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20 de junio de 1973 , Muchedumbre en Ezeiza.


 
UNA PÁGINA DOLOROSA DE LA HISTORIA ARGENTINA
20 de junio de 1973: A 40 años de la masacre de Ezeiza y el regreso de Perón
MUCHOS DE LOS ASESINOS DE EZEIZA SIGUEN IMPUNES: NO OLVIDAR, NO PERDONAR
:: La vuelta del líder justicialista al país quedó empañada por el violento accionar de grupos de derecha del peronismo

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Muchedumbre en Ezeiza. Más de tres millones de personas se agolparon para recibir y escuchar al líder peronista exiliado en España durante 18 años.
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Armados. Ganarse el palco oficial representaba demostrar quién mandaba.

El 20 de junio de 1973, un día que debía ser una fiesta con la llegada definitiva de Juan Domingo Perón a la Argentina, luego de 18 años de exilio, se convirtió en una matanza indiscriminada de la gente que había ido a recibir y escuchar al líder y ex presidente justicialista.
Los sangrientos tiroteos que se registraron ese día, fueron producto de una auténtica emboscada tendida por grupos de la derecha política y sindical del peronismo, en contra de los cientos de miles de militantes del peronismo revolucionario que peleaba por una Patria socialista.
El objetivo final fue el que se esperaba desde un comienzo: desplazar definitivamente a los grupos de izquierda del escenario peronista, y que el propio Perón lo pudiera ver y avalar. La derecha peronista logró apoderarse del poder y posicionarse definitivamente como dueña del movimiento.
Ezeiza contiene los gérmenes del gobierno de Isabel y López Rega, de la triple A y de lo que a partir de 1976 se convertiría en la peor dictadura de la Argentina.

Cámpora al gobierno, Perón al poder
En 1972, la denominada Revolución Argentina de la dictadura de Onganía llegaba a su fin, y el general Lanusse decidió llamar a elecciones. Ese año, en un efímero regreso de Perón al país, organizó junto con otras fuerzas políticas el Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) y definió la fórmula presidencial Cámpora-Solano Lima, la única alternativa que el peronismo tenía, ya que su líder estaba proscripto e impedido de ejercer la política.
El 25 de mayo de 1973, Cámpora asumió la presidencia y la muchedumbre esperanzada gritaba en la Plaza de Mayo a los militares salientes: "¡Se van, se van, y nunca volverán!"
El nuevo gobierno, con tendencia de centro-izquierda conformó un equipo con dirigentes de la derecha y de la izquierda peronista, como una maniobra para lograr consensos dentro del heterogéneo partido.
Sin embargo, esto no lograría aplacar los ánimos y los enfrentamientos seguirían sucediéndose. Las tomas de fábricas, las constantes movilizaciones y los sangrientos enfrentamientos entre la izquierda y la derecha generaron un clima que alcanzó su climax ese 20 de junio.
Después de los hechos de Ezeiza, en, julio Cámpora y su vicepresidente deciden renunciar y asume la presidencia el titular de la Cámara de Diputados y yerno de López Rega, Raúl Lastiri. Luego se llamaría a elecciones nuevamente, y en 1974 sería electo por tercera vez, Juan D. Perón.

Los gruposLas dos facciones opuestas del peronismo estaban bien definidas, estrictamente organizadas y en muchas ocasiones, armadas.
El peronismo revolucionario estaba en abierta oposición a los que manejaban la estructura partidaria y sindical. Sector que, por esa época, se insertaba decididamente en las masas populares y contaba con un apoyo masivo en universidades, barrios, villas y fábricas. Eran aquellos grupos que reivindicaban el proyecto de un país nuevo, más justo, más libre y decididamente más soberano.
Los grupos de derecha, como la Juventud Sindical, asociados al peronismo burocrático y verticalista, perseguían objetivos de facción, y los unía el odio a la irrupción arrollante de Montoneros en la escena política.
Para la izquierda más radicalizada, la vuelta de Perón al poder era la llave para una "revolución socialista".

Los hechosEl puente 12 de la autopista de Ezeiza fue el escenario de la masacre. A partir del día 19 las caravanas empezaron a arribar en micros y a pie. Muchas de ellas solamente iban allí a presenciar un acto y a escuchar al líder peronista, ajenos a las confrontaciones intrapartidarias.
Los grupos se fueron perfilando, demostrado por las inmersas pancartas que se levantaban sobre la muchedumbre. Montoneros y la Juventud Peronista (JP) movilizaron a millones de personas para demostrar al líder que retornaba, que aquellos que habían peleado duramente en 18 años de resistencia, estaban a su lado pero exigiendo definiciones superiores para la toma del  poder.
La organización había estado a cargo de gente allegada al gobierno y sobre todo a López Rega y su entorno más intransigente.
Ya desde el día 19, civiles armados de la ultraderecha peronista ocuparon posiciones cercanas al palco, con el firme propósito de impedir que se acercaran las columnas de la JP, Juventud Trabajadora Peronista (JTP), Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros. Estos grupos de choque estaban integrados por la vieja guardia sindical más radicalizada y el Comando de Organización (C de O).
Los alrededores del palco era el objetivo de muchos manifestantes.  Para la gran mayoria de los jóvenes peronistas era la oportunidad que tanto habían esperado, era su oportunidad de mostrar a Perón su fuerza política y lograr que éste se decidiera a ponerse al frente de la Revolución nacional y social.
Grupos armados organizados por el coronel Osinde, un militar cercano a López Rega y al peronismo tradicional, reprimieron a las columnas de la JP.
El arribo de Perón estaba previsto para las 16.30. Alrededor de la 14.30, el nerviosismo comenzó a crecer cuando los grupos ligados a la izquierda peronista se aproximaron al palco y los enfrentamientos empezaron a suceder. Los primeros disparos se dieron desde el palco, donde varios sujetos hacían alarde de armas largas, y las columnas se desbandaron en varias direcciones.  Del palco continuaban los tiroteos, con armas largas y ametralladoras, mientras Leonardo Favio, el encargado de presidir la ceremonia, desde los altavoces instaba a la gente a que se calmara.
Cerca de las 17, cuando se supo que el avión de Perón había aterrizado en la base naval de Morón, se reanudaron los disparos más intensamente, y los pistoleros de derecha incluso usaron los altavoces para demostrar cuántos hombres habían matado del bando contrario e insultar a los militantes de la JP.
A partir de las 18, el tiroteo cesó definitivamente en la zona del palco y sus proximidades, y una hora después la gente fue retirándose del lugar totalmente desconcertada y asustada por todo lo que había vivido en esa tarde negra.
La cifras dieron un saldo de trece personas muertas y nunca se pudo saber el número exacto, ya que no existieron boletines oficiales sobre las  víctimas, que habrían llegado realmente a los 200. Pero se sabe que hubo muchos más muertos, además de un gran número de desaparecidos, de torturados y de heridos que sobrepasaron las 350 personas.



La masacre de Ezeiza
Autor: Adaptación del libro Lo pasado pensado, de Felipe Pigna, Buenos Aires, Editorial Planeta, 2005.
El 25 de mayo de 1973, asumía la presidencia del país el médico odontólogo Héctor J. Cámpora, quien había ganado como candidato del Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) las primeras elecciones sin proscripciones desde 1955. Un mes más tarde, el 20 de junio de 1973, Perón retornaba a la Argentina desde Madrid tras 18 años de exilio. En los bosques de Ezeiza se había preparado un palco y unas dos millones de personas aguardaban la llegada del líder. El lugar estaba custodiado por el coronel retirado Jorge Manuel Osinde quien tenía la orden de impedir el acercamiento de la izquierda peronista. Cuando las columnas de la FAR y Montoneros intentaron ingresar, fueron sorpresivamente atacadas a tiros desde el palco por los hombres de Osinde. Hubo 13 muertos y 365 heridos. Del libro Lo pasado pensado, hemos seleccionado algunos extractos de los protagonistas de la jornada que fueron entrevistados por Felipe Pigna.
Horacio Verbitsky: Un hecho que a mi juicio resulta fundamental para todo lo que vino después fue el enfrentamiento que se produjo en Ezeiza un mes después de que Cámpora asumiera la presidencia. Hay para el regreso de Perón una concentración en Ezeiza, en donde todo el aparato sindical y político antiguo del peronismo armó una emboscada. Se montó un verdadero arsenal de armas en el palco y, cuando se acercaban las columnas de Montoneros y de la juventud peronista, fueron baleados desde el palco. Eso distorsionó el sistema político, el equilibrio interno de fuerzas dentro del peronismo y se produjo un fenómeno incontrolable para todas las partes involucradas.
Martín Caparrós: Los montoneros ese día pecaron por ingenuos. Pensaron que con esa movilización de cientos de miles de personas alcanzaba, y la derecha los esperaba con unos cientos de ametralladoras y la logística militar bastante mejor establecida, y los corrieron a balazos. Al día siguiente, Perón los condenó como autores de ese enfrentamiento, cosa que no fueron. De los montoneros, algunos pocos iban armados, pero infinitamente menos que la derecha. Me parece que a partir de ese día todo empezó a degradarse; por un lado había como una justificación clara para aquellos que decían que las armas eran más útiles. Los sectores más militaristas, más fierreros, como se decía de los Montoneros, tuvieron un argumento muy difícil de contrarrestar. Y creo que ahí, el día del supuesto apogeo, todo empezó a degradarse.
Eduardo Duhalde: De ese día tengo memoria muy fragmentaria. Había corridas, había que ayudar porque había mucha gente que estaba lastimada, herida y nos metimos en unas ambulancias que habíamos llevado nosotros de la municipalidad. Nadie sabía bien cómo había sucedido. Después nos fuimos enterando.
Mario Firmenich: Nos fuimos realmente de Ezeiza sin saber qué había pasado, porque todo ocurrió atrás del palco. Lo que recuerdo de aquel acto es la desazón más increíble del acto más grande que haya visto en la Argentina y fuera de la Argentina, sin orador, sin nada. Una multitud de gente. Millones, muchísima gente, hasta el horizonte de gente. Y la gente se fue con una tristeza y una desazón que no olvidaré jamás.
Miguel Bonasso: No hubo una confrontación en Ezeiza, como ha dicho toda la prensa canalla de la República Argentina. Nuestra gente fue desarmada. No hubo confrontación, hubo asesinato, hubo masacre.
¿Qué querían mostrarle a Perón?
Mario Firmenich: Nuestra decisión política era mostrarle a Perón un poderío de masas, de opinión pública, para decirle: “Vea, General, el proceso va por acá. No va por la vieja burocracia sindical. El proceso político argentino, éste que lo ha traído a usted, viene por esta base de masas, que es esta juventud que opina esto, que se organiza de esta forma y que tiene esta bandera”. Y por eso llevamos enormes banderas de 50 metros de largo que decían Montoneros. Era un hecho histórico y nosotros teníamos la voluntad política de dejar constancia de que había una dirección transformadora del proceso que estaban marcando las nuevas generaciones. Por eso movilizamos a toda la gente que pudimos del interior y de Buenos Aires. Hicimos el máximo esfuerzo de movilización con banderas claras. No había consignas. Simplemente la presencia. Yo creo que esto también sorprendió a los organizadores del acto. A veces pienso que la masacre no estaba premeditada. A lo mejor, así como para nosotros era absurdo pensar que hubiera una banda de mercenarios enquistada en el palco dispuesta a tirar, también para ellos habrá sido absurdo pensar que estos jovencitos pudieran copar el acto más grande de la historia argentina. Lo copamos. El acto más grande de la historia argentina fue un acto, no digo montonero, un acto peronista dominado políticamente por al expresión de los montoneros.
Usted habla de triunfo pero Perón en su discurso fue muy duro con ustedes.
Mario Firmenich: Sí, fue muy claro. Nos echó la culpa. Perón abandonó el discurso del Socialismo Nacional. Concretamente, separó en silabas la palabra justicialista: “Somos jus-ti-cia-lis-tas. Y los viejos peronistas saben lo que estoy diciendo”. Ahí marcó un cambio de rumbo. Eso está muy claro.
LOS PISTOLEROS FASCISTAS QUE OCUPARON EL PALCO DESDE EL QUE MASACRARON A LA MULTITUD                                        Este joven fue asesinado a golpes por los fascistas

Editorial firmada por Dardo Cabo, director de la Revista El Descamisado Nro. 6, 1973



CARTA DEL DIRECTOR

Compañeros:

En esta revista no se firman notas. Como responsable de lo que aquí se dice quiero publicar esta carta.

Soy un viejo militante del peronismo. Tengo conmigo muchos años de lucha en que la cárcel y la persecución fueron comunes en mi vida. Y estoy orgulloso de que así sea. Y creo que la merecí muchas veces más de lo que la sufrí.

No tengo ningún puesto partidario ni soy funcionario del gobierno, ni he aspirado ni luchado un solo día para eso. Soy un militante más, uno entre los millones de peronistas que ha luchado por este ideal de patria y justicia que todos soñamos.

También soñé como todos con esa vuelta del General donde se concreta esa sentencia nuestra que mantuvimos durante 18 años: PERON VUELVE dijimos, mordimos, gritamos e insistimos con persistencia durante todos estos años, contra todo y contra todos. Soñé como todos con el regreso de Perón, con verlo levantar los brazos frente a nosotros y decirnos ¡Compañeros! me hubiera enloquecido después de esto como todos ustedes, hubiera gritado Perón durante una hora seguida y llorado frente a la vuelta de mi jefe frente a ese hombre que quiero tanto que ni puedo decirlo. Quería ser hermano en la alegría y el triunfo junto a los cuatro millones de compañeros que estábamos allí en Ezeiza.

Y me jodieron. Volví triste, amargado, sin saber qué pasaba. Ví a mis compañeros igual que yo, mirando el piso, sin fuerza para gritar ya, casi sin mirarnos; volver sin ver a Perón, sabiendo que él también estaría triste.

Por esos compañeros, esta tristeza se me ha vuelto bronca quiero ver a los culpables. Quiero que los veamos todos, y sepamos por que no pudimos ver al General. Si en este número de la revista hay parcialidades, la motiva la bronca peronista que comparto con ustedes. Pero lo que vimos todos: esos tipos tirando con fusiles desde el palco donde debía hablar nuestro general, nuestros compañeros muertos y la gente que era feliz hasta ese momento desbandada y triste, eso lo vimos y es cierto.

Por eso lo decimos. Porque queremos estar con nuestro jefe. Porque ellos son los infiltrados con sus fusiles y su salvajismo.

Nos quieren engrupir con el cuento de los infiltrados, cuando durante 28 años nos comimos cuantos infiltrados trataron de meterse con nosotros. Son ellos los infiltrados los que no quieren que el peronismo siga con la revolución que anunció el General en 1945. Porque quieren seguir con sus negocios, con el poder que les da ser jerarcas y el privilegio que pase a manos de ellos. Y nosotros queremos el poder para Perón y para nuestro pueblo. Ellos nos quieren frenar porque están tranzados con el enemigo. Por eso no quieren que nos encontremos con nuestro General, para no quedar en la evidencia de su debilidad. A ver si alguno de esos que el 20 tiraban contra nosotros es capaz de subirse a un palco y ser escuchado.

Aquí no se trata de gritar una consigna, porque veo hoy a muchos gritar por la patria peronista, con 18 años de traición detrás. Aquí se trata de hacer una revolución, la revolución peronista que empezó Perón, que quería Evita y que todos estamos forjando. Por eso vamos a seguir gritando desde aquí lo que sabemos. Aunque tengamos que andar con el "fierro" en la mano para defendemos de estos salvadores del peronismo.

Porque nuestro general no ha sonreído ni una sola vez desde que llegó. Porque queríamos ver a Perón levantando los brazos diciéndonos ¡compañeros! y nos jodieron.

DARDO CABO
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Masacre de Ezeiza: 

El discurso de Perón posterior a la masacre

Acusó a la izquierda peronista de ser los culpables de lo sucedido el 20 de junio



“Deseo comenzar estas palabras con un saludo muy afectuoso al pueblo argentino, que ayer desgraciadamente no pude hacerlo en forma personal por las circunstancias conocidas. Llego desde el otro extremo del mundo con el corazón abierto a una sensibilidad patriótica que sólo la larga ausencia y la distancia pueden avivar hasta su punto más álgido.

“Por eso al hablarle a los argentinos lo hago con el alma a flor de labios y deseo también que me escuchen con el mismo estado de ánimo.

“Llego casi desencarnado. Nada puede perturbar mi espíritu porque retomo sin rencores ni pasiones como no sea la que animó toda mi vida: servir lealmente a la patria, y sólo pido a los argentinos que tengan fe en el gobierno justicialista porque ése ha de ser el punto de partida para la larga marcha que iniciamos. “Tal vez la iniciación de nuestra acción pueda parecer indecisa o imprecisa. Pero hay que tener en cuenta las circunstancias en las que la iniciamos. La situación del país es de tal gravedad que nadie puede pensar en una reconstrucción en la que no deba participar y colaborar. Este problema, como ya lo he dicho muchas veces, o lo arreglamos entre todos los argentinos o no lo arregla nadie. Por eso deseo hacer un llamado a todos, al fin y al cabo hermanos, para que comencemos a ponernos de acuerdo. “Una deuda externa que pasa los seis mil millones de dólares y un déficit cercano a los tres billones de pesos acumulados en estos años, no han de cubrirse en meses, sino en años. Nadie ha de ser unilateralmente perjudicado, pero tampoco ninguno ha de pretender medrar con el perjuicio o la desgracia ajena. No son estos días para enriquecerse desaprensivamente, tino para reconstruir la riqueza común, realizando una comunidad donde cada uno tenga la posibilidad de realizarse.

“El Movimiento Justicialista, unido a todas las fuerzas políticas, sociales, económicas y militares que quieran acompañarlo en su cruzada de Reconstrucción y Liberación del país, jugará su destino dentro de la escala de valores establecida: primero, la Patria; después, el Movimiento, y luego, los hombres, en un gran movimiento nacional y popular que pueda respaldarlo.

“Tenemos una revolución que realizar, pero para que ella sea válida ha de ser una reconstrucción pacífica y sin que cueste la vida de un solo argentino. No estamos en condiciones de seguir destruyendo frente a un destino preñado de acechanzas y peligros. Es preciso volver a lo que fue en su hora el apotegma de nuestra creación: de casa al trabajo y del trabajo a casa, porque sólo el trabajo podrá redimimos de los desatinos pasados. Ordenemos primero nuestras cabezas y nuestros espíritus.

“Reorganicemos el país y dentro de él, al Estado, que preconcebidamente se ha pretendido destruir, y que debemos aspirar que sea lo mejor que tengamos para corresponder a un pueblo que ha  demostrado ser maravilloso. Para ello elijamos los mejores hombres, provengan de donde provinieren. Acopiemos la mayor cantidad de materia gris, todos juzgados por sus genuinos valores en plenitud y no por subalternos intereses políticos, influencias personales o bastardas concupiscencias. Cada argentino ha de recibir una misión en el esfuerzo de conjunto. Esa misión será sagrada para cada uno y su importancia estará más que nada en su cumplimiento.

“En situaciones como las que vivimos todos pueden tener influencia decisiva y así como los cargos honran al ciudadano, éste también debe ennoblecer a los cargos.

“Si a las Fuerzas Armadas de la República cada ciudadano, de general a soldado, está dispuesto a morir en la defensa de la soberanía nacional como del orden constitucional establecido, tarde o temprano han de integrarse al pueblo, que ha de esperarlas con los brazos abiertos como se espera a un hermano que retoma al hogar solidario de los argentinos.

“Necesitamos la paz constructiva, sin la cual podemos sucumbir como Nación. Que cada argentino sepa defender esa paz salvadora por todos los medios, y si alguno pretendiera alterarla con cualquier pretexto, que se le opongan millones de pechos y se alcen millones de brazos para sustentarlas por los medios que sean precisos. Sólo así podremos cumplir nuestro destino.

“Hay que volver al orden legal y constitucional como única garantía de libertad y justicia. En la función pública no ha de haber cotos cerrados de ninguna clase y el que acepte la responsabilidad, ha  de exigir la autoridad que necesita para defenderla dignamente. Cuando el deber está de por medio, los hombres no cuentan, sino en la medida que sirven mejor a ese deber. La responsabilidad no puede ser patrimonio de los amanuenses. “Cada argentino, piense como piense, y sienta como sienta, tiene el inalienable derecho de vivir en seguridad y pacíficamente.

“El gobierno tiene la insoslayable obligación de asegurarlo. “Quien altere este principio de la convivencia, sea de un lado o de otro, será el enemigo común que debemos combatir sin tregua, porque no ha de poderse hacer ni en la anarquía que la debilidad provoca o la lucha que la Intolerancia desata.

“Conozco perfectamente lo que está ocurriendo en el país. Los que crean lo contrario se equivocan. Estamos viviendo las consecuencias de una posguerra civil que aunque desarrollada embozadamente no por eso ha dejado de existir, a lo que se suman las perversas intenciones de los factores ocultos que desde las sombras trabajan sin cesar tras designios no por inconfesables menos reales. Nadie puede pretender que todo esto cese de la noche a la mañana. Pero todos tenemos el deber ineludible de enfrentar activamente a esos enemigos si no queremos perecer en el infortunio de nuestra desaprensión e incapacidad culposa. “Pero el Movimiento Perónista, que tiene una trayectoria y una tradición no permanecerá inactivo frente a tales intentos, y nadie podrá cambiarlos a espaldas del pueblo, que las ha afirmado en fechas muy recientes y ante la ciudadanía que comprende también cuál es el camino que mejor conviene a la Nación Argentina. Cada uno será lo que deba ser o no será nada. Así como antes llamamos a nuestros compatriotas en la Hora del Pueblo, el Frente Cívico de Liberación y el Frente Justicialista de Liberación para que mancomunados nuestros ideales y nuestros esfuerzos pudiéramos pujar por una Argentina mejor, el justicialismo, que no ha sido nunca ni sectario, ni excluyente, llama hoy a todos los argentinos, sin distinción de banderías, para que todos solidariamente nos pongamos en la perentoria tarea dé la reconstrucción nacional, sin la cual estaremos todos perdidos. Es preciso llegar asi, y cuanto antes, a una sola clase de argentinos, los que luchan por la salvación de la Patria, gravemente comprometida en su destino por los enemigos de afuera y de adentro. “Los peronistas tenemos que retomar á la conducción de nuestro Movimiento, ponerlo en marcha y neutralizar a los que pretenden deformarlo desde abajo y desde arriba. Nosotros somos justicialistas, levantamos una bandera tan distante de uno como de otro de los imperialismos dominantes. No creo que haya un argentino que no sepa lo que ello significa. No hay nuevos rótulos que califiquen a nuestra doctrina y a nuestra ideología.

“Somos los que las veinte verdades peronistas dicen. No es gritando la Vida por Perón que se hace patria, si no manteniendo el credo por el cual luchamos. Los viejos peronistas lo sabemos. Tampoco lo ignoran nuestros muchachos que levantan banderas revolucionarías. “Los que pretextan lo inconfesable aunque cubran sus falsos designios con gritos engañosos o se empeñan en peleas descabelladas no pueden engañar a nadie. Los que no comparten nuestras premisas si se subordinan al veredicto de las urnas tienen un camino honestó que seguir en la lucha que ha de ser para el bien y la grandeza de la patria y no para su desgracia. Los que ingenuamente piensan que pueden copar nuestro Movimiento o tomar el poder que el pueblo ha reconquistado se equivocan. Ninguna simulación o encubrimiento por ingeniosos que sean podrán engañar a un pueblo que ha sufrido lo que el nuestro y que está animado por una firme voluntad de vencer.

“Por eso deseo advertir a los que tratan de infiltrarse en los estamentos populares o estatales que por ese camino van mal. Así aconsejo a todos ellos tomar el único camino genuinamente nacional: cumplir con nuestro- deber de argentinos sin dobleces ni designios Inconfesables. Nadie puede ya escapar a la tremenda experiencia que los años, el dolor y el sacrificio han grabado a fuego en nuestras almas y para siempre. “Tenemos un país que a pesar de todo no han podido destruir, rico en hombres y rico en bienes. Vamos a ordenar el Estado y todo lo que de él dependa que pueda haber sufrido depredaciones u olvido. Esa será la principal tarea del gobierno. El resto lo hará el pueblo argentino, que en los años que corren ha demostrado una madurez y una capacidad superior a toda ponderación.

“En el final de este camino está la Argentina potencia, en plena prosperidad con habitantes que puedan gozar del más alto standard de vida, que la tenemos en germen y que sólo debemos realizarla. Yo quiero ofrecer mis últimos años de vida a un logro que es toda mi ambición. Sólo necesito que los argentinos lo crean y nos ayuden a cumplirlo.

“La inoperancia en los momentos que tenemos que vivir es un crimen de lesa patria. Los que estamos en el país tenemos el deber de producir por lo menos lo que consumimos. Esta no es hora de vagos ni de inoperantes.

“Los científicos, los técnicos, los artesanos y los obreros que están afuera del país deben retornar a él a fin de ayudarnos en la reconstrucción que estamos planificando y que hemos de poner en ejecución en el menor plazo. Finalmente deseo exhortar a todos mis compañeros peronistas para que obrando con la mayor grandeza echen a la espalda los malos recuerdos y se dediquen a pensar en la futura grandeza de la patria que bien puede estar en nuestras propia» manos- y en nuestros propios esfuerzos.

“A los que fueron nuestros adversarios que acepten la soberanía del pueblo, que es la verdadera soberanía. Cuando se quieran alejar los fantasmas del vasallaje foráneo siempre más indignos y más costosos. A los enemigos embozados y encubiertos- o- disimulados, les- aconsejo que cesen en sus intentos porque cuando los pueblos agotan su paciencia suelen hacer tronar el escarmiento. Dios nos ayude si somos capaces de ayudar a Dios. La oportunidad suele pasar muy queda, guay de los que carecen de sensibilidad e imaginación para no percibirla. Un grande y cariñoso abrazo para todos mis compañeros y un saludo afectuoso y lleno de respeto para el resto de los argentinos.”
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TESTIMONIOS
Masacre de Ezeiza: Emboscada y Matanza




Tras la primera confusión, la posibilidad de saber; tras el asesinato del pueblo, surge la férrea voluntad de conocer quién fue y porqué; luego de las primeras mentiras, la provocación y la falsedad, la mano del pueblo nos conduce a la verdad.
Todo esto es lo que contiene este informe especial que con huellas de dolor, presenta nuestra revista. Este 20 de junio jamás será negociado.
• TESTIMONIO 1
“A LOS DEL BRAZALETE VERDE NO LOS REVISEN.”
Horacio, acompañado de su esposa María del Carmen, nos presentamos ante miembros del Consejo Superior de la Juventud Perónista a efectos de dar testimonio fehaciente de hechos y procederes de lo cual fueron testigos durante las horas que permanecieron en el lugar planeado para celebrar la recepción del líder del justicialismo, el Tte. Graf. Perón en ocasión de su retorno a la patria.
Por la capacidad de María del Carmen, que realizó estudios de auxiliar de enfermería, nos presentamos en el Ministerio de Bienestar Social para incribirnos como voluntarios. Fuimos aceptados de inmediato y remitidos al puesto sanitario instalado en Sto. Mayor Luche y Ricchieri.
Llegados al lugar, el día 19 en las últimas horas de la tarde, y al no encontrar el puesto sanitario, las averiguaciones nos orientaron hacia un puesto montado por SMATA, a la derecha del palco, donde existia una ambulancia de ese gremio, desprovista de elementos de atención.
Un enfermero, de apellido Gentiie nos relacionó con el jefe del grupo sindical, un tal Cardozo, quien aceptó nuestra colaboración, puesta de inmediato en práctica al atender a un herido en un pie, con elementos que levábamos para nuestra atención personal.
Pronto nos pusimos en contacto con otros miembros del grupo que nos recomendaron no cruzar las “barreras” (cables y alambres que cercaban sectores del predio) con carteles identificadores de los gremios que los ocupaban con “exclusividad” (Carne, SMATA y UOM). Uno de los dirigentes nos indicó que estaban armados para defenderse e impedir la infiltración de otros sectores, y que los emponchados que cercaban el acceso al puente eran gente de ellos que estaban armados con metralletas para “recibir a los que se quieren infiltrar… a los zurdos que gritan «patria socialista»”.
La gala que hacían de armas y un espíritu que no anunciaba nada bueno nos decidió apartarnos de ese grupo y tuvimos contacto con un encargado de una ambulancia de los Municipales ubicada debajo del palco. Con este personaje conversamos y cuando preguntó de qué gremio veníamos, mi esposa le señaló que era “gráfica”, lo cual motivó una expresión despectiva y el Juicio: “allí está la cueva de los troscos”.
Al propio tiempo, tenía expresiones de disgusto contra la gente del interior que llegaba a las que manifestaba su desprecio y señalando que el problema que crean al venir a Buenos Aires es que no quieren irse y después hay que despacharlos en los vagones jaulas para ganado a sus pagos de origen…”.
Por cierto que tampoco allí parecía haber espíritu de servicio para atender las necesidades del pueblo, lo cual nos obligó a buscar mejores compañeros.
Ya cerca de las 22 horas nos conectamos con un grupo de médicos y enfermeros del Ministerio de Bienestar Social correspondientes a las obras sociales de Alimentación y UOCRA. Nos recibieron con buen espíritu y aceptaron la colaboración. Allí quedamos. Recordamos que une de los médicos, el doctor Avalos, fue quien ordenó inscribirnos en un registro que llevaban para sus informes posteriores. Durante toda la noche estuvimos colaborando en aquello que nos solicitaban: María del Carmen con las enfermeras y yo en la custodia del predio que se había asignado el grupo sanitario. Sobre esta hora, por radio se solicitó la presencia del teniente coronel Osinde o la “compañera” Norma Kennedy y casi de inmediato apareció un señor Iglesias (entendemos que secretario del primero de ios, nombrados) que se dirigió directamente hacia la loma de la derecha del palco y conversó con los “emponchados”. Poco tiempo después, el grupo de la guardia fue reforzado por más gente armada.
En el sector de la izquierda del puente apareció otro grupo que se autodenomina-ba “Halcones” e iban armados con escopetas de doble caño recortadas. Informaban que estaban allí para evitar que alguien pudiera poner explosivos en el palco. Los comandaba un tal “Cacho”.
Durante nuestra estada en ese sector debieron atenderse heridos de bala (uno de ellos presumiblemente muerto con dos balazos en la espalda y la cabeza destrozada). Este caso ocurrió alrededor de las 3 de la mañana y ocasionó una de las tantas avalanchas de gente sobre el cordón de seguridad del puesto sanitario. Un disparo de escopeta de uno de los “Halcones”, ubicado en la torre de los altoparlantes desató una grita y pedrea de la gente que luego parecía identificar al puesto sanitario con los sectores de la Juventud Sindical. Un estandarte clavado dentro del predio reservado al grupo sanitario perteneciente a ese sector juvenil “institucionalizó” esa presunción. Por otro lado, el jefe de la custodia, un tai Vázquez, vestido con guardapolvo de médico, dio órdenes  que a la gente con “brazalete verde” no se la palpara de armas “porque es la gente que colabora”. En cambio esa actitud no se tenía con los que venían a solicitar atención médica.
Con la llegada de los ómnibus que traían a los “lisiados peronistas” se originó uno de los hechos de violencia que produjo numerosos heridos de bala y contunsiones. Paralelamente con estos hechos era notoria la presencia dé grupos de jóvenes y adolescentes en estado de total ebriedad que al ser atendidos en el puesto sanitario expresaban que habían venido para “defender al General de los enemigos… y que los vamos a matar”.
El citado “Cacho”, jefe de los Halcones informa que traerá un grupo de “su gente proveniente de Quilmes para reemplazar la custodia del puesto sanitario, ingresando al mismo alrededor de 50 adolescentes. ..
Sobre las primeras horas de la mañana en una recorrida realizada en los alrededores del puesto, encontramos que los accesos laterales al puente estaban custodiados y no se permitía el acceso sino bajando a la rotonda de la ruta 205.
Durante todo el tiempo, la guardia armada en el sector del puente estuvo comandada por un tal “Juan”, que disponía de centenares de elementos armados que eran organizados por tandas con relevos cada 2 ó 3 horas.
Este testimonio es informado a efectos de demostrar que la Juventud Sindical estuvo elaborando y preparando su acción durante las horas previas al día 20: impedir el acceso de los sectores juveniles peronistas (a los que calificaban repetidamente de “zurdos”) al lugar.
• TESTIMONIO 2
INFORME DE LA COLUMNA SUR DE LA JUVENTUD PERONISTA.
La columna Sur de Juventud Perónista se concentra en la rotonda de Ltavailol (Antártida Argentina y Camino de Cintura) a las 10 hs. integrada en este orden por: Juventud Perónista de Berísso, La Plata, Mar del Plata y de Zona Sur (Lanús, Lomas, Fcio. Várela, Esteban Echeverría, Cañuelas, Avellaneda, Quilmes y Berazategui) totalizando alrededor de 60.000 compañeros que avanzan encolumnados y en perfecto orden por Antártida Argentina do-blando por ruta 205 que empalma al barrio N? 1 en el sector de atrás del palco encaramado sobre el puente.
Una pauta del orden de la columna la da el hecho de haber dejado librado en todo su recorrido (7,5 Km) el tránsito sobre la banquina izquierda para el paso de ambulancias y coches oficiales.
La columna Siego a Sa zona del puente aproximadamente a las 12 horas y comienza a acceder a la gran olla en perfecto orden, debido a la intensidad de la columna, ésta se concentra en las inmediaciones y se divide en dos; en ese momento, aproximadamente a las 14 horas, se comienza a disparar desde el puente con armas largas (carabinas, escopetas y ametralladoras) sobre la columna, integrada por Juventud Perónista, mu ¡eres, niños y ancianos.
Esto provoca un primer desbande general hacia las lomas cercanas, visualizando a hombres armados que se deslizan desde el puente y el palco y comienzan a perseguir a tiros a los compañeros en desbande.
Por otra parte desde coches estacionados en 3, también se dispara sobre los manifestantes. Los que agredían portaban brazaletes argentinos con signos C.D.O. (JP – Comando de Organización) y brazaletes verdes, de comité de vigilancia.
Finalizado este primer tiroteo se levantan en las ambulancias y puestos sanitarios gran cantidad de compañeros heridos, luego de esto, alrededor de las 16 horas, se produce el segundo tiroteo cuando por los parlantes se anuncia que había gente en los árboles y se les intima a que en cuatro minutos debían bajar de los mismos.
Podemos dejar expresa constancia que en toda esta zona y en los montes cercanas habían coches apostados con francotiradores que disparaban por airas sobre los manifestantes en desbandada.
A continuación un grupo que se presume de seguridad con armas largas empuñadas matoneaba a compañeros protegidos tras los árboles, compañeros de JP con brazaletes identificatorios intentan persuadirlos y tranquilizarlos son ametrallados a mansalva, junto a columnas de la UES y de JP de Quilmes que estaban en las adyacencias, este tiroteo se prolonga durante 50 minutos, continuando la persecución sobre los bosques y montes cercanos.
Los compañeros de JP Lanús vieron a un hombre armado con brazalete verde de Juventud Sindical Perónista, que en un shock nervioso les dijo que su delegado de fábrica, le entregó la noche anterior un revólver con la consigna de que a toda columna que se acerque de JP con carteles de Montoneros se disparase contra la misma.
Cabe destacar que el Policlinico de Ezeiza, hospital base Nº 1, y la morgue de Ezeiza están desde hace días copados por el Comando de Organización y el Policlinico Evita de Lanús por un Comando
Juventud Perónista y gente del Cdo. de Organización que no pertenecen a las estructuras orgánicas de JP y que no garantizan la seguridad de los compañeros heridos asistidos en esos hospitales.
Extraofícialmente corrió la versión de que a compañeros de JP heridos, antes de llevarlos al hospital fueron rematados en los bosques cercanas, presumiblemente esta sería la situación del ero. Horacio Simona de la JP de Esteban Echeverría.
Como agregado, desde el palco oficial se instaba a detener de cualquier manera a las columnas que alcanzaban hacia alli, solicitándose la presencia del conocido delincuente Giovenco, Alejandro.
• TESTIMONIO 3
“MONTONERO, TE VAMOS A MATAR”
Comenzaron los disparos desde la izquierda del palco y del lado derecho, de los dos extremos, cruzando el fuego. No se podía correr pero lo consegui hacer hacia los chalets, allí había gente que se refugiaba. En ese momento agarraron a un joven de unos 25 años, que estaba escondido, me imagino, por los disparos. Estaba con su madre y con su hermana, explicó que venta del interior, pero por poco lo linchan igual. Le reventaron la cara y le hicieron un taje de atrás hacia adelante en el cuello y sangraba mucho.
Otras dos personas que estaban escondidas detrás de una cerca, quisieron linchar a uno de ellos, pero los jefes de los organizadores lo salvaron; le pegaban igual y le gritaban: “Montonero hijo de puta, te vamos a linchar”. No sé qué pasó después con él.
Rompieron cámaras a rolete, a otros le sacaban rollos. Yo me salvé porque les dije que era de la Juventud Sindical. Más o menos me creyeron y me dijeron “que no sacara más fotos porque me iban a sacar la cámara”.
• JORGE OSINDE
Viejo conspirador, se ha dado a la tarea de frenar a la Juventud Perónista y a todos los sectores del Movimiento leales a Perón. Sus permanentes contactos con los militares lo ubican como un hombre enlace entre el enemigo y el Movimiento. Representante cabal del reformismo dentro del peronismo jamás ha dejado de ser un agente de los servicios.
En noviembre, cuando el segundo regreso del General, fue quién se preocupó per-manentemente de aislar al conductor de la gente. Le molestó este contacto. Llenó la casa de Gaspar Campos con agentes de Coordinación Federal; sus estrechos lazos con 1a policía en aquel entonces lo llevaron a concertar con ella la represión contra los manifestantes frente a la casa de Perón.
Esta vez estuvo a cargo de la fuerza que, compuesta por hombres fuertemente armados, reprimió á las columnas que pretendían lógicamente ingresar al acto. Se encargó de reclufar a los “halcones”. Desde una seudo Secretaría de Deportes se encarga de armar grupos comandos destinados a participar en la lucha interna- del Movimiento Perónista, grupos para-policiales provistos de fuerte armamento e instrucción militar. Con él colaboran varios militares retirados, oficiales y suboficiales que le siguen como a un jefe indiscutido. Tiene negocios con agencias particulares de investigaciones y es amigo y camarada de hombres despreciados por el peronismo, (ver carta de Moorh Koenig).
Asegura, para reclutar gente, que el General Perón le ha encomendado misiones como la de limpiar de “boiches” al peronismo.
Es responsable directo de las muertes de compañeros y heridos el 20 de junio. Pero por sobre todo es el culpable de que el pueblo no se haya encontrado con su Jefe y conductor ese día. Con sólo ver el diagrama organizativo, los preparativos, las exclusiones que hizo Osinde se advierte en este plan de batalla cuáles eran sus intenciones: arruinar ese encuentro.
El firmante de esta carta, el coronel Moori Koenig es uno de los responsables directos del secuestro y tráfico del cadáver de Evita. Aquí llama a Osinde “cama-rada y amigo” un tratamiento que ningún peronista por dignidad podría soportar siquiera. Pero también le pide “una mano”
en un negocio de protección para la Empresa Nacional de Telecomunicaciones. La carta termina, de puño y letra del siniestro personaje, por augurar éxito a Osinde por sus nuevas responsabilidades. El bando de Moori Koenig y el de Osinde parece ser el mismo. Por lo menos nadie desea el éxito del enemigo cuando éste tiene responsabilidades en la guerra.
• NORMA KENNEDY
El comunicado de Juventud Perónista la marca como una simuladora de ortodoxia combativa, que esconde en realidad una historia de vieja provocadora dentro del movimiento peronista. Su oportunismo la hizo caer en varias contradicciones. Cuando se jugaba la candidatura del Frente Justicialista llevó su combatividad a coincidir con Rogelio Coria en el Congreso del Partido Justicialista; esta ortodoxa combativa invitaba a movilizarse contra la candidatura del compañero Cámpora oponiéndole la aparente posición dura de “Perón Presidente” cuando ya el General había  indicado cuál debía ser el candidato. Junto con Coria trataron de perturbar el Congreso poniéndose la camiseta de ser más peronista que Perón, un recurso viejo que ha encubierto siempre la traición al General.
La va de apretadora, impresiona con una verborragia indetenible y confusa y siempre ha estado prendida en posiciones nada claras. Con todos sus desplantes de “mujer de fibra” ha engañado a más de uno. Sus alianzas con la burocracia partidaria y las trenzas de café son sin embargo su práctica cotidiana. Exhibe sus heridas de guerra permanentemente, mezclada con un lloriqueo que apela a su condición de señora cuando sus arremetidas son contestadas con virulencia.
Esta vez se encargó, desde la Comisión de Organización, de impedir la entrada de la Juventud Perónista en esa comisión. Acaparó transportes, diagramó rutas, fijó puntos de concentración que tenían como único motivo el entorpecimiento de la movilización de Juventud Perónista. Es una de las responsables de los enfrentamientos del día 20 le junio. En alianza con Brito Lima demostró una permanente actitud sectaria y excluyente que no tiene justificación ante la tremenda importancia de la vuelta del General Perón donde toda competencia y enfrentamiento deben ser dejados de lado.
• ALBERTO BRITO LIMA
Un eterno dirigente de Juventud Perónista, o mejor del Comando de Organización, una estructura que gira a su alrededor. Su cualidad mayor son los discursos frente a los muertos, especialmente aquellos caídos en la lucha interna. No ha dejado de enunciar un solo juramento de venganza sobre la tumba de sus compañeros. Jamás vengó a nadie por otra parte. Por el contrario. En la acción del 20 de junio compartió posiciones junto a Alejandro Giovenco, uno de los presuntos culpables de Emilio Castro, un compañero del Comando de Organización arrastrado por Bri-to a una acción suicida. También en su tumba juró la correspondiente venganza, para un año después ubicarse con Giovenco en la misma trinchera.
Por el C. de 0. ha pasado gran parte de los actuales militantes del peronismo, muchos saben que Brito juega a la suya, personal, sectaria y totalmente excluyente. Su política es su persona, por lo tanto le da lo mismo un lado que otro.
Las opiniones de los compañeros que han pasado por el C. de 0. confluyen en señalar el manipuleo que Brito hace de la gente. Por eso se diferencia a su persona del resto de esa organización donde militan compañeros de base de gran valor.
Durante los días previos a la vuelta del General se dedicó sistemáticamente a trabar la posibilidad de que otros grupos consiguieran transportes para la movilización. Fijó puntos de concentración jugando a oponerlos a los de Juventud Perónista para desarticular la marcha de la J.P. Sus capitanes y otros compañeros sin experiencia junto con la CNU y la gente de Osinde iniciaron el tiroteo a  la columna que venía del sur.
• PROHIBIDO NOMBRAR A EVITA
—Nada de nombrar a Evita, sólo se enfoca a Perón, a Isabel y a López Rega, a nadie más. ¿Estamos? Ustedes se encargarán de la transmisión hasta Ezeiza, de ahí en adelante la manejo yo, ustedes no hablan más. Hasta ahí el gobierno, luego estamos nosotros, los de organización.
Parecía un zar este Leonardo Favio apoltronado en un sillón de la confitería del Aeropuerto Internacional dando las órdenes a los muchachos del Canal 7 para la transmisión del acto del 20 de junio.
—Vos sabes que yo estoy en esta cosa, en la organización con Norma (Kennedy) y el Tte. Coronel. Así que ya sabes, las órdenes sobre la transmisión las doy yo. ¿Quedamos así negro?, ¿en? Ustedes enfocan y nada más, ¿eh?
Sin embargo esta petulancia se le fue al piso a Leonardo Favio 48 horas después del 20 de junio. Antes, los mismos que dieron orden de fuego contra los peronistas, los que torturaron, los que apalearon y remataron heridos o los dejaron desangrar, esos mismos fueron los jefes de Leonardo. De ellos recibió órdenes y una ametralladora que llevó para cubrirse cuando se fue hasta el aeropuerto de Ezeiza. De ellos también escuchó una frase que repetiría como loro: “La culpa la tiene el inconsciente de Righi…”
Este Leonardo que luego quiso disculparse, fue el mismo que cuando el campo estaba sembrado de compañeros muertos y heridos él se preocupaba de que no le pisotearan el coche y se hacía el gracioso desde el micrófono.
Sin embargo esa certeza para culpar y la gracia también se le esfumaron. En conferencia de prensa y una charla que pidió con Juventud Perónista, parecía un asustado y con la cola entre las piernas. Balbuceaba tratando de explicar que él no sabía nada, que le eran ajenos los sectores e intereses del Movimiento Perónista.
Fue la primera vez que Favio tuvo alguna participación en la actividad peronista, si se descuenta alguna que otra aparición en los últimos tiempos para poner la cara y hacer alguna morisqueta de niño terrible por televisión. Y la hizo mal, porque entró por una puerta muy dudosa. Incluso, debe haber advertido que una cosa son
los desplantes y las trompaditas histéricas por cosas del ambiente artístico, y otra cosa es meterse en algo muy serio como es la militancia peronista.
Luego de ese exabrupto contra el ministro que él creyó por un momento que caía (así se lo dijeron por teléfono sus amigos el día 21) por sus declaraciones, recogió la línea y trató de ubicarse.
Reconoció que “Los carteles de los Montoneros se confundían con ese pueblo que había hecho posible la vuelta de Perón”. Y para compensar descubrió que “esa gente (los montoneros) es emergente de ese pueblo mismo”. Estaban felices y cantaban y ninguno de los letreros que frente a mí estaban fueron perturbados por ningún tipo de lucha”.
“El primer disparo ignoro de qué punto vino. Yo rogué por los micrófonos que la columna que venía se mantuviera en su lugar, pues su entusiasmo podía ser tomado como una agresión.”
Ahí era el momento para Leonardo de darse cuenta entre la diferencia de esa alegría y esa fiesta con el gesto fruncido de sus jefes armados hasta los dientes.
—La columna —continúa— que llegaba por la ruta 205 venia con sus cánticos felices. Ignoro desde qué punto llegaron los disparos…”
—Que nadie utilice la imagen de Leonardo Favio para usarla a su favor. La Juventud Perónista en un comunicado ha dicho que yo llamé por los micrófonos a un personaje al que no conozco y que por los «informes que tengo es un personaje de triste fama (se refiere a Alejandro Giovenco). Yo me remitía a leer los papeles que me pasaban desde abajo. Es posible que yo haya nombrado a alguna persona indeseable. Leía lo que se me indicaba.
Así es todo el tono de las declaraciones posteriores de Favio. Que ha de meditar ahora que para nada sirven las paradas de televisión y que en vez de maldecir como un histérico primero hay que fijarse de quién se recibe órdenes. Aunque él las cumplió, ni una vez nombró a Evita.

VIDEOS "EZEIZA,  LA MASACRE"
 

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