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"Un halcón del régimen de Erdogan me persigue" BAHAR KIMYONGUR








para escribir a la pagina web de Michel Collon
Fuente : www.michelcollon.info
"Un halcón del régimen de Erdogan me persigue"

BAHAR KIMYONGUR

Desde 2005 a 2009, el régimen Turco de Erdogan tuvo como embajador en Bélgica a un señor llamado Fuat Tanlay. Su misión diplomática coincidió con el proceso anti-terrorista y la orden de extradición de los cuales fui objeto tanto en Bélgica como en los Países Bajos. En 2009, Fuat Tanlay fue nombrado consejero-jefe de asuntos exteriores del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan. Actualmente, su nombre reaparece en mi expediente de extradición español. ¿Pura coincidencia?
A pesar del poco interés que tiene la justicia española en extraditarme a Turquía por haberme manifestado pacíficamente en el Parlamento Europeo, el régimen de Erdogan sigue embistiendo contra mi persona con provocaciones y hostigamientos totalmente inverosímiles y ridículos.

En efecto, la justicia turca quiere ahora mi cabeza por una carta que escribí en mayo del 2007 y que dirigí al, por aquel entonces, embajador turco en Bélgica, el señor Fuat Tanlay.

Cuando leamos este texto en el que me declaro (con un toque provocador) como un patriota de mucha mayor talla que el propio embajador de Turquía, los defensores de la libertad de expresión se emocionarán al conocer el hecho de que, según el clan Erdogan, exponer una opinión como la que expongo es sinónimo de terrorismo por lo que indudablemente merezco ser castigado severamente.

Tampoco se sorprenderán en cuanto se enteren de que este “diplomático” a quien dirijo la carta, hizo en el 2009 una declaración en un periódico turco diciendo que: “Inchallah, Bélgica llegue a sufrir el yugo del terrorismo”.

El señor Tanlay justificó este pequeño desliz debido a su gran desesperación al contemplar la supuesta apatía con la que la justicia belga estaba llevando mi caso.

La verdad es que este “diplomático” turco no podía soportar verme en libertad.

Después de una acción organizada el 2 de octubre de 2009, provocada por la visita de Ahmet Davutoglu a Bruselas, en la que tuve por cierto un dialogo directo con el ministro turco, el mencionado embajador turco declaró a su vez que yo “podría haber aparecido en la sala de conferencias armado”.

Fuat Tanlay es un auténtico halcón del régimen y una vez cumplida su labor en Bélgica fue nombrado consejero principal de asuntos exteriores del primer ministro Erdogan.

Es por lo tanto, cómplice directo del apoyo incondicional por parte del régimen de Erdogan al terrorismo internacional que sacude hoy en día a Siria.
El hecho de que mi carta dirigida al sr. Tanlay aparezca en el expediente de extradición español confirma dos cosas; la primera, que el clan Erdogan es capaz de utilizar todo tipo de manipulaciones fraudulentas para conseguir encarcelar a sus oponentes y la segunda, que evidencia la clara belicosidad del régimen de Ankara en asuntos de política extranjera.

Adjunto a continuación la carta que escribí al sr. Tanlay y que apareció en el expediente de extradición español; documento que justificaría mi condena a 15 años de cárcel en Turquía.

Carta abierta a don Fuat Tanlay, embajador de la República de Turquía en Bélgica.

Bruselas, 8 de mayo de 2007

Señor,

Soy plenamente conocedor de la enérgica reacción que ha tenido con respecto a mis opiniones, pero también contra la redacción del periódico flamenco “De Standaard” por haber permitido expresarme en sus páginas.

Después de haberle leído, he advertido que muy a mi pesar, todos sus ataques no han hecho sino confirmar las ideas preconcebidas que tenía de usted, es decir, la de un mero comerciante que, desde su tiendita de la calle Montoyer [dirección de la embajada de Turquía en Bruselas], intenta vendernos una imagen seductora y edulcorada de un país como Turquía que, tanto usted como yo, conocemos muy bien.

Empezaremos pues por su alegato sobre la no-violencia el cual considero intelectualmente deshonesto.

En efecto, señor Tanlay, sabe usted tan bien como yo que la violencia por parte de los oprimidos puede constituir un papel positivo y progresista en el desarrollo de la historia. Solo hace falta echar la vista atrás hacia nuestro pasado, para darnos cuenta de ello.

Por ejemplo, si Mustafa Kemal Atatürk consiguió fundar la República Turca, fue gracias a la Guerra de Liberación, y, a pesar de todos los desacuerdos que tengo con él, con su ideología, su forma de gobernar o con el trato que tuvo hacia las minorías étnicas; debo admitir mi respeto hacia uno de sus logros, el de haber dado una clara lección a las fuerzas colonizadoras y el de haber devuelto la dignidad a la región de Anatolia.

En realidad, antes de entrar de lleno en el tema, me gustaría tener la oportunidad de llevar a cabo un diálogo fructífero con usted. Es decir, me gustaría que se alejase un poco de su tiendita y se quitase el disfraz que lleva, para que nos encontremos en un lugar neutral donde yo por mi parte me comprometeré a quitarme la boina del DHKP-C que algunos magistrados Belgas se han esmerado en colocarme encima de mi cabeza.

También aprovecho para comentarle que se ha precipitado usted un poco al acusarme de terrorista, ya que mi condena por terrorismo acaba de ser revocada.

De todas formas, si me he dignado a hablar con usted a pesar de todas nuestras infinitas diferencias ideológicas, es porque creo que a pesar de todo, ambos compartimos un mismo fin; el de querer apoyar a nuestro país en el extranjero para que sea conocido y querido.

La verdad es que, si no me hubiese sumergido en la historia contemporánea de Turquía, si no hubiese investigado la dura realidad en la que viven nuestros pueblos, ni vivido las prácticas brutales de las autoridades de nuestro país, ni llevado a cabo mi examen de conciencia, ni hubiese hecho el esfuerzo de repensar una nueva sociedad opuesta al régimen actual, entonces y solo entonces, quizás podría haber sido uno de sus colegas. La suma de todas estas diferencias pueden efectivamente, conllevar carreras diametralmente opuestas. Sin embargo nada hacía prever que me iba a desviar hasta el punto de que usted me llegaría a calificar de terrorista.

En los años 80, como casi todos los adolescentes turcos víctimas de la inmigración, yo también sufrí las consecuencias de mi doble identidad (o incluso triple, ya que mis padres provenían de la provincia arabo parlante de Hatay), por la xenofobia e incluso, por ridículo que parezca, por la frustración de ver tanta derrota en competiciones internacionales como Eurovisión o en los partidos de fútbol de la selección. Todas estas derrotas eternas alimentaron en mí una profunda ansia de revancha contra toda aquella Europa invencible y poderosa.

Reviso los ocho goles que nos metió el Reino Unido en 1988 a nuestro equipo rojo y blanco, soldados bajitos y rapados contra al poder Británico.

Todavía quedaba muy lejos nuestra era futbolística actual, llena de jóvenes efebas musculosos, jugando en los equipos de Estambul, peinados extravagantemente y poseedores de grandes triunfos internacionales.

Nuestros coches, los pequeños “Fiat”, rebautizados en “Murat” por las fábricas Tofas eran feos, nuestras películas de acción de “Yesilçam” (nuestro Hollywood nacional) eran realmente mediocres con efectos especiales totalmente penosos.

Estaba celoso de este occidente cargado de arrogancia y opulencia, y sobre todo cuando viajaba a Turquía donde me veía confrontado cara a cara con la insostenible indigencia de nuestro pueblo.

Gracias en parte a mi ignorancia, llegué incluso a despreciar a los pobres, a rechazar los barrios malolientes y ruidosos llenos de vendedores ambulantes y pitidos de coche por todos lados. Y eso que yo provengo de una familia campesina de clase baja. Sin embargo, felizmente, y gracias a mi interés por los problemas sociales de Turquía y a los orígenes de la miseria de nuestro pueblo, puse un punto y final a mi auto fobia pueril.

Y al final, fueron todos estos problemas los que se convirtieron en el verdadero manantial de mi orgullo patriótico, mientras que la mayoría de los turcos de mi edad prefierían canalizar su frustración de perdedores desraizados a través de un nacionalismo radical y arrogante, vengativo y reaccionario al grito de « En Büyük Türkiye », “Turquía es la más grande”.

A medida que iba descubriendo más acerca de la realidad bipolar de Turquía, me veía más identificado con mis orígenes procedentes de la “Turquía de abajo”.

Y de esta manera aprendí a amar todo aquello que el poder intentaba disimular, erradicar o acallar.

Amé la diversidad en unos tiempos donde el poder imponía la uniformidad.
Amé la fraternidad a pesar de que el poder proclamaba que “el único amigo del turco, es el turco”.
Amé la humildad, mientras el poder alardeaba su poderío militar haciendo recuento de sus numerosos enemigos: los enemigos exteriores eran todos países limítrofes y los enemigos interiores eran los Kurdos, los comunistas, los Armenios, los Alevíes etc...

Me interesé por las novelas, los poemas, las canciones y películas prohibidas, primero por curiosidad y después por la belleza de sus mensajes.

Y cuanto más aprendía sobre nuestra historia y sobre el trato que recibían nuestros patriotas, nuestros revolucionarios, nuestros demócratas, más me daba cuenta de que servir al régimen actual era sinónimo de traición a la patria.

Fue en los versos de nuestro ilustre poeta Nazim Hikmet donde descubrí el significado de la patria, en aquellos versos que dice:

“Si la patria son vuestras mansiones
Si es lo único que encontramos en vuestras cajas fuertes y en vuestras chequeras, la patria
Si la patria es morir de hambre en las calles,
Si la patria es tiritar de frío como un perro y retorcerse de paludismo en verano,
Si significa beber nuestra sangre escarlata en las fábricas, la patria,
Si la patria son las uñas de vuestros grandes terratenientes,
Si la patria es catecismo armado de lanzas, si patria es el ataque de la policía,
Si son vuestros créditos y remuneraciones, la patria
Si la patria son las bases americanas, las bombas americanas, los cañones americanos,
Si la patria no es evadirse de nuestro sombrío pasado
Entonces, soy un traidor a la patria”

Seguramente encontrará mis referencias y propuestas demasiado ideológicas.

Pero dígame señor Tanlay, acaso nuestro compromiso al lado del imperialismo americano nos ha proporcionado algún beneficio a lo largo de los últimos 60 años?

Quitándole la propiedad a los campesinos, empobreciendo a los pobres y enriqueciendo a los ricos.

Dejando morir 790 soldados de una guarnición de 4500 soldados turcos en la guerra de Corea, donde la vida de un turco no significaba nada para Washington.

O persiguiendo a nuestros poetas, filósofos y profesores en nombre de la “lucha contra el comunismo”. Algunos tan valiosos como Sabahattin Ali (asesinado en 1948), Enver Gökçe, Nazim Hitkmet, Rifat Ilgaz, Müeyyet Boratav, Behice Boran, Mihri Belli, Arif Damar (en esta época el DHKP-C todavía no existía).


O asesinando a nuestros estudiantes, Vedat Demircioglu el 24 de julio de 1968 tirándolo por una ventana, o a Taylan Özgur el 23 de septiembre de 1969 disparándole por la espalda.

O asesinando a nuestros estudiantes Duran Erdogan, Ali Turgut Aytaç convirtiendo el 16 de Febrero de 1969 en nuestro “domingo sangriento.”

O asesinando a nuestros estudiantes Mehhmet Cantekin el 19 de septiembre de 1969, o a Mehmet Büyüksevinç el 8 de diciembre o a Mehetoglu el 14 de diciembre de 1969, unos estudiantes que decidieron protestar legítimamente contra la presencia de la sexta flota americana en el Bósforo (en esta época el DHKP-C todavía no existía).

O regalando nuestros recursos naturales, nuestros minerales, nuestras cosechas a las compañías extranjeras

O favoreciendo la aparición de una oligarquía codiciosa, parasitaria y hostil que apoyó los golpes militares de 1971 y de 1980.

O desentendiéndonos de los países del sur, del tercer mundo o de los que estuvieron en plena ola de descolonización. O incluso combatiendo a los nuevos gobiernos nacionalistas o anticoloniales ensuciando nuestra querida Turquía con su anexión a la OTAN en 1952, instalando bases americanas como la de Incirlik con el Pacto de Bagdad de 1955.

Supongo que argumentará que se trataba de defenderse de la “amenaza soviética”.

De hecho, para mí, la “amenaza soviética” no era mucho peor que el arrodillarse ante el Tío Sam a cambio de un puñado de dólares. Y es que hablando claramente, el imperio Americano es y ha sido el más agresivo y sanguinario de la historia. No tengo más que mencionar Hiroshima, Nagasaki, Corea, Vietnam o Irak con la certeza de que usted reconocerá estos crímenes atroces de vuestro “aliado estratégico”.

Por otro lado, la ayuda que proporcionó Lenin fue clave para el triunfo de Mustafa Kemal Atatürk en la Guerra de Liberación, y es más, en los decenios siguientes, los acuerdos comerciales con La URSS en industria siderúrgica, textil, energética, refinamiento del petróleo o la industria del vidrio fueron mucho más equitativos y correctos que los nuevos tratados firmados hoy en día con los Yankees, que han convertido a Turquía en una auténtica Neo-Colonia.

Tampoco he querido jamás una relación estrecha o una subordinación de Turquía hacia la URSS (tampoco el DHKP-C), de hecho, el socialismo tal y como fue aplicado en la URSS está lejos de ser el modelo ideal de la sociedad a la que aspiro.

En definitiva, deberíamos haber preservado nuestra independencia, unirnos al grupo de los países no-alineados y porque no, constituirnos como el epicentro del antiimperialismo.

Esta es la vía que eligió el DHKP-C pero que fue combatida por el poder neo-colonial de Ankara utilizando el terror.

De hecho, para contentar las inquietudes americanas, los dirigentes turcos no dudaron a la hora de sacar a relucir los cañones, las horcas o la tortura contra nuestra juventud, nuestros trabajadores, nuestros campesinos o nuestros escritores.

El 30 de marzo de 1972 ejecutaron a Mahir Cayan y a nueve compañeros.
El 6 de mayo de 1972 ahorcaron a Denis Gezmis y a dos compañeros.
El 18 de mayo 1973 torturaron hasta la muerte a Ibrahim Kaypakkaya.


Nuestros gobiernos por otro lado, tampoco han sido muy dóciles con las minorías étnicas.

Acuérdese usted de los “acontecimientos del 6 y 7 de septiembre de 1955”, las conocidas como “noches de cristal” donde las comunidades Griegas y Armenias de Estambul fueron atacadas. O las matanzas de Kahramanmaras de 1978, de Corum de 1980 y de Sivas de 1993, que apuntaron a las comunidades Alevíes.

Ni que decir de las persecuciones ancestrales contra nuestros hermanos Kurdos.

Es cierto que el PKK ha cometido crímenes imperdonables. Pero esto no nos impide que compartamos el sufrimiento del pueblo Kurdo privado hoy y siempre de sus derechos básicos, ni que rechacemos totalmente la destrucción de miles de pueblecitos Kurdos a manos del ejército Turco, ni que olvidemos las decenas de dirigentes kurdos como Cheikl Said o Seyid Riza ahorcados por defender su derecho a una vida digna, ni que nos indignemos por la barbarie de los militares que coleccionaban las orejas de los resistentes Kurdos que habían muerto en combate o ejecutados.

¿Porqué no reconocemos que el pueblo Kurdo no goza de los mismos derechos? ¿Porqué los Kurdos no pueden enseñar en su propio idioma? Esta es la única posibilidad para que su cultura e identidad no desaparezca...Sabemos tanto usted como yo que una lengua condenada a su desuso está condenada a muerte. Y con ella la cultura de los pueblos que la hablan. Y con ella, el pueblo mismo.

Hoy en día, incluso la burguesía turca y la organización de empresarios turcos (la TÜSIAD) están cansados de tantos años de inestabilidad en las provincias kurdas y del obcecamiento de las autoridades en negar los derechos fundamentales del pueblo Kurdo.

Porqué acusamos a las ONG por defender los derechos de las minorías, como hace por otro lado también el patronato? Tendría usted entonces que acusar también a su vez a sus superiores de “separatistas”.

Por otro lado, estoy totalmente en contra de las acciones que perpetraron algunas organizaciones nacionalistas Armenias como Tachnak y Hintchak que cometieron crímenes imperdonables contra campesinos, turcos y kurdos.

Pero estoy de lejos mucho más indignado con el régimen de Ankara que continúa negando lo evidente, es decir la “desarmenización” brutal de Anatolia que fue minuciosamente programada por el gobierno otomano de 1914. Este genocidio evidente fue el resultado de muchos años de masacres anti-armenias de 1895-1897 y de 1909.

Como usted sabe, Enver Pacha y Talat Pacha, ministros de guerra y del interior del antiguo régimen, organizaron en abril de 1915, una deportación masiva de miles de mujeres, niños y viejos armenios, asirios y caldeos por el desierto sirio.

Y como usted sabe también, aquella deportación trajo ejecuciones, saqueos, torturas y violaciones.

Durante la segunda guerra mundial, la supuestamente neutral Turquía, aunque estaba aún dirigida por el partido republicano del pueblo (CHP) de Mustafa Kemal Atatürk, se alió hasta tal punto con la Alemania nazi que incluso adoptó algunas de sus prácticas racistas e indecentes, abrió por ejemplo un campo de concentración en la región de Askale en la provincia de Erzurum; uno para los armenios y otro para los “no musulmanes” que no hubiesen podido pagar el impuesto sobre los bienes (el conocido como “varlik vergisi”).

Durante muchos años, bastantes políticos de alto rango se jactaron del plan de exterminio contra el pueblo armenio, como el nazi Nihal Atsiz. Hoy sin embargo nadie se acuerda.

Siguiendo con esta cierta hipocresía en cuanto a este genocidio, en marzo del pasado año, el gobierno de Erdogan organizó por todo lo alto una ceremonia que inauguraba la restauración de la iglesia armenia de la Santa Cruz, al borde del lago de Van.

Pero nadie se creyó todo este cuento, nadie había olvidado tampoco el asesinato dos meses antes del periodista armenio Hrant Dink a manos de un adolescente manipulado por los servicios secretos. Ni tampoco habían olvidado el episodio de odio acaecido contra los armenios y contra todos los demócratas que, proclamaron durante el funeral de Hrant Dink, “todos somos armenios”.

Todos estos episodios tan trágicos de nuestra historia nos ilustran pues que nuestros gobiernos siempre han impuesto su autoridad contra los oprimidos a través de la violencia y el ejército.

Para justificar todas estas atrocidades, como buenos demagogos y manipuladores, los gobiernos “civiles” y militares de nuestro país han reducido a la oposición al nivel de simples terroristas. Han confundido deliberadamente las causas y las consecuencias como quien ataca a un pobre en lugar de atacar a la pobreza, como quien ataca al justiciero en lugar de a la injusticia.

A pesar de todo, al igual que tantos millones de ciudadanos turcos, como Mahir, Deniz, y tantos miles de militantes asesinados, al igual que esos centenares de prisioneros en huelga de hambre que murieron o quedaron mutilados, al igual que las decenas de miles de trabajadores que fueron el último 1 de Mayo a manifestarse a pesar del miedo causado por el terror policial, a pesar de todo esto, tengo el sueño de una Turquía soberana, próspera, justa, humilde, fraternal liberada de ese Jano con una cara con turbante y otra militar.

Estamos hartos de que la sociedad esté dividida con una base religiosa.
Hartos de que nos impongan un integrismo laico a punta de pistola.
Hartos del nacionalismo clasista que sobrepone la “raza de los señores” turcos por encima de los demás pueblos.
Hartos de estar dentro del eje de la vergüenza manejado por el imperialismo americano.
Hartos de que busquen nuestra salvación en los clubs de los todo poderosos: Unión Europea y sus consorcios.
Hartos de estar sometidos al FMI, al Banco mundial y a la Organización mundial del comercio.
Hartos de la política de importación intensa en detrimento de nuestros pequeños productores.
Hartos de que vendan lo mejor de la industria turca al sector privado.
Hartos de que privaticen la sanidad, la educación, los puertos, los bancos, las empresas de telecomunicación.
Hartos de que el tránsito de gas Irakí, Azarí o Kazarí pase por territorio turco reduciendo a nuestro país a un mero corredor energético aprovechado por el estado sionista en contra del pueblo Palestino.
Hartos de que se destruyan las casas de los pobres para construir mansiones para ricos.
Hartos de que las víctimas del terremoto de 1999 estén obligados a vivir en casas prefabricadas o en tiendas de campaña
Hartos de la mano blanda que tenemos en temas de urbanismo mientras que en Estambul hay que derruir más de 26000 edificios que están en alto riesgo de derrumbe por un posible seísmo incluso de baja intensidad.
Hartos de abandonar a nuestra juventud al paro, al crimen, a la delincuencia, a las drogas, a la prostitución y a los movimientos fascistas.
Hartos de que nuestros obreros sean la carne de cañón de las guerras entre empresarios y que acaben muriendo víctimas de la ausencia de medidas de seguridad en sus trabajos.
Hartos de que despidan a los trabajadores que quieren afiliarse a los sindicatos.
Hartos de que lleven a los sindicatos a juicio para intentar disolverlos.
Hartos de que los sindicalistas sean ninguneados, excluidos o despedidos.
Hartos de los atentados contra los locales de asociaciones democráticas.
Hartos de que se prohíban conciertos.
Hartos de la censura, del arresto de periodistas y de que cierren programas de radio.
Hartos de que los torturadores y los escuadrones de la muerte del estado estén impunes.
Hartos de que disparen contra los manifestantes o que los asfixien con gases lacrimógenos.
Hartos de la tortura preventiva en las cárceles.
Hartos de que envíen al ejército y las bandas de fascistas para boicotear a los “izquierdistas” en las conferencias de prensa, los funerales o en las distribuciones de octavillas.
Hartos de que profanen las tumbas de nuestros militantes muertos por una Turquía libre.
Hartos de que nuestros mares, ríos y acuíferos estén contaminados.
Hartos de los programas de telebasura que nos idiotizan a marchas forzadas.

Ahora que nos hemos liberado aunque sea por un momento de los intereses de nuestros campos, ¿dígame usted señor Tanlay, que pensaría de una Turquía libre de toda esta corrupción, todos estos crímenes y todos estos malfuncionamientos? Acaso Turquía no sería así más humana?

Si todas estas políticas antipopulares no hubiesen sido llevadas con tanta terquedad y obstinación, piensa usted que la juventud se habría alzado en armas contra el poder en 1970?

Por una vez en su vida, le invito a ponerse en el lugar de la gente que odiáis.

Nuestra historia nos ha enseñado que ni las soluciones policiacas ni militares, ni los llamamientos al odio y a la venganza ayudan en algo a nuestra patria.

Por cierto, su demanda de auxilio y ayuda del 21 de Abril a través del diario “Hürriyet” a las organizaciones turcas de Bélgica ha sido tan irresponsable que la extrema derecha turca ha llevado a cabo algunos de sus llamamientos incendiando algunas asociaciones kurdas y asirias, o linchando a demócratas turcos en Bruselas.

Lo que padecemos los turcos de Bélgica, es precisamente el hecho de estar sometidos a su directiva y a su agenda, o incluso de que nos utilicen como sus rehenes. No piensa usted que ya es hora de dar a nuestros compatriotas que viven en Bélgica la oportunidad de conocer la realidad de nuestro país, lejos de tantos eslóganes vacíos y de tanto prejuicio? O dar a las comunidades Anatolia la posibilidad de que convivan en paz y harmonía lejos de su racionalidad diplomática calculadora? O darles la oportunidad de que se vuelvan a apropiar de su historia, la que comparten con el resto de los trabajadores del mundo y con los de sus países de origen?

Soy consciente de que seguramente la botella que he lanzado al océano de su indiferencia encallará en algún peñasco puntiagudo.

Pero también soy consciente de que este océano está lleno de pequeños peces vivos de deseo de justicia, libertad y conocimiento, como los que nos contaba el iraní Samad Behrangi. Y sé que un día, una multitud enorme de pequeños pececitos rojos tomarán el relevo y nadarán hacia una nueva Turquía. Una Turquía valiente, libre, humilde, próspera y fraternal.

Un cordial saludo

Bahar Kimyongür

Traducción: Collectif Investig'Action
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