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Proyecto Nacional y Constitución. Normas de política económica constitucional. Jorge Francisco Cholvis. parte 1

Proyecto Nacional y Constitución. 
Normas de política económica constitucional. 
Jorge Francisco Cholvis. 


1. El Proyecto Nacional esencia de la Constitución. 
 En nuestro país desde hace mucho tiempo el contenido global de la 
Constitución no cuenta con la voz del pueblo pues al tema se lo tuvo como una cuestión 
inoportuna y fastidiosa, y además se creó la falsa imagen de que ocuparse del mismo es un 
esfuerzo inútil y que es necesario dejarlo para otros tiempos y otras personas. Así, lo que se 
refiere a la Constitución es postergado ante otras exigencias que tiene la vida cotidiana. 
 Por cierto, ello parte del falso dilema de encarar a la Constitución sólo como un 
instrumento jurídico y no entenderla como un elevado documento político que institucionaliza 
un Proyecto de Nación. En esencia evidencia desconocimiento sobre el tema constitucional. 
También encubre la intención de marginar al pueblo en la definición de los objetivos y medios 
para realizarlo, en especial sobre las normas de política económica constitucional que los 
abarca. Sostener esa actitud es reiterar la concepción elitista que durante el siglo XIX tuvo la 
definición del contenido de la Constitución escrita o jurídico-formal. Debemos señalar que la 
Constitución real es la suma de los factores de poder -tanto internos como externos- que 
predominan en una sociedad determinada, y no se puede afirmar todavía que hayan podido ser 
cambiados sustancialmente. Gobierno del Estado y poder real no son conceptos sinónimos. 
 Cabe que nos preguntemos qué se entiende por proyecto? Se puede decir que 
un proyecto1
 es el orden que se piensa para la ejecución de una cosa de importancia, anotando y 
extendiendo todas las circunstancias principales que deben concurrir para su logro. Es el designio 
o programa para ejecutar una idea o conjunto de ideas. Es intención, pensamiento, planificación 
de varias actividades que se encuentran interrelacionadas y coordinadas. La razón de un 
proyecto es alcanzar objetivos específicos, calidades preestablecidas; es un emprendimiento que 
tiene lugar durante un tiempo limitado y que apunta a lograr un resultado único. Surge como 
respuesta a una necesidad, acorde con la visión de quienes intentan darle respuesta. El proyecto 
finaliza cuando se obtiene el resultado deseado, el cambio beneficioso que se persigue. 
 Los proyectos sociales o públicos apuntan a mejorar la calidad de vida del 
pueblo. Un proyecto social y político identifica al conjunto de actividades orientadas a obtener 
un resultado que satisfaga las necesidades urgentes de una comunidad. Busca alcanzar un 

1
 proviene del latín proiectus. 2 

impacto en la calidad de vida de la población. Basándonos en el contenido del mismo es que lo 
llamamos nacional, popular, democrático y federal. Tenemos que recalcar que es el proyecto 
más importante, en la medida que influye en todo un país; de tal modo es la iniciativa que define 
y pone marco a toda actividad que se emprende para sacar adelante una Nación. Es marcar un 
camino, emitir señales claras y concretas de cuál debe ser la dirección de un Estado, de una 
patria y de un gobierno, lo “que no es otra cosa que defender irrestrictamente la dignidad del 
pueblo y los derechos de la Nación”2

 Por todo ello, un proyecto de estas características necesariamente debe estar 
en conexión con la Constitución. Es más, nunca podrá mantenerse en contradicción con ella. 
Deben necesariamente estar en estrecha unión. En caso contrario, si prevalece la Constitución el 
proyecto fenece, puede decirse que ha fracasado; y si logra su objetivo la Constitución se ha de 
ajustar al mismo. Es el futuro del proyecto. 
 Es que, como vimos, la Constitución más que un instrumento jurídico es la 
institucionalización al más alto rango normativo de un Proyecto de Nación definido, compartido 
y apoyado por los más amplios sectores de la población. Por ende, el pueblo no puede estar 
ausente de esta problemática. Estamos en el siglo XXI donde debe tener plena vigencia la 
democracia social y participativa. No cabe sostener procedimientos y métodos del siglo XIX para 
lo que fue una sociedad simple y no participativa. 
 El modelo “neoliberal” de la década del noventa, con el marco político e 
ideológico del discurso único, dejó en evidencia sus perjudiciales consecuencias para el país y su 
pueblo. Fue la expresión del poder concentrado ejercido por los sectores dominantes. Egoísmo e 
individualismo fueron incorporados como pautas de conducta, llevando a la pérdida de la 
solidaridad y la crisis social. Ello se desarrolló y aplicó en el marco de la Constitución escrita 
vigente. 
 El espacio que va desde la Constitución escrita a la Constitución real se nutre 
con la interpretación de la Constitución, y cuando se tratan estos temas estamos en un ámbito 
eminentemente político. O sea, hablar de la Constitución es encontrarse en el plano político, y 
recíprocamente cuando se adopta una actitud política o una decisión institucional, se está 
utilizando un criterio de interpretación constitucional acorde a determinados intereses. El punto 
pasa entonces en saber a qué intereses defiende esa interpretación de la Constitución: si a 
satisfacer los intereses de unos pocos en base a una concepción oligárquica o al progreso de la 
Justicia, que en realidad es la finalidad natural de la Constitución. 
 Como el anhelo de Justicia es inherente a la índole humana pese a la terca 
resistencia de los derechos adquiridos, en la infraestructura sociológica de la Constitución 
subyace la lucha por el predominio político y pugnan los ideales que surgen del pueblo por una 
Constitución mejor contra la obstinación oligárquica en resistir su transformación. 

2
 Véase, Cristina Fernández de Kirchner, desde el Patio de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada el14 
de mayo de 2014; Página/12, del 15 de mayo de 2014. 3 

 Con la asunción del Presidente Néstor Kirchner en 2003 se inicia otra etapa enla República Argentina, la que es continuada actualmente por Cristina Fernández de Kirchner. Es 
así que en las iniciativas del Gobierno Nacional se aprecia una alta política en defensa de los 
derechos humanos y del derecho a la verdad, una política en favor de la intervención activa del 
Estado en la economía, morigerar las desigualdades sociales impulsando una justa distribución 
de la riqueza, igualdad de oportunidades en educación, abrir fuentes de trabajo y efectivizar 
derechos laborales, como también diversas medidas en favor de sectores marginados y entre 
otros resultados trascendentes una política de medios de comunicación para todos, y con 
vocación emancipadora impulsar la integración latinoamericana. Es un modelo de desarrollo 
social y económico, y de recuperación de valores perdidos, que se contrapone al intento de 
restauración neoliberal que desde ciertos sectores se impulsa actualmente. Así es que se observa 
la confrontación entre quienes representan dos modelos de carácter económico, social y cultural 
muy distintos. 
 Estamos encarando un proyecto nacional y popular, que debe ser continuado y 
profundizado, y que por cierto cuenta con la necesaria legitimidad política obtenida mediante la 
vía electoral. El camino es consolidar la democracia y acentuar los cambios estructurales 
realizados. Por eso una nueva emancipación social, cultural y económica. Un Proyecto tiene 
objetivos políticos, y a través de la política económica designa los instrumentos o medios 
requeridos para alcanzar su meta, a la vez que va postulando nuevas bases para dotarlo de 
permanencia. 
 Para erradicar las causas que frenan el desarrollo económico y el bienestar 
social, modificar la Constitución real y acabar definitivamente con la política del pasado, es 
prioritario consolidar la alternativa efectiva de poder político nacional, el motor del proceso 
social, y así concluir definitivamente con las políticas económicas “neoliberales”. Para el logro de 
este objetivo es necesario conocer el proceso histórico que se refleja en la Constitución escrita, 
el significado de la Constitución de 1949 y las circunstancias que llevaron a su sanción y posterior 
derogación; el tema de los gobiernos de facto y la supraconstitucionalidad que los golpes de 
Estado impusieron mediante el ejercicio autocrático del poder, apoyados en dictámenes de 
constitucionalistas y de opiniones políticas trasmitidas con toda la aureola que le otorgaban 
complacientes medios periodísticos e instituciones académicas. Es tema a debatir si la 
Constitución vigente institucionaliza objetivos y medios aptos para regir la vida de la Nación. Es 
necesario impulsar acciones que posibiliten un pleno conocimiento de la Constitución escrita 
vigente y su relación con la Constitución real contemporánea, a fin de examinar cual sería la 
mejor Constitución para el país acorde a las condiciones sociales y políticas del siglo XXI. 
 Un debate que no debemos tener temor enfrentar. Quizás la mayor de las 
dificultades a vencer, casi insalvable hasta el presente, es el enfrentamiento de los proyectos del 
campo popular, divorciados entre sí a partir de los dogmatismos de aquellos que porfían imponer 
ideas abstractas o alejadas de los problemas de nuestra realidad. Es tarea prioritaria delinear un 
espacio donde se puedan superar epidérmicas y circunstanciales diferencias, y contribuir así al 
examen y debate de los más serios problemas nacionales, para lograr el objetivo primordial de 
instituir un Proyecto Nacional acorde con las aspiraciones y necesidades actuales de nuestro 
Pueblo. Es imprescindible erradicar las falsas antinomias o sectarismos estériles, y evitar un 4 

nuevo desencuentro en las filas del pueblo. Para esta nueva etapa que está transitando la 
Argentina adquiere vital relevancia la participación popular en todos los órdenes, y es necesaria 
la presencia de hombres y mujeres identificados con el pensamiento nacional y popular, para 
salir definitivamente de la profunda crisis a que nos condujo el neoliberalismo “salvaje” y 
“corrupto”, que aún cuenta con el apoyo de minorías oligárquicas, y de otros espacios que 
asumen actitudes que en definitiva la benefician. 
 Las diversas campañas que se ejecutan para torcer el rumbo iniciado, sólo son 
actitudes recientes de la vieja táctica de los sectores dominantes, que la oligarquía nativa usó y 
sigue usando en forma solapada. Cuando los factores de poder predominantes -tanto interno 
como externos- observan que peligran sus intereses, intentan o pretenden confundir para que no 
hagan mella a su poder real. Su trama tiene estos tiempos: primero disuaden con la astucia y 
luego someten por la violencia, institucionalizada o no. El golpe de Estado y el terrorismo que 
desde allí aplicó fue su último recurso. Es imprescindible recordarlo y confrontar políticas, para 
vencer esa trama perversa. 
 La Argentina se encuentra en un momento determinante de su desarrollo social 
y político. En esta circunstancia histórica que estamos viviendo debemos profundizar el debate 
alrededor de estas cuestiones. Los objetivos, estrategias, planes y proyectos más adecuados a 
cada situación, lugar y circunstancias, sólo pueden ser bien elaborados por personas 
consustanciadas con un claro sentido nacional y compromiso de servicio en función de los 
intereses del país y de su comunidad. Pero, para su debida ejecución no alcanza con la 
inteligencia, compromisos y conocimientos de quienes los preparen, porque es indispensable 
también que el mismo pueblo reconozca la importancia de esa acción, valorice sus propuestas y 
se integre en los distintos roles que requiere la construcción mancomunada de una nueva 
realidad política, económica y social que comprenda a todos los sectores populares. Para ello se 
deben ir definiendo los procedimientos y metodología para lograr esa participación. 

2. Desarrollar la metodología y pautas para dar marco constitucional al Proyecto Nacional.

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