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Siniestras Paternidades, Por Jorge Luis Ubertalli.





 


Siniestras Paternidades
 
                                               Por Jorge Luis Ubertalli
                                                        2/1/2014
 
El 2 de enero de 1920, a las 21 horas, se inició en EE.UU. una redada contra los acusados de “extranjeros”, sinónimo, de comunistas, socialistas, anarquistas, “subversivos”.  La razzia contrarrevolucionaria y fascista, conocida como la “redada de Palmer”, Fiscal General de los EE.UU., fue la fruta de la torta reaccionaria encabezada por J, Edgard Hoover, a quien se le había encomendado un año antes acabar con el “comunismo” en el democrático país del norte. Ese día fueron detenidos mas de 10 mil extranjeros por esbirros de la División Radical que dirigía Hoover, concentradora de provocadores, agentes encubiertos e informantes de la Oficina de Investigación, verdadera usina de lúmpenes y hampones, entre los que se contaron miembros de la Liga Protectora Americana y la Legión Americana , similares a la Liga Patriótica Argentina, patrocinante de la Semana Trágica de 1919 y los fusilamientos de obreros de la Patagonia de 1921, y de la Legión Cívica , organización paramilitar que secundó el golpe cívico-militar pronorteamericano del 6 de septiembre de 1930, dirigido por el connotado fascista, general José Felix Uriburu.
Hoover, quien comandó el Federal Buró of Investigation (FBI) de EE.UU. hasta el momento de su muerte, fue el siniestro mentor de engendros represivos locales homólogos de su “institución” como la Sección Especial de Represión al Comunismo, inaugurada en 1932, que se dedicó a perseguir y escarnecer a militantes comunistas en nuestro país.
 
En 1902 se promulgó en Argentina la Ley 4144 de deportación de “extranjeros indeseables”.  Redactada por Miguel Cané, aquel simpático autor de “Juvenilia”, la ley 4144, derogada recién en 1958, permitió legalizar la expulsión del país de innumerables luchadores sociales extranjeros, muchos de ellos asesinados al retornar a sus destinos de origen. Emulando a los reaccionarios locales, los norteamericanos emitieron en 1917, año del triunfo de la Revolución Rusa , una Ley de Espionaje, que penaba con la muerte o la cárcel a todo aquel que pudiera “perjudicar a Estados Unidos” y/o imprimiera, publicara o pronunciara “ideas desleales”. Un año mas tarde se dictó otra Ley que promulgaba la expulsión del país a “extranjeros anarquistas”, esa Ley fue ampliada en 1920 y en 1932 llegó a su summun anticomunista. Pero en enero de 1920, ante la carencia de leyes que permitieran la represión de “comunistas”, los perros de presa de Hoover, quienes ya habían montado suficientes provocaciones para organizar la redada del 2 de enero, habían fichado a mas de 60 mil extranjeros y hecho creer a las buenas y decentes personas que los comunistas, como antes los anarquistas, se comerían a los niños. Pocos días antes de la incursión palmeriana-hooveriana, el luego capanga mayor del FBI ya contaba con los nombres de 2.280 comunistas y con el apoyo de la inteligencia militar, policías estatales y locales, directivos de empresas, detectives privados y grupos parapoliciales de la Liga Protectora Americana y la Legión Americana (ver,”Enemigos, Una Historia del FBI”, Tim Weiner, 2012, “Debate”, Buenos Aires, 59/60). Los esbirros irrumpieron en oficinas, reuniones políticas, salones de baile, restaurantes, bares y viviendas de todo el país, sacaron a la gente a la rastra y les dieron lecciones de democracia burguesa. Sólo en una noche tomaron prisioneros a 2.585 ciudadanos. Al día siguiente consiguieron 2.705 órdenes de detención mas. “Nadie sabrá nunca con exactitud cuantas personas fueron retenidas y encarceladas- afirma Weiner- cuantas interrogadas y liberadas. En ningún momento se hizo un recuento oficial”. (61) .
Convertido en el máximo inquisidor anticomunista, Hoover desde 1919 “supervisaba a cientos de agentes e informadores que trabajaban para la Oficina de Investigación, y podía pedir la detención de cualquier persona que decidiera” (35)
Pocos años mas tarde, un oscuro senador local, ex ministro del Interior del dictador Uriburu y él mismo torturador, elevaría al Senado en 1932 una Ley de Represión al Comunismo que, aunque no se aprobó, dio origen a la Sección Especial de Represión al Comunismo, una patota parapolicial que actuó en la férula de la Policía de la Capital y dependió, tal como Hoover lo hizo en sus primeros momentos, de la División Investigaciones de la Policía de la Capital , que dirigía el comisario Miguel Viancarlos. En una carta a Hoover, ya director del FBI, fechada el 18 de febrero de 1938, Viancarlos, ya Inspector General, le requeriría al represor mayor norteamericano algunos “informes” a fin de conformar en la Argentina un simil del FBI, luego denominado Policía Federal. Y dos años mas tarde, en una nota publicada en el diario “ La Razón ”, el émulo argentino de Hoover sostendría, en relación con la coordinación policial entre países, que “el peligro contra el cual se adoptan estas precauciones está constituído en gran parte por el delito en su estructuración política…” (…) “Nunca mejor oportunidad, entonces, que la actual, en que se estudia la manera mas adecuada  a que ajustar la defensa común de América, para proponer la instalación de una oficina internacional sudamericana de policía, que facilitaría el desarrollo homogéneo de las diversas actividades en la campaña a emprenderse por todo el continente, contra esa acción subversiva y contra la propia invasión de elementos peligrosos, así como el de las ideas contrarias a la estabilidad de los Estados”. ( ver “El Enemigo Rojo- La represión al comunismo en la Argentina ”, del autor, ediciones Acercándonos, 2011, Capítulo II, Hordas Pardas)
 
La serpiente ya había salido de su huevo. Todavía se arrastra a fin de envenenar el horizonte libertario que nos toca encender.
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