencia
7/ LIGA ARGENTINA POR LOS DERECHOS DEL HOMBRE por Pablo Gianera
Liga Argentina por los Derechos del Hombre Hacia una historia de la solidaridad
Constituye ya un hecho notable que las actas de creación y diversos documentos
posteriores se hayan perdido para siempre en el furor de los tiempos violentos, de los
saqueos e incendios de sus sucesivas sedes.
Quien quiera desandar la senda de la fundación de la Liga Argentina por los Derechos del
Hombre deberáremitirse a la edición del diario Crítica del día siguiente, el 21 de diciembre de
1937.
En cierto modo, los motivos que dieron origen a la Liga son tan justos como simples, y su
genealogía se remonta a ciertos presupuestos de la Constitución francesa de 1794,
derivados de la Declaración de los Derechos del Hombre de la Revolución de 1789. Una
recorrida por el primer artículo ofrece una definición decisiva: “los hombres han nacido y
continúan libres en cuanto a sus derechos”. Vendría después –posteriormente aún a la
aparición de la Liga– la Declaración Universal de Derechos Humanos proclamada por las
Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948.
La paz y la espada
Si es cierto que los reclamos fundantes de la Liga remiten a larga serie de antecedentes
decimonónicos, su nacimiento en cambio es impensable fuera de los avatares políticos de la
década de 1930 en Argentina y del golpe militar que, liderado por el general José Félix
Uriburu, marcó a fuego esa década. Una década que, en foros ajenos a los cenáculos
literarios, Leopoldo Lugones había prefigurado con el anuncio de “la hora de la espada”.
Curiosa pero previsiblemente, su hijo sería un notorio actor de esos años: creador de un
inoxidable aparato represivo –la Sección Especial, que sería luego la DIPA, y más tarde
Coordinación Federal, entre otras transfiguraciones– y del uso inaugural de la picana
eléctrica.
En respuesta a las urgencias que suscitaba la proliferación represiva, se había conformado
en esos años la Comisión Pro Amnistía de Presos Políticos y Exiliados de América. Hacia
fines de diciembre de 1937 –el día 20– la Comisión celebró una asamblea que prepararon
Alcira de la Peña y Francisco Mario Pita. Según refiere el periodista Alfredo Villalba Welsh
en su libro Tiempos de ira. Tiempos de esperanza, el secretario general de la organización
convocante, Arturo Frondizi, pidió que se designara un presidente para dirigir el debate. La
elección recayó sobre el senador Mario Bravo. Luego de la lectura de las
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adhesiones, se discutió la transformación de la Comisión, y se decidió que en adelante se
llamaría “Liga Argentina por los Derechos del Hombre”. La mención de algunos de los
nombres que la integraban ofrece una instantánea de la época. En la Junta Ejecutiva
Nacional aparecen, como presidente, Mario Bravo (senador del Partido Socialista); Arturo
Frondizi (del Partido Radical) como secretario, los socialistas Augusto Bunge, Rodolfo Aráoz
Alfaro, Juan A. Bramuglia, los radicales Horacio Claps y Nicolás Arrúa, y los independi entes
Néstor Roffo y Nicolás Solito. Por su parte, el Consejo Consultivo estaba presidido por
Lisandro de la Torre, líder del Partido Demócrata Progresista, y lo integraban, entre muchos,
Deodoro Roca (líder de la Reforma Universitaria), Carlos Sánchez Viamonte (socialista) y
Eduardo Sanmartino. La breve lista de las primeras autoridades permite advertir que una de
las características más nítidas e inmodificables de la Liga fue, desde su inicio, la pluralidad
de vertientes que participaron de su historia y de sus actividades. “La característica fue
siempre la amplitud, donde el común denominador era la lucha por los derechos humanos y
el no compromiso con el Estado, cualquiera fuese el gobierno. Si a un radical le tocara
formular críticas sobre su partido en el gobierno, tendría que hacerlo. Un caso es el artículo
23 de la Constitución Nacional, el Estado de Sitio. Nosotros queremos que no exista. Y hasta
ahora nadie lo ha suprimido”, observa Carlos Zamorano, que hace treinta y cinco años que
está en la Liga –fue ex presidente de la filial Tucumán, ex vicepresidente nacional y ex
presidente–. Agrega que el organismo “no tiene una definición socialista pero sí
antiimperialista consecuente. De hecho, sus integrantes, aunque esto resultara una
exorbitancia en algunos casos, fueron acusados de que eran de signosocialista. Se decía
también que la Liga había sido creada por el Partido Comunista para defender sus presos.
Pero yo tengo la creencia de que el primer comunista que llegó a la copresidencia de la Liga
he sido yo. Los ligüistas tenían una gran capacidad para hacer converger distintos
pensamientos, porque la unidad no significaba unanimidad”. Evidentemente, no se trataba
de declararse prescindente de las urgencias políticas, sino más bien de que los avatares –
adhesiones, rechazos– partidarios no oscurecieran o diluyeran ciertos reclamos
fundacionales.
La solidaridad
Cuando la Liga llegó a su vigésimo aniversario, Rafael Alberti le dedicó un poema: “Por ti la
luz del hombre es más amada/ y la sombra, por ti, más escondida./ Por ti, altas cumbres
puede ser la vida/ y la muerte, por ti, ser enterrada.// Por ti la noble mano encadenada/
parece ser justamente desceñida/ y por ti en la mañana conseguida/ puede la libertad ser
libertada.// No más por ti, las tinieblas, el espanto,/ No más por ti, la angustia, el duelo, el
llanto/ No más por ti, la sorda y triste guerra.// Sí, por ti, el despertar de la armonía./ Sí, por ti,
el sueño humano en pleno día./ La paz, por ti, la paz sobre la tierra.” El soneto de Alberti
condensa el trabajo de los años precedentes.
La solidaridad se concebía menos como una declaración sectaria que como un vínculo
fundado en la colaboración y la responsabilidad para la acción. En este sentido, además de
la defensa jurídica de los miles de presos por razones
políticas y gremiales, en muchos casos torturados en la Sección Especial, la Liga afrontó los
dilemas de la Guerra Civil Española y el ascenso del nazismo. En el primero de los casos,
trabajó a favor de la República y apoyó las numerosas comisiones de ayuda y solidaridad.
Por otra parte, intervino, en 1938, en las discusiones del Congreso contra el Racismo y el
Antisemitismo, durante las cuales Frondizi reafirmó sin reticencias los derechos
fundamentales del hombre sin distinción de raza o nacionalidad. Estas múltiples direcciones
que adoptaba la acción de la Liga obliga a revisar el modo en que se concibe a un
organismo dedicado a la defensa de los derechos humanos. “Desde el año 1937 hasta el
presente hay varias constantes. Una es la predominancia de la dedicación a los derechos
humanos civiles y políticos; y también la solidaridad internacionalista en el área de derechos
humanos. En cambio, puede ser variable el grado de dedicación a los derechos humanos
con condicionamiento económico; es decir, a los derechos humanos económicos, sociales y
culturales. Desde luego, toda la vida, la Liga se ha dedicado a los derechos civiles y
políticos, y en la actualidad también lo hace. En cuanto a la acentuación mayor de estos
temas, se produjo por supuesto en los tiempos de dictaduras. Entonces, la defensa ya no de
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la calidad de vida sino la vida en sí misma se convertía en una cuestión inexcusable, de
primer nivel. Además, en otra época, tenía lugar tal vez la distinción, puramente
metodológica, entre derechos civiles y políticos y derechos económicos. Ahora nadie puede
soslayar el problema de los derechos económico sociales y culturales. Y entonces tratamos
de arrimar nuestra actividad a que esos derechos resulten reconocidos”, explica Zamorano.
En este sentido la Liga exhibe una característica que lo desmarca de otros organismos: su
origen no partió de la condición de afectado. “Hay una diferencia notoria entre organismos
de afectados y organismos propiamente dichos de derechos humanos –agrega–. No es que
uno sea mejor que el otro. Son necesidades distintas. Por ejemplo, desde el año 1937 en
adelante surgieron varias veces organismos por la libertad de los presos políticos. La misma
Liga instó a que se conformaran. Pero cuando los presos salen en libertad se autodisuelven.
El destino natural de estos organismos es su temporalidad. En cambio, un
organismo propiamente dicho de derechos humanos –como puede ser la Liga, la APDH, el
Serpaj, tal vez el Cels– no es lo mismo que Madres, Abuelas, Familiares o Hijos.”
Tiempos difíciles
A comienzos de la década de 1950, en medio de las persecuciones del primer gobierno
peronista, se le ofreció a Antonio Sofía la titularidad de la Junta Ejecutiva Nacional. Se abrió
entonces un largo período de dirección colegiada que permitió que compartieran la
presidencia, entre otros, Agustín Ferraris, Urbano Díaz, Ezequiel Martínez Estrada, Jesús
Porto, Roberto Cabiche, Fernando Torres, Jaime Schmirgeld y Salvador María Lozada.
Conmueve ver ahora las gacetillas y los boletines informativos Derechos del hombre que
editaba la Liga en esa época; ejemplares casi artesanales, documentos concebidos para el
momento, prácticamente sin diagramación y mimeografiados, alentados por la urgencia del
momento.
Unos pocos años antes, en 1945, la Liga había trasladado su sede a la calle Rodríguez
Peña 69 y abierto allí un consultorio jurídico que se ocupaba de la defensa de los
perseguidos políticos. Allí se acuñaría y lanzaría una consigna que devendría histórica y
funcionaría como virtual divisa de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre: “Por una
Navidad y Año Nuevo sin Presos Políticos ni Gremiales”. Y sería también en esa sede donde
sufriría las mayores persecuciones. La cronología de los diversos atentados de esos años
es, según Villalba Welsh, la siguiente: en 1947 se encuentra una bomba que no llega a
estallar. Ese mismo año, la Sección Especial saquea los archivos de la Liga e incendia
parcialmente el edificio; el episodio se repetirá en 1956, y llevarán detenidos a varios
militantes; antes, en 1950, la Comisión Visca-Decker, que debía investigar las denuncias
sobre torturas, clausuró en cambio el local. La clausura se repetiría durante el gobierno de
Guido (dictadura cívico-militar que creó profusas normas represivas, que Illia derogó, y Juan
Carlos Onganía volvería a resucitar). Precisamente Onganía se encargaría en 1966 de
cerrar una vez más, y definitivamente, la sede de Rodríguez Peña. La Liga reabrió su sede
en 1973 en Esmeralda 77, donde comenzaron a recibirse las primeras denuncias masivas
por desapariciones.
Por último, se trasladó a la esquina de Corrientes y Callao, donde se encuentra hasta hoy;
allí funcionó también durante cuatro años la Comisión de Familiares Detenidos-
Desaparecidos por Razones Políticas y Gremiales. La tarea de asesoramiento a los
familiares de las víctimas se convirtió entonces en una de las tareas centrales de la Liga.
Mucho antes de que se produjera, la Liga venía advirtiendo acerca de los riesgos de un
golpe militar. Ya el 2 de enero de 1975, había elevado un documento a la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA)
donde se examinaban los peligros que amenazaban el proceso democrático: la acción de los
grupos de ultraderecha (centralmente la Triple A), la actividad de la guerrilla y la represión
policial. Con el nombre de “Impedir el golpe”, la Liga difundió el 19 de diciembre un nuevo
documento, con la firma de Antonio Sofía (Co- Presidente) y Víctor Bruschi (Secretario) en el
cual declaraba que el régimen democrático disponía “de suficientes resortes legales e
institucionales como para encauzar cualquier posible planteamiento que se formule, aun en
nombre de una legítima defensa del mismo, sin recurrir a imposiciones que repugnan al
sentir nacional”. El documento revelaba también su preocupación por el destino de los
61
presos políticos, de cuales más de 3000 se encontraban a disposición del Poder Ejecutivo,
sin juicio y sin causa.
Naturalmente, ninguno de estos pedidos fue atendido. Así, hacia comienzos de 1976, la Liga
elevó a la OEA un nuevo documento en el que consignaba tanto la gravedad de la situación
como el giro que adoptaban los acontecimientos: “Estamos asistiendo al crecimiento de una
escalada terrorista sin precedentes. El nuevo factor agudo que juega en este proceso que
está viviendo el país es la intervención de las fuerzas armadas en la represión”. Cuando esa
represión de la última dictadura militar se desencadenó ya sin reticencias, ni piedad, la Liga
era la única institución defensora de los derechos humanos que podía recibir las denuncias
de los familiares e interponer los innumerables hábeas corpus. Fue así que Teresa
Israel, abogada de la Comisión Jurídica de la Liga, se convertiría también en víctima del
terrorismo de Estado.
A este hecho deben agregarse las detenciones y encarcelamientos de Carlos Zamorano, en
1974, y de Antonio Sofía, en 1978, “Según la época, las necesidades se tornaban
particularmente abrumadoras respecto de algunos de los derechos. La desaparición forzada
de personas, por ejemplo. Nosotros conocemos en 1949 la desaparición de Carlos Antonio
Aguirre, que después de un mes apareció muerto. En 1951, la desaparición del estudiante
Ernesto Mario Bravo, y ya en 1955 la desaparición irreversible de Juan Ingalinella. Pero no
es lo mismo que en la última dictadura. Por otro lado, desde 1976 surgieron gran cantidad de
organismos que luego perduraron ysobreviven. Pero antes estaba solita la Liga.”
Pero si hasta 1975 la Liga asumía la responsabilidad de casi todas las denuncias por
violaciones a los derechos humanos en el país –y los casos de Bravo e Ingalinella resultaron
en este sentido ejemplares–, era natural que, después del Golpe del 24 de marzo de 1976,
no pudiera ya dar respuesta cabal a la dimensión de la represión y surgieran nuevos
organismos. Así, ya en 1975, aparecieron la Asamblea Permanente por los Derechos
Humanos (APDH) y, más adelante, el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos.
Poco antes de la asunción del nuevo gobierno democrático, el periódico Derechos del
hombre publicó en noviembre de 1983 una nota editorial, con el título “Se acabó la
dictadura”, que exhibía frontalmente los desafíos –algunos satisfechos y otros aún
incumplidos– del período que estaba a punto de inaugurarse. Además de denunciar, una vez
más, la “doctrina de la seguridad nacional”, instaba al desmantelamiento de toda la
estructura de represión política y entendía que una de las primeras medidas del nuevo
gobierno debía ser la creación de una comisión para la investigación de tal estructura.
“Esto supone –afirmaba– una muy amplia y profunda labor en la que debe comprometerse
todo el pueblo democrático. El Parlamento tendrá que hacer públicas las leyes secretas que
crearon esas bandas represoras, provocadoras, torturadoras, asesinas, que asolaron
durante años todo el cuerpo social del país. Tendrá que determinar los fondos que las nutren
y sin demora llevar ante la justicia de la Constitución a sus integrantes para que jueces
probos y designados con el debido acuerdo par-lamentario, determinen, con el adecuado
proceso, las responsabilidades correspondientes”.
El compromiso actual
A diferencia de otros organismos defensores de los derechos humanos, las actividades de la
Liga no apuntan hoy solamente a preservar y mantener viva la memoria del horror. Se ocupa
también, y sobre todo, de la defensa delos presos políticos y los refugiados, y de los
problemas vinculados a la vivienda. Observa Zamorano, que “la Liga es el único organismo
de derechos humanos que defiende a un pequeño sector de los agredidos por la
estigmatización derivada del artículo 181 del Código Penal.”
A lo largo de sus sesenta y seis años, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre tuvo
un gran número de dirigentes presos y de otros desaparecidos; hubo ame-trallamientos,
incendios y allanamientos y secuestro de documentación. Y sin embargo, a contrapelo de
todas las peripecias, la Liga pervive, persiste en las luchas y prolonga la tradición. “Yo no
digo que hoy tengamos las dotes que tuvieron Lisandro de la Torre, Mario Bravo, Carlos
Sánchez Viamonte, el mismo Tosco, que ha sido dirigente de la Liga. Ellos tuvieron un
calado más grande.
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En lo esencial, pretendemos parecernos”, explica Zamorano. Y completa con una anécdota:
“Alrededor del año 1990 vino un delegado de un organismo de derechos humanos de Chile,
un dirigente de la APDH. Entonces le presentan a Arturo Frondizi. Y cuando dijeron: ‘El
Dr.Frondizi ha sido miembro muy destacado de la Liga Argentina por los Derechos del
Hombre’; Frondizi se hinchó casi orgulloso. Y se trataba de un hombre que abjuró de todo su
pensamiento y militancia, pero aun así se consideraba parte de los muebles y útiles de la
Liga.”
A lo largo de los años, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre ha exhibido una
extraña y asombrosa pericia para reinventarse según las épocas y así reinventar y recrear
también las demandas de justicia. Una rigurosa coherencia con la acción como garantía de
la palabra.
La LADH en tiempo presente
En la actualidad, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre despliega sus actividades
en diversas áreas de trabajo, muchas de ellas vinculadas a los derechos económicos y
sociales:
DEFENSA DE PRESOS POLITICOS: Con el antecedente de que en mayo de 2003 el Poder
Ejecutivo de la Nación dictó un decreto para indultar a las personas que aún continuaban
cumpliendo penas, la LADH presentará en el marco del Informe 55/97 de la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos un pedido al gobierno argentino para que amplíe la
medida de perdón a siete personas que actualmente se encuentran en el exterior, debido a
pedidos de captura. La Liga actúa fuertemente en aquellas causas en las que se investiga la
responsabilidad criminal de militares y policías por las torturas de las que fueron víctimas los
presos, las ejecuciones extrajudiciales y las desapariciones forzadas.
ATENCION A REFUGIADOS: La Liga se dedica a colaborar con las numerosas personas
que buscan asilo en Argentina por sufrir persecuciones derivadas de motivos políticos,
raciales o étnicos. Se procura orientarlas acerca de cómo deben peticionar y realizar escritos
y gestiones orientadas a obtener el refugio. Aún después de conseguido, la Liga ofrece la
ayuda necesaria para que reciban la ayuda económica y social que les corresponde.
ATENCION A MIGRANTES: Brinda asesoramiento y orientación a individuos de países
limítrofes que tienen dificultades para obtener la documentación que les permita radicarse y
vivir legalmente en el país. La tarea apunta
centralmente a evitar que queden como “ilegales” y sufran discriminaciones, condiciones de
trabajo insalubres, persecución policial y de la oficina de migraciones, multas y hasta
expulsiones del país.
ATENCION A LOS SIN TECHO: Los abogados de la Liga asisten a las familias que carecen
de vivienda y habitan en asentamientos precarios o casas tomadas para enfrentar los juicios
que se les promueven, tanto en aquellos que pretenden desalojarlos de sus casas como en
los que se los acusa de usurpadores y se les aplica la ley penal. Por otra parte, se asesora
acerca de cómo realizar gestiones ante la Comisión Municipal de la Vivienda, confeccionar
escritos, constituir cooperativas y consolidar la organización vecinal.
INDEMNIZACIONES A EX PRESOS POLITICOS Y FAMILIARES DE DESAPARECIDOS:
La Liga lleva más de trescientos casos de indemnización a favor de los derecho-habientes
de las personas desaparecidas o asesinadas durante la pasada dictadura militar; representa
a familiares que residen no sólo en Argentina sino también en Uruguay, Chile, Paraguay,
Bolivia, Venezuela, México, Canadá, España, Francia, Italia, Suiza, Suecia y Dinamarca. Se
trata de realizar procesos judiciales y trámites administrativos para que los pagos se hagan
efectivos, y procurar a la vez que esto no suponga declaraciones de muerte –real o
presunta– sino que se los considere “ausentes por desaparición forzada”.
REAPERTURA DE CAUSAS JUDICIALES POR VIOLACION A LOS DERECHOS
HUMANOS Y JUICIOS EN EL EXTERIOR: A partir de la sanción de las Leyes de
Obediencia Debida y Punto Final y de los indultos presidencia-les, la Liga, reclamó la nulidad
de esas leyes y emprendió caminos alternativos para perseguir justicia. De tal modo accedió
a la jurisdicción de jueces en España, Francia, Italia, Alemania, Suecia, entre otros países, y
colaboró activamente en los juicios llevados a cabo en España, Francia y especialmente
Alemania, a través del trabajo del abogado Rodolfo N. Yanzón como patrocinante de los
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familiares de las víctimas de esa nacionalidad. Se conformó allí la Coalición contra la
Impunidad en la Argentina, que integran diversas organizaciones dedicadas al trabajo en
derechos humanos, y se presentaron decenas de casos, investigados actualmente por la
Fiscalía de Nuremberg.
CAUSAS POR REPRESION POLICIAL: La Liga aborda diversas causas vinculadas a
hechos de “gatillo fácil” en jurisdicción de la Provincia de Buenos Aires. Por otra parte, lleva
adelante también causas referidas a amenazas a miembros de asambleas barriales y
centros de estudiantes, y representa a la madre de un detenido asesinado en la Unidad
Penal Psiquiátrica de Melchor Romero.
TRABAJO DESARROLLADO EN SANTIAGO DEL ESTERO: Se investigan graves
violaciones a los Derechos Humanos y casos de gatillo fácil policial, entre ellos el de José
Luis González (muerto el día 2 de julio de 1997), Mauro Lohaiza (muerto el día 27 de junio
de 1996), Gustavo Norberto Cáceres (muerto el día 12 de julio de 1996), Ramón Jiménez
(muerto el día 15 de agosto de 1996), y el crimen de Osvaldo Britos, impune desde 1988.
Martínez Estrada y las víctimas insepultas Cuando se cumplió el segundo aniversario de la
muerte del
Dr. Juan Ingallinella, Ezequiel Martínez Estrada, que estaba entonces al frente de la Junta
Ejecutiva Nacional de la LigaArgentina por los Derechos del Hombre y era ya el autor de
Radiografía de la Pampa, pronunció en el Teatro “El Círculo” de la ciudad de Rosario un
discurso memorable. Lúcidas y efusivas, las palabras trazan un itinerario de una antigua
infamia y resultan a la vez proféticas: “Hablo en nombre de la junta ejecutiva de la Liga por
los Derechos del Hombre, que me ha encomendado esa honrosa misión. Vengo a decir con
mi humilde voz en su gran nombre, el repudio de la institución y de la ciudadanía por el
asesinato de doctor Juan Ingallinella. Ese crimen, todavía impune, es el baldón más
ignominioso en los anales de la delincuencia dirigida. En los últimos cien años nada
hallamos semejante. Condenar a los autores materiales de ese crimen apenas sería poco
más que ejercer el castigo sobre uno de los instrumentos del complicado aparato de las
torturas policiales. Los jueces no irán más allá en el mejor de los casos. Sólo el pueblo
puede condenar a los otros instrumentos superiores, a esos que ordenaron el crimen y a los
que ordenaron que se ordenase. Lo cual quiere decir que el juicio en última instancia
compete a los tribunales de la opinión pública en el fuero de la conciencia cívica, de la moral.
Por lo tanto, no es grave que los jueces no hayan fallado aún en la causa; lo gravísimo
hubiera sido que el pueblo no juzgara en un mismo veredicto a los criminales y los jueces. Y
lo ha juzgado y condenado ya sin apelación. Los culpables verdadero quedarán
estigmatizados por los siglos de los siglos, aunque los criminales sean absueltos. Porque el
pueblo ha condenado no sólo a los autores materiales, a los instigadores y a sus superiores
a lo alto de toda la escala jerárquica, sino también al régimen de violencia, de ilegalidad y de
oprobio a que nos quieren someter por intimidación y por costumbre. Ha condenado la
práctica inveterada convertida en sistema de suspender el imperio de las leyes, y asimismo
la barbarie de poner las vidas y los bienes de los ciudadanos a merced de los usurpadores
del poder público. La Liga Argentina por los Derechos del Hombre existe para unir a
hombres y mujeres conscientes para oponerlos en filas compactas a los esbirros de la
barbarie. El sacrificio de Ingallinella se magnifica en razón directa del increíble padrinazgo
que hasta hoy han merecido los culpables, y es de una evidencia que únicamente no
perciben aquellos a quienes Dios ciega para perderlos, que el crimen sin castigo conviértese
en una condena sin remisión. Precisamente las víctimas insepultas eran en la leyenda y en
la poesía antiguas los acusadores y los jueces más severos; en ocasiones un país era
flagelado por las Erinnias, diosas de la justa retribución. He dicho que el asesinato de
Ingallinella es el baldón más ignominioso en los anales de la delincuencia política; el
segundo, también arrojado brutalmente a la cara de la ciudadanía es el de otro hijo de mi
provincia: el del doctor Enzo Bordabehere. Nuestra tierra ha pagado el más elevado tributo
de sangre a las divinidades bárbaras de nuestra historia política, y es hora de que iniciemos
una campaña sin tregua y sin piedad contra los criminales ejecutores, contra los criminales
instigadores y contra los criminales patrocinadores. Hora es de que iniciemos la hora de la
ley cumplida. El nombre de Ingallinella cada día se enciende más en la luz cenital por
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contraste con la tiniebla circundante. Ha levantado en el corazón de todos los verdaderos
argentinos un ara de unánime devoción, y ha de ser el tábaro que inflame y oriente la batalla
de la razón y el derecho contra la fuerza bruta. La causa por la que Ingallinella inmoló su
vida es la nuestra: es la causa
de los pueblos libres y de las naciones soberanas. De donde resulta inconcebible que
alguien que no sea un insensato pueda creer que las instituciones, que todas están
fundadas en derecho, se sostienen mejor sobre cimientos de delito y de pavor. (...) Puede
afirmarse que ni en las épocas de más cruda barbarie rayó a tal altura el desprecio de las
leyes y de los sentimientos naturales de humanidad, como en los casos de Bordabehere e
Ingallinella, para no mencionar setenta más (...) Somos un pueblo culto, de trabajo, de paz y
de confraternidad. Sepan los que ultrajan los atributos de la nacionalidad, que el sacrificio de
las víctimas que sucumben en defensa de un ideal es la mejor prueba de que el bien no es
gratuito y de que la victoria final no pertenece a los vencedores.”
Historia de los Organismos de Derechos Humanos - 25 años de Resistencia
8/ FAMILIARES DE DESAPARECIDOS Y DETENIDOS POR RAZONES
POLÍTICAS
Historia de familiares de desaparecidos y detenidos por razones políticas “Sin saberlo
hicimos memoria desde el primer día”
En enero de 1976, como respuesta a la desaparición simultánea de 24 personas en
Córdoba, surgió el primer grupo de familiares de desaparecidos. En marzo del mismo año,
luego del golpe de Estado, comenzaron a reunirse sistemáticamente y a elaborar estrategias
de denuncia, presencia en los medios y reclamo por la libertad y la vida de los detenidos,
presos por razones políticas o desaparecidos. Así nació el primer Organismo de Derechos
Humanos, integrado por familiares de las víctimas de la represión en la Argentina.
Los Familiares de detenidos y desaparecidos se reunieron bajo una misma frase que fue leiv
motiv primero y grito después: “Aparición con vida. Desde marzo de 1976, en Buenos Aires,
aquellos familiares que se conocían por diversas gestiones ante los organismos oficiales,
empezaron a reunirse en el local de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH),
ubicado en Esmeralda 77. Allí recibieron a la primera delegación de Amnesty Internacional,
ante la cual denunciaron la situación de miles de detenidos-desaparecidos de la Argentina.
En setiembre de ese mismo año, a seis meses del golpe de Estado, se creó Familiares de
Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas en Capital Federal. Fue el primer
organismo de familiares que se fundó. Poco después, en viajes al interior del país —
Mendoza, Santiago del Estero, Tucumán, Mar del Plata, Corrientes, Chaco, Rosario—
comenzaron a ponerse en contacto con otros familiares a quienes instaron a organizarse y
que, en medio del toque de queda y el peligro de la seguridad personal lograron que la lucha
se iniciara en otras ciudades, abriendo nuevos frentes.
Una larga marcha
Claras consignas impulsaron cada uno de los pasos de Familiares, tal como explica Mabel
Gutiérrez quien desde 1977 milita en el organismo, tras el secuestro y la desaparición de su
hijo Alejandro. “Desde el inicio, nuestro nombre es una declaración de principios. Éramos un
grupo grande de madres, padres, hermanos, esposos de desaparecidos y detenidos y
siempre tuvimos en claro que las causas eran ‘razones políticas’. Siempre fuimos
conscientes de esto porque mucha de la gente que integró este organismo en sus inicios
tenía concepciones políticas claras, ya que provenían de gremios o de partidos políticos.
Asumíamos una realidad que reconocíamos y de la que —además
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dentro del miedo, la incertidumbre y la desesperación— estábamos orgullosos. Y, además,
sabíamos que para recuperar a nuestros seres queridos, nuestra lucha no podía ser aislada,
debíamos buscar vinculaciones y apoyo solidario y lograr el trabajo conjunto con otras
organizaciones políticas, que aún con dificultad seguían existiendo.”
Mientras, en abril de 1977, un grupo de mujeres decidía ir a la Plaza de Mayo a reclamar por
sus hijos desaparecidos, dando así el puntapié para el nacimiento de las Madres de Plaza
de Mayo. Otras mujeres, quetambién asistían a la ronda de los jueves, seguían trabajando
en el local de Esmeralda donde cada día llegaban nuevos familiares a denunciar
desapariciones.
Una gran mayoría de ellos tenía hijos, hermanos, sobrinos, maridos o esposas presos.
Algunas de estas personas se incorporaron en forma activa a la lucha y muchos sólo se
limitaban a la tarea de asentar una denuncia. En esos primeros meses la actividad fue febril:
presentaciones, cartas y visitas, canalizaban la angustia por la recuperación inmediata de los
seres queridos.
Se formaron subcomisiones: de Presos, de Prensa y Propaganda, de Sindicatos y Gremios,
de Profesionales, de Estudiantes, de Relaciones, de Iglesias, de Partidos Políticos. En todas
ellas se trabajaba para la vinculación con organizaciones políticas y sociales y en la
organización de actividades que estuvieron siempre dirigidas al objetivo principal: la
aparición con vida de los desaparecidos y la libertad de los presos políticos, que por aquél
entonces sumaban alrededor de 8.000 personas.
Las solicitadas
El 8 de marzo de 1977, Familiares publicó su primera solicitada. Los diarios La Nacióny La
Opinión reprodujeron un pequeño recuadro que recordaba el Primer aniversario del golpe de
Estado y reclamaba al Jefe de la junta Militar la aparición con vida de los desaparecidos y la
libertad de los presos políticos.
En setiembre, se publicó la segunda, pero con el nombre y apellido de 136 familiares, que
bajo el texto de un petitorio reclamaban por sus desaparecidos. El petitorio sería entregado a
la CAL, la Comisión conformada por miembros de las Fuerzas Armadas que pretendía
ejercer las funciones de las Cámaras Legislativas. Se lograron 24.000 adhesiones, entre
ellas las de varios miles de obreros que firmaban en los baños de sus fábricas cuando la
represión prohibía que lo hicieran en los recintos fabriles. A principios de octubre se publicó
la segunda parte de esta solicitada que expresaba el manifiesto deseo de los familiares de
romper su aislamiento. El 14 de octubre de 1977 se entregó el petitorio con el respaldo de
una movilización de más de un millar de personas. En la entrega, cinco miembros del
Secretariado de Familiares fueron acompañados por un corresponsal extranjero. Afuera, se
reprimió a los manifestantes y se apresaron a alrededor de 300 familiares, entre ellos a dos
sacerdotes y dos monjas y a varios corresponsales extranjeros que fueron subidos a
ómnibus de pasajeros confiscados en el momento y llevados a la seccional de policía. Luego
de ser identificados e interrogados se los puso en libertad. De esta manera, y en plena
dictadura,
cuando arreciaban las detenciones y las desapariciones, Familiares desafió la represión y
organizó esta primera manifestación pública con un primer petitorio de reclamo. Al cierre, en
una conferencia de prensa los corresponsales extranjeros recogieron para el mundo la
información de esta movilización antidictatorial en reclamo de la aparición con vida de los
desaparecidos y la libertad de los presos políticos. Un golpe doloroso Poco después –y esta
vez conjuntamente con Madres de Plaza de Mayo–, se decidió la publicación de otra
solicitada, por el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, el 10
de diciembre de 1977. Fue entonces que hizo su aparición en escena Gustavo Niño, un
supuesto familiar de un desaparecido. No era otro que el capitán Astiz quien, infiltrado,
estuvo a cargo del secuestro de 11 familiares –entre ellos la presidenta de Madres de Plaza
de Mayo, Azucena Villaflor, y las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet–, ocurrido
el 8 de diciembre a la salida de una reunión en la Parroquia Santa Cruz, donde se preparaba
la solicitada. El movimiento por la aparición con vida de los desaparecidos había pasado a
ser un “movimiento peligroso” y con este secuestro se pretendió silenciarlo. Trabajando
desde las sombras, en setiembre de 1979 Familiares se movilizó a Plaza de Mayo junto a
66
otros organismos de Derechos Humanos. En esta oportunidad debían entregar un petitorio a
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA, de visita en la
Argentina. “Considerábamos que debíamos aprovechar al máximo esta presencia en nuestro
país y que debíamos demostrar a quienes dudaban o rechazaban nuestra realidad que sí
existíamos y que éramos muchos”, señala Lilia Orfanoff, histórica militante de Familiares.
Largas y permanentes colas se formaron frente a la sede de la OEA y el 19 de setiembre se
realizó una movilización a Plaza de Mayo para entregar al Poder Ejecutivo el petitorio
avalado por más de 27.000 firmas.
Un homenaje “subversivo”
Poco después, Familiares decide que debe realizar un homenaje al General José de San
Martín, reverenciado falazmente por la dictadura militar. Convocan a una movilización el 27
de diciembre de 1979 en Plaza San Martín, a la que asisten portando carteles prendidos en
el cuerpo que llevan los nombres de los presos y desaparecidos y dos flores para ser
depositadas en la Catedral donde descansan los restos del Libertador. Las FF. AA.
montaron un amplio operativo policial que les impidió llegar al monumento a San Martín.
Ante los ojos azorados de quienes compraban sus regalos de fin de año, los familiares que
iban por Florida coreaban consignas y mostraban los nombres de los familiares presos y
desaparecidos. En 1980, Familiares promueve la publicación de una nueva solicitada con
firmas de personas relevantes de todos los sectores del país, en la que reclama que se den
a conocer las listas de desaparecidos. Junto a familiares de desaparecidos que integraban
otros organismos de Derechos Humanos, el 12 de agosto aparece la solicitada con 175
firmas entre las cuales se encontraban las del famoso escritor Jorge L. Borges y la del
entrenador de la Selección Argentina de Fútbol, César L. Menotti, dos polos opuestos en el
espectro de personalidades de la ciencia, el trabajo, la cultura, el deporte que apoyaban los
reclamos. A ella siguen dos solicitadas más, en diciembre de 80 y en abril del 81, con la
adhesión de
personalidades representativas de todo el país y 12.600 firmas, en la que además se
solicitaba la libertad de los presos políticos.
La tarea por los presos
Si bien la mayoría de las marchas y movilizaciones incluyeron la reivindicación de la libertad
de los presos políticos, es necesario destacar la tarea específica y constante que se realizó
por ellos desde Familiares. “Los presos políticos fueron más de 10.000 en la Argentina de
esos años y fueron víctimas de los mismos métodos represivos. Para nosotros siempre
fueron una bandera y una lucha paralela. Discutíamos con otros organismos que decían que
por lo menos los familiares de los presos sabían dónde estaban sus seres queridos y que
eso marcaba una diferencia en el pedido por losdesaparecidos. Nosotros, en cambio,
sosteníamos que por estar presos la lucha debía ser muy concreta porque teníamos que
lograr que los liberaran”, señala Gutiérrez.
Los familiares se reunían en las colas de las cárceles donde esperaban para poder visitar a
los presos y allí fueron tomando conocimiento de la existencia del movimiento que luchaba
por la inmediata libertad y, hasta tanto ello eso no se lograra, por el mejoramiento de las
condiciones carcelarias. Los presos estuvieron alojados en cárceles que siempre estaban
distantes de su lugar de origen y/o de los tribunales donde se ventilaban las causas, aunque
la mayoría de los presos estaban a disposición del Poder Ejecutivo, sin causa ni proceso. En
esas cárceles, hombres y mujeres sufrieron su prisión de manera infrahumana, siendo
torturados y mantenidos durante mucho tiempo como rehenes de la dictadura militar. Las
visitas a las cárceles alejadas duraban varios días y en ellas los familiares realizaban
reuniones para presentar reclamos en forma conjunta. Las habitaciones de las pensiones
donde los familiares se alojaban fueron escenario de verdaderos mitines de implementación
de acciones organizadas. Durante esos años, Familiares desarrolló una tarea que se centró
en la denuncia y el reclamo por la inconstitucionalidad de los tribunales militares; el
levantamiento de las cárceles de Caseros y Rawson; contra las celdas de castigo; por la
inviolabilidad de la correspondencia; por un régimen de puertas abiertas en las celdas; por
las visitas de contacto y no a través de locutorios como se realizaban habitualmente; por la
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reclusión cerca de los lugares de origen de los presos; contra la libertad vigilada; y por el
derecho de opción a dejar el país, entre otros.
Para ello, se realizaron infinidad de campañas en el país y en el exterior, las que repercutían
sobre las autoridades de la dictadura militar. Las más importantes se realizaron por los
presos enfermos, muchos de los cuales murieron en prisión. En ella se interesaba a las
asociaciones profesionales, gremiales, estudiantiles, a las que pertenecían los presos, a
nivel nacional e internacional. También se logró para los presos que no tenían visitas (y que
eran muchos) conseguir “apoderados” que mantenían correspondencia y los apadrinaban y
solicitaban visitas, que en su mayoría no fueron concedidas durante la mayoría de los años
de la dictadura militar no se concedió visitas más que a los familiares directos-.
En setiembre de 1980, se realizó un habeas corpus colectivo por 329 presos políticos y en
octubre del 81, otro por 155 presos. Estas presentaciones eran acompañadas por
movilizaciones y eran firmadas por numerosos abogados de los organismos de derechos
humanos o solidarios con la causa. En 1981 se editó un boletín sobre la situación carcelaria
en el que se denunciaba que el objetivo de la dictadura militar era reprimir, aislar, desgastar,
destruir, provocar y aniquilar a los detenidos políticos. Se denunciaba además la situación
particular de las mujeres presas en la cárcel de Devoto, donde por su condición de mujeres
eran sometidas a tratos vejatorios y humillantes. Una vez instaurada la democracia y como
consecuencia de que el gobierno constitucional no diera una medida de gracia para los
presos políticos, Familiares debió seguir exigiendo la libertad. Desde 1984, en el marco de
una concentración de 20.000 personas alrededor de la cárcel de Devoto, se instituyó el 18
de abril como “día del preso político”. En la tarea de defensa legal, el equipo de Familiares
junto a otros colegas de organismos de derechos humanos, elaboró el proyecto de ley
conocido como “2 x 1” que posibilitó la libertad de cientos de detenidos que poblaban las
cárceles. Además brindó asesoramiento legal a infinidad de familias.
Años de movilización y apoyo popular
El 7 de noviembre de 1981, Familiares concurrió a la primera concentración a la que
convocaba C.G.T. durante la dictadura. Frente a la Iglesia de San Cayetano llevaron por
primera vez un cartel que los identificaba, pero se los quitó la policía a la vez que se llevaban
detenidos a algunos miembros del movimiento. El 30 de marzo de 1982, en una nueva
manifestación convocada por la C.G.T. de la que participa Familiares, es abortada por la
policía montada y la infantería. Buenos Aires parece el escenario de una guerra; se tiran
gases lacrimógenos y los “carros neptuno” bañan a los manifestantes. El saldo: un obrero
asesinado, cientos de detenidos y heridos. Dos días después, en un esfuerzo desesperado
por recuperar el consenso de la población, la Junta Militar declara la Guerra de las Malvinas,
en una pretendida reivindicación antiimperialista. Familiares difunde un documento que
recorre el mundo y que es definido por “Le Monde Diplomatique” como lo más coherente que
se escribió sobre el tema.
La integración latinoamericana
En 1981, tras una primera reunión en Costa Rica y una segunda en Caracas Familiares,
Madres y Abuelas de Plaza de Mayo fundan la Federación Latinoamericana de Asociaciones
de Familiares de Detenidos-Desapare-cidos (FEDEFAM).
A partir de allí se realizan actividades comunes con otras organizaciones latinoamericana
que piden por sus desaparecidos. Crearon la Semana del Desaparecido y llevaron adelante
congresos anuales; lograron también que las Naciones Unidas reconocieran al organismo
como organización no gubernamental y que les aprobaran un proyecto de Convención sobre
Desaparición Forzada de Personas en Latinoamérica. “Para esta Convención trabajamos en
la tipificación del delito de desaparición forzada de personas.
Hay quienes dicen que ese trabajo es lo mejor que se ha hecho en este sentido.
Para arribar a esto discutimos muchísimo, incluso con los abogados que nos ayudaban.
Actualmente estamos peleando por una Convención Internacional para que la ONU declare
‘crimen de lesa humanidad’ a la desaparición forzada de personas y que se adopte una
fórmula legal destinada a prevenir y sancionar ese delito”, explica Gutiérrez.
Familiares en el 2004
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Actualmente, el trabajo de Familiares está encaminado en varias direcciones. “Nosotros
nacimos en dictadura y aprendimos a trabajar contra un enemigo muy concreto. A partir de
la democracia tuvimos que aprender otra cantidad de cosas y la experiencia que recogimos
ha sido muy rica”, asegura Mabel Gutiérrez. Desde Familiares se ha trabajado, junto con
otros organismos, en el Parque de la Memoria que hoy se levanta frente al río de La Plata.
Además de las tres esculturas que ya fueron emplazadas, se está trabajando en el tema del
Monumento a los desaparecidos. Actualmente se está llevando a cabo la obra de contención
de tierra que permitirá emplazar una serie de barretas ordenadas primero por fechas y luego
por orden alfabético, en las que irán grabados los nombres y fecha de desaparición de cada
persona. Se sigue atentamente el tema de anulación de las leyes de impunidad que en este
momento se encuentra en manos de la Corte Suprema de Justicia. Quincenalmente, en su
sede se reúnen trece Organizaciones de Derechos Humanos para discutir sobre el futuro del
Museo de la Memoria que se establecerá en la ex Escuela de Mecánica de la Armada
(ESMA). Actualmente, Familiares expandirá el debate a gremios y universidades, con
charlas y mesas redondas para discutir sobre el futuro de lo que deberá concentrar el predio.
La propuesta de Familiares es que además de conservar el sector que funcionó como
Centro Clandestino de Detención de la dictadura, los otros edificios la ESMA sean un sitio
que resguarde y trabaje en pro de los derechos económicos, sociales y culturales, las
banderas que fueron reivindicadas por los desaparecidos. Proponen, por ejemplo, la
creación de un instituto de enseñanza dedicado a la formación ética y los derechos
humanos. De esta manera, sin dejar de señalar lo que pasó, Familiares mira hacia el futuro.
Las Marchas se suceden: el 10 de diciembre de 1982 por la Verdad, la Libertad, la Justicia;
el 15 de abril de 1983 para la entrega de un petitorio que no es recibido por el Poder
Ejecutivo; el 20 de mayo contra el documento final elaborado por las Juntas; el 19 de agosto
en repudio a la auto-amnistía. En todas ellas, los organismos de derechos humanos
trabajaron conjuntamente con partidos políticos, organizaciones gremiales y estudiantiles
que colaboraron en toda la organización y en el éxito de las marchas. Simultáneamente, los
organismos de afectados, Abuelas, Familiares y Madres, realizaron desde 1981 la “Marchas
de la Resistencia”. En la segunda de ellas, el 10 de diciembre de 1982, no se les permite
acceder a la Plaza. Es así que durante 24 horas caminan en una ronda que en muchos
momentos alcanzó a las cinco cuadras de diámetro.
Fin de la dictadura
Con la apertura democrática, la formación de la Multipartidaria y la convocatoria a
elecciones, ponen en alerta a Familiares. Decenas de entrevistas con la Multipartidaria y con
los partidos políticos dejan en claro la exigencia de una solución para las demandas; y luego
de las elecciones, con la autoridades electas.
El 10 de diciembre de 1983, día de la asunción del presidente Raúl Alfonsin, los ocho
organismos de Derechos Humanos concurren a la movilización. Un inmenso cartel colgado
de un edificio, a 50 metros del palco presidencial, reza: “No hay democracia sin Derechos
Humanos”. En forma conjunta, los organismos de derechos humanos presentan propuestas
a las Cámaras Legislativas, pero no fueron escuchados. Abuelas, Familiares y Madres
organizan la firma de un petitorio solicitando que se declare “crimen de lesa humanidad” a la
desaparición forzada de personas. En una movilización, realizada el 4 de mayo de 1984 se
entrega el petitorio que ha logrado reunir 203.000 firmas y que sostiene un proyecto de ley,
al que finalmente no se le da tratamiento legislativo. El día anterior, Familiares de La Plata
realiza una Marcha “100 por 30.000” en la que cien jóvenes, familiares y amigos de
desaparecidos cubren caminando el trayecto desde La Plata hasta el Congreso, lugar de
movilización. Entonces, se conforma la CONADEP (Comisión Nacional sobre Desaparición
de Personas) constituida por personas relevantes. Familiares se opone a esta conformación
desde el primer momento y propone, en cambio, la formación de una Comisión Investigadora
Bicameral con atribuciones más amplias. “Recuerdo que lo llamaron a Adolfo Pérez Esquivel
para formar parte de la Conadep y que él hizo una consulta con todos los Organismos antes
de tomar una determinación. Y todos estuvimos de acuerdo en que no debía integrarse a
ella”, recuerda Gutiérrez. Luego, ante el desarrollo de los acontecimientos, Familiares brinda
un apoyo crítico a la Conadep, manteniendo reuniones y realizando aportes para la

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